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¿tú eres Felipe?

todos tenemos una doble vida, siempre quisimos esta doble vida

Soda Stereo

Aunque ya teníamos tiempo de ser vecinons en mi primer acercamiento con la familia Mendoza —familiarmente llamados los del 26— Felipe tenía un parche en el ojo debido a un accidente con un instrumento de medición que le dejó una cicatriz en la córnea.

Ya mencioné la aventura que fue gestando la amistad, la verdad es que pasamos muchas más porque pasábamos la mayor parte del tiempo juntos, nos tocó crecer juntos —a mí más y en más direcciones— quizá haya sido la persona que más bromas haya hecho al respecto de mi figura. Podríamos decir que nuestra amistad no se basaba en la adulación o el buen trato. Pasábamos gran parte del día juntos.

Pasamos numerosas horas jugando, muchos juegos de calle —fútbol incluido— pero también en videojuegos destacando las olímpicas batallas en la commodore 64 donde los récords quedaban guardados en el floppy disk en el que venía el juego, así los personajes de PHILIP LEY, LI PING o aquel otro que logró que el chip SID entonara el himno nacional brasileño.

Nuestra transición hacia la adolescencia fue en asíncrona, hubo apenas unos meses durante el año mundialista en el que estuvimos en diferentes etapas, fue evidente en un par de fiestas de XV años, la primera de Sandra Sheila —a la que también asistió Pili Gorrión— y la segunda la fiesta de mi prima Alejandra en la que yo figuré como chambelán, pero no solamente bailé el vals sino que me la pasé en la pista de baile —e informándole a mi familia que ya no quería que me llamaran por mi apodo—  mientras que él se la pasó jugando con Chava y Mauricio.

En esta fiesta él se quedó encerrado en la casa de Chuchita, en esa fecha probablemente nadie —quizá con la excepción de mi tía Luisa— se había quedado tanto tiempo en esa casa solo, porque tenía la fama de algunos incidentes inexplicables. Se quedó encerrado por estar en el baño y no se dio cuenta cuando fuimos a misa. No fue la única vez que se quedó encerrado, también durante una fiesta en casa de Edith y Erika estaba en el baño cuando comenzó una guerra de comida que ocasionó que nos corrieran de la casa mientras él estaba en el baño. Era frecuente que cuando llegaba a algún lugar pidiera ir al baño, aún cuando no conociera a las personas, fue el que más baños conoció de todos nosotros. Y la única vez que le fue negado me parece que fue en casa de Mónica.

Dejamos de ser vecinos y su residencia se trasladó a Beauty —espacio situado en la calle de Delicias— y Mitla donde yo siempre era el culpable del olor a cigarro, generalmente philip morris que, cuando eran mentolados, contenían la leyenda que nos advertía del monóxido de carbono expulsado, eso era muy notorio cuando fumábamos dentro del carro, luego de un tiempo nos lloraban los ojos. Cuando él se fue a Los Angeles, dejé de fumar —fueron 2 años— a su regreso fui por él al aeropuerto y lo primero que me dijo fuu “Traes cigarros” no tardé en volver a fumar.

Las botanas por elección eran las canelitas —tenían más galletas que los trikitrakes— algunas veces la barritas o las piruetas; algunas veces comíamos garnachas a la vuelta en el negocio de Coco, otras veces en cerca de la esquina de Rosa Zaragoza y Manuela cañizares, donde yo pedía invariablemente suadero y él la mitad de machitos —los pedía de mariconcitos— pero lo más común eran las tortas, recorrimos diversos establecimientos, cuando la telera tenía dimensiones mayores, él las llamaba cariñosamente S-tortas.

Visitábamos esos establecimientos en mi coche Napoleón, por ejemplo el día que fui por su placa —600BRR— a la calle de Carpio, o la vez que tomo prestado el coche para darle una vuelta a Chitzuet, el cruce de las avenidas acelerando y jugándonos “el todo por el todo”, o acompañándome a sacar su primer verificación en un taller sospechosísimo en la calle de dibujantes, o mi cumpleaños 17 que comenzó con el bautizo de mi coche con un vodka infame —Terenka— que dejó una marca en el toldo, la ida al cine para ver “Me enamoré de un maniquí” —idea de Gisela— faltando a mi propia fiesta para llegar con el auto chocado con el faro apuntando a los letreros viales, otra mancha de Richardson con pepsi. Al despertar del día siguiente lo único que pidió de desayunar fue algo líquido evidenciando la cruda.

Ambos nos gustaba Soda Stereo, durante la gira Languis compré mi boleto con anticipación el lugar era C30 y me costó 40000 de los viejos pesos, pero él tuvo un infortunio en el metro que lo demás más bruja de lo habitual y no iba a asistir, el día del concierto, apenas antes de 2 de octubre que nunca se olvida, fuimos al Auditorio Nacional —antes de su renovación— para revender mi boleto porque me parecía que debíamos asistir juntos, pero la emoción y un revendedor nos esquilmó muy amablemente cambiando mi boleto por dos lo más alejados del escenario, pero fue un concierto memorable.

Nos tocó viajar a Zitácuaro a una encomienda, al ver la fila enorme en los camiones de regreso decidimos pasar la noche en el antro local y regresar en la madrugada del día siguiente, no contábamos con que la actividad se acabaría mucho más temprano de lo imaginado, afortunadamente conseguimos regresar en el último camión disponible, solamente que llegamos a la terminal de observatorio a las 4 de la mañana.

Algo que nos ensombrecía era la disparidad de la suerte, la fortuna de uno generalmente era acompañada con la desventura del otro, basta mencionar como fueron nuestras conversaciones de nuestra “primera vez”, en mi caso ese día coincidió con la una funesta noticia familiar que recibió Felipe y que iba a implicar su mudanza, por otra parte en Arcos de Belén, frente al registro civil le conté con lágrimas en los ojos mis penas —no recuerdo otra ocasión con lágrimas de alguno de los 2— luego fuimos a una panadería donde él me platicó su feliz acontecimiento. No estoy seguro si esto fue lo que nos mantuvo alejados durante un tiempo. Pero sí recuerdo esa sensación de que algo malo iba a ocurrir cuando veía su fortuna o durante mis momentos de felicidad preguntarme lo que le estuviera ocurriendo.

Solía hablarle de un teléfono público para felicitarlo por su cumpleaños.

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la clásica

En verdad, si no fuera por la música, habría más razones para volverse loco.

Piotr Ilich Tchaikovski

El término de música clásica es extraño, tan extraño que puede usarse para definir música que es posterior a la invención del término, puede referirse a la música culta o a un período específico pero creo que el término no me gusta porque parece una etiqueta que termina segregándola. Yo crecí al principio muy alejado de ella, salvo algunas veces en el radio y uno que otro disco de mi abuelo la música que escuchaba cotidianamente era variada, guapachosa si venía de mi madre, sesentera si era de unos tíos, santanera de los otros, hasta el jazz anda por ahí.

Hasta la secundaria conocí un poco de las historia de la música, y la frecuente asistencia a conciertos por un par de puntos en la calificación me fueron mostrando un poco de lo que existía, eso combinado con la enciclopedia salvat de grandes compositores que compró mi padre fueron completando mis primeros pasos, en ese mundo, que vendría a florecer presenciando los ensayos de la Ofunam de a grapa por supuesto. Solamente que no solía compartir ese gusto con muchas personas, en parte por esa barrera impuesta por el nombre.

Ahora lo más importante es lo que hace sentir la música, lo demás pasa a un plano mucho menor. y hay muchas piezas que provocan reacciones poderosas, que incluyen un malestar que culminó en vómito y me obligó a permanecer en el baño de la sala de conciertos. Una tristeza que parece que te despellejaran el alma o un bienestar que te ayuda a salir del oscuro pozo de la depresión.

Soy un lego en el aspecto musical, algunas veces tuve conversaciones con etnomusicólogos que se mostraban reacios a responder —o al menos considerar— algunas de mis preguntas, porque yo creo que en el caso de la música clásica que ha sido interpretada en innumerables ocasiones por múltiples ejecutantes, existen más elementos para distinguir los matices y elegir los favoritos; estas razones pueden resultar insólitas para otras personas.

Por eso disfruté encontrar algunos interlocutores con los que disfrutaba ese intercambio de opiniones. Por ejemplo conocía a un amigo en una fiesta donde los baños quedaron fuera de circulación porque los ocupantes se negaban a salir: el primero debido era una mujer despechada llorando y el segundo otro conocido dormido —ambos borrachos— si bien ese fue el primer tema de conversación, 2 semanas después lo encontré en el Tower Records que estaba en la calle de NIza, ¡ambos estábamos buscando lo mismo! era la interpretación de Kyung Wha Chung que ambos teníamos curiosidad de escuchar.  Con el tuve la oportunidad de conversar ampliamente acerca de las diferentes interpretaciones existentes de compartir algunas grabaciones, solíamos encontrarnos en la misma tienda para ver las novedades.

También tuve múltiples intercambios con aspirante que abandonó sus sueños musicales a cambio de una vida con mayor status social, es una lástima porque tenía la impresión de que ella entendía perfectamente las opiniones que tenía al respecto de ciertas piezas, quizá hasta podría aventurar que las consideraba fascinantes.

Este post fue generado por una respuesta de un tweet que mandé que incluía una foto de Maurice Ravel, la siguiente selección es como una pequeña muestra de ese universo. Recuerdo una frase de Melora Creager que traduzco libremente: para aquellos que tienen la mente cerrada a la música clásica ábranlas como flor por la mañana y solamente les dolerá por un minuto.

reinas de belleza

La irregularidad, es decir, lo inesperado, la sorpresa o el estupor son elementos esenciales y característicos de la belleza.

Charles Baudelaire

La primera vez que tuve noticias del concurso de miss universo fue cuando se organizó en el Centro de Convenciones de Acapulco, y vi el concurso acompañado de mi madre, luego de entender de lo que se trataba mi pronóstico fue que ganaba la sudafricana, pronóstico que resultó cierto. Al año siguiente ocurrió lo mismo, ahora la sede fue en Australia y la ganadora, tal cual como lo anuncié fue Maritza Sayalero, que no solamente fue famosa por su matrimonio con Raúl Ramírez —el mejor tenista mexicano a la fecha— sino porque se hizo una cirugía en la nariz antes de participar en el certamen.  Por cierto ambos tenían anuncios de productos de cabello con W, Wella y Wildroot —no se saquen de onda—

Al final tuve una racha invicta adivinando la triunfadora, fue hasta la participante de Nueva Zelanda, en realidad esta es una referencia para explicar que, si bien tengo los elementos para entender los patrones mediáticos de belleza, no los comparto, Pero tener esta habilidad me permitió zanjar algunos inconvenientes con mi círculo de amistades tan propenso al escarnio. He recibido preguntas como: ¿a poco te gusta si es bien rara? ¿de dónde la sacaste? o cosas del estilo.

Creo que lo que más me gusta es lo que hace a una persona diferente, incluso las partes físicas que parecen ser una defecto, muchas veces son las características que más me gustan.Por ejemplo una espalda un poco más ancha de lo normal que se convierte en un campo fértil para las caricias cuando esta desnuda. Los senos pueden ser generosos o prácticamente inexistentes, pero lo mejor es que sean responsivos. Unas piernas cortas, apenas desarrolladas —con una forma infantil— se pueden tornar posteriormente en el principal motivo de excitación.

Una de las maneras de definir belleza es como las características que, al ser percibidas sensorialmente, producen bienestar (satisfacción o placer). Bajo este sentido la belleza depende principalmente de las habilidades sensoriales y los factores que produzcan placer, es algo completamente subjetivo; sin embargo, se existe una idea general de que se pueden determinar mediante consenso. Lo cual me parece una estupidez ¿para qué buscar ser iguales? Como quienes se operan la nariz, aumenta su busto o reducen su persona y que lo hacen buscando un absurdo ideal de belleza.

Tengo gustos particulares, supongo que todos tenemos gustos particulares, pero hay infinidad de cosas que pueden provocar tanto gusto como aversión. Como la voz, aún recuerdo a una CCHera con una voz inusitadamente sensual al grado de provocar casi una explosión orgásmica, una voz que era capaz de hacer olvidar su religión, sus amigos y sus. También un cabello hipnotizante puede compensar la supuesta falta de estatura. Claro que se puede destacar en más de una categoría como tener unas piernas infartantes y ser llamada una sexy fumadora avanzada —y esas no son mis palabras— tampoco eran mía aquella frase de ¡qué bien se ve de minifalda! Tampoco puedo olvidar a la prófuga de la prepa 9, cuya personalidad borraba cualquier imperfección que tuviera su piel —mucho tiempo después reparé en su trasero— y una sensibilidad mórbida combinada con locura es un poderoso imán. La fragancia que emite algunas pieles combinadas con unas fragancias comerciales —que no voy a revelar— podría hacerme caer en tentación. Y todo esto sin mencionar la música. Conforme voy recordando se dibuja una gran sonrisa, yo creo que sí tiene que ver con el placer.

Para ilustrar esa subjetividad menciono la vez que fui al estreno de la película X-Men, fui acompañado de mi compadre y del Chacalón al cinépolis Bucareli, al salir de la película y discutir el atractivo cada persona eligió una actriz diferente como la más bella.

Y lo que más disfruto es descubrir la belleza inherente a todas las personas que es justamente la parte que las define, hace únicas e irrepetibles.

Concierto miedo

Las cifras de venta de un disco me parecen una abstracción, son uno signos sobre un papel, y más ahora, con la piratería. Lo que importa es cuánta gente ha ido a verte esa noche y el aforo de las salas que te llaman.
Antonio Vega

En México en septiembre de 1971 hubo un concierto en Avándaro, un verdadero desmadre de organización, pero fue una oportunidad para los que les gustaba el rock de reunirse en grandes cantidades para celebrar de una manera tribal. Creo que en cada concierto hay una especie de experiencia colectiva que nos alimenta el gusto por la música. Después de la mala publicidad obtenida pensaron que los conciertos de rock eran una amenaza para la seguridad pública y los prohibieron.

Por esa razón tardé demasiado tiempo en ir a un concierto, porque ir a recitales de Mozart, conseguir boletos en el Patio —en Atenas número 9—  para ver a José José o ver a Lupita D’Alessio en un palenque —no estoy hablando de su vida privada— no cuenta. No había espacios para hacer conciertos en mi amada Ciudad de México, pero hasta entonces solamente había tenido contacto con rock extranjero gracias a mi tío Mundo que era un ferviente admirador de Eric Burdon, Led Zeppelin, o los Rolling, entonces mis intereses musicales fueron mudando por la vía de la canción de protesta hacia los rupestres, Jaime López, Cecilia Toussaint y los entonces apareció un grupo en el horizonte llamado Botellita de Jerez. La única manera de verlos era en lugares cerrados, eventos no publicitados, donde también se veían personas como Guillermo Briseño, Heber Rosell o el mismísimo Rockdrigo Nopales.

Creo que todo comenzó a cambiar después del temblor, donde ya cualquier foro parecía un hoyo fonqui, creo que los conciertos que se organizaron luego del temblor, uno en homenaje a Rockdrigo y Frederik —un artista de teatro que era belga y vivía en la calle de Bruselas de la colonia Júarez— donde el conductor fue Alejandro Aura y actuaron, además de los arriba mencionados, Trolebús, Roberto Ponce, Nina Galindo, Rafael Catana, Armando Palomares, Armando Rosas y la Camerata. Este concierto constrastaba con el que se organizó por los famosos donde estaban Vicente Fernandez, Lucía Méndez, Verónica Castro, Yuri, y algunos otros.

Luego de esta desgracia era natural que se organizaran conciertos de corte de rock urbano, generalmente en el deportivo casa de la chingada, donde tocaban grupos tan alternativos como los Nakos, Follaje, Emilia Almazán,  a, pero regularmente terminaba en una razzia, hasta había un programa los domingos en la noche por 105.7 donde anunciaban a los detenidos para que fueran por ellos. Alguna vez fui a una tocada en la calle de privada Lago, cerca del metro Nativitas, nos dejaron pasar apenas con el reloj de mi amigo Chucho—la patria era pobre— y tocaron Splash, Santa Sabina y estaban Alfonsó André y Saúl de los Caifanes que tocaron un palomazo, era una casa, y al final te podías echar unas chelas con ellos, nadie los conocía. Pero poco a poco fueron  surgiendo algunos lugares como el LUCC, Rockotitlán y el RockStock.

Pero de estas épocas hay algunos conciertos que recuerdo por diversas circunstancias, cuando Soda Stereo estuvo en el Auditorio Nacional en la gira Doble Vida, yo ya tenía mi boleto con un lugar extraordinario, mi hermano del alma Felipe no pudo comprarlo por algunos descuidos financieros que tuvo, me acompañó a la entrada pero la verdad se me ablandó el corazón y cambié mi lugar por 2 boletos de hasta arriba para ir juntos, no tuve la mejor visión pero fue por mucho muy emotivo. Otro de ellos fue cuando Rod Stewart estuvo en Querétaro, yo creo que el 40% estaba quemando mota porque el hornazo era impresionante, lo más importante fue que después de ese concierto mi sencillo  de 33″ de “Da’ ya’ Think I’m sexy” fue indispensable en las fiestas por un rato. Y el otro fue un masivo en CU donde tocaron Juguete Rabioso, La Maldita Vecindad, Santa Sabina, Los Caifanes y Eugenia León, ese concierto lo viví detrás del escenario, Felipe consiguió varios autógrafos, el concierto era para juntar lana para mandar petróleo a Cuba.

Ya en los 90’s recuerdo varios conciertos que se hicieron en el Blanquita de pares de bandas, fui a ver a Real de Catorce con Flor de Metal, Raxas con Next, Ritmo Peligroso junto con Casino. Los Caifanes presentaron el disco del diablito en el Blanquita, ese día una indigente nos ofrecía su desnudez a cambio de monedas o una manuela o una francesa a cambio de un poco más de lana para el pomo. También fui de última hora a un concierto de Cecilia Toussaint, llegué directo a la taquilla a comprar los boletos, primero pensé qué rápido fue pero me di cuenta que había una gran fila y que yo me la había saltado olímpicamente —la verdad no me di cuenta— en la fila para entrar iba de ida y regreso, me encontré justo con un amigo en la fila a punto de entrar, así que en un par de minutos ya estaba dentro.

También fui a la conmemoración de los 5 años de la muerte de Rockdrigo, hubo 2 eventos uno fue un concierto en el teatro Isabela Corona en Tlatelolco —local apropiado— aunque solamente tocó la mitad del grupo Qual. Y hubo otro concierto de la calle de Liverpool, ese sí con puro espontáneo, escuché muchas canciones bizarras, los asitentes no te pedían lana para la chela sino para ir por más cemento antes de que cerraran la zapatería.

Cuando fue la guerra contra Iraq incitada por el papá Bush hubo numerosas protestas, algunas frente a la embajada pero hubo un concierto memorable en el espacio escultórico, en las propagandas de invitación se pidió la asistencia vestidos de blanco, llevando flores e incienso —este último para disfrazar el consumo de marihuana— y pues estuvieron TODOS, y me refiero a todos el concierto comenzó pasadas las 10 de la mañana y terminó a las 4 de la mañana siguiente, en el lugar donde Jorge Reyes solía hacer su concierto primaveral. Aquí me ocurrió algo curioso, unos 20 años después fui a un concierto de Santa Sabina en zócalo, donde el pretexto ahora era la guerra contra Iraq propiciada por otro Bush —ahora el hijo— cuando me acerqué al final del concierto para que firmaran mi disco de Espiral comentamos al respecto. También fui a varios conciertos en la explanada de la delegación Venustiano Carranza —donde saqué mi primer permiso de conducir— en uno de esos se presentó lo que quedaba de Nacha Pop.

Durante todo ese tiempo me tocó ver nacer bandas como Caifanes, Café Tacuba —cuando Alicia todavía vivía ahí—, Fobia, Santa Sabina. Ya para finales de la década fui con mis primos a un concierto en el Metropolitan donde se presentaron los 3 —Julieta Venegas de invitada—, la Nao, Los Babasónicos —fue la primera vez que los vi en vivo— Sekta Core, Desorden Público, La Dosis y Coda. Ahí me di cuenta de que ya no estaba chavito —al menos comparado con los otros asistentes—; mucho tiempo después —2009— fui al Auditorio Nacional a ver de nuevo a los Babasónicos con mi fluctuante novia ella se sentía incómoda por verse rodeada de chavos al final del concierto terminó conmigo, claro que esto no era raro porque esa escena se repitió muchas veces los meses siguientes. Algo que también descubrí entonces fue que los concierto habían cambiado, se avecinaba Ticketmaster que vendría a dominar el mundo de los conciertos, que desde entonces dejaron de tener esa sensación tribal que es difícil tener cuando la preventa es solamente con tarjetas Banamex. Claro que asistí a muchos de ellos aunque no me hiciera ninguna gracia la comisión pagada. Y aunque estuve retirado mucho tiempo de los conciertos cuando me casé, luego del divorcio tenía muchas ganas de seguir asisitendo regularmente, y comencé con aquellos foros no tan grandes como para volver a sentir esa emoción de antaño. Dejo alguna foto de antes y después.

Obsesiones, compulsiones y otras adicciones.

El exceso es el veneno de la razón

Francisco de Quevedo y Villegas

Creo que toda mi vida ha sido pantagruélica – ya ves, estoy exagerando desde la primera frase- pero hay numerosos aspectos de mi vida en los que la prudencia o mesura no aparecen por ningún lado, quizá el primer ejemplo sean mis ennumeraciones o colecciones:

Tenía una agenda del grupo Santiago de 1977 en la que anotaba las placas, el modelo y el color de cualquier carro que estaba pasando, quería aprenderme todas para ser una especie de base de datos viviente para la policía, la agenda se acabó, se acabó el año y todos los coches cambiaron de placas. También tenía un cuaderno de 500 hojas blancas donde tenía mi colección de marcas, quería tener los logos así que recortaba de revistas o del mismo producto, lo dejé después de 120 hojas tras un simple cálculo que arrojaba que nunca iba a acabar. También coleccioné un álbum de estampas de los personajes de Hanna-Barbera en lugares turísticos de México (!) para acelerar el llenado comencé a jugar volados apostando estampas, con una técnica refinada gané 1.2 mts de estampas, eran tantas que no iba a contarlas, pero ya las tenía tantas que sirvieron para juntar otro álbum con los mismos huecos que el primero. Cuando conocí los CCGs (card collecting games) quedé enganchado con uno basado en mi serie favorita: Buffy the Vampire Slayer,  solamente lo jugué un par de veces, pero gasté más de 4000 USD en conseguir algunas cartas. El que sí jugué extensamente fue Mitos y Leyendas, donde además de hacer innumerables búsquedas entre las carpetas de las tiendas especializadas – donde siempre me preguntaban: ¿Don, a poco usted juega? – y compras de paquetes especiales tenía que manejar la reacción de mi esposa ante esos gastos -aunque ella también disfrutaba jugando- quiero pensar que esto no influyó en el divorcio pero no te lo puedo asegurar. El día del cómic fui a una tiena con SSS -no me refiero al papa sino a Mr. Now- y estuve a punto de engancharme con los cómics pero me contuve. Acabo de subir 12463 canciones al Music Google.

Y los juegos siempre han sido una pasión, comencé a jugar cartas a los 3 años, dominó a los 4 y ajedrez a los 5; el billar lo comencé a los 13 años, íbamos todos los días hábiles, llegábamos a poco antes de que cerraran la puerta de entrada y salíamos en la madrugada. Cuando salieron los primeros videojuegos, pasaba 6 horas seguidas en la farmacia de la esquina con 2 pesos, tiempo después ya en la computadora jugaba con mi ahora compadre, Lalit y el Chacal alrededor de 17 horas de Age of Mythology en la red que había formado en casa ex professo. Además mis excesos en tantas madrugadas llenas de juegos están documentadas en The Rules Book y llenas de testigos, a lo que te puedo remitir si lo solicitas. Los videojuegos que han sido una auténtica adicción son Ragnarok y Civilization IV, que procuro mantenerlos alejados porque en cualquier asomo me quedo hasta terminarlo. Y no cuento un par de juegos de Facebook.

En la parte física también se manifiestan los excesos, con casi 5 kilos al nacer nunca tuve un tamaño acorde a mi edad, en los agrestes 70’s sobre el asfalto de la calle  Sur 117A en la colonia Escuadrón 201, jugábamos fútbol americano tackleado, cuando recibía el balón y me encarreraba un poco, lo llevaba hasta la zona de anotación del campo contrario mientras los rivales se colgaban de mí intentando inútilmente de derribarme, el que me logró derrumbar tenía el doble de edad y me dislocó la clavícula. Me di cuenta por el dolor que me producía armar el cubo de rubik, en 1.20 minutos. No me dejaban jugar en los equipos si no mostraba identificación de mi edad. En la secundaria rompí un par de pelotas de tenis que usábamos para juntar frontón de mano. Y los límites de mis capacidades son variados como caminar sin parar 40 Km o nadar 50, también quise averiguar cuánto jugo de naranja podía tomar solamente interrumpiendo la ingesta para respirar, las naranjas solamente alcanzaron para 5 litros; algunas veces fumaba hasta 3 cigarros al mismo tiempo y para emborracharme fueron necesarios 400 ml de ron, brandy y vodka respectivamente seguidos de 3 litros de mezcal, mi último trago fue un hidalgo de 750 ml; el puente guadalupe-reyes siempre lo interrumpía en navidad. Cuando me atrapaba la ansiedad no eran suficientes 3 cajas de lexotán. . He pasado 23 días sin comer, la racha de días sin dormir se interrumpió a los 5 cuando mis ojos dejaron de funcionar apropiadamente. Las veces que iba a la central de abastos cargaba hasta 45 kg en una bolsa hecha de un costal, esta misma cantidad de kilos los he subido y bajado en algunos meses, un par de veces.

Mi paso por la escuela puede considerarse variado, con obsesiva asistencia de 100% en algunos años al gitano 30% en otros, en la prepa me llevé un premio por ser el que más se durmió en clase, en la facultad llegaba 15 minutos tarde al examen y lo terminaba antes que todos y en la maestría cuando me di cuenta que tomé una materia más adelantada tuve que aprender lo de 2 semestres en una semana para ponerme al corriente. Terminé de escribir mi tesis en una noche después de que mi entonces novia me acusó de estar estancado y lo puso de pretexto para separarnos.

Mi velocidad en auto solamente llegó a 190 km/h en el periférico, sería más impresionante si hubieras visto el estado de la dirección de mi coche -bautizado Napoleón con vodka- cada que manejaba parecía que estaba haciendo nieve.  Como información extra pasé un año sin limpiaparabrisas. El mayor número de personas que subía a mi coche fueron 23, y manejando a más de 60 km/h a 13, luego de este coche  tuve 3 Maveriks más.

Busqué el obsesivamente el olvido, ninguna combinación de brebajes, legales, ilegales o místicos fueron inútiles, el nepentes no existe. Buscando títulos caballerescos me aventuré en numerosas misiones: me pasé todos los altos de Insurgentes, gané una apuesta de orinar en el lugar más público, la glorieta de Insurgenes a una hora pico, manejé en sentido contrario en Xola y en el eje Central, en este último también lo salté manejando a alta velocidad al atravesar el viaducto. Quebré 37 árbolos en la calzada de las Bombas – él único que se me escapó aún existe y es el más grande-, visité 43 vinaterías una noche. Y durante 3 años nunca perdí en el juego de “a que no te atreves a“.

En el amor nada parece demasiado: toqué puerta por puerta hasta encontrar la casa de un crush inusitado que jamás cedió. Puse las iniciales de MGGL en primer lugar en 220 videojuegos esparcidos por la Ciudad de México, caminé 3 kilómetros en zapatos nuevos para ir a una cita, escribí una carta de 20 metros en papel para sumadora, he deleitado 7 veces a los voyeuristas , entre ellos una niña de 6 años con su abuela ciega. Me he involucrado con una vampira nada crepuscular, con intercambio de sangre. Acepté ser el tercero en el orden al bat a cambio de confesiones -la verdad es morbosamente adictiva y rabiosa. He dado múltiples besos de la noche hasta amanecer para vigilar el sueño de la persona amada,  ¿y qué más extremo que casarse?

Un amigo me dice que soy adicto a las locas, otro a la incertidumbre. La opinión general es que la azotea no funciona bien. Y quizá eso se nota en que no puedo repetir mi firma,  cuando pido en un volado siempre elijo la misma cara de la moneda, no tomo agua de horchata porque es una aberración de la naturaleza, todas los pequeños envases de crema para café los abro de manera distinta -esto fue evidenciado por una persona externa-, es extremadametne difícil que conteste un SÍ o un NO plano. Tengo un mórbido gusto por sentir los chorros de sangre, en especial la mía, quizá los haya sentido demasiadas veces, mi tema recurrente es el azar, dibujé un laberinto en todos los cuadernos de la escuela, pero dejé de usarlos. Puedo contestar el teléfono y escribir en un teclado de computadora estando dormido, pero tengo faltas de ortografía. Pero creo que mi mayor obsesión es conocer lo que piensan las demás personas, porque no tengo ni la más remota idea.

Con esta hipérbole combinada con entrada bloggera quizá pienses que mi mente está fragmentándose o que estoy en algún proceso límite, pero solamente es un día común.

Me han dicho un millón de veces que soy un exagerado, quisiera poder decirte que todo esto ha sido una exageración y no una confesión.

Cine con mi abuelo

La fotografía es verdad. Y el cine es una verdad 24 veces por segundo.

Jean Luc Goddard

Mi abuelo fue una importantísima influencia en mi vida, recibí mucho amor, enseñanzas y un gran regalo: el gusto por el cine.

Su afición comenzó apenas regresó a su ciudad natal (la Ciudad de México) en la mitad de los años 30’s, asistió a diversas funciones, le gustaban mucho las películas de monstruos: Drácula, Frankstein,  o la Momia;  pero la película que atrapó a mi abuelo, entonces adolescente, fue Las Manos de Orlac, la primera película norteamericana de Peter Lorre. Desde entonces quedó prendado del séptimo arte, afición que creció luego de asistir a clásicos como Lo que el Viento se llevó, El Mago de Oz o Cumbres Borrascosas.

Tan entusiasmado estaba que tomó un curso de radio, cine y televisión, que terminó al poco tiempo porque no había muchos temas que cubrir en aquel entonces. No estoy seguro de lo que aprendió ahí, pero al menos fue lo suficiente para hacerme una demostración de un radio a galena, algo extremadamente interesante para un niño, bueno no sé si para cualquier niño pero para mí sí, siempre fue muy interesante aprender de mi abuelo.

Pero a mi abuela no le gustaba el cine -le sigue sin gustar- así que las visitas de mi abuelo al cine se fueron reduciendo hasta extinguirse. Solamente los nietos le devolvieron la oportunidad de regresar a tan amado espectáculo. Aún lo recuerdo vívidamente conduciendo su Impala 75 a toda velocidad, rebasando hasta las ambulancias para llegara a tiempo al cine Ariel y, con una bolsa de cacahuates garapiñados conseguida de antemano, para que viera 5 locos en el supermercado. ¿A poco eso no es eso una gran muestra de amor?

Pero vimos otras películas y me contó innumerables  anécdotas como la primera vez que vio el cine en tercera dimensión, cuando estuvo en una función en el cine Florida con la sala llena (más de 7000 butacas), me encantaba escuchar de los cines antiguos, los nombres y los lugares donde estaban, de cómo iba a las funciones de 3 por 1 para ver las películas de Errol Flynn, las filas kilométricas para las películas de Pedro Infante, o cómo se levantaban cuando salía la bandera de México. Ha cambiado enormidades la experiencia de ir al cine.

Y otra de las razones para ir al cine eran las actrices, él tenía una fijación con la reportera del crimen, tendrían que verla en ese entonces para entender cómo lucía Angela Lansbury, también Lily Monster, mejor conocida como Yvonne De Carlo, pero creo que había una actriz en particular en la que ambos coincidíamos: Lauren Bacall, aunque creo que hay motivos ulteriores para esta coincidencia. Probablemente sea parte de su DNA que habita en mi corazón.

Durante mucho tiempo se negó a ir al cine y su único vínculo era con las películas que pasaban en la televisión, aunque tuviera que soportar innumerables comerciales, era muy reacio a recibir invitaciones. Por eso decidí regalarle una enciclopedia del cine, quedó fascinado con el regalo se adivinaba en el brillo que se asomaba en sus ojos. Hubo muchas pláticas posteriores gracias a esa enciclopedia, ha sido uno de los regalos que he hecho con más gusto.

Yo llevé a mi abuelo a su última función de cine, vimos Gladiador en un cine en avenida Tláhuac, se comió un helado que compré durante el intermedio, fue la última película con intermedio a la que asistí, no regresé a ese cine que creo que ahora es un Cinemark.

Esta entrada está llena de enlaces a IMDB, ¡cómo me gustaría tener aún un enlace que me llevara a mi abuelo!

PZM

El Circo de la Vida

El tiempo es como un circo; siempre está empacando y marchándose.

Ben Hecht.

Hoy regreso al circo después de mucho tiempo.

La primera vez que iba a ir a un circo estaba emocionado, vi la carpa al lado de un gran tobogán que estaba en un terreno cercano al cruce de Ermita con la Avenida 5, claro ahora son los ejes 8 sur y 3 ote respectivamente, regresé corriendo a casa, entonces vivíamos con mis abuelos paternos todavía tenían una jacaranda en la entrada y un estrecho pasillo que conectaba el patio del frente con el de atrás -donde vivía- era tal el entusiasmo que resbalé al correr por el corredor y tuve la fortuna de estampar la boca con un ladrillo que estaba en el piso .  No solamente me regañaron por imprudente sino que me castigaron sin ir al circo y tuve que cenar con un diente menos, adolorido y sin diversión.

Conseguí ver la función después algunas cosas llamaron mi atención, la trapecista hacía unos gestos de dolor con algunos movimientos, tenía una venda en el tobillo izquierdo que se alcanzaba a distinguir a través de sus mallas; su sonrisa era tan dolorosa como la de los animales que exhibían, fue como otro ladrillazo en la cara.

Mis tíos me llevaron a otra función, esta vez a uno más grande,  donde se podían dar el lujo de tener elefantes, para que todos los niños se pudieran subir emocionados, para ese entonces me pareció tan gracioso como los payasos, al menos esa vez su humor dejaba mucho que desear, pero nada comparado con la siguiente vez con la que me tocó ver a un payaso de cerca -payaso de profesión no de ocasión-  fue en una fiesta del 30 de abril en el 1er retorno de Rosa Zaragoza, los vecinos se organizaron para celebrar un fiesta en la que además de escenificar algunos sketches contrataron a un payaso: “Cilantrito” no solamente vi una actuación carente sino la discusión posterior con los adultos, fue una escena conmovedora, pasó del humor al drama, agradeciendo la oportunidad porque tenía muchos problemas económicos y su esposa enferma, las manos y su acento evidenciaban su origen campesino y pensé que sus dotes de comediante no lo llevarían muy lejos, sentí pena por él y no pude evitar acordarme del final de la película Un rincón cerca del cielo.

Luego de ese día no he vuelto a pisar un circo, todas las demás referencias que tengo han sido del cine, desde las desoladoras como Santa Sangre o Ángel de Fuego, o las clásicas como Freaks y las magnífica y favorita Der Himmel Über Berlin o como es llamada en inglés Wings of Desire, las Alas del Deseo, mi película favorita.

Hoy voy a darme la oportunidad de redescubrir el arte circense en este espectáculo del que, aunque parezca mentira, no conozco nada. ¿Qué mejor manera de ir de nuevo? Voy sin prejuicios o expectativas dispuesto a ser sorprendido en el circo por primera vez, ya les contaré.

Ticket for Cirque du Soleil