Archivo del sitio

Septiembre, mes de la patria

Ninguno ama a su patria porque es grande, sino porque es suya.

Séneca

Mis padres se casaron en septiembre, lo que me convierte oficialmente en un sietemesino de proporciones colosales, su luna de miel fue desviada de la playa debido a un huracán, tan comunes en este mes.

El 18 de septiembre de 1985 pinté la fachada de la casa porque mi madre había organizado una fiesta para su cumpleaños (ella es del 19 de septiembre) esa noche cayó granizo perjudicando un poco la pintura, pero los movimientos telúricos de los días siguientes se encargaron de cancelar la fiesta. Tan desafortuados han sido los intentos de celebración que sus 50 años los celebró en febrero.

El año siguiente de esa funesta manifestación de la naturaleza probé el sabor amargo de la inmortalidad que venía acompañado de una maldición, los siguientes años recibí una huevazo de harina o confeti que solamente conseguí romper encerrándome en mi cuarto.

En el año 1997 fue un nuevo comienzo tras un desquebrajamiento amoroso, un abandonar los lugares frecuentados, comencé los trámites para mi titulación, me llevó mucho tiempo juntar todos los pedazos para estar completo de nuevo.

En el 2008 en el cumpleaños de mi madre firmé los papeles de divorcio, frente a la alameda, al salir del juzgado caminé sobre el eje central reflexionando sobre todo lo que había pasado, ya entonces había cambiado de departamento que se convirtió un lugar de fiesta, completamente personal.

Hace dos años, en este mes, decidí regresar, retomar a mi familia, mi patria y el amor. Tenía la ilusión de recomenzar, lanzarme al vacío y contruir algo nuevo. quizá hasta engendrar a la depositaria de esta herencia. Las cosas no salieron como pensaba, entre las circunstancias y los silencios tomé una difícil decisión luego de un viaje difícil. Hoy es su día y jamás tuve acceso a él.

Hoy mi ciudad se viste de colores y hay miles de luces tratando de alegrar mi luto silencioso. Aún si este mes ha sido ingrato, hay que celebrar.

 

reflexiones en días nublados

Respiré, me senté en el fondo del pozo y apoyé mi espalda contra la pared. Luego  cerré  los  ojos  y  dejé  que  mi  cuerpo  se  familiarizara  con el  lugar.  «¡Bueno!», pensé, «ya estoy en el fondo de un pozo»

– Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, Haruki Murakami

Algunas veces un poco de tiempo reflexionando nos da la oportunidad de ver lo que hemos hecho y la forma en que ha tenido impacto en nuestra vida. Repasar cada una de las acciones, sus impactos y lo que me hicieron sentir en su momento y ahora. Creo que es posible cambiar lo que siento al respecto.

No quiero pasarme la vida intentando convencer, dando argumentos o pidiendo educadamente lo que creo merecer. La única manera es enfocar la misma energía o más en mis sueños y metas que lo que he enfocado en otras cosas. Esto es como dar la vuelta a la esquina, entrar en una dirección nueva, dejar fuera de la vista la calle anterior.

Aún en dirección nueva la familia, los amigos, la literatura y la música me siguen acompañando. Así no existe la soledad.

Sigo un poco enfermo y no muy animado, pero no quería de dejar pasar por aquí y dejar algo.

 

 

 

 

 

el valor del valor

hay que tener más valor que el primero que se comió un zapote prieto

Refrán mexicano

Esta semana asistí a una TED talk en el trabajo en la que se habló del valor de perseguir los sueños, poniendo como ejemplo a Steve Jobs, no es precisamente mi modelo a seguir —muy lejos de ser— sin embargo la discusión posterior fue alrededor de la el coraje necesario para dejar cosas atrás y perseguir los sueños. Para cada persona lo que valora y lo que sueña es diferente, sin embargo casi todas las personas mencionaron el aspecto económico como indispensable en su plan de vida la idea de una felicidad en la pobreza es contradictoria en la cabeza de muchas personas.

São Paulo no tiene actividad sísmica, tampoco tsunamis o huracanes, poca gente ha visto de cerca la desgracia de perder una casa con todo el patrimonio dentro y apenas salvar la vida, ese es un evento traumático pero liberador, te deja sin ningún tipo de ataduras.

Pero es diferente cuando se trata de perseguir un sueño, porque la cabeza está llena de sueños de los demás, una casa, un carro, un matrimonio, hijos, una foto junto a la Torre Eiffel, algunos se pueden hasta transformarse en reality shows —más de una sueña en transformarse en la próxima top model— yo siempre he pensado que somos muy diferentes y quizá el cultivar esas diferencias sea ser más auténticos.

Recordé el sinnúmero de veces que he cambiado de rumbo, mi breve paso por el mundo del teatro, la música, las artes plásticas —de lo que el mundo se salvó— pero también mi cambio de decisión de carrera que pasó por física, filosofía, letras, pase dos años en Ciencias Políticas, regresé para ciencias y mi paso por Actuaría o la maestría en matemáticas. El tiempo dedicado a repartir comida, manejar un taxi o hacer ropa. Dar clases, estar todo el día en el taller de matemáticas, trabajar por proyecto y tomar vacaciones al terminar. O mi mudanza de país.

Desde niño me he aventurado en muchas cosas porque soy curioso, la verdad no me he necesitado de ningún valor especial o arrojo de mi parte, me ha producido placer y he sido obsesivo con mis intereses. Mis travesías quizá carezcan de mérito pero sí me han permitido tener una perspectiva de cómo las otras personas ven la vida, lo que te dicen.

Algunas veces alcanzo a ver lo que sueñan, ya sea en pisar algún escenario,  tener una vida pastoral, trabajar en locución o doblaje, vivir en Miami, volar, que sus hijos se casen bien, tener una cintura de avispa, tener un coche importado. Algunas veces basta un par de pases mágicos para que esas personas se encuentren en el paraíso.

Hay muchos motivos para dejar de perseguir los sueños, muchas veces estamos convencidos de que es mejor hacer otra cosa, o que nos vamos a morir de hambre persiguiéndolos, que no nos va a alcanzar para ir a Disney o a esquiar, que la gente nos va a mirar como locos, que primero está la familia, que es un desperdicio de tiempo, que es mejor hacer las cosas pensando en el futuro. Pero todas esas voces no son nuestras.

Claro que cuando ni siquiera se conocen los sueños la cosa está más difícil, ya de por sí son tímidos los deseos, ahora si ni siquiera están claros es más fácil que queden abandonados, abandonarlos es como abandonarse uno mismo, uno que de por sí ha vivido en ese sentimiento. Quizá por eso la manía de quemar las naves, es otra forma de estarse abandonando.

Es más fácil cambiar de país que de ideas.