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las peticiones de su majestad

y a veces cuando viajo extraño esta ciudad
y a veces grita el tiempo pidiendo libertad

a veces – Pedro y las tortugas

Comencé a leer la saga de Alvin Maker a petición de mi amiga Azul —my very blue life— esta no es la primera petición literaria ni de otra índole, el último libro que compartimos fue el 11/22/63 de Stephen King Sul también se incorporó al ejercicio. Esta parte de compartir lecturas no ha sido constante en mi vida.

Cuando tomaba un curso de redacción en el palacio de minería me tocó discutir la lecturas de algunos clásicos mexicanos como “Los de Abajo”, “Pedro Páramo”, “Al Filo del Agua” siempre me ha parecido interesante conocer las opiniones de los demás y ahora en la interpretación de un libro mucho más porque es como el ejecutante de una obra, es lo más cercano al arte que se puede estar sin entrar.

Durante las épocas de pocos recursos mi credencial de la biblioteca central con un catálogo variado para darme un tórrido y literario festín —aún sin policromías de delfín— pero esas lecturas no dejaban de ser ejercicios solitarios ávidos de tener un eco en el vacío.

Por eso el día que conocí a Azul —no a Tristán ni Alecia— fue memorable, fue una reunión de un grupo de IRC llamado Jessica un grupo que organizaba competencias lúdicas similares al juego del maratón, fue en ese tiempo que comenzaba a bajar los primeros mp3 —que duraban horas— por eso se llamaban canales amigos y la propaganda era “juega mientras bajas música o baja música mientras juegas. Se organizó no virtual en el Sanborns del Hospital General, pasó por el círculo 33 y terminó en casa de Azul.

En un punto nos enfrascamos en una discusión que se vinculaba con la historia de la literatura, y era evidente como la pasión por el tema saltaba, como algunas afirmaciones provocaban en la otra persona un salto de felicidad, Borges, Baudelaire, Poe, Stendhal, Rimbaud, Valéry y hasta el mismísimo Dostoyevsky brincando de gusto. Fue un hallazgo feliz del que estuve a punto de rehuir de él.

Afortunadamente su morada se convirtió en un faro que me ha servido como punto de referencia a lo largo de los últimos años. Ella ha escuchado mis discursos crípticos sin chistar entendiendo que la importancia del mensaje puede estar en cualquier parte. También gracias a ella entiendo la distancia que existe entre lo que consigo acomodar en palabras con algo que se asemeje a la literatura, aunque eso no quiere decir que las entradas se interrumpan, pero que estoy pensando en esmerarme en alguna entrada con cierta frecuencia.

Y aún tengo fotos de ese día

Azul

Esquina bajan

Este camino ya nadie lo recorre salvo el crepúsculo.

Matsuo Bashō

Nunca me ha gustado recorrer el mismo camino, en especial en el transporte público. Ahora hay una parada de autobús a media cuadra de mi lugar de trabajo y está igual de cercana la del departamento donde vivo, hay básicamente dos rutas distintas -directas- y la situación no es tan de mi agrado.

Cuando asistía a Ciudad Universitaria la travesía era toda una aventura, el camino más rápido -útil para llegar a tiempo a clase de 7- era tomar el Cerro del Judío – San Lorenzo Tezonco, lo tomaba después de la parada del ESIME Culhuacán, pero tenía que ser antes de las 6:35 o de lo contrario era imposible subirse,  el regreso también era la ruta más directa, y ha sido en el único transporte que me dormí de pie, fue solamente un instante pero casi azoto, solamente sentí como mis rodillas se doblaron, finalmente resistí, también ha sido del único que me he tenido que bajar para vomitar, fue una ocasión que vomité más de 80 veces por un alimento sospechoso o algún veneno que quiso salir violentamente. Generalmente regresaba por esa ruta después de pasar por la Biblioteca Central donde me surtía para las lecturas de la semana, porque me iba leyendo con el libro apoyado en el techo del camión, era incómodo pero era la única manera, ahora que lo intento me cuesta mucho más trabajo enfocar.

También podía tomar un camión hacia la UAM Xochimilco y de ahí uno para el metro CU, daba mucha vuelta en esta ruta me tocó varias veces tomar el primer camión del día, creo que fui el que más utilizaba —o alguna combinación— ya conocía a los conductores y había uno que a la hora de la comida desviaba su ruta una cuadra para pasar por su esposa, que le llevaba la comida en unos recipientes de peltre color azul claro, esto cuando era todavía la ruta 100. Algunas veces tomaba el trolebús —mi medio favorito de transporte— fue en este la única vez que se me cayó mi cartera, afortunadamente solían esperar un tiempo para salir de nuevo así que logré recuperarla, claro que lo único que tenía era mi abono de transporte pero en ese tiempo era mi mayor tesoro. En otra ocasión cuando regresaba a casa -ahora no de CU sino de casa de Natalia-  cayó una tormenta que me dejó tan empapado que los peseros no quería subirme, solamente el trolebús me dejó subir, yo era el único pasajero, me senté en el último asiento e iba tan mojado que el agua escurrió hasta la puerta de entrada.

Cuando había dinero pues podía tomar pesero, existía la ruta de Taxqueña y luego la ruta 1 a CU que incluso entraba por Copilco y me bajaba frente a medicina y caminaba a la facultad, también había la ruta 32 que recorría los recovecos de Santa Úrsula, la ruta de regreso me dejaba en calzada de las Bombas, casi llegando a Miramontes, y después regresaba a pie, atravesando el parque de los coyotes, también existía la ruta 95 que partía de la UAM Xochimilco y llegaba al metro CU, tanto la 95 como la 32 usaban combis y cuando todos los pasajeros iban hasta CU era mucho más rápido, cuando alguien decía “yo bajo en tlalpan” todos se le quedaban mirando con furia.

Ocasionalmente regresaba en metro dando una vuelta exagerada, iba a Centro Médico, Chabacano y luego Taxqueña, lo que hace uno por ponerle variedad a la ruta. Hice hasta el recorrido en carro, pero de regreso generalmente le daba un aventón a un par de personas, hasta lugares como Ermita y Av. 5.

Hoy que me enfrento a pocas alternativas, sin metro cerca y los peseros inexistente, algunos regresos a pie no alcanzan a cubrir ese deseo de variedad,  pero estoy seguro que encontraré alguna forma. Este es mi punto de partida habitual: