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aceptación

Que procedas del cielo o del infierno, qué importa, /¡Oh, Belleza! ¡monstruo enorme, horroroso, ingenuo! / Si tu mirada, tu sonrisa, tu pie me abren la puerta / De un infinito que amo y jamás he conocido.

Charles Baudelaire

Desde niño percibí el asombro de los demás ante algunas características mías, mis 4.800 kilogramos de peso al nacer fue lo primero que sobresalió, mis pies sobresaliendo de las cunas de la maternidad ya pronosticaban que estaba fuera de proporciones normales. Cuando intentaba comunicarme con mi abuela ella me miraba con cara de extrañeza y me decía que era un marcianito, y jamás me contestaba otra cosa. mi tío Vicente fue sorprendido cuando le gané jugando brisca cuando tenía tres años, o también a esa edad cuando me colaba en la cocina cuando iba a hacer albóndigas para comer la carme molida cruda y beber el jitomate licuado y condimentado. Mi primo Martín dejó de jugar a las luchas cuando se vio volar por los aires, apenas por un tirón más en una llave. Seguramente sorprendió a los que hacían inventario de Sears en plaza universidad la falta de juguetes gracias a mi asalto organizado a los seis años, también en esa época me la pasaba persiguiendo a mis tíos Ricardo y Jaime preguntándoles capitales.

He sido un devorador de muchas cosas más que la comida, también devoraba libros, películas, programas de radio, datos triviales, música. Indiscriminado como si quisiera cargarme de todas las cosas posibles, muchos me acusaban de darle poca importancia a las cosas que consumía a no elegir adecuadamente las batallas que tenía que librar, pero esa indiscriminación era parte de la monstruosidad.

Fui poseedor de una energía descomunal que podía utilizar de muy distintas maneras, algunos me vieron destrozar la naturaleza con mis manos, cachar muebles que caían de la azotea sin lastimarme, recorrer en sentido contrario el eje central, destrozar un carro con un hacha, destrozar herramientas, tirar pedestales, romper marcas, romper madres. Pero en algún momento me avergoncé de mi fuerza, quise ocultar lo que era, a raspar los bordes con la idea de que eso iba a lograr que encajara mejor en el mundo, pero ya sabemos que no es cierto,solamente fue negar mi naturaleza. Intentar agazaparme para que no me vieran feo.

Nunca he aceptado de buena manera los halagos pero me han dicho de muchas formas, desde el mago de OZZ, o siguiendo con la magia también me han dicho Gandalf, el último en el trabajo, donde también la última esperanza, o el amo de las puertas traseras -nada que ver con sodomía- el Dr. House de los sistemas, oh Captain my Captain, PF, el guru, grosso, fenómeno, o cara dirían por estas latitudes. También he detentaedo el poder de derrocar tiranos, nivelar equipos, esperanzaer causas perdidas o imbuir de magia a cualquier objeto.

Algunos me han visto más de cerca, y saben por ejemplo que bajo esa masa descomunal coraza hay un corazón, algunos han visto muy de cerca mi distorsionada perecepción de la realidad evidenciada en una feria de las culturas en Reforma, otros han visto mi imaginación desbordada, también otros saben que si el mundo fuera un árbol de navidad yo no sería ni la estrella ni las luces sino la escarcha que pasa por todos lados. Incluso alguna persona le he mostrado el botón de apagado.

No debo ocultar más mi fuerza, mis ideas ni mis dones, tampoco mis defectos, mis bordes filosos, mi descomunal incertidumbre o las lágrimas que salen por mis ojos apenas existentes. Yo sé lo que llevo dentro es precioso, que justo el exterior se ocupa de mantener alejadas a las personas para que no sea tomado de gratis, que entiendan lo que es y por qué está encerrado.

Soy de los monstruos más bellos que han existido.

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reinas de belleza

La irregularidad, es decir, lo inesperado, la sorpresa o el estupor son elementos esenciales y característicos de la belleza.

Charles Baudelaire

La primera vez que tuve noticias del concurso de miss universo fue cuando se organizó en el Centro de Convenciones de Acapulco, y vi el concurso acompañado de mi madre, luego de entender de lo que se trataba mi pronóstico fue que ganaba la sudafricana, pronóstico que resultó cierto. Al año siguiente ocurrió lo mismo, ahora la sede fue en Australia y la ganadora, tal cual como lo anuncié fue Maritza Sayalero, que no solamente fue famosa por su matrimonio con Raúl Ramírez —el mejor tenista mexicano a la fecha— sino porque se hizo una cirugía en la nariz antes de participar en el certamen.  Por cierto ambos tenían anuncios de productos de cabello con W, Wella y Wildroot —no se saquen de onda—

Al final tuve una racha invicta adivinando la triunfadora, fue hasta la participante de Nueva Zelanda, en realidad esta es una referencia para explicar que, si bien tengo los elementos para entender los patrones mediáticos de belleza, no los comparto, Pero tener esta habilidad me permitió zanjar algunos inconvenientes con mi círculo de amistades tan propenso al escarnio. He recibido preguntas como: ¿a poco te gusta si es bien rara? ¿de dónde la sacaste? o cosas del estilo.

Creo que lo que más me gusta es lo que hace a una persona diferente, incluso las partes físicas que parecen ser una defecto, muchas veces son las características que más me gustan.Por ejemplo una espalda un poco más ancha de lo normal que se convierte en un campo fértil para las caricias cuando esta desnuda. Los senos pueden ser generosos o prácticamente inexistentes, pero lo mejor es que sean responsivos. Unas piernas cortas, apenas desarrolladas —con una forma infantil— se pueden tornar posteriormente en el principal motivo de excitación.

Una de las maneras de definir belleza es como las características que, al ser percibidas sensorialmente, producen bienestar (satisfacción o placer). Bajo este sentido la belleza depende principalmente de las habilidades sensoriales y los factores que produzcan placer, es algo completamente subjetivo; sin embargo, se existe una idea general de que se pueden determinar mediante consenso. Lo cual me parece una estupidez ¿para qué buscar ser iguales? Como quienes se operan la nariz, aumenta su busto o reducen su persona y que lo hacen buscando un absurdo ideal de belleza.

Tengo gustos particulares, supongo que todos tenemos gustos particulares, pero hay infinidad de cosas que pueden provocar tanto gusto como aversión. Como la voz, aún recuerdo a una CCHera con una voz inusitadamente sensual al grado de provocar casi una explosión orgásmica, una voz que era capaz de hacer olvidar su religión, sus amigos y sus. También un cabello hipnotizante puede compensar la supuesta falta de estatura. Claro que se puede destacar en más de una categoría como tener unas piernas infartantes y ser llamada una sexy fumadora avanzada —y esas no son mis palabras— tampoco eran mía aquella frase de ¡qué bien se ve de minifalda! Tampoco puedo olvidar a la prófuga de la prepa 9, cuya personalidad borraba cualquier imperfección que tuviera su piel —mucho tiempo después reparé en su trasero— y una sensibilidad mórbida combinada con locura es un poderoso imán. La fragancia que emite algunas pieles combinadas con unas fragancias comerciales —que no voy a revelar— podría hacerme caer en tentación. Y todo esto sin mencionar la música. Conforme voy recordando se dibuja una gran sonrisa, yo creo que sí tiene que ver con el placer.

Para ilustrar esa subjetividad menciono la vez que fui al estreno de la película X-Men, fui acompañado de mi compadre y del Chacalón al cinépolis Bucareli, al salir de la película y discutir el atractivo cada persona eligió una actriz diferente como la más bella.

Y lo que más disfruto es descubrir la belleza inherente a todas las personas que es justamente la parte que las define, hace únicas e irrepetibles.

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