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Energía conservada

Porque aquí todo miro hacia abajo, porque a nadie le importa un carajo, porque a nadie le importa un carajo si lloro, si muero, si grito…

Viaducto Piedad – José Elorza

Luego de un par de conversaciones con amigos cercanos que comparten cierto comportamiento respecto a los demás, el compromiso familiar y con amigos. Sentimos una responsabilidad por su bienestar,haciendo muchas cosas al respecto, muchas veces resolviendo problemas ajenos, ayudando en cualquier pedido de ayuda o preocupándonos por los problemas de otros, muchas veces más que las personas con el problema, quizá quitándoles la responsabilidad de sus manos, creo que siempre existe la posibilidad de hacer alguna diferencia en la vida de alguien más con una ayuda en el momento adecuado. Pero una de las cosas que salió a colación es la cantidad de energía que ha sido gastado en otras personas es mucho más de la que he invertido en mí.

Ahora cuando se añade el componente respecto al ser amado las cosas suelen exagerarse, lo que hacemos por el otro puede resultar excesivo e incluso absurdo o, a los ojos de los demás un abuso o  que nos ven la cara, que merecemos un trato mejor, pero no lo sentimos así. Entonces nos ponemos a hacer muchas cosas yo he estado en situaciones diversas.

Me he encontrado haciendo algún trabajo sobre el barroco o Frida Kahlo, resuelto exámenes de estadística o lógica, elaborando reportes de comparación musical ! y evidentemente resolviendo los problemas de un libro, casi nunca tengo la persona interesada de lado, por lo general está en otro lugar con la confianza de recibir la ayuda apropiada, algunas veces en el cine, o en una fiesta con alguien más,  siendo tratado como un auténtico pagafantas —mucho peor tal vez porque ya hay una relación—, donde es evidente que el interés no estaba de su parte. Algunas veces ni las gracias recibía, incluso un reclamo por la fuente utilizada en la impresión o por haber llamado a la hora inadecuada —peor si yo era su excusa—.

Otra señal es que las enfermedades no pesan en absoluto, no interrumpirán un compromiso, una fiesta o una salida a los tacos sin importar la gravedad de me situación, no digamos de esperar cuidados, Siempre he pensado que aguanto más, por siempre termino haciendo el sacrificio —la aparición de esta palabra es una prueba fehaciente de que algo no está bien— o cediendo.

Siempre defienden sus derechos —hacen bien— es muy importante su espacio, su individualidad, su libertad de expresión y detestan cualquier actitud machista. No es de extrañar que no me incluyan en sus planes de viaje sea a Oaxaca, Acapulco o alguna isla paradisíaca. Incluso aunque su compañera de viaje vaya con pareja, mi presencia no es requerida. Uno espera que el orgullo que sientes por tu pareja sea recíproco.

Claro que este no es un problea que la otra persona tiene, es mío, esta certeza que uno debe pagar derecho de piso para estar con otra persona, que uno se debe brindarse al ser amado, que no hay cariño de gratis que el sufrimiento es el precio por ser amado. Y nos desbordamos, así como lo hacemos por la familia y los amigos, con la diferencia de que la contradictoria volatilidad del amor nos lleva a prometer que es para siempre. un juramento innecesario para los demás.

Pero además siempre cargo con las culpas, las acusaciones, porque las cosas buenas se olvidan y lo malo es lo que sobresale, lo que termina por explotar, lo que se critica. Lo bueno solamente emerge de nuevo a la memoria cuando la relación que existía se ha desvanecido. El lamento más común ha sido el que extrañan mis tratos, todos esos pequeños detalles que daban por sentado y que procuro brindar, muchas veces de manera silenciosa, sin tanto bombo y platillo, otras veces con mi acostumbrada exageración pero que se van convirtiendo en un ruido de fondo que la otra persona apenas percibe y rara vez agradece. Porque se acostumbran a la buena vida y que al que le den pan que llore. Parece que no requiere esfuerzo ese conocer a la otra persona, estar atento a sus reacciones, buscar el regalo adecuado, romper la ley para conseguir algo, desvelarse, adelantarse a los deseos, sacrificar la salud.

El problema soy yo, esa manía de estar abandonándome de nuevo. Nadie va a morir por mí, lo que debo hacer es tener esa dedicación devota para mí. Tengo el poder de la trasnformación, he tocado la vida de algunas personas, quisiera pensar que para mejorarla. No tengo problema con la responsabilidad asociada a este poder, el problema es usarlo en mi contra, o no sentirme digno de aplicar una transformación positiva en mi favor. Eso es lo que tiene que cambiar.

Ya

 

 

el valor del valor

hay que tener más valor que el primero que se comió un zapote prieto

Refrán mexicano

Esta semana asistí a una TED talk en el trabajo en la que se habló del valor de perseguir los sueños, poniendo como ejemplo a Steve Jobs, no es precisamente mi modelo a seguir —muy lejos de ser— sin embargo la discusión posterior fue alrededor de la el coraje necesario para dejar cosas atrás y perseguir los sueños. Para cada persona lo que valora y lo que sueña es diferente, sin embargo casi todas las personas mencionaron el aspecto económico como indispensable en su plan de vida la idea de una felicidad en la pobreza es contradictoria en la cabeza de muchas personas.

São Paulo no tiene actividad sísmica, tampoco tsunamis o huracanes, poca gente ha visto de cerca la desgracia de perder una casa con todo el patrimonio dentro y apenas salvar la vida, ese es un evento traumático pero liberador, te deja sin ningún tipo de ataduras.

Pero es diferente cuando se trata de perseguir un sueño, porque la cabeza está llena de sueños de los demás, una casa, un carro, un matrimonio, hijos, una foto junto a la Torre Eiffel, algunos se pueden hasta transformarse en reality shows —más de una sueña en transformarse en la próxima top model— yo siempre he pensado que somos muy diferentes y quizá el cultivar esas diferencias sea ser más auténticos.

Recordé el sinnúmero de veces que he cambiado de rumbo, mi breve paso por el mundo del teatro, la música, las artes plásticas —de lo que el mundo se salvó— pero también mi cambio de decisión de carrera que pasó por física, filosofía, letras, pase dos años en Ciencias Políticas, regresé para ciencias y mi paso por Actuaría o la maestría en matemáticas. El tiempo dedicado a repartir comida, manejar un taxi o hacer ropa. Dar clases, estar todo el día en el taller de matemáticas, trabajar por proyecto y tomar vacaciones al terminar. O mi mudanza de país.

Desde niño me he aventurado en muchas cosas porque soy curioso, la verdad no me he necesitado de ningún valor especial o arrojo de mi parte, me ha producido placer y he sido obsesivo con mis intereses. Mis travesías quizá carezcan de mérito pero sí me han permitido tener una perspectiva de cómo las otras personas ven la vida, lo que te dicen.

Algunas veces alcanzo a ver lo que sueñan, ya sea en pisar algún escenario,  tener una vida pastoral, trabajar en locución o doblaje, vivir en Miami, volar, que sus hijos se casen bien, tener una cintura de avispa, tener un coche importado. Algunas veces basta un par de pases mágicos para que esas personas se encuentren en el paraíso.

Hay muchos motivos para dejar de perseguir los sueños, muchas veces estamos convencidos de que es mejor hacer otra cosa, o que nos vamos a morir de hambre persiguiéndolos, que no nos va a alcanzar para ir a Disney o a esquiar, que la gente nos va a mirar como locos, que primero está la familia, que es un desperdicio de tiempo, que es mejor hacer las cosas pensando en el futuro. Pero todas esas voces no son nuestras.

Claro que cuando ni siquiera se conocen los sueños la cosa está más difícil, ya de por sí son tímidos los deseos, ahora si ni siquiera están claros es más fácil que queden abandonados, abandonarlos es como abandonarse uno mismo, uno que de por sí ha vivido en ese sentimiento. Quizá por eso la manía de quemar las naves, es otra forma de estarse abandonando.

Es más fácil cambiar de país que de ideas.