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zacatito pa’l conejo

Para dominar el miedo, tienes que aislarlo. Y para ello tienes que definir su objeto con precisión

Kenzaburo Oe

Quizá las únicas motivaciones de todos nuestros actos sean el amor y el miedo. Entre ambos van moldeando nuestro camino por la vida. Me parece que la intervención del miedo es inadecuada.

El miedo es una emoción que nos prepara para pelear o huir, la sangre se dirige a los músculos, por eso la cara queda pálida, aumenta la coagulación, se eleva al glucosa y se dispara la adrenalina. Rara vez tenemos la necesidad de huir o pelear frente a lo que nos da miedo.

Nos atemoriza la opinión de los demás, los juicios de nuestra familia y amigos sobre nosotros o sobre nuestra pareja, hijos, casa, auto. El presentar un examen, hablar en público, los espacios cerrados.

Existe algo que vemos fuera de nosotros que nos refleja ese sentimiento que llevamos dentro. No son los otros lo que nos asustan, son nuestros pensamientos los que nos paralizan, los que nos detonan esa reacción.

Lo peor de dejar entrar el miedo es que al final resulta como una profecía autocumplida.

 

Navidad y cambios

Es tan grande el placer que se experimenta al encontrar un hombre agradecido que vale la pena arriesgarse a hacer un ingrato.
Séneca

Desde niño estuve inmerso en la idea de que en Navidad era importante nuestro comportamiento con nuestros semejantes. Por alguna razón mi empatía se centró en el sufrimiento y los pesares de los demás.

Como viví muy de cerca el ciclo del comercio, participando en él desde muy temprana edad, me acostumbré a vivir la época decembrina desde diferentes perspectivas, era la época de más trabajo, todos tienen preocupaciones: si les alcanza para la cena, para los regalos de los hijos, sí la venta será suficiente, o el negocio alcanza a sobrevivir. Sentía que la época estaba llena de pesares, angustia y sufrimiento.

Intentaba hacer lo posible por mitigar esa situación, entre ayuda, donaciones, propinas y regalos. Pensaba que aún los pequeños actos podían hacer alguna diferencia.

Cuando iba al banco, solía tomar dos turnos, cuando se iba acercando mi turno salía y buscaba a una persona que fuera beneficiada con evitar las espera, un acto benéfico y anónimo. O al comprar en comercios locales o incluso en la calle, sin regatear o dando o comprando un poco más, con la idea de que ese excedente se derrame hacia los demás.

Pero creo que en estos derroteros me olvidé de mí, de disfrutar y agradecer el sinnúmero de alegrías, bendiciones, cariño que experimentaba cada día, creo que es otra lección aprendida estos días.

Feliz Navidad a todos.

Fiestas decembrinas

Yo me atraco de jamón y el envidioso sufre la indigestión

Refrán

Cuando era muy niño durante esta temporada siempre me preguntaba lo que serían las “cembrinas” porque escuchaba “fiestas de cembrinas” por todos lados. Nunca me animé a preguntar, lo entendí poco tiempo después cuando aprendí a leer. Recuerdo mucho aquella primera visita al mercado de la 201 en época navideña, en pagar con un billete nuevo y azul y recibir mucho cambio —esto antes de que naciera mi hermana y durante plena crisis petrolera— ese día encontré una moneda en el piso —una de veinte centavos de cobre— como para coronar un día de suerte.

Las posadas las disfruté hasta la adolescencia, de niño me concentraba en mantener la vela prendida durante la procesión, el ponche era una bebida demasiado caliente para mi gusto, debido a mi estatura y a que en esa época todas las piñatas eran de barro, nunca me tocaba pegarle a la piñata, solamente me dedicaba a recoger cacahuates, jícamas y cañas. El tiempo pasó y las posadas a las que iba fueron otras donde las piñatas ahora contenían Dalton 14 para satisfacer al público fumante, sin embargo una de las cosas que cambió sin que logre ubicar el tiempo exacto fue lo que se cantaba lo que se solía cantar “Dale, dale, dale, no pierdas el tino, porque si lo pierdes pierdes el camino, dale, dale dale, no pierdas el tino mide la distancia que hay en el camino”  en algún momento la segunda estrofa pasó a decir “Ya le diste uno, ya le diste dos, ya le diste tres y tu tiempo se acabó”, yo creo que eso se debió al cambio a las piñatas de cartón.

La escena típica de navidad es el pavo —un guajolote al horno– aunque eso no era tan frecuente en la familia, generalmente había bacalao —a la vizcaína casi la única forma en que lo comemos— ese le gustaba a mi mamá en particular para después hacer tortas de bacalao, también había romeritos o pierna al horno generalmente acompañada de ensaldas o bien de manzana o de zanahoria rallada con piña. —este último plato es el que solíamos comer mi tío Mundo y yo— en año nuevo, como diciembre es la época más ocupada del comercio en un principio iban a comprar o pozole o birria en el mercado de Garibaldi. Cuando había pierna o spaghetti de fin de año ese servía para el recalentado viendo los tazones.

Después de la cena de fin de año, siempre salía a la calle, de niño a jugar —fútbol americano generalmente— y en la alcoholescencia a dejar un rastro de botellas en la calle, entre música pláticas y bromas, y algunas visitas para dar el abrazo —se usaba de pretexto— pero siempre terminábamos en la calle.

La anticipación que impedía dormir el día de reyes se fue disolviendo con el tiempo, pero el antojo de rosca con chocolate y el alboroto al respecto de cortarla y adivinar a quién le tocaba el niño nunca menguo. El ritual durante mucho tiempo fue hasta en la oficina, ahora en otro país es una de las cosas que extraño.

Supongo que todos tenemos recuerdos semejantes.

 

 

 

 

 

silencios insuperables (especial navideño)

La muerte ha restituido al silencio su prestigio hechizante.

Alejandra Pizarnik.

Ahora que es una época de regalos, los envoltorios están por todas partes debo reconocer que elvolver regalos nunca ha sido uno de mis talentos, recuerdo una navidad donde junté dinero para comprarle algún regalo a los diferentes miembros de la familia, incluyendo uno para mí incluyendo los utensilios necesarios para elnvolverlos, por lo menos gasté el doble de papel en terminar mi labor, no de la manera más elegante, incluso se podía ver mi regalo a través de algunos huecos del papel, claro que no importaba porque a leguas se veía que era un balón de americano. Esto no se repitió en muchas otras ocasiones, ya después los llevaba a envolver o pedía ayuda con alguien mucho más capaz, aunque alguna vez me encontré en dificultades en una tierra extraña tratando e engalanar un regalo, me parece que de manera infructuosa.

Tampoco soy muy paciente al abrir los regalos, la curiosidad me consume tanto que los tengo que abrir inmediatamente, sin tener mucho cuidado de la envoltura, algunas veces frenéticamente destruyo en elvoltorio, que quizá sea parte del regalo. Tal vez envolver sea algo es muy parecido a guardar silencio, es como mantener algo fuera de la vista o conocimiento de los demás como tener algo guardado que es susceptible de ser descubierto. Y una de las cosas que más anhelo es descubrir secretos, abrir la puerta a algo desconocido como si eso fuera a revelarme finalmente una solución, la solución.

Mi mente volátil no toma muy bien ese silencio, siempre busca todas las alternativas posibles, y tiene tendencia a estacionarse en las peores, quizá con la precaución de que será menos decepcionado de esa manera, pero la verdad es como un juego morboso que no se detiene, adictivo y bizarro. Parece que la violencia que se supone es el silencio se puede tornar aún peor en mi mente, la famosa ley del hielo se puede aún tornar más afilada, este efecto se ha aplicado ya en el cine cuando el terror se basa en lo que no se muestra.

Y si las mujeres tienen fama de hablar mucho cómo es que me tocan las que deciden callarse, seguramente son los misterios por ser develados lo que me atrae, aunque yo haya pensado que de eso me di cuenta después, siempre hay señales a la vista que deberían haber sido pista suficiente -al menos para mí que me gusta leer los signos- pero actuaba cegado por mis propias creencias distorsionadas, por ejemplo la primera vez que le declaré mis sentimientos a mi x pidiéndole otro tipo de relación lo único que recibí fue un insufrible silencio que terminó con mis palabras ofreciéndole una salida, y esos silencios se convirtieron, ya casados, en una especie de campo minado que cada uno llenó con los propios pensamientos que muchas veces se alejaban notablemente de la realidad.

En circunstancias desfavorables los resultados pueden ser aún peores, si estoy en posición de ser el confort de una persona que tiene otra relación, u otras porque soy el tercero en el orden al bat, por mucho que me alegre su intermitente presencia y que sepa que algunas veces la cobijen brazos de alguien que escogió por razones que me escapan -quizá no tanto- nada de eso tiene el mismo alcance en mi interior como su silencio, porque eso pone en juego no solamente lo que pasa sino toda la gama de posibilidades, que se multiplican los jueves. No necesito ser brujo, aunque lo sea, para saber que es mejor cambiar esto.

En un momento pensé en revertir esta tendencia guardando silencio, quizá nada más para probar que también puedo guardar silencio. Pero lo que en realidad tengo que callar es mi febril mente, dejar de interpretar, retorcer y construir todos los escenarios imaginables.  Dejar de lado este vicio frenético que solamente me mantiene distraído de mis prioridades, dejar de buscar respuestas en el silencio y empezar a construir mis propios escenarios de la forma en que quiera. Y por supuesto dejar que alguien más envuelva mis regalos.

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Vacaciones

¡Oh memoria, enemiga mortal de mi descanso!

Miguel de Cervantes Saavedra

Mi familia materna se dedicaba al negocio de la costura, las prendas que eran vendidas en mercados como Tepito, Tacuba, Mixcalco y diciembre era el mes más ocupado de todos, no había días de descanso sino hasta después de reyes; el 31 después del trabajo iban a comprar la cena al mercado de Garibaldi, pozole o birria era la elección para la cena, que normalmente tardaba un poco más porque ¿cómo resistirse a unas copas en Garibaldi?

No solíamos vacacionar en diciembre, pero invariablemente íbamos a San Juan de los Lagos a finales de enero, es un viaje tradicional de mi familia materna, comienza en Salamanca -tierra natal de mis abuelos- pasa por León – justo en la fiesta- y termina en San Juan, yo lo caminé un par de veces, aunque usted no lo crea. Durante la primaria faltaba esos días olímpicamente, al menos dos semanas de vacaciones, la vez que tomé un poco más me echaron de cabeza, esa es la desventaja de tener a mi prima en el mismo salón. Después fue diferente, en la secundaria tuve un récord casi perfecto, empañado solamente por un retardo. Durante la prepa ayudaba en el puesto de ropa de mi familia en pericoapa, no hubo vacaciones, solamente desvelos durante las posadas. En la Universidad fue distinto, esas sí eran épocas de descanso, solamente que el dinero era tan poco que no alcanzaba para ningún viaje así fuera al pueblo más cercano. La única excepción fueron unos días en Taxco que sirvieron como ocaso a mi relación más duradera.

Ya en el trabajo corporativo opté por no salir de vacaciones esos días, prefería quedarme en la oficina, en las mañanas el tráfico era menos,  salía de vacaciones con mi esposa la semana justo después del 12 de diciembre, siempre con muchos peregrinos en el camino. Y ahora que me mudé a São Paulo he trabajado en proyectos, entonces es más fácil tomar vacaciones el fin de año. En esta ocasión fue la que más días de vacaciones he tomado -la huelga de la UNAM no cuenta.

Ocurrieron muchas cosas durante las vacaciones, tantas que no necesitaba terminar esta entrada antes de continuar con otra cosa.

Primero quisiera agradecer la hospitalidad recibida, es la segunda vez que recibo su hospitalidad, su casa ha sido escenario de muchos momentos felices y también de momentos difíciles, así es como se van forjando las amistades. Me siento como en casa, no solamente me siento cobijado por la ciudad, también por los amigos, esta vez podía sentir algo extra en el ambiente.

La navidad la pasé con mi primer sobrino, ha sido toda una experiencia tener un nuevo integrante de la familia tan cercano, su llegada fue en contra de todo pronóstico y le dio una nueva perspectiva a mi hermana, la veo feliz y me da mucho gusto, ahora le toca crecer de otra manera.

El fin de año fui a Playa del Carmen, a visitar un amigo gitano -Lalit- y a una amiga coincidente -July- durante esa estancia ocurrieron un par de cosas extraordinarias: logré apagar mi centinela y pude finalmente deambular sin estar al pendiente de todo, relajarme y fluir aleatoriamente, fue algo muy liberador; por otro lado conseguí descargar completamente mi pila, al menos eso es lo que recomiendan en los demás aparatos, para evitar el efecto fantasma. Y por si fuera poco me divertí un chingo.

Regresé para ser padrino de bautizo de una ceremonia armada al vapor, fue una fiesta emotiva en la que no me alcanzó el tiempo para hablar con todos, hubiera querido dejarles más a mi familia y amigos, es la segunda vez que soy padrino y esta vez no tuve que hacer examen de admisión.

Resumiendo: durante estas vacaciones tomé 3 bebidas verdes  y alcohólicas, tomadas en tiempos y formas distintas, los sabores fueron muy variados y en todas las ocasiones me remitieron a la vez anterior que las consumí, las cosas han cambiado tanto desde entonces.  Dupliqué mi número de ahijados, sin menoscabo del cariño, muy al contrario creció. La peor parte es que todo parece indicar que perdí una amiga muy querida y lo peor es que desconozco la razón.

Y finalmente, aunque no en importancia, descubrí lo mucho que estraño mi amada tierra, la fuerza con la que me llama y lo difícil que es mantenerte lejos de tus afectos, es evidente que estoy a una distancia que solamente me permite contemplar lo que pasa, que he estado viviendo dividido, con mi corazón en un lugar y lo demás en otro lado. Pero eso no me va a detener, no me voy a regresar -y ya tengo oferta- por un síndrome del Jamaicón, esta difícultad es parte de crecer, de evolucionar; sin embargo hay una extraña sensación que no me abandona de esas veces que sabes que no volverás a ver a alguien.