Archivo de la categoría: Ajedrez

Domo arigato Mr. Roboto

cada vez hay más gente que quiere ser escritor pero no quiere escribir

Rodrigo Fresán

En una reunión surgió el debate de cuál sería el robot perfecto, las discusiones se volvieron bizantinas me parece que debido a la hora y a el heterogéneo estado de los participantes.

Existen diversas referencias previas a la aparición de la palabra robot —acuñada por  Karel Čapek en la obra de teatro RUR (Rossum’s Universal Robots)— yo me referí al Gólem, y expliqué que para mí era muy importante que pudiera ser apagado o desactivado, la leyenda cuenta que para darle vida escribieron Emet —verdad— en su frente y al borrar la primera letra y dejar solamente met —muerte— el gólem se desactivaba. Como para mí es prácticamente imposible apagarme entiendo lo catastrófico que puede resultar no poder apagar algo que sale de control. Haciendo referencia al mismo Borges tiene un poema en el que lo menciona y cuya última frase ¿Quién nos dirá las cosas que sentía Dios, al mirar a su rabino en Praga? nos recuerda que la creación de entes obedientes nos hace pensar que somos Dioses.

Durante la misma reunión se mencionaron insistentemente la Matrix, los Evas de Evangelion y Skynet. Uno de los temas recurrentes era la dependencia que nosotros tenemos de los robots y el otro era que la humanidad debería ser destruida. Creo que esto refleja más el ánimo general, hay una idea de que la humanidad es un desastre, creo que es una forma no muy humilde de reconocerse lleno de fallas. es mucho más fácil esconderse dentro de la humanidad diluyendo la culpa. La fascinación de los presentes por Rei Ayanami arroja una luz cegadora sobre las relaciones interpersonales, sobre el sufrimiento que nos acompaña permanentemente y la atracción que los marginados/parias/freaks/outcasts/retraídos/creeps también eso contribuye a la excitación que provocó el tema. No recuerdo que mencionaran la ley cero de la robótica, y menos que se hubiera una comparación con la ley cero de la termodinámica.

No puedo dejar de admitir que sentí una gran decepción tras la victoria de Deep Blue sobre Kasparov, encontrar ridículo al B9 de perdidos en el espacio, encontrar tantos matices en los ambivalentes robots de la saga de Alien + Prometheus, o pensar en la magistral intervención de HAL 9000 o incluso en la Reina Roja

  Pero nadie habló de otros aspectos del robot: su participación actual en la medicina, en la industria de la confección o mucho más interesante: el arte. Recuerdo una presentación en el festival del mimos de Londres su capacidad histriónica resultó mucho mejor que muchos actores conocidos.

 

Días de recogimiento

mientras revivo
acuden primaveras
a mi memoria

Mario Benedetti

Mi cumpleaños se acerca y he estado sopesando el regalo que voy a darme, y me puse a pensar en los diversos regalos que he recibido a lo largo de mi vida.

De mi primer cumpleaños no me acuerdo mucho de los regalos, apenas del pastel en forma de campo de fútbol.  El plástico apareció en los siguientes regalos, un paquete como de accesorios para pioneros: carreta y animales de granja, lo mejor eran los soldados verdes, porque el chiste era el número, en aquellos ejércitos no había un juguete favorito.

De plástico azul fue mi primer dominó, me lo compraron para que pudiera demostrar que sabía jugar antes de dejarme jugar con el de mi abuelo, que era de “a deveras”, desde entonces no me gustan las cosas de entrenamiento, o los lápices, o el corrector. Los procesadores de palabras son una excepción, hacer las cosas a máquina ya fue.

Hay un regalo que me hizo mi tía Yolanda que recuerdo con mucho cariño y ojalá tuviera una foto de él, era un rompecabezas, de 750 piezas -algo inusitado para el año 76- era una escena situada en la Ciudad de México donde se apreciaba la Torre Latinoamericana y el Palacio de Bellas Artes, pero lo mejor de todo es que había un tiranosaurio en plena Alameda comiendo personas, me aguerdo que tenía una entre sus fauces con hilillos de sangre escurriendo por sus mandíbula, seguro ahora no calificaría como apto para un niño de 5 años pero me hizo muy feliz. Lo completé un pare de veces porque mi madre invariablemente me pedía recoger todo, jamás escuchó razones así que solamente tenía unas horas para hacerlo o terminaba en la caja deshecho.

Lo mismo sucedía con los juegos para armar, que en ese tiempo no eran Lego, había TENTE que era un equivalente español, justo con este juego me di cuenta que algo cambió en mí, al principio buscaba la simetría en lo que construía, tanto en colores y formas, pero terminé haciendo lo contrario, huyendo de la simetría. No estoy seguro de cómo me cambió el ser tan consciente de lo efímero de las cosas, creo que todavía vivo con esa sensación de deben de sentir los que dibujan con gis en la banqueta.

Los juegos de mesa siempre me han gustado, el único problema es que no venían con jugadores, solamente jugué turista en una ocasión y tardé más de 20 años en volver a jugar.  Algunos juegos tuvieron mejor suerte.

Ha habido de todo tipo de regalos, desde alguien que me dió dinero alegando que no quería pensar -sus palabras- hasta unos muy adecuados, personales o intencionados. En la segunda década recibí un retorno a la infancia que me hizo quedar prendado y sentirme amado, ha sido uno de las veces que he quedado desarmado, nunca me había sentido tan cerca de una persona.

Al repetirse por tercera vez mi cumpleaños en un viernes santo recibí nueva vida, como en los videojuegos, el regalo en sí fue no tener que cumplir con una profecía oscura, el regalo fue tal que hasta me casé. También he recibido hospitalidad y cariño durante estos festejos, el ofrecimiento de una cocina y un techo para festejarlos, siempre patrocinados por mi faro.

El año pasado tuve un par de regalos simultáneos, sumados al reclamo de mi vecino por mi canto potente -que no tan entonado- a las 5 de mañana; debo añadir que mi vecino no escuchaba la música, solamente mi voz.

Los festejos de mi cumpleaños para este año comenzarán este día, haré algo diferente al año pasado: esta vez elegiré solamente una.

Voten por la bebida elegida para el festejo:

Además como yo decido puedo romper las reglas si quiero.

¿Con qué sueñan los peones?

Nunca se ha ganado una partida abandonándola.

Savielly Tartakower.

Tenía un año de edad cuando el ajedrez se puso de moda debido al campeonato mundial disputado por Fischer y Spassky, que se llevó a cabo en Reykjavik en 1972, el mundo miraba morbosamente el enfrentamiento entre la entonces U.R.S.S. y los Estados Unidos de América. Mi padre también fue preso de la fiebre ajedrecística, incluso organizó un torneo en su trabajo, compró libros, estudió  y se enfrentó a numerosos rivales.

Todavía tenía ese impulso cuando el campeonato siguiente se suspendió porque el campeón se negó a jugar, y me enseñó a jugar, aunque yo prefería jugar dominó o  brisca, esa era una oportunidad excelente para acercarme a mi padre. No sabía que este era el juego menos indicado para hacerlo.

Durante ese tiempo solamente jugué con familiares, principalmente algunos tíos, uno de los cuales intentó hacer trampa -cualquier intento de trampa en el ajedrez es ridículo-, también jugué con un compañero de trabajo de mi padre que me dió varios consejos, pero creo que nadie disfrutaba jugando conmigo, solamente mi padrino jugó conmigo muchas veces. Dejó de hacerlo cuando ya le ganaba todas las partidas.

Los peones, al llegar a la última línea, pueden transformarse en otra pieza pero les está vedada la categoría de rey, en este juego la rivalidad padre e hijo es manifiesta, yo tardé mucho tiempo en ganarle a mi padre, aún pudiendo derrotar a jugadores más fuertes. ¿Cómo podía ganarle si lo que quería era su cariño?

En la preparatoria la calidad de mis rivales subió considerablemente: campeones juveniles, del DF y participantes del Nacional.  Había un salón de ajedrez donde el ambiente era poco común y las tácticas distractorias eran permitidas, uno de los participantes solía practicar con sus chacos -nunchaku-, que normalmente pasaban cerca de tu cara, otro estudiaba en voz alta, y otro solía hacer referencias sexuales durante el juego, e.g. “voy a meter mi alfil hasta tu primera línea, te va a doler“, era todo un espectáculo.  Solamente logré un tercer lugar que no fue reconocido.

Uno de mis compañeros del taller de ajedrez de la prepa -Daniel Curiel, quien vivía cerca del parque de Pilares donde había un señor de edad que jugaba ajedrez de apuesta- me convidó a la Delegación Benito Juárez y yo le enseñé a manejar. El salón de ajedrez de la delegación estaba justo debajo del salón de fiestas, así aprendía a conservar la concentración a pesar del ruido. Me despedí después de 5 segundos lugares seguidos, fue como una señal. Mi mayor ranking fue 1743.

Al entrar a la universidad fui a inscribirme a la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales el último día posible, llegué alrededor de las 11 de la mañana, pero la fila era tal que a la una, todavía no alcanzaba el principio, ellos cerraron puntualmente para la comida, burocracia al fin, así que fui a comer atrás del edificio, había una partida de ajedrez en trascurso, pedí la reta al mismo tiempo que una torta y un refresco. Y me enfrasqué en una serie de partidos para matar el tiempo, y casi lo mato completamente, alcancé la ventanilla 10 minutos antes de que cerraran.

Poco tiempo después leí un artículo acerca de Marion Tinsley, yo creo que a la fecha ha sido el campeón más dominante en alguna especialidad -las damas- solamente perdió 7 juegos durante toda sus 45 años carrera, en agosto de 1992 se enfrentó a Chinook, el resultado fue 4-2 a favor del campeón humano, entonces se alegaba que el juego de ajedrez se encontraba aún muy lejos. Cuatro años después Kasparov fue derrotado por Deep Blue y yo quedé en un estado igual al nombre de la computadora ganadora. Creo que algo de mi ilusión se perdió en ese momento.

Algunas veces jugué en línea, también alguna partida aislada, y  recientemente con mi amigo Darth Trivious -quien por cierto me debe una revancha en el ajedrez blitz- y hasta con mi primos Mariana y Ricardo.  Pero ya lo siento el ajedrez tan lejano.

Durante el partido para llegar al campeonato mundial entre Bronstein y Boleslavsky, el primero demoró 50 minutos en hacer el primer movimiento, todo lo que sucedió alrededor de ese momento todavía me emociona: el casamiento de uno con la hija del otro, lo que le ocurrió aun tercer jugador que se quedó en la orilla, las acusaciones de corrupción contra la federación rusa. Pero es tal la distancia ahora que algo de nostalgia lo envuelve.