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impresión en 3d

¿no ha visto usted el zurrón que dejan la víboras cuando cambian de pellejo?, si tal parece la misma víbora, hasta ojito tiene, pero está hueco y no sirve pa’ nada.

Silvano Treviño

Con una impresora de 3d se pueden obtener objetos con contorno, son increíbles las aplicaciones biotecnológicas, educacionales, artísticas e incluso culinarias. Eso me recordó los debates surgidos en torno al arte cuando surgió la fotografía o las computadoras. Bueno incluso antes ya se hablaba de que si 6 monos escribían a máquina durante mucho tiempo eventualmente escribirían el Quijote —o para el caso todas las obras de Shakespeare— con el arribo de las computadoras sería posible generar todos los sonetos alejandrinos posibles —por tomar una forma— entonces ¿quién sería el autor? La computadora, el primero que lo lee, el primero que se identifica con él, ¿acaso tiene una existencia independiente del ser humano como el número pi?

En el caso más reciente, si se pusieran a imprimir todas las formas al azar —de una cardinalidad superior a los sonetos— y de repente sale un David o la Venus de Mole, digo de Milo, o una obra idéntica pero con una rebaba que la hace original, ¿sería otra obra de arte?

Pero lo que ronda mi mente es lo que se esconde detrás de las apariencias, ¿será posible que al ver una escultura parecida a un David, en realidad es una imitación de plástico. Esto me recuerda mucho a las personas que van por la vida poniendo fachadas, plásticos que no rompan el paisaje citadino, que sean armoniosos con el entorno —onda San Miguel de Allende pero a lo gacho— si al menos fuera un mundo que disfrutan, con el que están de acuerdo, del que están orgullosos, pero generalmente reniegan de él en otros ámbitos.

Si uno vive en un mundo con el que no combina ¿por qué buscar cambiar nuestras fachadas para encajar en él? No sería más satisfactorio migrar para encontrar un nicho adecuado, o incluso salir lanzando hachazos y destruir todo para que se repartan de nuevo las fichas.

Sí, soy un soñador.

 

el “¿qué dirán?”

Pronto se arrepiente el que juzga apresuradamente

Publio Siro

Siempre he tenido dificultad de entender a las personas, sus pensamientos y entender sus acciones. Algunas específicamente, porque me las arreglaba muy bien para saber cuando un chofer de microbús se iba a atravesar, cuando había ladrones chineros en la calle de Corregidora y en especial en el trabajo, los pasos que ejecutaron. Pero muchas cosas más sencillas escapan a mi entendimiento.

De niño mis padres me insistían que tenía que saludar a todo mundo cuando llegaba a algún lugar. jamás pudieron explicarme porque, pero tampoco nunca los obedecí del todo, mucho tiempo supe que el saludo de manos era un símbolo de no tener ánimos de pelea, la espada se quedaba guardada. Pero algo que nunca entendí fue el qué dirán.

Cuando me reclamaban que no había saludado a mi tía pensaba que pues si quiere que la salude que no me pellizque mis cachetes, o que dejaran de llamarme picorito. Recuerdo a mi primo Jaime preguntándome si no me importaba que supieran que no obedezco siempre a mi mamá, o hasta el deporte que me gustaba no compaginaba con la familia. Y no entendía la razón de saludar a alguien no conocía o tener que pensar en los comentarios de la familia que se supone que sea un nicho nutricio. Así que nunca quise preocuparme por lo que pensaba mi familia.

Pero por eso tengo presentes muchísimos comentarios de lo que escuché de lo que a otras personas les preocupaba, no solamente dentro mi familia sino de todas las personas cercanas.

Una queja constante es el vestuario y maquillaje de las mujeres, he escuchado muchas veces que se sienten/ven/están gordas claro que la traducción hacia el interlocutor, es decir yo merengues, de estos calificativos no les importa mucho, las veces que les he pedido explicación al respecto lo que responden es que se refieren a ellas. Pero la energía que se gasta para lucir bien ante unos demás que, al parecer, critican de igual manera. Tuve muchas discusiones con mi padre al respecto de que el look no importaba, bueno al menos a mí no, él alegaba que las demás personas como te ven te tratan. Es algo con lo que no concuerdo y que he actuado para no sea de esa manera. Pero he visto como se arreglan esmeradamente para lucir bien, se empeñan en las pestañas, usan base correctora —como si hubiera algo que corregir— labial, el peinado es fundamental —con tinte para las canas— además es el que mayor impacto tiene en la hora de cambiar de look. Los zapatos que dicen que demuestran la clase, y la variedad en la ropa les resulta un problema. Ahora acá en Brasil he visto muchos hombres dándose su manita de gato frente al espejo. Durante la preparatoria tenía camisas iguales —la ventaja de estar dentro del mundo de la costura— entonces muchas personas pensaban que usaba la misma ropa, que no me cambiaba y que jamás me bañaba, de ahí también dedujeron que me las tronaba todos los días, que era muy tonto y que mi cerebro resultaba muy lento.

Quizá lo que les preocupe del juicio de los demás sea el mismo que hacen.

Escuché quejarse de que su hermana tenía que usar zapatos blancos durante su residencia médica, y que los vecinos seguro iban a enterarse de que estudió medicina. O que no querían que los demás pensaran que eran unos arrimados, que no querían que su sobrino supiera que era un jodido (!! ) les preocupaba que supieran que tenían dinero pero también que no pensaran que no tenían, no fue raro. Algunas no querían que su ex pensara que ellas lo habían olvidado muy rápido. Me daba mucha risa ver a mi amigo decir que su coche estaba en el taller para no admitir que era peatón. No vaya a pensar que me cae mal esa persona que tanto odio. No quiero que piensen que me  gusta o que no me gusta. Van a pensar que soy muy apretada o muy fácil. No quiero que se imaginen que

Es como lo que se tardó un amigo en salir del clóset y del miedo que tenía a las reacciones de sus amigos, el otro que se casó sin previo aviso y no quiso decir sus razones, o los que olvidan el barrio donde nacieron y desprecian sus orígenes.

Siempre que una frase comienza con “no quiero que vayas a pensar”, espero algo que lo siguiente es algo que le preocupa a mi interlocutor pero a mí no. Bienvenidas todas las opiniones, actos. Yo aprendo mucho de los demás de esa manera, eso que los avergüenza también los define.

 

 

 

 

 

 

Maquillaje

Pocos ven lo que somos, pero todos ven lo que aparentamos.

Nicolás Maquiavelo.

En la reciente entrega de premios de la academia (Hollywood no TV Azteca) me alegró mucho -y sorprendió-  que el premio a la mejor actriz haya sido para Meryl Streep, que para estas alturas ya debería tener como mínimo otro, su película solamente ganó otro premio: maquillaje. Y como también vi el previo en la alfombra roja siempre lleno de comentarios sobre el vestuario y la apariencia consideré pertinente dedicar esta entrada al maquillaje.

Los cosméticos han existido hace mucho tiempo, los egipcios  se pintaban los labios usando una mezcla de tierra y óxido de hierro,  los griegos que usaban el yeso y la harina de haba para blanquear la piel, en mesopotamia usaban tintura hecha de lapis lazuli para los ojos y teñían sus cejas de negro,  los árabes con los aceites y perfumes. Durante la edad mediase usaba la belladona para embellecer los ojos, es un alcaloide que ocasiona que  las pupilas se dilaten. Lo tóxico de los productos no importaba, lo importante es el resultado final, basta recordar caso de del maquillaje del hombre de hojalata del Mago de Oz, que mandó al hospital a Buddy Ebsen porque contenía polvo de aluminio.

Tengo opiniones encontradas respecto al maquillaje, creo que en realidad son distintas de acuerdo a la persona y al uso, los efectos que tuvo en mí fueron diversos y en algunas ocasiones viví de cerca el proceso de transformación desde el inicio. Otras solamente contemplaba el resultado.

Aquella que vivió en mis récords de los videojuegos tenía tres tipos distintos de maquillaje: para la escuela, para las fiestas y para las reuniones con sus amigas, y éste último era en el que más se esmeraba; pude verla escogiendo cuidadosamente el color de esmalte  que combinara con sus pulseras plásticas, aplicando su black mascara y con los párpados de tonos brillantes y llamativos, el fucsia era frecuente.

Una vez tuve que reponer un lápiz labial, pensé que sería una labor fácil, el nombre del color era pintoresco -¿es esto un pleonasmo?- pero me lancé a buscarlo por cielo, mar  y tierra -¿será que por eso no lo encontraba?- bueno de tienda en tienda, cuando agoté las opciones locales comencé a sospechar que era importado y en aquellos tiempos sin internet no había una fuente de información tan a la mano. Logré encontrarlo, gracias a una pero no le voy a dar publicidad a la marca nombrándola aquí.

A la de tez más pálida la llevaba a su escuela, durante todo el trayecto se esmeraba maquillándose, usando el espejo de vanidad para llegar primorosamente arreglada a su clase, poniendo especial atención en sus cejasd y pestañas porque tenía su rostro pálido, casi traslúcido, entonces usaba un delineador negro, una base de un tono más claro, un toque de color rosa pálido en los pómulos y una cubierta malva en los labios.

La que usaba mis colores favoritos aplicaba sombra en un área mayor que la recomendada en sus párpados, algunas veces brillos en el cabello, y labial con un ligero sabor plástico, no usaba base porque sus escotes eran pronunciados y no usaba maquillaje en esa zona.

A mí me gustan las ojeras -iba a decir que  las ojetes no me gustan, pero hay opiniones encontradas- y siempre se empeñan en cubrirlas, pero también me gusta el color con colores no naturales , los párpados con cálidos y los labios asesinos.

No voy a dar detalles del origen de mi conocimiento sobre el maquillaje, pero hay distintas tendencias, una consiera que existe un ideal y busca utilizar los efectos para que la cara se parezca más a ese ideal, haciendo el rostro más ovalado,  alargando o acortando los labios, cambiando el contorno de las cejas o lo afilado de los ojos, usando corrector ¿están asumiendo que hay algo que corregir? Prefiero mil veces verlo como una oportunidad que permite la exploración de la expresión individual, porque es el equivalente a una prenda pero extendido sobre la piel, que muda diariamente.