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tres bandas

Durmiendo en permanencia voluntaria, vendiendo en un billar filosofía, si ofrecen recompensa por mi vida ahí estaré.

Con el alma borracha – Real de Catorce

La carambola se juega con 3 bolas una roja y 2 blancas, cada bola blanca una de las cuales está marcada con un punto negro, el objetivo del juego es que tu bola toque las otras 2, claro que se puede complicar y exigir que se toquen 3 bandas antes de que el segundo toque ocurra. Después de ver un torneo que se organizó allá por inicios de los 70’s se hizo muy popular en mi corazón y yo inmediatamente supe que quería jugarlo. Durante mucho tiempo usaba la tapa de una caja de zapatos y 3 canicas, algo rudimentario pero era bastante divertido, no tenía tacos a escala pero me las apañaba con lo que se pudiera.

Poco después mi tío Luis me llevó a visitarlo, era uno que estaba en la calle Jorge Enciso, era de camino de la primaria a la casa de mi abuela, mi padrino siempre estaba jugando en su mesa, que daba a la calle, llegó a ser muy bueno, pero jugaba mucho carambola libre en lugar de ponerse retos. La primera vez que lo jugué fue en Oaxtepec, mi tío Pedro nos llevó a jugarlo, y como diría el gran Nabokov fue un doble arlequín, porque en ese viaje también fue la primera vez que me enamoré,  fue toda una experiencia de aprendizaje porque desconocía ese sentimiento, fue mi primo el chino el que me dijo, y yo me sentí avergonzado, como si hubieran descubierto un gran secreto. La potencia del sentimiento desató una tormenta (jamás he visto otra igual) que nos mantuvo varados en la terminal de autobuses como 5 horas. Este sentimiento puede ser difícil de controlar pero el impulso te puede llevar tan lejos como quieras, ya lo verás, os lo aseguro.

Pero el amor por el billar no decreció, a partir de esa edad (13) empecé a frecuentar asiduamente los billares alrededor del cruce de Ermita con el eje 3 Oriente, al principio tuve que jugar pool, y mis tíos junto con mi papá se turnaban para acompañarme, hasta que tuve edad suficiente para ir solo (15), solamente en una ocasión me han pedido identificación para entrar en algún lugar, bueno me pidieron porque ahora se ve difícil.

Luego iba con mis amigos Paco (de América yo soy), Chucho (pero si juego mejor que el king), Felipe (te hace escuadra), Héctor (vamos a la playa), Santiago (pitralfa humana), todos estos chistes locales son dedicados al Kaluris, quer era cliente habitual del billar donde asistíamos consuetudinariamente: la Academia de Billar Gabriel Fernández, situada estratégicamente en Xola y Xochicalco, como nota extra yo la placa quer tenía con el nombre de la calle de Xola era de esa esquina.

Asistíamos religiosamente, los viernes esperábamos hasta que el auto circulara e nos íbamos tendidos como bandidos para alcanzar a entrar antes de que lo cerraran, era un ritual en jugábamos y luego veíamos enfrentamientos épicos y muy divertidos, al salir pasábamos al Seven Eleven que está en la glorieta de Vertiz y Universidad para comprar unas papas y llenarlas del queso gratis quer era para los nachos —no alcanzaba para más— y acaso un refresco. Ese fue nuestro refugio por mucho tiempo.

El billar estaba atendido por don Hilario que nos echaba un ojo de vez en cuando y el coime Igor. después de algún tiempo ya éramos considerados de la casa, y nos dejaban permanecer en el local después de cerrar, y nos invitaron a la cena de fin de año y a la exhibición que dieron Don Gaby y Juan Navarra, justo donde tenían una foto de ellos en los campeonatos de antaño. Era como ver la historia de nuevo.

GFyJN

La cúspide de mi carrera billarística fueron 8 carambolas seguidas de 3 bandas seguidas y en una en particular los de la mesa de al lado aplaudieron.

Gabriel Fernández, ruega por nosotros

 

Domo arigato Mr. Roboto

cada vez hay más gente que quiere ser escritor pero no quiere escribir

Rodrigo Fresán

En una reunión surgió el debate de cuál sería el robot perfecto, las discusiones se volvieron bizantinas me parece que debido a la hora y a el heterogéneo estado de los participantes.

Existen diversas referencias previas a la aparición de la palabra robot —acuñada por  Karel Čapek en la obra de teatro RUR (Rossum’s Universal Robots)— yo me referí al Gólem, y expliqué que para mí era muy importante que pudiera ser apagado o desactivado, la leyenda cuenta que para darle vida escribieron Emet —verdad— en su frente y al borrar la primera letra y dejar solamente met —muerte— el gólem se desactivaba. Como para mí es prácticamente imposible apagarme entiendo lo catastrófico que puede resultar no poder apagar algo que sale de control. Haciendo referencia al mismo Borges tiene un poema en el que lo menciona y cuya última frase ¿Quién nos dirá las cosas que sentía Dios, al mirar a su rabino en Praga? nos recuerda que la creación de entes obedientes nos hace pensar que somos Dioses.

Durante la misma reunión se mencionaron insistentemente la Matrix, los Evas de Evangelion y Skynet. Uno de los temas recurrentes era la dependencia que nosotros tenemos de los robots y el otro era que la humanidad debería ser destruida. Creo que esto refleja más el ánimo general, hay una idea de que la humanidad es un desastre, creo que es una forma no muy humilde de reconocerse lleno de fallas. es mucho más fácil esconderse dentro de la humanidad diluyendo la culpa. La fascinación de los presentes por Rei Ayanami arroja una luz cegadora sobre las relaciones interpersonales, sobre el sufrimiento que nos acompaña permanentemente y la atracción que los marginados/parias/freaks/outcasts/retraídos/creeps también eso contribuye a la excitación que provocó el tema. No recuerdo que mencionaran la ley cero de la robótica, y menos que se hubiera una comparación con la ley cero de la termodinámica.

No puedo dejar de admitir que sentí una gran decepción tras la victoria de Deep Blue sobre Kasparov, encontrar ridículo al B9 de perdidos en el espacio, encontrar tantos matices en los ambivalentes robots de la saga de Alien + Prometheus, o pensar en la magistral intervención de HAL 9000 o incluso en la Reina Roja

  Pero nadie habló de otros aspectos del robot: su participación actual en la medicina, en la industria de la confección o mucho más interesante: el arte. Recuerdo una presentación en el festival del mimos de Londres su capacidad histriónica resultó mucho mejor que muchos actores conocidos.

 

Días de recogimiento

mientras revivo
acuden primaveras
a mi memoria

Mario Benedetti

Mi cumpleaños se acerca y he estado sopesando el regalo que voy a darme, y me puse a pensar en los diversos regalos que he recibido a lo largo de mi vida.

De mi primer cumpleaños no me acuerdo mucho de los regalos, apenas del pastel en forma de campo de fútbol.  El plástico apareció en los siguientes regalos, un paquete como de accesorios para pioneros: carreta y animales de granja, lo mejor eran los soldados verdes, porque el chiste era el número, en aquellos ejércitos no había un juguete favorito.

De plástico azul fue mi primer dominó, me lo compraron para que pudiera demostrar que sabía jugar antes de dejarme jugar con el de mi abuelo, que era de “a deveras”, desde entonces no me gustan las cosas de entrenamiento, o los lápices, o el corrector. Los procesadores de palabras son una excepción, hacer las cosas a máquina ya fue.

Hay un regalo que me hizo mi tía Yolanda que recuerdo con mucho cariño y ojalá tuviera una foto de él, era un rompecabezas, de 750 piezas -algo inusitado para el año 76- era una escena situada en la Ciudad de México donde se apreciaba la Torre Latinoamericana y el Palacio de Bellas Artes, pero lo mejor de todo es que había un tiranosaurio en plena Alameda comiendo personas, me aguerdo que tenía una entre sus fauces con hilillos de sangre escurriendo por sus mandíbula, seguro ahora no calificaría como apto para un niño de 5 años pero me hizo muy feliz. Lo completé un pare de veces porque mi madre invariablemente me pedía recoger todo, jamás escuchó razones así que solamente tenía unas horas para hacerlo o terminaba en la caja deshecho.

Lo mismo sucedía con los juegos para armar, que en ese tiempo no eran Lego, había TENTE que era un equivalente español, justo con este juego me di cuenta que algo cambió en mí, al principio buscaba la simetría en lo que construía, tanto en colores y formas, pero terminé haciendo lo contrario, huyendo de la simetría. No estoy seguro de cómo me cambió el ser tan consciente de lo efímero de las cosas, creo que todavía vivo con esa sensación de deben de sentir los que dibujan con gis en la banqueta.

Los juegos de mesa siempre me han gustado, el único problema es que no venían con jugadores, solamente jugué turista en una ocasión y tardé más de 20 años en volver a jugar.  Algunos juegos tuvieron mejor suerte.

Ha habido de todo tipo de regalos, desde alguien que me dió dinero alegando que no quería pensar -sus palabras- hasta unos muy adecuados, personales o intencionados. En la segunda década recibí un retorno a la infancia que me hizo quedar prendado y sentirme amado, ha sido uno de las veces que he quedado desarmado, nunca me había sentido tan cerca de una persona.

Al repetirse por tercera vez mi cumpleaños en un viernes santo recibí nueva vida, como en los videojuegos, el regalo en sí fue no tener que cumplir con una profecía oscura, el regalo fue tal que hasta me casé. También he recibido hospitalidad y cariño durante estos festejos, el ofrecimiento de una cocina y un techo para festejarlos, siempre patrocinados por mi faro.

El año pasado tuve un par de regalos simultáneos, sumados al reclamo de mi vecino por mi canto potente -que no tan entonado- a las 5 de mañana; debo añadir que mi vecino no escuchaba la música, solamente mi voz.

Los festejos de mi cumpleaños para este año comenzarán este día, haré algo diferente al año pasado: esta vez elegiré solamente una.

Voten por la bebida elegida para el festejo:

Además como yo decido puedo romper las reglas si quiero.

¿Con qué sueñan los peones?

Nunca se ha ganado una partida abandonándola.

Savielly Tartakower.

Tenía un año de edad cuando el ajedrez se puso de moda debido al campeonato mundial disputado por Fischer y Spassky, que se llevó a cabo en Reykjavik en 1972, el mundo miraba morbosamente el enfrentamiento entre la entonces U.R.S.S. y los Estados Unidos de América. Mi padre también fue preso de la fiebre ajedrecística, incluso organizó un torneo en su trabajo, compró libros, estudió  y se enfrentó a numerosos rivales.

Todavía tenía ese impulso cuando el campeonato siguiente se suspendió porque el campeón se negó a jugar, y me enseñó a jugar, aunque yo prefería jugar dominó o  brisca, esa era una oportunidad excelente para acercarme a mi padre. No sabía que este era el juego menos indicado para hacerlo.

Durante ese tiempo solamente jugué con familiares, principalmente algunos tíos, uno de los cuales intentó hacer trampa -cualquier intento de trampa en el ajedrez es ridículo-, también jugué con un compañero de trabajo de mi padre que me dió varios consejos, pero creo que nadie disfrutaba jugando conmigo, solamente mi padrino jugó conmigo muchas veces. Dejó de hacerlo cuando ya le ganaba todas las partidas.

Los peones, al llegar a la última línea, pueden transformarse en otra pieza pero les está vedada la categoría de rey, en este juego la rivalidad padre e hijo es manifiesta, yo tardé mucho tiempo en ganarle a mi padre, aún pudiendo derrotar a jugadores más fuertes. ¿Cómo podía ganarle si lo que quería era su cariño?

En la preparatoria la calidad de mis rivales subió considerablemente: campeones juveniles, del DF y participantes del Nacional.  Había un salón de ajedrez donde el ambiente era poco común y las tácticas distractorias eran permitidas, uno de los participantes solía practicar con sus chacos -nunchaku-, que normalmente pasaban cerca de tu cara, otro estudiaba en voz alta, y otro solía hacer referencias sexuales durante el juego, e.g. “voy a meter mi alfil hasta tu primera línea, te va a doler“, era todo un espectáculo.  Solamente logré un tercer lugar que no fue reconocido.

Uno de mis compañeros del taller de ajedrez de la prepa -Daniel Curiel, quien vivía cerca del parque de Pilares donde había un señor de edad que jugaba ajedrez de apuesta- me convidó a la Delegación Benito Juárez y yo le enseñé a manejar. El salón de ajedrez de la delegación estaba justo debajo del salón de fiestas, así aprendía a conservar la concentración a pesar del ruido. Me despedí después de 5 segundos lugares seguidos, fue como una señal. Mi mayor ranking fue 1743.

Al entrar a la universidad fui a inscribirme a la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales el último día posible, llegué alrededor de las 11 de la mañana, pero la fila era tal que a la una, todavía no alcanzaba el principio, ellos cerraron puntualmente para la comida, burocracia al fin, así que fui a comer atrás del edificio, había una partida de ajedrez en trascurso, pedí la reta al mismo tiempo que una torta y un refresco. Y me enfrasqué en una serie de partidos para matar el tiempo, y casi lo mato completamente, alcancé la ventanilla 10 minutos antes de que cerraran.

Poco tiempo después leí un artículo acerca de Marion Tinsley, yo creo que a la fecha ha sido el campeón más dominante en alguna especialidad -las damas- solamente perdió 7 juegos durante toda sus 45 años carrera, en agosto de 1992 se enfrentó a Chinook, el resultado fue 4-2 a favor del campeón humano, entonces se alegaba que el juego de ajedrez se encontraba aún muy lejos. Cuatro años después Kasparov fue derrotado por Deep Blue y yo quedé en un estado igual al nombre de la computadora ganadora. Creo que algo de mi ilusión se perdió en ese momento.

Algunas veces jugué en línea, también alguna partida aislada, y  recientemente con mi amigo Darth Trivious -quien por cierto me debe una revancha en el ajedrez blitz- y hasta con mi primos Mariana y Ricardo.  Pero ya lo siento el ajedrez tan lejano.

Durante el partido para llegar al campeonato mundial entre Bronstein y Boleslavsky, el primero demoró 50 minutos en hacer el primer movimiento, todo lo que sucedió alrededor de ese momento todavía me emociona: el casamiento de uno con la hija del otro, lo que le ocurrió aun tercer jugador que se quedó en la orilla, las acusaciones de corrupción contra la federación rusa. Pero es tal la distancia ahora que algo de nostalgia lo envuelve.

Obsesiones, compulsiones y otras adicciones.

El exceso es el veneno de la razón

Francisco de Quevedo y Villegas

Creo que toda mi vida ha sido pantagruélica – ya ves, estoy exagerando desde la primera frase- pero hay numerosos aspectos de mi vida en los que la prudencia o mesura no aparecen por ningún lado, quizá el primer ejemplo sean mis ennumeraciones o colecciones:

Tenía una agenda del grupo Santiago de 1977 en la que anotaba las placas, el modelo y el color de cualquier carro que estaba pasando, quería aprenderme todas para ser una especie de base de datos viviente para la policía, la agenda se acabó, se acabó el año y todos los coches cambiaron de placas. También tenía un cuaderno de 500 hojas blancas donde tenía mi colección de marcas, quería tener los logos así que recortaba de revistas o del mismo producto, lo dejé después de 120 hojas tras un simple cálculo que arrojaba que nunca iba a acabar. También coleccioné un álbum de estampas de los personajes de Hanna-Barbera en lugares turísticos de México (!) para acelerar el llenado comencé a jugar volados apostando estampas, con una técnica refinada gané 1.2 mts de estampas, eran tantas que no iba a contarlas, pero ya las tenía tantas que sirvieron para juntar otro álbum con los mismos huecos que el primero. Cuando conocí los CCGs (card collecting games) quedé enganchado con uno basado en mi serie favorita: Buffy the Vampire Slayer,  solamente lo jugué un par de veces, pero gasté más de 4000 USD en conseguir algunas cartas. El que sí jugué extensamente fue Mitos y Leyendas, donde además de hacer innumerables búsquedas entre las carpetas de las tiendas especializadas – donde siempre me preguntaban: ¿Don, a poco usted juega? – y compras de paquetes especiales tenía que manejar la reacción de mi esposa ante esos gastos -aunque ella también disfrutaba jugando- quiero pensar que esto no influyó en el divorcio pero no te lo puedo asegurar. El día del cómic fui a una tiena con SSS -no me refiero al papa sino a Mr. Now- y estuve a punto de engancharme con los cómics pero me contuve. Acabo de subir 12463 canciones al Music Google.

Y los juegos siempre han sido una pasión, comencé a jugar cartas a los 3 años, dominó a los 4 y ajedrez a los 5; el billar lo comencé a los 13 años, íbamos todos los días hábiles, llegábamos a poco antes de que cerraran la puerta de entrada y salíamos en la madrugada. Cuando salieron los primeros videojuegos, pasaba 6 horas seguidas en la farmacia de la esquina con 2 pesos, tiempo después ya en la computadora jugaba con mi ahora compadre, Lalit y el Chacal alrededor de 17 horas de Age of Mythology en la red que había formado en casa ex professo. Además mis excesos en tantas madrugadas llenas de juegos están documentadas en The Rules Book y llenas de testigos, a lo que te puedo remitir si lo solicitas. Los videojuegos que han sido una auténtica adicción son Ragnarok y Civilization IV, que procuro mantenerlos alejados porque en cualquier asomo me quedo hasta terminarlo. Y no cuento un par de juegos de Facebook.

En la parte física también se manifiestan los excesos, con casi 5 kilos al nacer nunca tuve un tamaño acorde a mi edad, en los agrestes 70’s sobre el asfalto de la calle  Sur 117A en la colonia Escuadrón 201, jugábamos fútbol americano tackleado, cuando recibía el balón y me encarreraba un poco, lo llevaba hasta la zona de anotación del campo contrario mientras los rivales se colgaban de mí intentando inútilmente de derribarme, el que me logró derrumbar tenía el doble de edad y me dislocó la clavícula. Me di cuenta por el dolor que me producía armar el cubo de rubik, en 1.20 minutos. No me dejaban jugar en los equipos si no mostraba identificación de mi edad. En la secundaria rompí un par de pelotas de tenis que usábamos para juntar frontón de mano. Y los límites de mis capacidades son variados como caminar sin parar 40 Km o nadar 50, también quise averiguar cuánto jugo de naranja podía tomar solamente interrumpiendo la ingesta para respirar, las naranjas solamente alcanzaron para 5 litros; algunas veces fumaba hasta 3 cigarros al mismo tiempo y para emborracharme fueron necesarios 400 ml de ron, brandy y vodka respectivamente seguidos de 3 litros de mezcal, mi último trago fue un hidalgo de 750 ml; el puente guadalupe-reyes siempre lo interrumpía en navidad. Cuando me atrapaba la ansiedad no eran suficientes 3 cajas de lexotán. . He pasado 23 días sin comer, la racha de días sin dormir se interrumpió a los 5 cuando mis ojos dejaron de funcionar apropiadamente. Las veces que iba a la central de abastos cargaba hasta 45 kg en una bolsa hecha de un costal, esta misma cantidad de kilos los he subido y bajado en algunos meses, un par de veces.

Mi paso por la escuela puede considerarse variado, con obsesiva asistencia de 100% en algunos años al gitano 30% en otros, en la prepa me llevé un premio por ser el que más se durmió en clase, en la facultad llegaba 15 minutos tarde al examen y lo terminaba antes que todos y en la maestría cuando me di cuenta que tomé una materia más adelantada tuve que aprender lo de 2 semestres en una semana para ponerme al corriente. Terminé de escribir mi tesis en una noche después de que mi entonces novia me acusó de estar estancado y lo puso de pretexto para separarnos.

Mi velocidad en auto solamente llegó a 190 km/h en el periférico, sería más impresionante si hubieras visto el estado de la dirección de mi coche -bautizado Napoleón con vodka- cada que manejaba parecía que estaba haciendo nieve.  Como información extra pasé un año sin limpiaparabrisas. El mayor número de personas que subía a mi coche fueron 23, y manejando a más de 60 km/h a 13, luego de este coche  tuve 3 Maveriks más.

Busqué el obsesivamente el olvido, ninguna combinación de brebajes, legales, ilegales o místicos fueron inútiles, el nepentes no existe. Buscando títulos caballerescos me aventuré en numerosas misiones: me pasé todos los altos de Insurgentes, gané una apuesta de orinar en el lugar más público, la glorieta de Insurgenes a una hora pico, manejé en sentido contrario en Xola y en el eje Central, en este último también lo salté manejando a alta velocidad al atravesar el viaducto. Quebré 37 árbolos en la calzada de las Bombas – él único que se me escapó aún existe y es el más grande-, visité 43 vinaterías una noche. Y durante 3 años nunca perdí en el juego de “a que no te atreves a“.

En el amor nada parece demasiado: toqué puerta por puerta hasta encontrar la casa de un crush inusitado que jamás cedió. Puse las iniciales de MGGL en primer lugar en 220 videojuegos esparcidos por la Ciudad de México, caminé 3 kilómetros en zapatos nuevos para ir a una cita, escribí una carta de 20 metros en papel para sumadora, he deleitado 7 veces a los voyeuristas , entre ellos una niña de 6 años con su abuela ciega. Me he involucrado con una vampira nada crepuscular, con intercambio de sangre. Acepté ser el tercero en el orden al bat a cambio de confesiones -la verdad es morbosamente adictiva y rabiosa. He dado múltiples besos de la noche hasta amanecer para vigilar el sueño de la persona amada,  ¿y qué más extremo que casarse?

Un amigo me dice que soy adicto a las locas, otro a la incertidumbre. La opinión general es que la azotea no funciona bien. Y quizá eso se nota en que no puedo repetir mi firma,  cuando pido en un volado siempre elijo la misma cara de la moneda, no tomo agua de horchata porque es una aberración de la naturaleza, todas los pequeños envases de crema para café los abro de manera distinta -esto fue evidenciado por una persona externa-, es extremadametne difícil que conteste un SÍ o un NO plano. Tengo un mórbido gusto por sentir los chorros de sangre, en especial la mía, quizá los haya sentido demasiadas veces, mi tema recurrente es el azar, dibujé un laberinto en todos los cuadernos de la escuela, pero dejé de usarlos. Puedo contestar el teléfono y escribir en un teclado de computadora estando dormido, pero tengo faltas de ortografía. Pero creo que mi mayor obsesión es conocer lo que piensan las demás personas, porque no tengo ni la más remota idea.

Con esta hipérbole combinada con entrada bloggera quizá pienses que mi mente está fragmentándose o que estoy en algún proceso límite, pero solamente es un día común.

Me han dicho un millón de veces que soy un exagerado, quisiera poder decirte que todo esto ha sido una exageración y no una confesión.

Clásico de Octubre

El béisbol es el único lugar donde un sacrificio es verdaderamente apreciado.

Ayer me desvelé viendo el sexto juego de la serie mundial entre los Cardenales y los Rangers que terminó dramáticamente y dejó a todos emocionados. Durante el final del partido platicaba vía gtalk con mi querido amigo Mr. Now y prometí contarle el origen de mi gusto por el béisbol.

Ya le había contado a él que disfrutaba los juegos con mi padre, este vínculo surgió porque cuando era niño yo quería jugar béisbol, algo de lo que el me persuadió usando todos los medios posibles -no jugar fútbol era una afrenta familiar- y consiguió que cambiara de deporte. Tiempo después admitió arrepentido lo que hizo por disuadirme y se disculpó, esto nos unió mucho y cuando veíamos los juegos en televisión platicábamos de cosas personales, algo inédito hasta entonces.

El origen se remonta a mis 4 años, esta edad fue la última donde aún conservaba la inocencia e ingenuidad infantil, aún no decía groserías, creía en los reyes magos y no sabía nada del amor. Ahora me parece increíble haber estado en algún momento tan puro, por decirlo de alguna manera

En una de las visitas regulares a una tía que vivía en un edificio a una distancia conveniente de Río Churubusco, donde los padres se quedaban jugando dominó y hablando de cosas de adultos, mientras yo me quedaba al cuidado de sus 3 hijas -todas mayores que yo- que elegían dictatorialmente las actividades así que un día llamaron a su vecina Leslie: una pelirroja apenas unos meses más grande que yo. Y nos obligaron a jugar a los novios y darnos un beso, el primero.

En las siguientes visitas procuré que los juegos fueran en la calle -sí le saqué- ahí mis primas no salía pero Leslie brillaba, era con mucho la mejor jugadora, y no solamente porque estaba en mi equipo pero empezaba a crecer esa sonrisa interna una especie de calor ufano al ver que ella casi ganaba sola la partida, y por querer colaborar quise batear fuertemente, tanto que el bat salió volando y casi golpea al capitán del equipo contrario quien se encaminó inmediatamente a golpearme.

Y lo hubiera hecho si no hubiera recibido un certero golpe en la mandíbula, sí ella me estaba defendiendo y eso fue algo no volvería a ocurrir jamás, alguien peleando por defenderme, ¡y quién! A partir de ese momento decidí apoyar a su equipo favorito, no tenía que preguntárselo porque siempre traía una gorra puesta con la primera letra de mi nombre.

Su rudo comportamiento no se limitaba solamente al juego, no se conformaba con mandar a chingar a su madre a su progenitora, ella misma golpeaba a su abuela en algún ataque de furia. Los niños del barrio le tenían miedo, pero conmigo fue particularmente afectiva.

Mi tío enfermó y las circunstancias cambiaron y dejé de visitarla, no volví a verla hasta 10 años después en una posada en casa de mis abuelos.  Llegó acompañado a una de mis primas -la de enmedio- evidentemente transformada a los quince años. Con un suéter blanco que iluminaba la cara una mezcla entre Christina Hendricks y Emma Stone (les dejo los links para que no se gasten buscando) y un pantalón de lino que se ajustaba a la figura, una visión angelical.

No sé si fueron mis ojos que saltaron como en las caricaturas o la baba que estaba escurriendo pero mi prima tuvo que intervenir y sugerir “¿por qué no la invitas a bailar?” Y pues la invité pero en el peor momento: el momento tropical. Me dijo que no bailaba esa música – yo tampoco pero nomás por ella- entonces le digo que me diga la música que quiera, que yo hacía que el DJ la pusiera así tuviera que usar la fuerza,  me pidió algo de Police, la misión resultó un fracaso, nada del grupo -que no era bailable- maldición; regresé con la cola entre las patas.

Todo lo que pasó después con ella después pertenece a otra entrada.

Hoy veré el juego y lo disfrutaré sin importar el resultado, porque mis recuerdos asociados al juego siempre me hacen sonreír.