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Chupas, coges y piensas, ¡arriba, arriba la Facultad de Ciencias!

Las ciencias tienen las raíces amargas, pero muy dulces los frutos.

Aristóteles

Luego de un año en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales tomé la decisión de dar un giro a mi vida académica y cambiarme a la Facultad de Ciencias, mi estancia ahí estuvo llena de muchos momentos felices no solamente dentro de la vida académica.

Lo primero que noté en la facultad fue el silencio sepulcral tras cualquier pregunta del maestro a diferencia de, por ejemplo, mi clase de sociología donde toooooodos tenían alguna opinión, algunas en no tenían nada que ver con el tema pero a todos les encantaba echar rollo, en Geometría nadie opinaba y mucho menos hacían preguntas. Para mí fue un alivio saber que algunas de preguntas podían tener solamente una respuesta.

Solamente revisé mi tira de materias y los horarios el primer día, —para esos entonces no anotaba mucho— cometí un error y tomé la clase de geometría en un grupo que no me correspondía, las materias actuariales eran las 2 primeras horas y las siguientes (geometría, cálculo y álgebra) las compartía con matemáticos y físicos en otros salones, no percibí que mi grupo de geometría hasta medio semestre, al hablar con el maestro que me correspondía él aceptó sin muchos aspavientos ponerme la calificación que me pusiera el otro maestro, esa flexibilidad y poca solemnidad fue algo que me hizo sentir aún más identificado. La flexibilidad para armar tus horarios fue algo que agradecí durante toda la carrera.

Ya de por sí nunca he pasado inadvertido, entonces usaba vestimentas rasgadas con orificios en lugares limítrofes, una cabellera abundante sostenida con donitas pastel y usualmente unos converse de color distinto —lila y turquesa— además era que más participaba en clase si no es que el único, llegaba tarde a los exámenes y salía antes que todos —con 10 de calificación— incluso en un par de grupos yo tuve 10 y todos los demás reprobaron. Sí había llegado a o de los pocos lugares a los que he sentido pertenecer.

La gestación de mi grupo de amigos fue en la clase de álgebra, el maestro —José Alfredo Amor Montaño q.e.d.p.— tenía que ausentarse por lo que nos dejó una tarea que incluía la demostración de la conjetura de Goldbach y el primer mes fue de clases con su ayudante que nos confesó haber reprobado 5 veces la materia yo me dediqué ese mes a jugar timbiriche con la novia de un compañero que llamaban el exótico. Al regreso del maestro tuvimos que formar equipos para las tareas, cada alumno debía hacer su tarea pero él elegiría a alguien del equipo al azar para revisar esa tarea. La que formó el equipo era Belén, que tenía un buen humor escandaloso, si bien no tenía problema alguno con la parte teórica mi letra era un desastre monumental, así que nos pasábamos haciendo pruebas con los transeúntes para ver cuál de las tareas era la escogida: siempre era la mía.

Siempre que llegaba encontraba a Martha y Norma estudiando con sus cuadernos —el detalle de sus apuntes rayaba en lo obsesivo— y algunas veces se los pedía para revisar alguna duda y entonces procuraba distraerlas diciéndoles que o sabían o no, que no tenía caso estudiar así justo antes, pero siempre estaban angustiadas antes de la prueba, les trataba de decir que eso no era importante que en la vida real eso no sería tan importante, no me hicieron mucho caso pero estoy seguro que después lo entendieron, nadie escarmienta en cabeza ajena.

Como la mayoría del grupo eran mujeres me tocó ver varias vicisitudes amorosas, como Chela se ilusionaba por algunos compañeros mayores aunque no tan relevantes, o Mónica que siempre pegaba con todo, hasta con los muertos —el apodo de alguno— siempre bromeábamos que la fuente del prometeo sacaba humo cuando Mónica pasaba por ahí, Verónica tenía 2 esclavos en la facultad —tal cual— y también era asediada por el retrato de Dorian —no era Gray—, a Martha le tocó ir a perseguir a su amor hasta Bath en UK infructuosamente, y luego de que Raúl salió del clóset también me tocó acompañar más de cerca sus desventuras. Yo tenía novia y tenía que portarme bien, basta poner de ejemplo una vez que la maestra campanita —Cálculo— llego tarde como era costumbre yo estaba sentado en el escritorio y llegó Carolina a sentarse junto a mí —nuestros brazos apenas se tocaban— cuando llegó mi novia y no me la acabé, tuve que seguirla hasta el metro CU intentando calmar su enojo.

Pero siempre por más que les insistía en hacer otras actividades además de las clases no me escucharon mucho, apenas los convencí de ir a ver a Nina Galindo y a Son de Merengue al auditorio de la facultad —donde Mónica y Raúl se animaron a bailar—, en una ocasión fui con Belén y Norma al CCU a ver Les nuits fauves (1992) que aunque Norma la escogió la dejó con los ojos abiertos. Solamente una vez nos lanzamos al palacio chino a ver Entrevista con el vampiro, un miércoles del 2 por uno, como éramos un número impar me tuve que conseguir una pareja a la entrada del cine.

Había un compañero —Robotín— que les daba recomendaciones de maestros, generalmente si hacía lo opuesto a lo que él dijera, en especial cuando decía no que nos metiéramos con determinado maestro porque sus clases eran muy avanzadas. Gracias a eso entré con Arturo Nieva, que después se convertiría en mi asesor de tesis y de maestría. Pero reconozco que me equivoqué rotundamente al recomendar tomar una clase los viernes en la noche y el sábado en la mañana alegando que el maestro no iba a aguantar, la verdad yo no aguanté y pido una disculpa pública por eso. Pero a raíz de eso se fueron separando nuestras clases.

Y los demás compañeros no les hacían mucha gracia, por ejemplo uno de ellos que se parecía a Emilio Aragón (el del juego de la oca) —parte es la razón del video— y que llevaba su laptop a las clases —algo inusual en aquellos entonces— recibía a manera de burla desde los lugares de atrás un “animal” cada que se equivocaba. Cuando había examen de cálculo no dejaban que la “J ” —así le llamaban se sentara junto a mí para no copiarme— era común que usara faldas cortas y pegadas —parecía que obtenía muchos favores con poco esfuerzo. Tampoco les hacía gracia el compañero Coca por sus intentos constantes de ser sociable, me parece que Griselda era mucho más sociable —estrenaba novio cada semana— también Raúl se quejó de tomar clase con Natalia, una compañera que había tomado un curso de modelaje y que era ayudante de IPC.

Recuerdo cuando cantamos villancicos en frente a rectoría o la posada que organizamos en casa de Belén—de la que existe un video— y también de las veces que me hicieron pasar la vergüenza de decir en mi casa que iba a estudiar para un examen —Teoría de redes— que fue en el semestre que tomé clase en la tarde para pasar todas las materias pendientes —aquellas que eran a las 7 de la mañana y que la asistencia contaba. También el viaje a Guanajuato para las clases de demografía y muestreo.

Mi servicio social en el taller de matemáticas creo que merece una entrada aparte.

Me gustó tanto la Facultad que después de terminar la carrera me la pasé viviendo ahí, estudiando la maestría, dando clases y trabajando como técnico académico. Cada que escucho esta canción recuerdo tantas cosas.

ideas medievales

todos los que la habían deseado se portaban siempre como unos cretinos.

Rayuela – Julio Cortázar 

De niño me regalaron una caja de los Exin Castillos pero nunca conseguí armarlo completamente, invariablemente al final del día mi madre me hacía guardarlo sin escuchar muchas explicaciones, tal vez haya sido por eso, quizá mi gusto por las películas donde las batallas eran con armas blancas —a pesar de que jugábamos repetidamente a recrear la serie Combate— o alguna extraña filtración de esas ideas del amor cortés donde se elevaba la posición de la mujer hasta el grado de rendirle vasallaje e apuntándola como una fuente de inspiración para ser mejores personas.

El caso es que siempre había pensado —bueno en realidad era muy inconsciente— que parte de entrar en una relación implicaba un compromiso parecido, e invariablemente buscaba mejorar el entorno de mi pareja. La mayoría consiste en pequeños actos cotidianos que pueden tener mayor impacto si conoces más a la otra persona, dada mi naturaleza obsesiva solía almacenar diferentes detalles, desde los evidentes como las fechas, los colores, sabores y aromas favoritos, hasta los más sutiles como los orígenes de su enojo; pasando por sus ciclos menstruales, el sabor de sus lágrimas, las partes favoritas de sus canciones preferidas, sus miedos inconfesables pero lo más importante eran los detalles que la hacían feliz.

Muchos actos eran evidentes, como la ayuda con los trabajos escolares, en los que ponía mucho más empeño que en los míos, regalar las flores adecuadas en el momento adecuado, dar un masaje cuando regresaba de un día tenso de trabajo, regalos temáticos como CDs, algún letrero de una calle o cartas kilométricas, más recientemente mensajes de texto, e-mails, tuits o dibujitos por el whatsapp. A veces la acompañaba hasta que se durmiera y luego regresaba, o cuando me dejé la barba.

Otras cosas eran más sutiles o desconocidas por la dama en turno: yo sabía cuando una comida que ordenaba no le iba a gustar entonces pedía alguna otra alternativa que a ella le gustara y le ofrecía cambiárselo, solía dejar dinero en algunos bolsillos para que lo encontrara después, alguna vez hablé con una de mis suegras para que su relación mejorara, pasé incontables horas buscando una canción en la era pre-napster, o buscar las palabras que restablecieran su calma o su risa en los momentos difíciles, o levantarme justo antes del despertador para encender el bóiler y preparar el desayuno mientras ella seguía dormida, o estar al pendiente de los próximos conciertos de su música predilecta.

En general disfrutaba de todos estos actos pero algunas veces sí tenía que sacrificarme, como cuando la ayudé con su colección de tazos, tuve que zamparme muchos doritos gachos y pedir cada mesa con envolturas de sabritas vacías. También tuve que cachar un librero de madera maciza que me dejaron caer durante una mudanza, la mordida de su mascota que recibí en santa sea la parte —las nalgas para ser más específicos— o las lágrimas que me costaron el cambio de dentista a sugerencia de ella para ahorrar.

Después de terminada la relación tuve oportunidad de hablar con algunas de ellas posteriormente, en otras ocasiones de manera indirecta, la coincidencia era el extrañar ese bienestar general, me parece que tenían la idea de que era una situación gratuita que llegaba como por arte de magia pero, aunque algunas veces hubiera magia implicada era resultado de un trabajo, de diferentes actos cotidianos de la observación detenida y pequeñas acciones continuadas, muchas veces era sumergirme en un mundo nuevo, buscaba empaparme de lo que la rodeaba para poder comprenderla mejor y conseguir pavimentar la vida cotidiana; conseguía tal acercamiento que podía decir muchas de las cosas que había dicho, sentido o hecho, al grado de poder considerarse clarividencia, al final todo el universo está conectado.

Además de las razones expuestas con anterioridad, también se puede decir que estas acciones las hacía porque había visto el sufrir de mis amigas en sus relaciones, también podría ser por un miedo a perder ese afecto tan importante para mí, otra razón podría ser que estuviera dando todo eso para asegurar que en un futuro pudiera pedir algo a cambio, podría ser un mal entendido respecto al amor. Cuando mis amigos me dicen algo al respecto, en particular de que ese esfuerzo no es apreciado les contesto que siempre pienso en la analogía con la educación, yo creo que debe ser gratuita, sin importar que haya muchas personas que no la valores, no creo que cobrar sea la solución para valorarla.

Y como las cosas  lejos de terminar como Der Himmel Über Berlin o el final de Gilmore Girls —sí, la veía— se parecen más a Paris, Texas o Firefly quizá sea tiempo de pasar al renacimiento.

el nombre es lo de menos

de todos modos, Juan te llamas

refrán mexicano

Comparto mi nombre con tres de mis familiares en línea directa ascendente, i.e. padre, abuelo y bisabuelo. Y, con excepción de mi bisabuelo, tenían el apodo de Pícoro, Mi tía Josefina —hermana de mi abuelo— le decía Pícoro. Muchos piensan que el origen de este apodo era el famoso anunciador de box Antonio Padilla “Picoro” pero este no lleva acento. La verdad es que a los Pedros también se les dice Pericos y mi abuelo no conseguía decirlo apropiadamente, por eso mi tía Josefina —su hermana mayor— comenzó a llamarlo de esa manera.

El número de personas que llamaba así a mi abuela era muy limitado, pero a mi padre casi todos se referían a él con ese apodo, no es de extrañarse que yo lo heredara, pero como necesitaba ser diferenciado usaban algún diminutivo y terminaban llamándome Picorito o Picorín, que quizá hasta los 4 o 5 años resulta aceptable pero con más años y un tamaño mayor resultaba un tanto ridículo.

Creo que lo que más me molestaba es no tener ninguna injerencia al respecto, los adultos tenían la última palabra y mi opinión al respecto se desvanecía, no era muy diferente que la tía que te da un pellizco en los cachetes; en mi alcoholescencia creció el deseo de ‘diferenciarme como individuo de tener una identidad, además de la música, el peinado y la ropa necesitaba de dejar de compartir mi apelativo.

No fue una tarea fácil, pero en la fiesta de XV años de mi prima Alejandra en la cual yo fungía como chambelán, además de usar unos calcetines de color sobresaliente me dediqué a informarle a toda la familia y amigos que ya no quería que me llamaran de esa manera, hubo resistencia de casi todo mundo, la mayoría diciendo que así me habían conocido y me seguirían diciendo de esa manera. Aclaro que el anuncio lo hice a tiempo antes de que el alcohol mermara la memoria . Tuve muchas discusiones al respecto pero todos fueron anunciados que a partir de ese día ya no respondería por ese nombre.

Abordar la misma cuestión con los amigos era un asunto más difícil, porque lo usaban a manera de burla, fingían equivocarse, me parece que entre ellos seguían llamándome de esa manera. Tuve que recurrir a las amenzas físicas para lograr algún resultado. En una ocasión estaba con Felipe e iba a llamar por teléfono, como estaba más cerca me dijo que él marcaba, como nadie me reconocía tuve que mendionar mi antiguo apodo para que se acordaran, pero Felipe había marcado otro número solamente para escucharme decirlo, no puedo negar que fue ingenioso. Así tuve que lidiar con eso durante mucho tiempo, aún ahora sigue apareciendo. Quizá por eso acepté numerosos apodos con el único requisito de que fueran diferentes.

Pero estoy seguro de si uno no puede elegir su nombre al menos debería decidir a los apelativos que responderá.

¿a poco muy muy?

Más fácil es escribir contra la soberbia que vencerla.

Francisco de Quevedo

Apenas unos días atrás un amigo apuntaba que él consideraba que mis mayores pecados —capitales— eran la gula y la soberbia.  La primera es más que evidente, pero me quedé reflexionando acerca de la segunda. No es la primera vez que me señalan algo semejante, así que merece una reflexión.

Si nos centramos en la definición primaria de soberbia: altivez y apetito desordenado  de ser preferido por otros. Parece que contiene 2 partes, una de ellas es la posición por encima de los demás y el deseo de ser preferido por aquellos sobre los que se eleva, por lo que hay una paradoja embutida en ese concepto.

Mis primeros recuerdos están llenos de contradicciones, porque si bien recibí mucha atención y cariño, soy el primer nieto de mi familia paterna y el mi madre es la única mujer entre sus hermanos. También había diferentes expectativas en cuanto a mi persona por parte de todos.  Desde muy temprana edad comencé a sentirme inadecuado, creo que principalmente por no poder entender a los demás, muchas no encontraba relación entres sus actos y sus palabras.

Recuerdo que cuando intentaba hablar de algo con mi abuela paterna ella solamente se quedaba mirándome y me decía que seguramente era un marcianito —sin contestarme otra cosa— o mi tío Mundo que a pesar de su evidente cariño la mayoría de sus palabras eran para corregirme —después me di cuenta de que eso ha hecho con todos sus sobrinos pero entonces dejó una marca que sigo cargando— y me parece que mucho se debe a la manera de expresar el cariño. Entre el machismo de uno de mis abuelos y la orfandad del otro sus demostraciones de afecto eran muy parcas. Pero creo es evidente que la persona que más influencia ha tenido en mi vida ha sido mi madre a quien quiero muchísimo pero algunas veces no consigo comunicárselo y otras fallan los canales de comunicación.

Cuando yo nací ella tenía apenas 18 años y tenía un temperamento volátil muchas de sus regaños o apapachos no dependían de mi conducta sino de humor, pero no sabía que eso pasaba entonces adquirí una compulsión por actuar en busca de su aprobación. Yo veía que ella se la pasaba ayudando a los demás —quizá su forma de ejercer su carrera de trabajo social— acompañaba a las personas al hospital y se quedaba si era necesario, iba a rezar rosarios o ayudaba a preparar comida para las fiestas, ayudaba con los trámites a las demás personas, iba a inyectar o hacía reparaciones de ropa, Quizá esas conductas sean originadas por querer llamar su atención.

Llevo en mi interior una sensación de que si hay algo que no puedo hacer es un fallo en mi persona. me cuesta muchísimo trabajo pedir ayuda, me parece que es porque es por un miedo a ser rechazado justo en ese momento de vulnerabilidad, es mi manera de protegerme contra ese dolor; y aquí es evidente esa contradicción, al no buscar ayuda en esos momentos de necesidad también me he privado de recibir apoyo de las personas que quiero. Aquí quisiera mencionar a mi tía Hortencia, a quien quiero mucho aunque apenas hable con ella, pero siempre que la saludo le doy un abrazo en el que puedo sentir ese cariño así directo y sin escalas, quizá si me expongo más recibiría más de esas demostraciones.

La palabra también tiene otras acepciones como alto, fuerte o excesivo en las cosas inanimadas. Y con seguridad puedo entrar en la categoría de excesivo, además de las otras 2. Tampoco quiero pecar de falsa modestia, una de las veces que fui acusado de soberbio fue cuando le dije a una dama que ella que le estaba otorganod el privilegio de mi presencia, alguna otra persona me reclamaba mi forma de hablar como pontificando, pero nunca ha sido con un aire de superioridad, siempre he intentado tratar de iguales a las personas —también esto ha sido criticado— sin tener ningún prejuicio al respecto.

Y como dijera Mauricio Garcés: Ahí les dejo mi reputación para que la hagan pedazos.

#VemPraRua

“Não vi Pelé e nem quero ver Neymar. Quero ver o Brasil mudar.”

Frase de las protestas

Algunas personas me han preguntado acerca de lo que está pasando en Brasil, antes de abordar el tema quisiera dar unos datos que pueden ayudar a poner en contexto lo que está pasando, el país tiene casi 200 millones de habitantes, siendo sexto país más poblado y el quinto más grande en extensión territorial, es un país fútbolcentrista: la primera vez que hablé al servicio de soporte de mi compañia de cable/teléfono/internet contestó una grabación diciendo: si es algo relacionado con un partido de fútbol, marque 1; en las tiendas de videojuegos hay una categoría de fútbol separada del deportes y el miércoles 26 de junio fue declarado feriado en Belo Horizonte porque iba a será el partido entre Brasil y Uruguay.

Aproximadamente un 40% de la población y 50% de la riqueza se concentra alrededor de los estados de Rio de Janeiro, Minas Gerais y São Paulo. Aunque el mayor ingreso per cápita está en la capital Brasilia donde se concentra el gobierno. El mercado financiero se transformo bajo el mandato de Lula en apenas algunos años logró llegar al cuarto lugar por volumen el mercado de accionario y llegando a ser considerado como una promesa dentro de los países emergentes, y con los próximos eventos del mundial y las olimpiadas todo indicaba que tenía su camino pavimentado para el para el primer mundo.

Existen numerosos contrastes sociales en el país, escasez de médicos, retraso en la educación y transporte juntos con una alta tasa impositiva, el ambiente que percibí al llegar era de mucha inconformidad, escuchaba numerosas quejas de todo mundo sin percibir las ganas de hacer algo por cambiar la situación, una especie de apatía.  Pero hubo diversos factores que confluyeron.

Hubo una serie de escándalos respecto al compro de votos en el congreso llamado el mensalão, entre otros respecto a la corrupción. El diputado federal João Campos mandó una iniciativa de ley que permite el tratamiento psicológico de la homosexualidad —conocido como “cura gay”— la propuesta fue apoyada por el presidente de la comisión de derechos humanos Marco Feliciano que es un pastor de una iglesia ligada a la asamblea de dios. También salieron a la luz los gastos de la tarjeta de crédito corporativa de la presidenta: apenas unos 60 millones de reales.

Cuando elevaron las tarifas del transporte en muchas ciudades del país hubo una reacción de indignación de parte de la población y comenzaron las protestas, pensando en que querían sacar más para la copa confederaciones.

Aquí en São Paulo fueron en lugares donde se concentra en los que confluyen diferentes rutas de transporte, comenzaron marchas de protesta que fueron reprimidas por la policía, generalmente con las llamadas bombas de efecto moral, bajo una cobertura sesgada de la cadena televisiva predominante. Curiosamente esta cobertura cambió de tenor conforme el movimiento fue avanzando. Ahora todos estaban a favor de las protestas pero en contra del vandalismo. Quieren mantener ignorante y pobre al pueblo, lo hacen enojar y luego se asustan —nota del editor.

En Río de Janeiro las protestas fueron más combativas, y ser vieron empañadas por mucho actos de pillaje y vandalismo como un ataque a una concesionaria de automóviles al parecer por habitantes de la famosa favela Ciudade de Deus, al menos los participantes que escuché fueron más argumentativos.

En la ciudad de Belo Horizonte la edad de los manifestantes era, en promedio menor, incluso la radio estaba invitando a los padres de familia a hablar por teléfono a sus hijos para que dejaran las protestas, al día siguiente vi a los policias dialogando con los parroquianos respecto al día anterior, algunos explicando la postura.

Ahora me he mantenido a una mayor distancia que antaño, porque, además de ser extranjero acá nadie me puede sacar del tambo. Pero sí he estado a tiro de piedra y hablado con los manifestantes. Me gustaría que esto se contagiara por todo el continente.

pásame un teclado

La mayor parte de la escritura se hace lejos de la máquina de escribir.

Henry Miller

La herramienta que más he utilzado ha sido el teclado, de niño solamente veía una máquina de escribir —una olivetti lettera 22- que era de mi tía Marina, que algunas veces nos la prestaba para llenar algunos documentos, mi mamá siempre que la veía decía que extrañaba la suya que fue una del mismo modelo, poco después compró otra de la misma marca pero ahora el modelo lettera 25. Tanto mi papá como mi mamá eran capaces de ayudarme a escribir algo a máquina si lo necesitaba, pero al entrar a la secundaria comencé a tomar clases de mecanografía.

Mi maestro tenía un método original de enseñar, pintó las cada tecla de un color de acuerdo a la posición que ocupaba —que dependía del dedo con el que la tendrías que presionar— el mapa de las teclas estaba en la pared lo que hacía que mirar al teclado fuera innecesario, una habilidad que he agradecido a lo largo de la vida.  Además usábamos las hojas de manera horizontal y las teníamos que llenar de ambos lados para que no se desperdiciara el papel, desafortunadamente el maestro falleció a mitad del curso y fue reemplazado por una maestra que usó el libro clásico y terminé llenando mi libro de mecanografía al igual que mis padres y mi hermana —todos teníamos nuestras hojas de ejercicios encuadernadas— nunca alcancé las velocidades de mi tía Yolanda que era toda una profesional pero me defendía bastante arriba de 70 palabras por minuto. Pero mi mayor virtud consistía en justificar al vuelo, es decir, iba contando los caracteres y ya cerca del margen daba un espacio antes de las palabra para que el margen de la derecha quedara parejo, esto ahora es tan fácil en un procesador de texto. También me di cuenta de que puedo escribir semidormido pero en ese caso mi ortografía cae en picada porque escribo como fonéticamente, desaparecen algunas letras como la hache y la zeta.

No duré mucho tiempo usando la máquina de escribir, aunque ya tenía una computadora —una timex sinclair 1000— no era apta para escribir y no tenía impresora, fue hasta que tuve la commodore y conseguí una impresora, que después tuve que adaptar para las pc pero valió la pena, desde entonces he escrito muchísimo más por ese medio que a mano, porque para ser sinceros mi letra dista mucho de ser bonita, o ya digamos legible, este medio me ha permitido escribir con soltura, de manera legible y además se puede guardar para la posteridad.

Durante un tiempo me dediqué a programar, empecé usando BASIC pero he transitado por muchísimos lenguajes, como el ensamblador, COBOL, PASCAL, FORTRAN, Java, Clipper, Visual Fox, C, VB, C++, C# el número de líneas que he escrito alcanza para llenar demasiadas páginas, tantas que los escritos de otra naturaleza se ven seriamente opacados, pero ahora estoy mucho más enfocado en esto de escribir, ahora mucho menos críptico que en mi etapa en livejournal que lamento haber borrado en un impulso destructivo luego de que sus contenidos detonaran en los días de mi separación.

Y como los juegos han estado presentes en mi vida el teclado ha sido uno de los controles por mucho tiempo, claro que hubo joystiqs y gamepads pero el teclado siempre ha estado al lado auxiliando, esta es una de las razones por las cuales he tenido que reemplazar muchos teclados averiados, pero también es porque aprendí en una máquina antigua en la que tenías que golpear con ahínco, y sigo haciéndolo aunque ahora las teclas sean más sensibles.

Algunas teclas pueden ser sensibles si se toma el doble sentido de la palabra teclado.

Ponga su contraseña

Si quieres que tu secreto sea guardado, guárdalo tú mismo.

Séneca

El origen de la palabra y el uso de la contraseña tiene mucho tiempo, al principio  fue para distinguir a los amigos de los enemigos, para conseguir un acceso privilegiado y, algunas veces, para evitar ser asesinado. En el caso del mundo cibernético apenas comenzó a utilizarse al inico de los años 60s en realidad es poco tiempo.

Mi primer contacto con los passwords fue viendo la película Wargames con el entonces Matthew Broderick —antes de Ferris Bueller’s Day Off— a partir de esa película el password de Joshua fue el más común durante mucho tiempo, yo no necesitaba ponerle password a mi computadora en ese entonces una timex sinclair 1000 con 2K de memoria que no necesitaba protección, pero la primera necesidad de usarlas fue con los juegos.

Una vez de regreso de mi proveedor de copias de respaldo de confianza, me di cuenta, que las copias que me dió no correspondían al juego, el juego preguntaba la letra en determinado pasaje del manual que no poseía. Tendría que esperar hasta la semana siguiente —tianguis de fin de semana— pero la paciencia no es mi mayor virtud, así que me dediqué a buscar desesperadamente la manera de jugar, sí lo conseguí, fue mi primer paso, curiosamente fue mucho antes de aprender a usar las ganzúas.

La primera cuenta ue tuve fue un BBS que accesaba a veloces 2400 bps, luego después tuve una cuenta en la universidad, y después contraté internet, además de todos los sistemas operativos que me tocó instalar en computadoras de familiares y amigos, generalmente me quedaba con la contraseña de administrador porque generalmente se les perdía la hoja donde la habían anotado, me parece que las personas no le prestan demasiado interés. Aún recuerdo una curiosa petición: “no me puedes poner un password que no se me olvide” fue de alguien que bloqueó su cuenta 30 veces seguidas.

Cuando estaba en la facultad de Ciencias, tomé la materia más avanzada que había, al final terminé en malos términos con el profesor porque, además de ser medio pedante, tuvimos una discusión cuando le ofrecí los programas que íbamos a ver durante el curso en c —los íbamos a hacer en pascal— lo hice para contribuir con la clase pero el pensó otra cosa, esa enemistad repercutió un tiempo después cuando él fue nombrado director del centro de cómputo, y el servicio que recibí el taller de matemáticas era deficiente, para colmo de males fue la primera vez que olvidé mi contraseña, y tenía que pedirle a él que la cambiara. Afortunadamente una amiga me hizo el favor y no tuve que verle la cara, pero ahí decidí que no volvería a olvidar un password.

El número de cuentas que tengo ha crecido en serio, no solamente la diversidad de correos que he tenido: hotmail, yahoo, softhome, netscape, iname, terra, gmail; también están los diferentes servicios como icq, irc, hi5, twitter, facebook o los blogs:  livejournal, blogger, wordpress y otros diversos como last.fm. pinterest, ask.fm, about.me, photobucket, instagram y además los de compras como amazon, cdbaby, ebay, mercadolibre. A esto le tengo que sumar unos 40 que uso regularmente en el trabajo y las cuentas de banco, pines de las tarjetas, portales financieros y declaraciones de hacienda pero consigo recordarlos,

El sábado pasado tuve que trabjar, algunas veces consigues avanzar mucho más cuando no hay interrupciones, en esta ocasión además llevaba a cuestas una carga extra de energía acumulada y cierta tensión, para sorpresa no muy agradable estaban haciendo arreglos a la oficina, con maquinaria ruidosa y toda la cosa:

Recibí una notificación para cambiar la contraseña de mi correo, aún quedaban unos 10 días pero apreté el botón intempestivamente, así que la cambié mientras mi mente estaba en otro lado, al final no conseguí descubrir el password que había puesto, porque el que yo pensé que puse no era, yo creo que cometí un error con las mayúsculas, finalmente tuve que pedir al grupo de soporte para que lo resetearan, pero hasta el lunes. Parece que como mi perfil fue creado en México y jamás había pedido este servicio no pudieron hacerlo, tuvieron que pedirle a soporte global, es decir alguien el la India, y se tardó 8 horas, esa falta de correo me permitió avanzar en el trabajo pendiente pero rompió mi racha sin olvidar una contraseña.

La última vez que estuve a punto de olvidar una fue cuando saqué mi firma electrónica avanzada, la puse en hacienda y no encontraba el usb que me habían dado así que no la usé por mucho tiempo, hasta que un día lo descubrí en el fondo de la lavadora, la informacion estaba intacta y me tomó casi una hora recordar la contraseña que había puesto pero finalmente la recordé. Resulta sorprendente la cantidad de cosas que confiamos a esta serie de caracteres, mínimo 8 y si tiene combinación de letras mayúsculas, minúsculas y símbolos mejor.  Y también los datos que tendría que dejar a alguien en caso de algún accidente fatal, ya estoy trabajando en un mecanismo para hacerlo porque los servicios existentes aún no me convencen.

Siempre me ha gustado coleccionar en la memoria datos irrelevantes, aunque las contraseñas que utilizo —sí son diferentes para cada cuenta— no son irrelevantes, sí están compuestas por combinaciones bizarras de letras, números y símbolos; algunas veces relacionadas con la aplicación pero otras con lo que sucede en el momento. No creo que la información que protegemos sea tan importante —pero seguro es necesaria— como para no dejarla a resguardo, o ¿será que no podemos confiar en las demás personas —parece que no.

Las veces que he buscado la manera de burlar algún tipo de seguridad me ha interesado mucho más el proceso que la información resguardada, incluso recibí una petición para violar el password de un documento oficial en un lugar de trabajo.

¿Por qué los corazones no tienen password?

Esquina bajan

Este camino ya nadie lo recorre salvo el crepúsculo.

Matsuo Bashō

Nunca me ha gustado recorrer el mismo camino, en especial en el transporte público. Ahora hay una parada de autobús a media cuadra de mi lugar de trabajo y está igual de cercana la del departamento donde vivo, hay básicamente dos rutas distintas -directas- y la situación no es tan de mi agrado.

Cuando asistía a Ciudad Universitaria la travesía era toda una aventura, el camino más rápido -útil para llegar a tiempo a clase de 7- era tomar el Cerro del Judío – San Lorenzo Tezonco, lo tomaba después de la parada del ESIME Culhuacán, pero tenía que ser antes de las 6:35 o de lo contrario era imposible subirse,  el regreso también era la ruta más directa, y ha sido en el único transporte que me dormí de pie, fue solamente un instante pero casi azoto, solamente sentí como mis rodillas se doblaron, finalmente resistí, también ha sido del único que me he tenido que bajar para vomitar, fue una ocasión que vomité más de 80 veces por un alimento sospechoso o algún veneno que quiso salir violentamente. Generalmente regresaba por esa ruta después de pasar por la Biblioteca Central donde me surtía para las lecturas de la semana, porque me iba leyendo con el libro apoyado en el techo del camión, era incómodo pero era la única manera, ahora que lo intento me cuesta mucho más trabajo enfocar.

También podía tomar un camión hacia la UAM Xochimilco y de ahí uno para el metro CU, daba mucha vuelta en esta ruta me tocó varias veces tomar el primer camión del día, creo que fui el que más utilizaba —o alguna combinación— ya conocía a los conductores y había uno que a la hora de la comida desviaba su ruta una cuadra para pasar por su esposa, que le llevaba la comida en unos recipientes de peltre color azul claro, esto cuando era todavía la ruta 100. Algunas veces tomaba el trolebús —mi medio favorito de transporte— fue en este la única vez que se me cayó mi cartera, afortunadamente solían esperar un tiempo para salir de nuevo así que logré recuperarla, claro que lo único que tenía era mi abono de transporte pero en ese tiempo era mi mayor tesoro. En otra ocasión cuando regresaba a casa -ahora no de CU sino de casa de Natalia-  cayó una tormenta que me dejó tan empapado que los peseros no quería subirme, solamente el trolebús me dejó subir, yo era el único pasajero, me senté en el último asiento e iba tan mojado que el agua escurrió hasta la puerta de entrada.

Cuando había dinero pues podía tomar pesero, existía la ruta de Taxqueña y luego la ruta 1 a CU que incluso entraba por Copilco y me bajaba frente a medicina y caminaba a la facultad, también había la ruta 32 que recorría los recovecos de Santa Úrsula, la ruta de regreso me dejaba en calzada de las Bombas, casi llegando a Miramontes, y después regresaba a pie, atravesando el parque de los coyotes, también existía la ruta 95 que partía de la UAM Xochimilco y llegaba al metro CU, tanto la 95 como la 32 usaban combis y cuando todos los pasajeros iban hasta CU era mucho más rápido, cuando alguien decía “yo bajo en tlalpan” todos se le quedaban mirando con furia.

Ocasionalmente regresaba en metro dando una vuelta exagerada, iba a Centro Médico, Chabacano y luego Taxqueña, lo que hace uno por ponerle variedad a la ruta. Hice hasta el recorrido en carro, pero de regreso generalmente le daba un aventón a un par de personas, hasta lugares como Ermita y Av. 5.

Hoy que me enfrento a pocas alternativas, sin metro cerca y los peseros inexistente, algunos regresos a pie no alcanzan a cubrir ese deseo de variedad,  pero estoy seguro que encontraré alguna forma. Este es mi punto de partida habitual:

Caballero de fina estampa

Un caballero se avergüenza de que sus palabras sean mejores que sus actos.

Confucio

Hace pocos días me preguntaron si yo era caballeroso, mi respuesta fue que depende de la definición de caballerosidad, porque aunque hay una idea general al respecto de lo que esta significa no queda completamente definido, siempre escucho balbucear cuando se intenta explicarlo.

Claro que desde niño me decían que tenía que hacer muchas cosas, como abrirle las puertas a la mujer, ayudarle a cargar objetos pesado —también los ligeros—, ceder el asiento, cuidar el lenguaje frente a ellas. Pero cuando preguntaba ¿por qué? jamás obtenía respuesta satisfactoria y es que jamás me gustó repetir las cosas si no las entendía, me la pasaba cuestionando aunque muchos de esos actos no me importaban en lo absoluto, por ejemplo siempre he ayudado a cargar cosas, normalmente eran las más pesadas, pero no solamente ayudaba a las mujeres a cualquiera que lo necesitara.

Tengo un tío al que siempre se referían con halagos por su caballerosidad, todos lo consideraban un perfecto caballero, claro que nadie hacía comentarios respecto a la forma en que trataba a sus hijos, candil de la calle. Yo creo que es mejor ser igual en los dos ámbitos, prefiero tratar mejor a los más allegados, parece que esta preferencia puede ser señalada como nepotismo, pero como no es para ningún cargo público me vale madre.

Tuve una novia que era feminista al extremo, y en ese caso me tocó hacer justo lo contrario, cuando viajábamos en pesero y solamente había un asiento era yo el que me sentaba, yo caminaba del lado de los edificios en la acera, ella me abría las puertas. A mí eso no me importaba y eso la hacía feliz. Igualmente algún observador podría haber pensado que yo no era un caballero y hubiera tenido razón yo son un arrabalero.

En más de una ocasión he atravesado por situaciones de escasez económica y en esas circunstancias no podía seguir la regla que dicta que la mujer no debe pagar nada a menos que no saliera con nadie, pero no iba a negarles el placer de salir conmigo por ese detalle. Pero casi siempre me tocó salir con mujeres que no les importaba cooperar o incluso pagar toda la cuenta. Recuerdo una vez que fui a comer la casa de una de ellas y solamente tenía la comida que le había dejado su mamá no tuvo empacho en dividirlo, justo la mitad para cada quien. Y hace poco salí con una amiga que se sorprendió cuando le dije que si quería salir conmigo ella tendría que invitar,  en esta ocasión no era por falta de dinero, durante la cena platicamos y cuando llegó la hora de la cuenta y le pasé la cuenta alegó que pensaba que lo que le había dicho era una broma, pero le dije que ella tenía que hacer méritos para ganarse mi compañía ella me calificó de arrogante, esa no fue la última vez que nos vimos. Confieso que estoy más propenso a hacerlo con las mujeres que piensan que el hombre siempre tiene que pagar, suelo invitar yo a las que son más flexibles al respecto. Porque también sufrí lo contrario, alguna vez salí con una muchacha famosa por …

Pero ¿de dónde vienen estas ideas?

Se les llamaba caballeros a los soldados que poseían un caballo, que claramente indicaba su poder económico, ellos hacían un pacto con el rey, el señor feudal o la iglesia, para proteger a la comunidad a cambio de ciertos privilegios. Como eran guerreros se guiaban por un código, esta figura ha existido a lo largo de la historia: los guerreros más fuertes tenían una obligación con su comunidad como ejemplo tenemos los samuráis, los guerreros águila, los legionarios o los skraeling entre otros.

Pero existen otras características que se combinaron para formar esta figura del caballero, la primera es la iglesia, que además de otorgarles la aceptación le conferían otros deberes con la iglesia tales como la protección de la misma, de sus reglas y su lealtad. Entonces un caballero era generalmente un noble que le proporcionaba un servicio a su comunidad y a la iglesia a cambio de ciertos privilegios y estatus. Pero el otro componente era su relación con el cortejo y la galantería.

En la vida de los guerreros cuando se encuentran en guerra los contactos más frecuentes con el género femenino son violando a las mujeres de los pueblos conquistados o contratando prostitutas en las tierras ajenas. Las costumbres obtenidas de esos contactos chocaban notablemente con las damas nobles que serían el objeto de su afecto.

Aquí es donde entran todas esas costumbres que buscaban mostrar al hombre como un ser elevado para que fuese merecedor de los afectos de una dama, de tener un espíritu tan elevado para recibir la virtud de la misma. En la edad media las mujeres vivían bajo una extrema vigilancia y servía muchas veces como medio para crear alianzas y juntar fortunas, debían saber entretener al hombre y ser virtuosas. De la misma época es el cinturón de castidad.

¿Cuál debe ser el comportamiento moderno de una dama? No tengo idea, pero recuerdo que el dueño de la tienda más cercana, que además era papá de un amigo y que todo mundo llamaba “Don Chucho” nos dijo una vez que llegó una pareja joven que, cuando él le pregunto si ella quería algo ella eligió un pay de nuez marinela. Don Chucho observó que ella había escogido lo más caro —al menos de ese estante— y que lo estaba probando, pero que si en algún momento ella encontraba un partido mejor lo iba a cambiar señalo además que el novio de ese momento era un pefecto caballero. Su predicción resultó cierta.

Hay muchas cosas que resultan imprácticas, como ceder el paso en el elevador, sobretodo si va lleno o tender la capa sobre el lodo para que pisen sin ensuciarse —¿quién usa capa?— pero sobre todo, si bien muchas mujeres dicen que les gustan esos detalles, un gran porcentaje de ellas guarda su virtud para los patanes. A la novia que traté con más caballerosidad —sí la primera— fue la única que vi ponerme el cuerno, tal vez esto influya en mi opinión.

Pero hay algo dentro de esta filosofía que es muy rescatable, y es lanzarse en pos de un ideal inalcanzable para que en el camino nos convirtamos en mejores personas y aunque yo podría matar un dragón por una dama ya no existen dragones, pero creo que sí he tratado de ser mejor cada día y que estoy lejos de alcanzar la meta que me he trazado.

Y para finalizar siempre digo: caballero es un título que se gana y dama uno que se pierde.

La manzana de la discordia

Una de las principales enfermedades del hombre es su inquieta curiosidad por conocer lo que no puede llegar a saber.

Blaise Pascal

Hace tiempo mi amigo Tris me preguntó por qué yo no quería tener una Mac y la respuesta es un poco más complicada de lo que podría parecer, pero la respuesta inmediata fue: porque me gustan mucho las computadoras y esa afirmación va a necesitar un poco de historia extra.

Desde niño tuve mucha curiosidad por el entorno, por la forma en que funcionaban las cosas, la verdad detrás de todo, quizá rayando en obsesión enferma, como no podía ver por dentro a las personas desvié mi atención a los objetos.

Lo primero fue la lavadora, porque encontré un instructivo, aún así me puse a investigar y terminé modificando un poco el exprimidor —sí era de las antiguas—, también descompuse el obturador de una cámara Canon ese incidente retrasó mi incursión al mundo de la fotografía por algunas décadas. También con la grabadora —sí de cassetes— que alguna vez que llevé a la escuela me falló por falta de pilas.

Después de ese incidente estuve buscando la manera de resolver los problemas: los eliminadores de baterías, como mi papá siempre tenía herramientas a la mano, fue fácil abrirlos e intentar repararlos o modificarlos porque hasta cautín y soldadura tenía a la mano. Claro que mis manos no tenían —aún no la tienen— para hacer algunos arreglos con precisión. Me tocó recibir una descarga eléctrica que logró derribarme, me sirvió para experimentar de primera mano la fuerza eléctrica.

Con mi padre pasé mucho tiempo ayudándolo a arreglar/modificar algo en un coche, generalmente el motor pero algunas veces los frenos, la dirección o incluso el calabazo —punto más para los que sepan qué es eso— al principio explicándome el funcionamiento pero después era como la manera de platicar, es común que se necesite de un intermediario para hablar de otras cosas,  algunos se incomodan con los temas directamente.

Me gustaba mucho saber lo que pasaba con mi coche, algunas veces podía arreglarlo, en otras ocasiones se necesitaban manos más hábiles, pero siempre sabía lo que tenían, en parte por eso tuve 4 Mavericks con el motor V8 302. El original se llamaba Napoleón y bautizado, al igual que los barcos, pero con vodka; el último se llamaba Napo-clon. El conocimiento me sirvió para los arrancones al principio pero en general para tener otra visión, podía ver el desgaste del motor, y supe que con el cuidado adecuado esos autos podían tener una vida útil muy larga, luego de pasar una semana santa limpiando un motor sabes que al menos tiene otros 20 años tranquilamente. Claro que esa durabilidad no le conviene a los fabricantes de automóviles, estos días se acabaron, ahora los motores están sellados y se tienen que usar distintas técnicas para modificarlos o repararlos. Los tiempos cambian.

Pero lo que comenzó a ser realmente lo mío son las computadoras, al principio era difícil incluso abrirlas, las Timex Sinclair 1000 o la Commodore 64, pero cuando tuve la primera 8086 una printaform, me di cuenta que yo podía modificarla, lo primero fue agregar un coprocesador matemático, o la instalación del primer disco duro —esto previo al internet— pero desde entonces hacía viajes periódicos a la plaza de la computación, y es que no solamente armé mis computadoras, también las de muchos familiares  y amigos, porque aún creo que la nueva frontera será el acceso a la tecnología, eso puede agrandar las brechas sociales. Lo tomé hasta cierto punto como misión tratando de que los demás tuvieran su primer contacto con esta tecnología, armé tantos equipos que incluso tengo una cicatriz de un accidente —metal muy filoso— y también instalé sistemas operativos a diestra y siniestra, lo disfrutaba.

Ahora respecto a la compañía Apple, las Mac tienen su gran desempeño debido a que tienen el control del hardware como el software, cuentan además con una clara inversión en el diseño, lo que las convierte en bienes deseados, pero lo que no me gusta es la falta de libertad, de flexibilidad se tienen configuraciones fijas y no se pueden elegir los componentes, y si algo no me gusta es la falta de libertad, y creo que Apple no se caracteriza por promoverla, cuando salieron los primeros ipods, lo primero que hice fue un programa para poder copiar la música a la pc y viceversa —y eso que no tenía uno— de hecho los 2 primeros reproductores de mp3 fueron de otra marca, primero un creative y luego un zune, aunque al final tuve que comprar uno por falta de opciones y es justo eso lo que no me gusta, peor aún que sus dispositivos están diseñados para no ser abiertos, de hecho parte de esa filosofía hace que ahora sean menos “verdes” aunque me vale que le hayan quitado la etiqueta de EPEAT a algunos de sus productos.

No es que un ataque a la marca, porque yo creo que podría darla como regalo a algunos seres queridos, pero yo no me compraría una, no va exactamente con mi estilo de vida. Nunca me han gustado las laptops o las notebooks, porque es muy difícil hacerles algo. Pero tampoco me engaño, se que los días están contados, así como los coches las computadoras están en un proceso de cambio, así que ahora tendré que conformarme con modificar el software, por eso acabo de instalar Fedora 17 antes de que el windows 8 nos alcance.

Solamente dejo una foto de coprocesador, el Napoleón original y una vista que solía ser frecuente en mi vida.