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violencia en todos lados.

La violencia no es sino una expresión del miedo.

Arturo Graf

He estad0 meditando al respecto del asesinato de una mujer (Lesvy) en Ciudad Universitaria, acerca de las causas de este incremento (a mi parecer mundial) de la violencia en contra de las mujeres y la búsqueda, bueno al menos el inicio, de una solución.

Me parece que el motivo subyacente es el miedo, un miedo enorme e irracional que amenaza con destruir el mundo/status quo/las creencias. Y el único recurso que se tiene para respoder es la violencia (sí, el último recurso del incompetente como dijera Assimov).

La educación es diferente para cada género. Puedo hablar un poco de las diferencias que percibo. Existe en mayor o menor medida un esfuerzo por parte de la madre en dar a sus hijos, y me parece que las cosas que se le dan al varón son mayores en proporción a lo que se les da a las mujeres (quizá la carencia del término equivalente a varón en castellano sea una señal). Hay numerosos ejemplos de madres desvividas por sus hijos (las madres de Avelino Pilongano de los Burrón, Gordolfo Gelatino de los Polivoces o las misma aMarga López en corona de lágrimas). No he visto casos parecidos donde la madre haga tanto por su hija (quizá los haya y en ese caso sería en mucha menor cantidad).

Otra diferencia fundamental es la exaltación de la rudeza, de lo fuerte, del la permanencia; la resolución de los conflictos por medio de la dominación del otro, de alzarse como único vencedor, con arrasar con el rival. Y en cambio minimizar la importancia de los sentimientos, algunas veces hasta el extremo de la burla. El llanto, la tristeza, el miedo y cualquier sentimento que muestre vulnerabilidad son desterrados.

Y sí, el hombre siente un gran miedo ante muchas actitudes de las mujers, porque amenaza su mundo:

Durante mucho tiempo un hombre que se casaba aseguraba la perpetuación del apellido (si había hijos varones), relaciones sexuales a voluntad, una “ama de casa” que le resolviera las tareas domésticas. Todo eso a cambio de una manutención que muchas veces era insuficiente e intermintente. Esta persona ve amenazado su mundo al existir mujeres que pueden pedir el divorcio, que no tienen miedo de salir a buscar trabajo. Eso dejaría al hombre no solamente sin sus ventajas ganadas sino a merced de la burla de los otros. Porque el escarnio de los demás es una forma de perpetuar la ideología y las acciones.

El que las mujeres tomen control de su sexualidad es también una amenza para el hombre, ahora hay que luchar por algo que se consideraba seguro, ahora es posible que la mujer descalifique o compare el desempeño sexual y se salga perdiendo en esa comparación. Además del miedo a mantener progenie de alguien más.

También la irrupción de la mujer en cotos de poder (la política, los puestos gerenciales, las tomas de decisión) es una amenaza para las formas en las que el varón controlaba las transacciones de ese poder. Esos intercambios de poder solían ser entre hombres.

Todas estas formas en las que se ve amenzado el varón, me parece son las que generan la violencia. Es un miedo a ver su mundo destruído, por eso no creo que apelar a los derechos humanos tenga efecto, o que haya mensajes de indignación. Creo que un colectivo de mujeres hartas de la violencia y expresando su enojo causan aún más miedo. Creo que de alguna forma hay que hacer ver que este mundo donde las mujeres ocupan otros espacios, tienen los mismos derechos, ejercen su sexualidad y cuya labor sea reconocida por igual es un mundo que es mejor para ambos, que los privilegios que se dejan atrás son menos que las ventajas de estar en contacto con los sentimientos, en dejar de estar encerrados en una armadura rígida, en cargar demasiadas cosas y ser responsables de otras que no nos corresponden.

 

 

 

páginas en blanco

Dejo atrás la estela del mar no termino de deambular me divierte andar despistarme jugar persiguiendo sombras.

Persiguiendo Sombras — Nacha Pop

La inspiración ha estado escasa los días pasados, quizá porque más que una página en blanco es todo un lienzo. Quizá se tenían que romper todas las cosas al mismo tiempo para poder construir algo completamente nuevo, o tal vez la parálisis se deba al miedo ante semejante vacío.

Depués de recurrir a revisar unas fotografías del pasado, escuchar canciones llegadoras, mirar un par de capítulos de una serie significativa  lo único que me queda claro es el pasado, de alguna manera el escenario sigue en vacío, pero eso es en realidad una buena señal. Se puede llenar de muchas maneras ahora lo difícil es descubrir lo que quiero hacer.

Durante un momento de mi vida quise estudiar física, abandoné la idea tras recibir clases de ingeniería en lugar de física, decidí ir en una dirección diferente —algo entre Filosofía y Letras Clásicas— mi camino se extravió en el estacionamiento de Av. del Imán antes de pedir mi ficha para el examen de admisión. Terminé un par de años en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. Durante una visita al CEDART Diego Rivera me solicitaron esclarecer unas dudas de: —¡oh sorpresa!— Física al estar explicando un par de conceptos básicos me llegó un viento nostálgico, me di cuenta lo mucho que extrañaba las ciencias. Quizá no sería tan mala idea volverme ermitaño hasta que comience a extrañar algo, quizá eso sea mi camino a seguir.

Al buscar interlocutores los descubro inmersos en diversos problemas, dejando que sus miedos los detengan de perseguir sus sueños, aferrados a situaciones aún cuando se encuentran hartos de ellas. Supongo que mi situación no es muy diferente, lo que cambia es el tema subyacente y las acciones particulares.

Me dentengo a ver el lugar en el que me encuentro, reviso mi dominó —aún se ven los mensajes—, mis cartas que claman por salir de nuevo, la multitud de ceros y unos que constituyen mi patrimonio digital. Principalmente veo mi familia, mis amigos y mi tierra. Yo creo que es esperanzador, aún si no tengo idea de la dirección que las cosas van a tomar.

Quizá deba conseguir una moneda para echar volados.

 

el valor del valor

hay que tener más valor que el primero que se comió un zapote prieto

Refrán mexicano

Esta semana asistí a una TED talk en el trabajo en la que se habló del valor de perseguir los sueños, poniendo como ejemplo a Steve Jobs, no es precisamente mi modelo a seguir —muy lejos de ser— sin embargo la discusión posterior fue alrededor de la el coraje necesario para dejar cosas atrás y perseguir los sueños. Para cada persona lo que valora y lo que sueña es diferente, sin embargo casi todas las personas mencionaron el aspecto económico como indispensable en su plan de vida la idea de una felicidad en la pobreza es contradictoria en la cabeza de muchas personas.

São Paulo no tiene actividad sísmica, tampoco tsunamis o huracanes, poca gente ha visto de cerca la desgracia de perder una casa con todo el patrimonio dentro y apenas salvar la vida, ese es un evento traumático pero liberador, te deja sin ningún tipo de ataduras.

Pero es diferente cuando se trata de perseguir un sueño, porque la cabeza está llena de sueños de los demás, una casa, un carro, un matrimonio, hijos, una foto junto a la Torre Eiffel, algunos se pueden hasta transformarse en reality shows —más de una sueña en transformarse en la próxima top model— yo siempre he pensado que somos muy diferentes y quizá el cultivar esas diferencias sea ser más auténticos.

Recordé el sinnúmero de veces que he cambiado de rumbo, mi breve paso por el mundo del teatro, la música, las artes plásticas —de lo que el mundo se salvó— pero también mi cambio de decisión de carrera que pasó por física, filosofía, letras, pase dos años en Ciencias Políticas, regresé para ciencias y mi paso por Actuaría o la maestría en matemáticas. El tiempo dedicado a repartir comida, manejar un taxi o hacer ropa. Dar clases, estar todo el día en el taller de matemáticas, trabajar por proyecto y tomar vacaciones al terminar. O mi mudanza de país.

Desde niño me he aventurado en muchas cosas porque soy curioso, la verdad no me he necesitado de ningún valor especial o arrojo de mi parte, me ha producido placer y he sido obsesivo con mis intereses. Mis travesías quizá carezcan de mérito pero sí me han permitido tener una perspectiva de cómo las otras personas ven la vida, lo que te dicen.

Algunas veces alcanzo a ver lo que sueñan, ya sea en pisar algún escenario,  tener una vida pastoral, trabajar en locución o doblaje, vivir en Miami, volar, que sus hijos se casen bien, tener una cintura de avispa, tener un coche importado. Algunas veces basta un par de pases mágicos para que esas personas se encuentren en el paraíso.

Hay muchos motivos para dejar de perseguir los sueños, muchas veces estamos convencidos de que es mejor hacer otra cosa, o que nos vamos a morir de hambre persiguiéndolos, que no nos va a alcanzar para ir a Disney o a esquiar, que la gente nos va a mirar como locos, que primero está la familia, que es un desperdicio de tiempo, que es mejor hacer las cosas pensando en el futuro. Pero todas esas voces no son nuestras.

Claro que cuando ni siquiera se conocen los sueños la cosa está más difícil, ya de por sí son tímidos los deseos, ahora si ni siquiera están claros es más fácil que queden abandonados, abandonarlos es como abandonarse uno mismo, uno que de por sí ha vivido en ese sentimiento. Quizá por eso la manía de quemar las naves, es otra forma de estarse abandonando.

Es más fácil cambiar de país que de ideas.

 

 

 

 

libros, caminos y días

Por el grosor del polvo en los libros de una biblioteca pública puede medirse la cultura de un pueblo.

John Steinbeck

#Dicen que el califa Omar mandó quemar la biblioteca de Alejandría bajo el argumento: si contiene los mismo que el Corán es redundante y si no contiene lo mismo es impía.

La única biblioteca que usé hasta antes de entrar a la preparatoria fue la de casa, que contenía el tesoro del saber. un diccionario de historia Porrúa y la Quillet, y uno que otro libro que mi padre me compró en la feria del libro, confieso que le entré mucho antes a los cigarros que a los libros, pero en algún momento me dio una sed insaciable de enterarme muchas cosas —me pueden llamar chismoso—

Las bibliotecas resultan un paraíso gratuito al alcance de cualquier persona aunque yo tenía mi chamarra equipada con un compartimento secreto que usaba para obtener donaciones no tan voluntarias de las librerías siempre es mejor cuando un libro es leído muchas veces por diferentes presonas. Cuando inauguraron la alameda del sur, para tener acceso al préstamo teníamos que registrarnos y firmar cada visita hasta acumular cinco firmas, en el caso de la de Xochimilco se necesitaba un comprobante de domicilio, nunca hice el trámite para la de Balderas que es la única que siempre estaba llena. La última vez que fui a esa biblioteca estaba en la carrera aún con Pau-Pau y Chela, al final del día recibí una rosa de regalo. La biblioteca del Colegio de México era muy seria y fue en la única que me llamaron la atención.

Aunque me tocó la inauguración del Amoxcalli —la biblioteca de la Facultad de Ciencias— y solía usar mucho, en especial cuando tenía 2 credenciales que permitían el préstamo ¡y por más tiempo!. Pero mi corazón quedó encantado cuando tuve mi credencial de la Biblioteca Central, cada semana caminaba hasta la Biblioteca, devolvía los libros que había sacado, buscaba en el catálogo aún físico y recorría los pasillos que ya eran más que familiares, buscando, digamos, PQ2619.A65 caminaba a la parada frente al comedor y tomaba la ruta 64 —Cerro del Judío a San Lorenzo Tezonco— y regresaba leyendo de pie porque el camión siempre iba lleno en el trayecto que yo lo tomaba. Lo único que necesitaba para ser feliz era mi abono de transporte y mi credencial de la biblioteca central.

Un amigo que conocí en el CCH —no porque yo estudiara ahí— siempre me recriminaba que yo trataba a los libros como pañuelo de papel —kleenex para los cuates— que no les tenía la reverencia suficiente, que nada más les extraía la información y los desechaba, con él solía tener pláticas todos los días, nos regresábamos de CU y vivía a unas tres cuadras de casa, y como siempre solía dar un aventón pues el trayecto era más largo. Él clamaba que no necesitaba leer más, y estaba vendiendo todos sus libros, tenía algunas ediciones impresionantes, algunos libros en húngaro y bastantes en alemán. Siempre que hablábamos acerca de la situación del país me acusaba de que dejaba deprimido. Pero yo creo que eso se debía a la forma de percibir el mundo, él pensaba que no todos deberían tener acceso a los libros, que eran objetos que solamente los elegidos podían tener, una idea contraria a tener esperanza en las personas, en su capacidad de cambio.

Las bibliotecas, incluida la megabliblioteca, no son recintos frecuentados, no entiendo por qué los que no alcanzan el lugar buscado en los recintos educativos no abarrotan las bibliotecas en busca de una educación por su cuenta, creo que no están convencidos del poder de transformación que tiene el conocimiento, también creo que la educación es, en su mayor parte, responsabilidad de los interesados que yo esperaría que fuéramos nosotros mismos los que lucháramos por obtenerla por cualquier medio.

Incluso ahora, mi frecuencia de lectura ha menguado tanto que debería estar leyendo en lugar de rezongar al respecto.

libro

Vacío vital

Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla, la muerte les fermenta detrás de los ojos, y ellos caminan, lloran hasta la madrugada en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.

Los amorosos – Jaime Sabines

El universo odia el vacío, no en balde la expresión horror vacui —aunque Pascal se haya puesto mamón— pero aún en el espacio cualquier pedazo elegido al azar contiene aunque sea algunas partículas de polvo, minúsculas pero siempre hay algo. Dicen que el vacío absoluto es imposible #dicen.

Cuando un gas encuentra un recipiente vacío se expande hasta llenar todos los huecos, es como si no se pudiera soportar ver esa ausencia en los recipientes. Quizá esa parte física sea análoga a lo que sucede en otras áreas de la vida. Como el barroco en el arte donde la abundancia tapa llena todos los espacios sin dejar vacíos a la vista.

Algunas personas entienden ese vacío como la soledad, algunas veces en alguna parte pequeña como necesitar a alguien para ir al cine, comer o ir a una fiesta. Pero hay otros casos donde prefieren ser violentados a estar solos, otros prenden las luces, abren las ventanas o llenan los espacios con mensajes en el celular. El vacío interior se puede confundir con hambre e intentar llenarlo con comida cuando lo que se necesita es afecto, beber para callar el vacío que grita de desesperación, o aspirar algún estimulante que nos permita seguir a pesar del vacío de energía.

Los recipientes necesitan estar vacíos para llenarse, y como nos enseña el modelo de la urna de Ehrenfest este cambio será mucho más rápido al principio y más lento cuando se vaya estabilizando. Eso debería ser suficiente para no llenarnos de pánico al enfrentar ese cambio.

La explosión de una supernova puede convertirse en un agujero negro, que nada va a llenar, cuya enorme gravedad con la que jala las cosas se parece al desesperado intento de mantener las cosas cerca de nosotros, como si el vacío interno arrastrara con todo.

#Nota: Un foco necesita de ese vacío para que la resistencia ilumine en lugar de quemarse.

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teoría y práctica

Se sugiere que cuando la energía vital de un hombre se encuentra obstruida en su interior, la suavidad sirve para despertarla y traerla a luz.

I Ching Hexagrama 59 Huan (la disolución)

Cuando íbamos a jugar carambola a la academia de billar Gabriel Fernández —ruega por nosotros— me sorprendía mucho la habilidad de ejecución de nuestro fallecido amigo “El Chore”, cuando le decías lo que tenía que hacer era el que mejor lo ejecutaba, sin embargo era incapaz de encontrar la jugada adecuada según la ocasión, era totalmente dependiente de la ayuda de los demás. Yo era el mejor en la teoría y en la práctica me iba bien pero no tanto como lo hubiera esperado. También por esa disparidad entre la teoría y la práctica desistí de estudiar física.

Parece que siempre he sabido que tengo problemas y también la solución posible, a diferencia del Chore no he podido ponerlos en practica, muchas veces me recrimine por eso, ante la simple instrucción de “tienes que amarte a ti mismo” me descubrí perplejo, incapaz de llevarlo a la práctica, aún sabiendo que era algo en extremo necesario, vital incluso. Pero ese tiempo ha quedado atrás, estoy en un proceso de cambio, de profunda transformación en el que estoy aprendiendo a domar mi mayor fuerza: mi mente. Estoy dispuesto a cambiar, al hacer esta afirmación mi cuerpo tiembla un poco y la garganta se cierra, como si todo mi cuerpo se resistiera al cambio. El cambio no es fácil.

Mi mente suele  imaginar un sin fin de posibilidades  y generar una fuerza poderosa. Cuando estas características son bien utilizadas suelen producir portentos en diferentes ámbitos incluídos el académico, laboral, recreativo. Pero la moneda puede caer del otro lado y causar un cantidad innumerable de pensamientos que me lastiman, pierden y sofocan. Hasta ahora había dejado que se apoderaran de mí demasiadas veces, es como intentar domar una bestia poderosa con infinidad de cabezas, es de esas veces que no se puede matar al enemigo sino se tiene que convencer, con amor.

Mi poder es el de la transformación, entonces puedo convertir algo cotidiano en mágico, encontrar el lado luminoso en la desgracia, usar la fuerza de un golpe como impulso, pero también puedo desviar los halagos o peor aún reinterpretar comentarios inocuos como ideas lacerantes.

Por ejemplo si alguien hacia un comentario ofensivo a una persona obesa, yo sentía que los comentarios eran dirigidos a mí, recientemente hablaba con una amiga que describió a otro hombre como “perfecto” y repentinamente me sentí inadecuado, estas pensamientos llegaron a ser mucho peores en las relaciones de pareja.

Creo que siempre me he situado al final de la fila, esperando ser merecedor de algo que nunca llega —sin pedir ni expresar los deseos eso nunca iba a llegar— me sentía abandonado y muchas veces yo provocaba esta situación, como si al entrar en esa situación conocida tuviera algo de control. Muchas veces durante este aislamiento recurría a la comida o bebida para calmar esa ansia de amor, terminaba sintiéndome culpable al final. No me daba cuenta que era yo quien me estaba abandonando, que lo que veía en los demás era solamente un reflejo de lo que pasaba en mi interior. Quizá no me horroriza la dureza de mis pensamientos porque me he dado cuenta sino el tiempo sin hacer nada al respecto, la incapacidad de pasar de la teoría a la práctica.

Lo que comienzo a hacer son cosas que hago por primera vez, me siento desconfiado y perdido, como caminando en un terreno pantanoso, sin apoyo, como aprendiendo a caminar de nuevo, con muchas sensaciones nuevas. Estoy tomando este camino porque ya no me queda otro remedio. Yo quiero estar bien.

 

 

San Felipe de Jesús, perdóname

Odiar el alma es no poder perdonarse ni por existir ni por ser uno mismo

Bernanos

Aunque ya había reparado en la importancia de perdonarse a sí mismo, no había atravesado por la experiencia completa.

Este sentimiento se gestó temprano en la niñez, cometí una atrocidad a muy temprana edad, tuve un descuido que ya he contado aquí. Ese incidente me dejó una idea de que había hecho algo mal y que jamás se iba a borrar.

Una de las cosas que me afectaba mucho de niño era ser acusado injustamente, no sabía cómo responder a esos señalamientos, me dejaban mudo, jamás conseguí defenderme. Recuerdo una vez que estaba jugando fútbol en el retorno, cuando aún no existían los piracantos, entonces recibí una falta que me hizo tropezar y caer entre el cemento, un pedazo con piedras de río y el pasto del jardín; justo en ese momento estaba mi padre enfrente que me gritó a manera de regaño “ya te dije que no jugaras en el pasto”, además del dolor del golpe esa acusación no solamente me hizo sentir mal  también provocó la burla de los que estaban jugando, no atiné a hacer otra cosa que quedarme callado.

Desde muy niño estuve preocupado por mi madre, sus sufrimientos de madre adolescente, sus miedos e inseguridad despertaron en mí un instinto protector desde temprana edad, obedecía sus mandatos e intentaba manejar sus neurosis, o lo más difícil era transitar la vida de la manera en que ella quería que fuera transitada por eso cuando ella me acusaba que no la quería o no me esforzaba o —lo más gacho— que no me importaba sentía

Este sentimpiento solamente se manifiesta cuando la acusación viene de alguien que me importa, porque alguna vez fui acusado por el maestro del temas selectos de matemáticas de haber copiado ¡ja! o los compañeros que me acusaban de indigente por llevar camisas idénticas en días consecutivos o de homosexual porque me detenía el cabello con donitas color pastel.

Y qué decir del amor, como cuando en un ataque de celos te acusan de que no les importas porque otra persona se sienta junto a ti, y sin importar las explicaciones siempre terminaba cargando con la culpa, o peor aún siendo acusado de estar “pensando en otra persona” era castigado impunemente y —como Sansón— perdiendo el cabello en contra de mi voluntad.

Y creo que jamás tuve una respuesta para esa sensación porque pensaba que me lo merecía, aunque no fuera cierto, quizá por eso todo este tiempo que he cargado con esa culpa me la pasé cargando muchas otras culpas que no me correspondían, culpas que no encontraba la manera de purgar salvo con penitencia, por eso no me había sentido merecedor a nada y había pasado muchas veces sufriendo en silencio sin poder compartir lo que sentía ocultando mi necesidad de ayuda, quizá por eso buscaba anestesiar esas sensaciones por comida, por eso castigaba mi cuerpo sin brindarle cuidados que pensaba inmerecidos. Por eso transitaba ese camino del autoabandono que tando me recuerda a mi padre y mi abuelo, alejados de los doctores, con enfermedades sin atender durante mucho tiempo.

Por eso puedo reconocer ese dolor, por eso pensaba que podía entender y ayudar a los otros, que lo que daba era porque era empático con el otro, quizá ayudando para evitar mirar hacia mi propia miseria. Y eso sí me da miedo, pensar que quizá todo lo que he hecho no ha significado más que mi ruta de escape, mi evasión, mi desesperado intento por liberarme de la culpa que como roedor desgastaba mi alma. No sé si ese sea el caso, no importa si todo mi mundo es falso porque necesito perdonarme por todo lo que me he hecho, necesito sentir que sí merezco ese perdón, que no voy a vivir condenado por siempre.

Me perdono.

El Laberinto de la Soledad

Mi cabeza es un laberinto oscuro. A veces hay como relámpagos que iluminan algunos corredores. Nunca termino de saber porque hago ciertas cosas.

Ernesto Sábato

Aunque mis cuadernos favoritos en la primaria eran los mixtos porque me daban muchas opciones, los cuadernos que más recuerdo eran los de cuadro, mucho más lo de cuadro chico que los de grande porque siempre ocupaba la última página del cuaderno para dibujar un laberinto, siempre quise entrar a alguno, el primero fue en una feria era un laberinto de espejos, bastante sencillo pero suficiente para emocionarme.

El único sueño recurrente que he tenido es una pesadilla que tengo cuando duermo con fiebre, es que estoy en un laberinto, sus paredes son de un color crema muy desgastado, parecen de concreto y tienen más de 2 metros de altura, el piso varía entre tierra negra y asfalto, los pasajes podían ser muy amplios como del tamaño de una calle o angostos como un un callejón peatonal, tengo la certeza que los primeros eran cuando el dolor disminuía y los segundos cuando se incrementaba, al final sentía miedo de llegar a la meta, que en este caso era en el centro, donde había una inmensa campana de forma de un pedazo de esfera, como la parte de arriba de los despertadores antiguos, había mucha gente alrededor como si fuera una ceremonia importante, sentía un gran dolor antes de que sonara y justo con el sonido estruendoso despertaba.

Llevo mucho tiempo sin soñarlo, desde entonces conseguí ir a alguno más pero creo que a estas alturas ya debería tener más en mi bagaje turístico. Pero ya están agendados.

Tal vez siempre esté perdido, quizá sea esa búsqueda constante que me hace sentirme mejor dentro del laberinto que fuera. Tal vez aún se encuentre algo importante en el centro, aún tenga que recorrer el camino de nuevo.

Laberinto

asalto chido

Quien roba comete un error, pero quien se deja robar comete cien

refrán armenio

Cuando era niño, poco antes de entrar a la escuela mi padre jugaba conmigo el juego de Kim, que consistía en poner unos 20 objetos en una superficie plana —en este caso era la cama— que estaban cubiertos con algo parecido a un pañuelo, él los dejaba a la vista unos instantes y la volvía a cubrir, yo tenía que nombrar todos los objetos que había visto, yo lo disfrutaba mucho principalmente porque me sentía querido por mi padre que me contaba que el juego se usaba para entrenar a los ladrones en oriente para que al pasar junto a un comercio pudieran —sin voltear siquiera— qué era lo más valioso de la tienda y cómo lo podían robar.

Este entrenamiento resultó divertido además de útil, un día luego de la escuela —tendría nueve años—  mi tío Juan al que veía cotidianamente al regresar a casa de Chuchita —mi abuela— me pidió que fuera a la tienda a comprarle un refresco y me dijo que al final me iba a dar la oportunidad de recibir un premio. Me dijo que si podía decirle las monedas que tenía en la mano me las iba a dar así que abrió la mano, la cerró y me mostró por un instante el canto de las monedas, cuando comencé a nombrar las monedas de curso corriente asomó una mueca de incredulidad, pero cuando le nombré los cinco pesos de plata con la imagen de Hidalgo, la peseta —los 25 centavos que tenían una balanza— o los 100 pesos de plata con Morelos, pero me falló la moneda conmemorativa de las olimpiadas, creo que el resultado fue un beneficio mutuo: mi tío no tuvo que darme sus monedas pero yo obtuve un distante respeto.

La familia siempre te intenta aconsejar para que no te pase ningún accidente, te dan consejos para cuidarte, para hacer bien las cosas, tantos se dan a diestra y siniestra sin pensar de verdad si aplican, pero yo los escuchaba de cualquier manera armando una lista mental de las cosas de las que tenía que tener cuidado, las situaciones que debía identificar y los cursos de acción a tomar. Así aprendí a ponerme  almeja, hacer ojo chícharo, ponerme víbora, estar al tiro, picar la piedra, ponerme buzo caperuzo, ponerse agujeta, ponerse atento —al estilo Caló— vigilante pues.

En algunas ocasiones mis pertenencias cambiaron de dueño principalmente por dejarlas sin vigilar, como un suéter que dejé para apartar mi asiento en un salón de clases de la Facultad de Ciencias de mi añorada universidad, también unos tenis muy cómodos que se llevó un amigo del Quick —personaje local— e incluso un teléfono y una hielera en Playa del Carmen cuando me quedé dormido en la playa. Pero el pasado domingo perdí un blasón al ser despojado de mi teléfono en plena Praça da Sé. Me sentí invadido por una sensación de vergüenza como si todas las lecciones que me dio mi ciudad hubieran sido en vano, como si hubiera defraudado y dejara de ser su hijo predilecto.

Había vigilancia apenas a algunos pasos de ahí para poner la denuncia, y luego tuve que lidiar con la falta de sistema para bloquear el número, cambiar mis contraseñas, soltar un lamento por las fotos perdidas. Y hacer una reflexión respecto a la cantidad de dependencias del celular que tengo, creo que fue parte de la expiación de mi culpa.

Pero cada acontecimiento —y más los de este tipo— viene acompañado de una lección que en esta ocasión no tiene nada que ver con la seguridad. Lo que pasó me enseñó muchas cosas de otra índole como las reflexiones al esperar en la fila para ser atendido o los primeros mensajes que mandas tras restablecer las comunicaciones.

Mano

las peticiones de su majestad

y a veces cuando viajo extraño esta ciudad
y a veces grita el tiempo pidiendo libertad

a veces – Pedro y las tortugas

Comencé a leer la saga de Alvin Maker a petición de mi amiga Azul —my very blue life— esta no es la primera petición literaria ni de otra índole, el último libro que compartimos fue el 11/22/63 de Stephen King Sul también se incorporó al ejercicio. Esta parte de compartir lecturas no ha sido constante en mi vida.

Cuando tomaba un curso de redacción en el palacio de minería me tocó discutir la lecturas de algunos clásicos mexicanos como “Los de Abajo”, “Pedro Páramo”, “Al Filo del Agua” siempre me ha parecido interesante conocer las opiniones de los demás y ahora en la interpretación de un libro mucho más porque es como el ejecutante de una obra, es lo más cercano al arte que se puede estar sin entrar.

Durante las épocas de pocos recursos mi credencial de la biblioteca central con un catálogo variado para darme un tórrido y literario festín —aún sin policromías de delfín— pero esas lecturas no dejaban de ser ejercicios solitarios ávidos de tener un eco en el vacío.

Por eso el día que conocí a Azul —no a Tristán ni Alecia— fue memorable, fue una reunión de un grupo de IRC llamado Jessica un grupo que organizaba competencias lúdicas similares al juego del maratón, fue en ese tiempo que comenzaba a bajar los primeros mp3 —que duraban horas— por eso se llamaban canales amigos y la propaganda era “juega mientras bajas música o baja música mientras juegas. Se organizó no virtual en el Sanborns del Hospital General, pasó por el círculo 33 y terminó en casa de Azul.

En un punto nos enfrascamos en una discusión que se vinculaba con la historia de la literatura, y era evidente como la pasión por el tema saltaba, como algunas afirmaciones provocaban en la otra persona un salto de felicidad, Borges, Baudelaire, Poe, Stendhal, Rimbaud, Valéry y hasta el mismísimo Dostoyevsky brincando de gusto. Fue un hallazgo feliz del que estuve a punto de rehuir de él.

Afortunadamente su morada se convirtió en un faro que me ha servido como punto de referencia a lo largo de los últimos años. Ella ha escuchado mis discursos crípticos sin chistar entendiendo que la importancia del mensaje puede estar en cualquier parte. También gracias a ella entiendo la distancia que existe entre lo que consigo acomodar en palabras con algo que se asemeje a la literatura, aunque eso no quiere decir que las entradas se interrumpan, pero que estoy pensando en esmerarme en alguna entrada con cierta frecuencia.

Y aún tengo fotos de ese día

Azul

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