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disfraces

A veces voy donde reina el mar es mi lugar llego sin disfraz

Sin Disfraz – Virus

En la primaria me tocó disfrazarme algunas veces, de árabe, de guerrero azteca en un festival donde peleaba con otros cuatro ganando mi derecho a ser sacrificado, no estoy seguro si contar mi aparición como chambelán como disfraz pero era un atuendo no común, ya es complicado encontrar ropa de mi tamaño como para buscar un disfraz, así que las otras veces he tenido que recurrir al ingenio como la vez que me disfracé tuve que hacer uso de cantidades industriales de gel para mantener mi cabello con la consistencia deseada y unos anteojos sin graduación me ayudaron a pasar la puerta de entrada -disfraz obligatorio- para asistir a la fiesta, donde no quedé ni remotamente en algún lugar del concurso de disfraces.

Me ha tocado ver disfraces muy ingeniosos, creo que ninguno como el que ganó en la fiesta mencionada, iba vestido de mesa, es bastante complicado describir el atuendo, pero lograba colocarse de al manera que parecía una mesa, mientras todos buscaban parecerse a otra persona el imitar a un objeto inanimado resaltaba, fue una buena experiencia que concluyó después de bañarme cuatro veces para quitarme todo el gel que tenía, fue peor que cuando me saqué la fotografía para la cartilla donde bastó con un limón, ligas y pasadores.

El primer zombie walk al que asistí disfrazado fue en Querétaro @DarthTrivious encontró un artículo que explicaba la manera de hacer maquillaje de zombie, así que nos preparamos y tomamos la carretera, fue divertido ver las reacciones de los demás autos a lo largo del trayecto, llegamos cuando ya había comenzado pero alcanzamos a la marcha y todavía nos tocó recorrer más de la mitad del trayecto, al terminar con quedamos al after party donde tocaron Black Violettes, y luego de regreso, intenso y divertido el fin de semana, además a llegar a desmaquillarse. También fui al zombie walk de la ciudad del México en el 2010, ahora sí con una mayor experiencia en el maquillaje, así que nos preparamos con tiempo fuimos alegremente al monumento a la revolución. Ahí nos alcanzaron otras personas en ellos mi amigo Tris que en un dos por tres fue zombificado para unirse a la marcha en la que se divirtió lanzando gritos de “brainsssssssss….”. De ahí regresé a bañarme para ir al aeropuerto —comenzaban mis viajes para São Paulo— solamente que no fue suficiente el baño para quitarme todo el disfraz, me di cuenta hasta llegar a mi destino —entonces entendí la razón por la que los demás pasajeros me veían insistentemente— aún tenía rastros de zombie.

Pero hay tantos disfraces disponibles: como el de abogado del diablo, basta un portafolio y algo para ocultar la conciencia, con la ayuda de la televisión te puede hacer pasar por presidente, un largo entrenamiento en el arte del valemadrismo  y el seguir una estructura laboral te puede ayudar a pasar por burócrata,  también puedes  bastan un par de chips de celular y par de cómplices para disfrazarse de marido fiel. Pero hay algunos más sutiles como el de buen amigo, o mantener una sonrisa eterna para vestirse de felicidad.

Claro que si me tardé tanto tiempo en quitarme los disfraces que usé por un día solamente seguro algo que lleve mucho más tiempo se va quedando pegado a la piel o peor aún, es indistinguible de la misma.

Zombie Walk

…Además, hacer una película de zombies es muy liberador. Es divertido no tomarse en serio todo el tiempo.

Sarah Polley

Las marchas zombie comenzaron al inicio de este milenio como concentraciones  alrededor de sitios públicos de personas caracterizadas de zombies -o zombies reales porque es difícil distinguirlos una vez comenzada la marcha-. Tienen un trayecto que suele pasar por sitios eminentemente públicos a un paso lento y emitiendo sonidos guturales que claman por sesos.

Yo he asistido a cuatro:  en Toronto, Querétaro, la Ciudad de México y São Paulo en ese orden  -disfrazado en las de México-, cada una tuvo un cariz diferente, en Toronto los comercios ofrecían descuentos a los zombies y tenían reservados muchos lugares desde los cuales se podía observar toda la marcha, en Querétaro la gente que observaba la marcha reaccionaba a los ataques simulados, con nerviosa alegría; en la Ciudad de México fue un despliegue de pancartas, muchas de ellas con mensaje político, con personajes locales como Zapata y Frida y terminando en el zócalo -atascado como siempre- mezclándose  con otras actividades, algunas que combinaban perfecto como los alebrijes; la de São Paulo estuvo salpicada de festividad, de los mineros chilenos y música al final.

Aunque no tienen un objetivo definido y los motivos de participación varían según el sitio donde se realicen, las marchas comparten ciertas características entre ellas:

  • El disfraz convierte a los participantes en anónimos, lucen más libres.
  • La marcha es lenta, se presta a la convivencia.
  • El público tienen reacciones de gusto o aversión, rara vez de indiferencia.

Una de las frases características escuchadas durante la marcha:

  • Un zombie no discrimina: muerde parejo.
  • Un zombie no mata,: solamente hace nuevos zombies.
  • Un zombie es tolerante: no agrede a otros zombies.

La primera vez que fui disfrazado fue el 31 de octubre de  2009 -hace justo dos años- en Querétaro, había pasado un  año desde mi divorcio, tiempo suficiente para tener haber transitado una relación de terror, al menos en el aspecto emotivo, una relación que comenzó y terminó con la misma frase con la que abre y cierra la película Lost Highway: “Dick Laurant is dead” es evidente que fue una relación dramática cuyos rompimientos y reconciliaciones no alcanzan a contar los dedos en las manos de ambos.

Fui a la marcha acompañado por varios amigos: Lola, Pepe y Vic éste último había estado viviendo también algunos problemas del corazón y decidimos que el viaje y la marcha serían una buena opción para levantar el ánimo, acertamos. La opinión de otros amigos era que desde me divorcio parecía una sombra de lo que era, que había transitado como auténtico zombie ese año y, a pesar de tener los sesos intactos, no se reflejaba vida en mi rostro.

Era tiempo de revivir, y qué mejor manera de salir del estado zombie que convirtiéndose en uno.

¿Por qué alguien quisiera impersonar un zombie? Son los villanos en la película, no tienen una personalidad definida, tienen limitadas habilidades motoras, solamente buscan saciar el ansia de sesos, no tienen sentimientos, no sienten dolor  ni pena ni tristeza. ¿Quién se apunta?

Aquí hay algunas imágenes.

 

Tiempo después discutí con una acompañante incidental que no veía el caso a esas marchas o gustos “locos” – sus palabras – y esperaba que recapacitara y que me diera cuenta que era inadecuado para mi edad. No se me antojaron sus sesos.