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cambio de ánimo

Algunas veces la nostalgia me embarga pero quién me quita a mí aquellos años y cómo los viví.

El Rey del Ring – La Unión

Todas las despedidas son tristes, al fin y al cabo son una especie de muerte, un acto que nos deja algo roto por dentro y los días subsecuentes se llenan de pesadumbre. Me pasa, la tristeza me envuelve y me cuesta trabajo regresar al ánimo acostumbrado, me cuesta trabajo concentrarme, por eso mi lectura mengua, apenas puedo avanzar algunas palabras, no tengo ánimo para ver las películas que me gustan —de manera contradictoria— y generalmente me enfrasco en actividades repetitivas para anestesiar el dolor.

¿Cómo encontrar el camino de regreso?

Creo que un paso a la vez, ir a una presentación del libro, hablar con los amigos, ir al cine, jugar un poco, escuchar música, ir al taller de escritura me ha ayudado a darme cuenta de las cosas que pasan por mi interior, en las letras se desbordan los sentimientos que me habitan, quizá sea la hora de transformar todo eso en un libro. Tal vez sea una forma de regresar.

Nunca somos los mismos que fuimos.

 

 

Infancia revisitada

Sólo los niños saben los que buscan

El Principito – Saint Exupery

No recordaba la extraordinaria experiencia que es convivir con un niño, la última vez que vi a mi ahijado Santiago fue hace casi un año y medio, justo el día de su bautizo. Ahora comienza a expresarse, pidiéndolo que que quiere e identificando a las personas que lo rodean.

Los niños no mienten, siempre sabes si algo les divierte, molesta, gusta o es indiferente, el cariño que profesan es genuino, despojado de intereses, directo y sin dobleces. Es tan satisfactorio reir junto a un niño, observar sus gestos e intentar saciar su mirada curiosa. Algunas personas piensan que requiere demasiada atención pero me parece que nosotros podríamos tener la misma energía, vivacidad y hambre de entrar al mundo pero hemos perdido el impulso. Yo creo que podríamos dar la misma atención pero hay muchas partes de nosotros que se fugan en convenciones sociales, neurosis o detalles supérfluos.

Yo no espero nada de mi ahijado, y no lo digo en el sentido negativo, me gustaría que él pudiera ir eligiendo con libertad las cosas que le gusta hacer, me gustaría librarlo de escuchar juicios relativos a la preferencia de una u otra actividad. Es tan difícil alejar la tentación de inculcarle gustos particulares, como podrían ser la música o el fútbol -como nota mi ahijado ya corea un poco el goya universitario- claro que uno transmite los actos cotidianos, los detalles del día a día.

Me dio mucho gusto que no me fuera huraño, en realidad no lo es con nadie. Me da mucho gusto que me pida que lo ayude a alcanzar los tendederos para colgarse, o que me diga salud con su vaso entrenador, o que me identifique con voz estridentes, que no llore cuando grito.

Creo que quería compartir un poco de la alegría que me tocó en mi visita.

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