#NiUnaMenos o una nueva Lisístrata

El opresor no sería tan fuerte si no tuviese cómplices entre los propios oprimidos.

Simone de Beauvoir

Vivimos inmersos en la violencia que toma diferentes formas: la pobreza, la falta de educación y oportunidades, la discriminación, la opresión, la corrupción. Este día se reúnen en diferentes latitudes miles de personas bajo el grito de #NiUnaMenos.

El feminicidio es el último escalón de los actos cometidos en contra de las mujeres, la gama es amplia y abarca el abuso doméstico (sea psicológico o físico), el abuso sexual infantil (incestuoso o no), el acoso sexual, la mutilación genital, la esterilización forzada, la criminalización del aborto, la heterosexualidad forzada, la cirugía plástica involuntaria con fines de embellecimiento, la esclavitud sexual.

Todos estos actos buscan mantener una superioridad de un grupo —como todas las formas de violencia— hay personas que lo hacen conscientes y otras no, pero que preservan esa subordinación del grupo violentado.

Resulta iluso que el grupo en el poder cederá estas ventajas fácilmente, que por arte de magia un hashtag va a lograr crear conciencia en los demás. El cambio comienza por uno mismo, por la propia introspección, son los actos cotidianos los que van forjando y educando y ejemplifico:

Los hijos perciben el comportamiento, no podemos engañarlos respecto a lo que somos y las actitudes que tenemos, no importa el número de veces que se les repita que tienen que respetar a la mujer, si ven que su madre es servil, que acepta sin chistar insultos o malos tratos del padre, eso es lo que aprenden. Hasta el lenguaje es importante: cuando decimos que un hombre es bueno porque “ayuda” a su pareja en la limpieza de la casa o en el cuidado de los niños estamos estableciendo implícitamente que esa es tarea de la mujer y que la participación del hombre es de buena onda. Cuando, me parece, es una responsabilidad conjunta.

Otra cosa que he percibido es el silencio, creo que es uno de los peores cómplices. Conozco mujeres que han sufrido acoso en su propia casa, por parte de un amigo de su pareja —sí, manoseada como en el metro— y no ha dicho nada, se ha tragado todo con verguenza bajo el pretexto de “no quiero que haya problemas” ¿por qué sigue apareciendo esa pena como si la falta fuera de ella? creo que ha sido producto de las respuestas que ha recibido al hablar.  Ese verguenza de hablar es otro de las formas de perpetuar la violencia, es como decidir negarse el respeto y apoyar al otro.

También conocí a otra que era golpeada, que su pareja la castigaba dejándola sin celular y que solamente la dejaba salir sola acompañada de una chaperona (su prima), su dinero y posición no le quitaban lo patán. Pero dado que era un buen partido —bajo no sé que pinches estándares— ella justificaba sus insultos, golpes y violencia describiéndolo como un animal que necesitaba protección. Esa necesidad de mostrarse ante los demás como una pareja muy linda.

Y la falta de denuncia es otro síntoma, el proceso de denunciar un delito sexual es difícil y humillante para la mujer, esto es a propósito, las autoridades lo hacen de esa forma para que las mujeres no denuncien y ellos tengan menos trabajo. Creo que es mejor buscar apoyo de la familia y amigos, para poder pasar por este trance. Yo me he ofrecido a acompañarlas.

Yo quiero un mundo donde las personas que amo puedan vivir como les plazca, libres de miedo. Y en esas estoy.

 

 

 

 

 

Explosiones

La ira es una locura de corta duración.

Horacio

Teníamos una fiesta, fuimos invitados a los quince años de Carmen. En esta ocasión no éramos colados, —como había sucedido en la fiesta de Ingrid, donde Abigail nos regaló sus boletos porque no pudo asistir— ahora hasta la familia nos conocía, teníamos invitación, boletos y toda la cosa.

Éramos más de los que caben en un automóvil, aunque en mi coche ya había llevado hasta veintitrés personas, ahora íbamos vestidos demasiado formales como para viajar en la cajuela o el toldo. Nos fuimos a la base de las peseros Peni-San Lázaro a La Virgen y le ofrecimos a una combi quinientos pesos por persona —los camiones ruta 100 costaban 300 pesos y el viaje más corto en pesero 350— era más de lo que ganaría en un viaje, pero menos que nos cobraría un taxi por llevarnos a todos.

Llegamos relativamente temprano al salón que estaba en prolongación División del Norte —jamás íbamos a misa— nos sentamos con Mónica, Abi y su hermana Nadia, era un poco extraño verlas emperifolladas para la ocasión, La primera con su vestido de color brillante y esponjado. Nadia llevaba un vestido corto con los hombros al descubierto, ella que apenas el año anterior iba en la primaria pero que sus catorce años eran suficientes para llenar con creces el vestido, Aby usaba unos pupilentes de color verde. Todas se esmeraron en su arreglo, incluso Carmen, la quinceañera, tenía nuevo peinado y maquillaje que ocultaba que aún usaba sus frenos. También sus hermanas lucían festivas, era como si fueran otras personas, diferentes de las que convivíamos cotidianamente.

Entonces todavía se podía fumar, iba armado con un par de cajetillas, una para compatir con mis amigos que pecaban de gorrones y otra que guardaba exclusivamente para mí. Acaparamos la botella de la mesa y cuando podíamos nos servíamos en otro lado. Como iba sin pareja me dediqué a beber y reflexionar. Generalmente lo único que compartía con mis amigos, eran estas búsquedas frenéticas en busca de fiestas y alcohol gratis, discusiones bizantinas sobre hazañas y retos adolescentes. El más grande bebedor, la mayor velocidad, las peleas. En mi mente circulaba la idea de que no quería estar ahí.

Al terminar el festejo nos unimos sigilosamente al cortejo familiar y terminamos en casa de la quinceañera departiendo con el padrino de la festejada, la plática giraba en torno a las defensivas en el fútbol americano, con opiniones polarizadas por el ron. Todo esto comenzaba a desesperarme, me sentía completamente sumergido en una trampa a la que caminé voluntariamente. La discusión subió de tono y los ademanes comenzaron a aparecer para darle fuerza a los argumentos porque las palabras arrastradas y balbuceantes eran insuficientes. Uno de esos manoteos terminó por golpear un vaso y derramar su contenido sobre mi pantalón, justo en la entrepierna.

Quizá fue mi forma intempestiva de ponerme en pie o la furia que brotaba de mis ojos, tal vez el canto de los pájaros que se escuchaba o la luz que comenzaba a colarse entre las ventanas, lo cierto es que fuimos invitados amablemente a abandonar la casa con la frase “muchachos, ya pasan peseros”.

Salimos, cada quien a su rumbo, algunos fueron a buscar pesero a la calzada de Tlalpan, Chucho y yo nos regresamos caminando. Sobre la calzada de las Bombas había unos arbolitos recién plantados, fui quebrando todos a mi paso, descargando una explosión de ira que a la distancia entiendo que llevaba acumulada mucho tiempo. Solamente uno de esos árboles se resistió a mi fuerza, quedó apenas doblado. Aún existe, está cerca del la entrada del hospital de traumatología y fue testigo de una de mis explosiones.

Posteriormente me encargué de mitigar mi ecocidio plantano el doble de árboles, y dejé mi enojos encerrados de nuevo, hasta que encontraron otro momento para salir.

Septiembre, mes de la patria

Ninguno ama a su patria porque es grande, sino porque es suya.

Séneca

Mis padres se casaron en septiembre, lo que me convierte oficialmente en un sietemesino de proporciones colosales, su luna de miel fue desviada de la playa debido a un huracán, tan comunes en este mes.

El 18 de septiembre de 1985 pinté la fachada de la casa porque mi madre había organizado una fiesta para su cumpleaños (ella es del 19 de septiembre) esa noche cayó granizo perjudicando un poco la pintura, pero los movimientos telúricos de los días siguientes se encargaron de cancelar la fiesta. Tan desafortuados han sido los intentos de celebración que sus 50 años los celebró en febrero.

El año siguiente de esa funesta manifestación de la naturaleza probé el sabor amargo de la inmortalidad que venía acompañado de una maldición, los siguientes años recibí una huevazo de harina o confeti que solamente conseguí romper encerrándome en mi cuarto.

En el año 1997 fue un nuevo comienzo tras un desquebrajamiento amoroso, un abandonar los lugares frecuentados, comencé los trámites para mi titulación, me llevó mucho tiempo juntar todos los pedazos para estar completo de nuevo.

En el 2008 en el cumpleaños de mi madre firmé los papeles de divorcio, frente a la alameda, al salir del juzgado caminé sobre el eje central reflexionando sobre todo lo que había pasado, ya entonces había cambiado de departamento que se convirtió un lugar de fiesta, completamente personal.

Hace dos años, en este mes, decidí regresar, retomar a mi familia, mi patria y el amor. Tenía la ilusión de recomenzar, lanzarme al vacío y contruir algo nuevo. quizá hasta engendrar a la depositaria de esta herencia. Las cosas no salieron como pensaba, entre las circunstancias y los silencios tomé una difícil decisión luego de un viaje difícil. Hoy es su día y jamás tuve acceso a él.

Hoy mi ciudad se viste de colores y hay miles de luces tratando de alegrar mi luto silencioso. Aún si este mes ha sido ingrato, hay que celebrar.

 

cocinas tecnológicas

Una cocina de sueño. Habrá muchas, muchas. En mi corazón. O en la realidad. O en el destino de un viaje. O sola, o con muchos otros, o dos a solas, en todos los lugares de mi vida habrá seguramente muchas cocinas.

Banana Yoshimoto

Hace poco me señalaron que a mi cocina le falta un horno de microondas, eso fue el detonante para recordar la evolución de muchos artilugios y aparatos. Quizá desde los más básicos, mi tía Luisita hacía la mejor salsa preperada en molcajete con su tejolote, mi mamá siempre hizo la salsa en licuadora, y desde entonces las Oster han sido las elegidas por su durabilidad y desempeño. Es uno de los electrodomésticos que más veces he comprado en las diferentes mudanzas.

Las estufas solían ser de petróleo, todavía en los 80s así tenía su estufa mi tía Lolita allá en Salamanca, su cocina era tan pequeña que comía a través de la ventana sentado afuera, los accidentes eran comunes y cuando se derramaba el petróleo la estufa se incendiaba, pero en casa de Chuchita (en la colonia escuadrón 201) ya habían cambiado a la estufa de gas y se regresaron a la de petróleo luego de una explosión de un tanque de gas en una colonia vecina (La Sector Popular). No en balde el negocio más próspero fue el de Don Panchito, una petrolería que además vendía artículos de papelería y tlapalería, que estaba en la calle de Fausto Vega (antes sur 113) y que visitaba con frecuencia para comprar plumas, pilas y cartulinas.

Una de las primeras evoluciones que noté fue la batidora, que comenzó siendo un tenedor, después había un artilugio específico de metal como con tiras formando un óval al final, incluso uno que tenía un par y usaba una manivela para moverlas, en la casa compraron un philips de color crema que tenía que sostenerse con la mano, algunas veces lo movía descuidadamente y lo presionaba contra el recipiente y las aspas se detenían. Siempre me costó trabajo lavar las aspas removibles, mi mamá la usaba mucho porque le gusta hacer pasteles, yo creo que la usé un par de veces para hacer hotcakes. No he usado una en más de un cuarto de siglo.

Los primeros abrelatas que conocí eran una pieza plana de metal que tenía un destapador de un lado y una cuña trianguilar para hacer un orificio triangular en las latas, este lo usábamos para abrir las latas de leche clavel, que entonces era la única leche que se podía conservar fuera del refrigerador (antes del tetra pak). Cuando era un infante de menos de un año la leche clavel que vendían en las tiendas CONASUPO estaba racionada, solamente le venían una cierta cantidad por persona, así que mi mamá le pedía ayuda a su familia para que fueran a comprar más. Pero el abrelatas clásico era el que tenía una especie de tijera donde un estremo era una pieza casi rectangular que estaba doblada y tenía en un extremo un destapador y otra pieza era un cilindro delgado, ambas se unían y había una manivela para abrir las latas, era una tarea que casi siempre me tocaba a mí en casa, ya tenía much práctica para abrirlas rápidamente aún cuando el abrelatas estuviera oxidado. Solía ir a tomar café a casa de Claudia, siempre tenía café de Coatepec, y una vez también me invitó a comer, claro que para ella eso significaba abrir unas latas, yo me ofrecí a abrir las latas pero ella tenía un abrelatas eléctrico, creo que una parte de mí se sientió cuando los obreros eran reemplazados por máquinas. No me esperaba que tiempo después al estar viviendo en Sao Paulo regresaría a la tecnología más básica para abrir las latas.

Fue mucho tiempo sin siquiera tener un horno de microondas, aún con el auge de las palomitas de maíz. después al mudarme comencé a usarlo más, básicamente palomitas, calentar agua para té y recalentar comida o tortillas, también para hacer sincronizadas o cualquier platillo que necesitara queso derretido, cuando me mudé a Brasil el horno estaba incluído pero ahora que regresé a Mëxico ya tengo casi un año y no he comprado ninguno aún.

También recuero cuando en casa compraron una freídora, así las croquetas de atún fueron más frecuentes, o la pica lica que fue una moda de un tiempo, el extractor de jugos Turmix que era de uso rudo, a pesar de que se tenía que limpiar constantemente era de uso rudo, fue una de las pocas cosas que decidí llevarme a Brasil. Para ilustrar basta contar que durante mucho tiempo desayuné papaya picada y jugo de zanahoria, mi marchante ya los tenía preparados y tenía un extractor enorme que terminó descompuesto y que reemplazó por el mencionado, y hasta la fecha lo usa. Pero hay muchas cosas que fueron o que aún me son desconocidas que van siendo como descubrimientos, como los sartenes de teflón, o los trastes para dejar descansadas las cucharas que se usan para cocinar.

Me parece que la cocina siempre estará presente de alguna forma en nuestras vidas.

 

 

para la piel sensible

Préndanme fuego, mi carne quemada, mi carne quemada,es menos frágil…

Mundo de quimeras – Soda Stereo

Durante mi infancia me di cuenta de que, a pesar de ser hermanos, teníamos la piel —en especial la sensibilidad de la misma— muy diferente, cuando mi hermana sufría un golpe, un rasguño o incluso una picadura de mosquito su piel se ponía morada y la apariencia de cualquier herida era escandalosa.

Por mi parte parecía como si mi piel fuera de bestia de carga, cicatrizaba rápidamente, mantenía su color y resistía los más fuertes embates. La herrería de reja de casa no era suficiente para vencer mis rodillas, apenas quedaban rastros de los juegos de fútbol en la lija, el pedazo de piel de casi un metro de largo volvió a salir al poco tiempo.

Quizá por eso existía la idea de que podía aguantar lo que fuera, que mi rudo exterior era una especie de coraza que me podía proteger de todo, no estaba a la vista que mi interior constrastaba mucho con el interior, mi corazón y alma eran sensibles, anhelaba ser protegido, valorado y amado; y temía al abandono.

Pasaron muchas cosas que me lastimaron, como las burlas de los demás por tener miedo, la indiferencia ante mis palabras, las mentiras y las traiciones. Parecía que mis amigos esperaban ansiosos mis fallos para hacer un chiste al respecto. Muchas veces esperé un apoyo que no llegaba.

En el ámbito amoroso esos eventos duelen más, ser tachado de puto por negarme a copular, de ser la novia de la relación por la sensibilidad o de poco hombre por la ausencia de algunas caracterísiticas machistas.

De todo eso los insultos subyacentes eran los menos importantes, el acto de que las personas de las que esperaba algo, a las que quería/repetaba/amaba respondieran con ese tipo de frases era lo que me dolía. Ahora entiendo que es fundamental la propia interpretación pero:

Eso pudo haber sido la causa por la que me esmeré en ser por completo autosuficiente, en aprender todo lo que pude y en prestar atención a lo circundante, además de convertirme en una especie de fortaleza andante. No solamente con una coraza indestructible en el exterior sino con un alma lejana que ponía distancia con todo, un centinela en la azotea que vigilaba todo lo circundante y un mente hiperanalítica que se la pasaba sobreanalizando lo que los demás decían.

No vale la pena, además ahora ni mi pies es muy resistente, nunca es tarde para bajar la guardia y dejar que todo lo bueno y malo pase, es parte de la vida y el aprendizaje.

 

muchachos a correr

El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él y que le hará mucha falta.

Pablo Neruda

Uno de los juegos de la infancia era el Burro 16, que solía jugarse entre hombres, contiene elementos de burla, sádicos y hasta algunos tintes homosexuales.

El objetivo primordial del juego era que una persona (el burro) se ponía con las manos sobre la nuca, agachado y con las rodillas flexionadas, para que los demás lo brincaran y humillaran, la mecánica usada para elegir a la persona que iba a tomar la posición del burro era la definición misma del juego.

El burro inicial se solía escoger con un disparejo, un pin pon papas o un zapatito blanco zapatito azul. Entonces se formaba una fila y el primero era el encargado de comenzar. Ser el que iniciabal llevaba muchas ventajas pero había muchos elementos protocolarios: una serie de preguntas que si no eran formuladas el primero ocupaba el lugar del burro.

Comienzo.

El primero de la fila comenzaba preguntando ¿con cero o sin cero? esta primera pregunta era para sorprender distraído al primero de la fila.

Cero por chapucero: de alguna forma el hecho que los mayas lo hayan descubierto hace que esté presente en nuestra mexicanidad y se filtre a los juegos.

Uno por mulo: en cierta forma es la declaración de que el burro está ahí por su incapacidad intelectual y que será castigado.

Dos, patada y coz: antes de comenzar el primero le pregunta: ¿en el aire o en la tierra? La respuesta define la manera de proceder, en el caso de que sea en la tierra el que va a brincar se acerca, le da una patada en las nalgas, salta al burro y luego camina de regreso y le da un empujón con el trasero en las costillas del burro. En el caso que haya respondido en el aire entonces tanto la patada como la coz tendrían que ser durante el salto. Había un acuerdo tácito, cuando alguien decía en la tierra los golpes/humillaciones eran mucho más leves, porque el burro estaba renunciando a que alguien se pusiera en su lugar.

Tres litro y litro: el número de jugadores se multiplicaba por tres, ese total era el final de la cuenta del burro, al saltar el primer jugador el burro contaba en voz alta hasta y se levantaba luego de decir el número final, el jugador en turno se ponía de burro.

Cuatro jamón te saco y te lo embarro en el sobaco: al igual que el dos se preguntaba si en el cielo o en la tierra, ahora las acciones eran pasar la mano entre las nalgas del burro (jamón te saco) y luego darle una palmada en la axila (te lo embarro en el sobaco).

Cinco, desde aquí te brinco: La clásica pregunta del aire o la tierra determinaba ahora la mecánica del salto, en el caso de ser en el aire el burro se ponía en posición y era sostenida su cabeza, él intentaba escupir lo más lejos posible, el escupitajo era la marca, al saltar se intentaba sobrepasar esa marca. En caso de que fuera en la tierra el escupitajo era sin sostener la cabeza y el burro se ponía de rodillas y la cabeza tocano el piso. En ese caso era más riesgoso porque se convertía en salto de distancia.

Seis al revés: en este caso no se preguntaba, se tomaban las opciones del número anterior, el salto ahora tienen que ser antes de la marca, aquí es donde el riesgo de un impacto doloroso es mayor.

Siete te pongo mi chulo bonete: primero la pregunta de rigor ¿en el aire o en el tierra? ahora cada jugador se quitaba una prenda y la dejaba sobre el lomo del burro, antes de saltar si era en la tierra o durante el salto si era en el aire. Si alguna de las prendas tocaba el piso, el que sal´to se ponía de burro.

Ocho te lo remocho: Ahora el orden de la fila se invertía, la opción de aire o tierra era la misma que la anterior, al saltar cada uno iba quitando la prenda que había puesto, igual si no se podía quitar o alguna otra prenda tocaba el piso, burro.

Haciendo un paréntesis, cuando alguno se ponía del burro, entonces el primero de la fila debía preguntar siguen, pasan o comienzan, para repetir el número, pasar al siguiente o comenzar todo de nuevo, como esta última opción habría la puerta a un ciclo infinito, quedó fuera del menu.

Nueve tres copitas de nieve: en este caso no hay preguntas, todo se basaba en un voto de confianza, al saltar cada jugador hablaba en secreto con el burro para decirle 3 sabores de nieve, si alguno coincidía con un sabor que hubiera dicho uno de los jugadores anteriores sustituía al burro, como no se escribía ni nada se tenía que confiar.

Diez elevado lo es: de nuevo en la pregunta de rigor ahora en la tierra significa que el burro pone las rodillas y la cabeza al suelo, al igual que en el 5, y los participantes saltan alegremente, en el caso del aire, ahora el salto era con el burro completamente de pie, ligeramente inclinado y con las manos en la nuca. Cuando yo estaba de burro en ese número jamás lograron saltarme.

Once caballito de bronce: ese era el número que representaba el mayor castigo, porque el caballo, siendo de bronce, era inmutable, podía aceptar lo que sea sin quejarse, la verdad es que luego de desfortunados incidentes quedó prohibido.

Doce la vieja tose: este únicamente era un inofensivo despliegue de estilos de toser, cada jugador lo único que tenía era toser de forma difernte tres veces, no recuerdo a nadie fallando este número.

Trece el rabo te crece en la boca de ese: el jugador en turno, luego de saltar se volteaba hacia los demás jugadores señalando a alguno, si uno de ellos tenía la boca abiera perdía y tenía que ponerse de burro. Aquí las risas solían traicionar a algunos.

Catorce la vieja cose: otro de esos números llenos de humillación y castigo, el jugador elegía alguna cosa relacionada con la maquina de coser para lastimar al burro, por ejemplo pisarlo diciendo que era pisando el pedal, le picabal lguna parte de la espalda diciendo que era con un dedal, un golpe en la las costillas diciendo que se cerraba el cajón, o daban rienda suelta a los instintos arrimando la pelvis por detrás para medirle el aceite y ni hablar de ensartar la aguja.

Quince el diablo te trinche: en este número además de de la pregunta consuetudinaria se preguntaba si con plancha o con trinche, entonces al saltar (en el aire) o antes de saltar (en la tierra) se le daba un golpe con la palma de la mano (planca) o con los dedos en forma de garra (trinche).

Dieciséis muchachos a correr: era el final y todos corrían hasta una base determinada huyendo del burro que hacía su último esfuerzo por salvarse del castigo final, Que consistía en una especie de fusilamiento con pelotas de esponja.

 

mi otro yo

La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio.

Cicerón

A veces pienso que existe un universo paralelo donde mi otro yo tiene la fortuna de escuchar la verdad a su alrededor.

Crecer en un hogar donde existe un miembro alcohólico me expuso a la evasión desde pequeño, las cosas no se nombraban, donde la verdad avergonzaba y la discusión abierta de los problemas era prácticamente inexistente. Pero esa aversión por la verdad no estaba circunscrita a mi familia, al paso del tiempo de mi cuenta de que las alas de la mentira revoloteaban por todos lados.

En quinto de primaria, un resultado del cuaderno Alfa —el libro de matemáticas que usábamos como complemento del libro gratuito proporcionado por la Secretaría de Educación Pública— del libro para el maestro estaba equivocado, podría parecer una verdad simple que no debería levantar mucha controversia. Pero cuando eso se une a que no solamente una maestra sostenían que mi resultado estaba equivocado, puede resultar una verdad incómoda. Ni siquiera el equipo de dos maestras afirmando que Pero no iban a disuadir de abandonar la misión de que la verdad saliera a flote. Tuve que llegar hasta la máxima instancia: la dirección. Pero valió la pena, las maestras aceptaron el error y los libros fueron corregidos.

Que los padres, maestros y figuras de autoridad mientan “por tu bien” puede ser incluso entendido y aceptado, como si su posición les confiriera esa prerrogativa, que su juicio es suficiente para saber cuándo es necesario mostrar la verdad u ocultarla. No estoy de acuerdo pero son las circunstancias en las que crecí, además desde muy niño dejé de creer ciegamente en lo que decían los adultos.

Los amigos te mienten por otras razones: para hacer alguna broma, evitar reconocer un error. Otras veces por miedo a decir la verdad, como si al decirla expusieran su vena cava y quedaran a merced de los demás. Esta sensación tiene un reflejo parcial de la realidad.

Si bien la decir la verdad pudiera parecer que revelamos nuestras cartas en el juego, y eso sería una desventaja. Por el otro lado todo lo que se construye a partir de entonces tiene una base sólida. Y puedes usar tu memoria para otra cosa que no sea recordar tus mentiras.

Parece que es muy difícil decir “me equivoqué”, pero es el primer paso para poder reparar la falta. Algunas veces el trabajo para sostener que uno no se equivocó es mayor que lo necesario para reparar el daño de la equivocación.

Otra cosa que más que mentir al respecto se suele omitir son los sentimientos al respecto de otra persona, he tenido la fortuna de haberle dicho a mis queridos difuntos los sentimientos que tenía por ellos. Pero creo que se calla por igual el cariño y la animadversión, como que existe un deseo de que todo permanezca homogéneo porque la verdad es lo que da los matices a las cosas.

Quizá lo peor es que te mientan a la cara.

 

 

 

 

 

Del vinil al cd en una noche

La música puede dar nombre a lo innombrable y comunicar lo desconocido.

Leonard Bernstein

El CD es una invención ochentera pero fue hasta casi finalizar la década cuando consideré por primera vez comprar un CD. Entonces el costo era 4 veces mayor, un disco de vinil de larga duración costaba 15000 viejos pesos, mientras que el mismo disco en CD era de 60000. El disco era el Music for the Masses the Depeche Mode.

Luego de años sin comprar, o siquiera considerar su compra el siguiente acercamiento fue en el años 90, justo después de que Paco y Felipe fueran de vacaciones a Los Angeles —Paco fue el único en regresar— y uno de los souvenirs que trajo fue un disco de The Eagles —justo el que pensaron el Hotel California— además de contarnos la popularidad de Los Simpsons que estaba a punto de invadir México también relató lo baratos que resultaban los discos compactos, ese lo encontró en la basura. Pero nadie tenía aparato para tocarlo.

Las cosas cambiarían después de una fiesta conjunta de Santiago —el Pachuco— y Jesús Fabián —el Cuquín— ambos nacidos un 21 de julio, la fiesta se organizó en una casa de madera que se encontraba en un terreno sobre Popocatépetl a unas cuadras del metro Ermita.

Como nostros organizábamos llegamos temprano, en esa ocasión no tuve que llevar mis aparatos de sonido, pero a última hora me pidieron el toca-cassettes, y tuve que regresar a casa por el él en el taxi de Chucho manejado por el Chore de hecho él vivía en el mismo terreno donde estaba la casa de la fiesta. No conseguí que mi novia me acompañara porque casi todas las mujeres que llegaron temprano se encerraron en un cuarto al fondo de la casa. Supongo para terminar de maquillarse.

Los ánimos se alegraron gracias a los tragos de ron Cabeza Negra con coca-cola, y la música proporcionada por los discos que juntamos entre todos. La fiesta podía dividirse en dos grupos: los invitados del Pachuo y los de Cuquín, que interactuábamos cordialmente.

Un poco entrada la noche, la novia de Paco —Carmen— alió para llegar tiempo después acompañada de personas desconocidas en un auto. Chucho y Paco estaban afuera cuando llegó, Paco estaba molesta y se llevó a Carmen a la fiesta jalándola del brazo, y Chucho le armó bronca, sin dejar que se bajaran del auto. Ellos se fueron, pero amenzaron con regresar con su banda, según de la Portales.

Ellos no comentaron esto hasta después de acabada la fiesta, así que cuando llegó un grupo a comenzar una lucha campal a la fiesta nos tomó por sorpresa. Llegaron golpeando y destruyendo todo, lanzando piedras y botellas. Casi todos los invitados se fueron a encerrar al cuarto donde estaban las mujeres al principio de la fiesta, yo me quedé afuera sirviendo como escudo humano —las ventajas de mi entonces inmortalidad— solamente uno de los amigos de Santiago sufrió daño al asomarse a ver cómo seguían las cosas y recibir un botellazo de una caguama. No tardaron en aparecer los disparos.

El cuarto tenía una ventana por la que todos salieron, incluso Abby pudo sortear el obstáculo a pesar de su falda entallada. Yo no hubiera cabido por ese espacio. Los demás aprovecharon para armarse y sorprender a los atacantes por la espalda, el Chore tenía un maneral de acero que de un golpe le arrancó un pedazo de oreja a un desafortunado. Además su cuñado no tuvo empacho en sacar su arma —las costumbres judiciales de México—, el desorden se expandió y las sirenas comenzaron a sonar.

Justo en ese momento llegaron por las invitadas que alegaron ignorancia respecto al sonido de la sirena. Apenas se fueron llegaron 2 ambulancias y varias patrullas, nosotros tuvimos que salir huyendo para evitar ser arrestados. Al día siguiente en el periódico salió una breve nota y al parece había alguna orden de aprehensión.

Al ir la día siguiente al recuento de los daños todas las cosas sobrantes habían desaparecido, desde las botellas del finísimo ron hasta los aparatos, entre esas cosas todos nuestros discos.

Desde entonces comencé a comprar discos compactos.

 

mentores

No puedo pensar en ninguna necesidad en la infancia tan fuerte como la necesidad de la protección de un padre.

Freud

Todas mis figuras paternas han muerto.

El amor de mi padre era evidente, siempre quiso tener un hijo y mi nacimiento me convirtió en premio. No le importaba el esfuerzo hecho por sus por sus hijos, siempre estaba dispuesto a ayudar y daba sin reservas cuando se trataba de la salud o la escuela. Era severo, siempre buscaba mi bienestar a su manera. La disciplina era dura y nunca aceptaba réplicas o explicaciones —siempre que uno asume que nunca se equivoca, se equivoca— ne dolían mucho los castigos injustos, pero mucho más que eso me lastimaba su alcoholismo. Cuando llegaba haciendo escándalo y pidiendo hablar con sus hijos, era cariñoso y contaba anécdotas, cuando venía solo me tocaba hablar con él mientras mi madre preparaba café y luego ayudar a que subiera, cuando venía acompañado me tocaba ser el anfitrión mientras mi madre preparaba comida en la cocina. Lo más difícil era que todo lo ocurrido escapaba de su memoria. Durante un tiempo que juró, su carácter era áspero pero las conversaciones auténticas. Al final su hígado sucumbió y fue un largo descenso hasta el fin.

Creo que me percibía débil por eso se esforzó en hacerme rudo: por ejemplo cuando comencé a jugar fútbol en el Ultra (que era algo así como las fuerzas infatiles del equipo de mi papá y mis tíos: el Santos) en los campos que estaban atrás del cine Fausto Vega —cariñosamente les decían la lija— él me entrenaba pateando balonazos con mucha fuerza en mi dirección, yo tenía que detenerlos con el pie, pecho o cabeza, no siempre lo conseguía y en más de una ocasión recibí un golpe en los testículos que me hacía doblarme aunque nunca me tiraba al piso porque “tirarse únicamete se permite para barrerse al defender”. Incluso de sus últimos deseos antes de morir fue que no lo viera morir.

Su padre, mi abuelo, Tobol, como le decía, siempre estuvo para mí, podía ir a su taller, algunas veces únicamente para platicar con él mientras seguía haciendo zapatos, lo veía quitar el cemento de sus dedos e ir acumulándolo en una especie de pelota que luego me daba para jugar, o golpeando la piel con un cuadrito de madera, parece que de caoba. Durante las visitas cotidianas, mientras estábamos en la sala, solía llamarme desde la cocina para darme algún manjar que únicamente había preparado para mí —a cada nieto le preparaba cosas diferentes— o cuando había algún rosario él se quedaba conmigo afuera, porque ninguno de los dos los rezaba. Él me hizo numerosos pares de zapatos, entre ellos los más cómodos, queridos y chingones —es el adjetivo adecuado— unos auténticos zapatos de ante azul, que terminé arruinando usándolos para jugar fútbol en la calle. Le debo mucho la confianza que depositó en mi capacidad para los juegos de mesa, desde muy temprana edad; él le aseguró a su cuñado Vicente, que yo sabía jugar cartas, no defraudé a mi abuelo y derroté en la brisca a mi tío Vis. durante una Noche Buena, mi abuelo estaba muy enfermo, no bajó a cenar pero me llamó a su cuarto donde me entregó el último para de zapatos y me dijo que no tenía más pendientes. Murió antes del año nuevo.

Mi abuelo Luis era un sibarita, le gustaba la buena vida y ser bien atendido, en sus constantes viajes a Acapulco comía religiosamente en el restaurante “La Flor de Acapulco” en cada viaje una mesera se desvivía por atenderlo, le ofrecía el mejor platillo y buscaba que le sirvieran lo mejor en el caldo de pescado. Un día de esas visitas a la playa íbamos al centro de convenciones, él iba adelante con una vestimenta blanca impecable, nos dimos cuenta que era un evento privado cuando no nos dejaron pasar. A él no le negaban lel paso gracias a su porte y actitud. Alguna vez me llevó a comer a un restaurante en Salamanca, comimos opíparamente —pasta abundante y un filete de generosas proporciones— yo no alcancé a terminar el plato. Él siempre mostró la forma de ser bien atendido.

El hijo de mi tío Luis que compartía su nombre era el tercero de 6 hermanos, siempre fue carismático, ingenioso y le gustaba disfrutar el momento. Solía darme muchos consejos para triunfar con las chicas no tan chicas: desde cómo sacarlas a bailar o la forma de abordarlas, también tenía muchos planes para hacernos ricos, muchos de los cuales me incluían en una pelea por el campeonato mundial, se de box, lucha libre o alguna otra de forma de combate. En general buscaba compartirme su visión optimista de la vida, sus técnicas de combate y sus tácticas de conquista, como el paquete básico de supervivencia.

Fuera de la familia, Arturo, un amigo que vivía cerca de la preparatoria donde estudiaba. Tenía numerosos negocios, sus prácticas eran lucrativas pero no tan legales. Hasta su prima de 12 años le ayudaba en el negocio. Siempre que lo veía me regalaba al menos una caja de cigarros, de los que no se conseguían aquí, sean los Parliament con doble filtro —la última cajetilla en poner alguna advertencia con respecto a la salud—, Philip Morris dorados, rojos o verdes, los verdes tenían la advertencia de que contenían monóxido de carbono y cuando los fumábamos dentro del auto terminábamos con los ojos llorosos.  Siempre se preocupó porque regresara a salvo a su casa y mandaba a su novia a llevarme. Al final ambos murieron, fue su prima quien me avisó, ella murió durante un legrado y él cuando yo estudiaba mi último semestre de la carrera.

Al final lo único que me quedó de ellos fueron sus enseñanzas, vivencias, consejos y recuerdos. A veces quisiera volver a hablar con alguno de ellos pero ya no están.

 

saber perder

Fue un juego y yo perdí, esa es mi suerte, y pago, porque soy, buen jugador.

Amor Perdido – Pedro Flores

Después de un buen tiempo sin manejar, bastaron unos días para que ese enfrentamiento cotidiano con el tráfico arrojara algunas reflexiones. Apenas un pequeño incidente basta para que el flujo vehicular sea afectado severamente.

Cuando la fila de carros que viene en el carril derecho es detenida, sea porque alguien va a dar vuelta o porque tuvo que detenerse algunos instantes, los que se encuentran detrás se niegan a perder tiempo, a esperar a que el coche de enfrente reanude su marcha o de la vuelta, son incapaces de tomar la pérdida de tiempo y se la quieren transferir al del carril siguiente, y esto se multiplica por el número de carriles que tenga la calle/avenida/eje vial. Cuando ocurre que una serie de autos están en una fila nunca falta el que se niega a formarse y busca adelantar rebasando y luego intentando colarse entre los coches, pasando la pérdida al que tenga la decencia de darle el paso para no contribuir al desorden.

En los estacionamientos públicos hay muchas escenas parecidas, los que se estacionan en los espacios exclusivos para discapacitados, porque son los más cercanos y de más fácil accesso —por supuesto— porque consideran que ellos no van a perder su tiempo buscando alguno desocupado y caminando, además suelen ser los mismos que van en coche a los cajeros para pagar el boleto y los que no se toman más de un lugar de estacionamiento. Tampoco es muy diferente el deslizar algunos billetes a la hora de la verificación para que los instrumentos de medición sean recalibrados.

Todo esto supera el ámbito automovilístico, durante el periodo escolar es muy común negarse a estudiar y depender de copiar a un compañero, conseguir el favor del profesor —sea por medio del cohecho, de hacer la barba o usando la galanura—, aprovecharse del trabajo en equipo. Incluso ayuda externa, lo que sea con tal de evitar el trago amargo del trabajo arduo.

¿Cuántas personas no se hacen los desentendidos con tal de que otros ean los que ejecuten sus tareas? Desde las más simples como recoger el excremento de sus mascotas hasta los algo más complicado como llegar a tiempo a una cita o avisar cuando se llegará tarde —independientemente de lo complicada que sea esta ciudad— o el jefe que insiste en que los empleados se queden tarde “en señal de apoyo”.

Ni hablar de las relaciones interpersonales cuando alguno de los dos busca sacar provecho, o se niega a contribuir a la par, o no es sincero respecto a sus verdaderas intenciones. Es muy común dejar que la otra persona cargue con responsabilidades que nos corresponden.

En cada uno de estos actos muchas personas se niegan a tomar la pérdida, prefieren transferirla al prójimo  —o al próximo pendejo que se deje— pero así como la materia o la energía eso no se destruye, nada más se transfiere. Lo que las personas que se niegan a asumir parecen no considerar es que la consecuencias de sus actos no solamente están circunscritas a esos actos en particular, sino al panorama global, este panorama global que las personas que suelen tomar la pérdida —a veces por civilidad, consideración, amor— ven que esos esfuezos lo únio que consiguen es la proliferación de comportamiento gandalla es posible que resulten decepcionados y sus ganas de hacer los correcto disminuyan, cada vez se van extinguiendo aplastados por los actos de los demás.

 

 

 

 

 

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