Archivo del sitio

Mi cielo

Creo que sí mirásemos siempre al cielo acabaríamos por tener alas.

Gustave Flaubert

Cuando era niño me gustaba mirar el cielo, encontraba muy interesante cómo las nubes bailaban formando figuras caprichosas a las que me empeñaba entender, ya desde entonces andaba interpretando los signos que el universo me mostraba, como si sospechara que algo importante estuviera escondido.

Solía sentarme en el coche de mi papá, un Ford 200 que durante mucho tiempo fue de color verde botella, me sentaba en el cofre y me recargaba en el parabrisas. Y ahí me quedaba mirando el cielo, olvidándome del mundo, de las preocupaciones que me ocuparon demasiado tiempo en la vida. Al mirar su vastedad me llegaba una sensación de que algo más grande existía.

Un día sentí un miedo extraño, me imaginaba que todo cambiaría de dirección y el cielo se convertiría en un vacío enorme en el que todos caeríamos, solamente nos quedaba aferrarlos a algo que nos salvara de caer, claro que eso no ayudaba demasiado porque nos condenaba a vivir aferrados y con miedo. Algo sorprendentemente parecido a la codependencia y ansiedad. Cada vez soportaba menos tiempo quedarme viendo a las alturas.

Y dejé de mirar el cielo, las preocupaciones me rodearon y comencé a vivir al pendiente de muchas otras cosas, como si la vida girara en torno a la tierra, ensimismado y prisionero de alguna forma, atado a la idea de aferrarse a algo para evitar caer. ¿Y si soltarse y caer en realidad fuera volar?

Ahora que vivo en una ciudad con edificios más altos que me han invitado a mirar al cielo de nuevo creo que la claridad regresa poco a poco, y me descubro mirando al cielo con mayor frecuencia y tranquilidad. Espero que eso sea el indicio de un cambio.

wpid-20140222_133730.jpg