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mi padre, y lo que queda

El sueño del héroe, es ser grande en todas partes y pequeño al lado de su padre.

Víctor Hugo

Mi papá nació en el 47 en la calle de Jesús Carranza.

Siempre que comía un bolillo untado con cajeta, generalmente de San Juan de los Lagos, contaba que en su primaria, donde solamente la mitad llevaba zapatos, un día que estaba a punto de comer una torta de cajeta pasó un niño apodado “el mocos” y se le quitó el manjar a punto de ser comido. No importó que después lo buscó para ajustar cuentas pero ese antojo se quedó ahí permanentemente y cada que volvía a probarlo venían los mismo recuerdos, y jamás sintió que desapareciera esa En la primaria era “de los que estudiaban” y hubiera quedado a merced de muchos si no fuera porque su futuro cuñado lo defendía, era más grande pero seguía en la primaria.

Él fue a la preparatoria 1, cuando todavía estaba en San Ildefonso, y todavía era de 2 años, pero al contrario que en la primaria él era de los pobres, solamente tenía 2 pantalones que comenzaron a verse brillosos después de numerosa planchadas, él se sentía incómodo con el esfuerzo que hacía mi abuelo para que él pudiera estudiar así que habló con él y dejó la escuela para estudiar contabilidad y comenzar a trabajar inmediatamente.

El peor jefe que tuvo fue un francés que le hacía la vida imposible, y que no hubiera tolerado mucho tiempo de no ser porque chocó el coche de mi abuelo, así que se quedó trabajando ahí hasta pagar la reparación del coche deshecho porque mi temeridad al volante fue heredada, él hizo un salto sobre el eje central al atravesar viaducto muchos años antes que yo, y casi atropelló a una cuadrilla de trabajadores, también recorrió la carretera México-Cuernavaca compitiendo contra su tocayo, ambos en sendos Chevrolet 51, dejando atrás a todos los coches incluido un MG.

Mi genealogía es extraña, el hermano del padre de mi madre estaba casado con la hermana de la abuela materna de mi papá, mi padrino de bautizo es familiar de ambos. Su boda fue en la casa de ella y estuvo abarrotada, mi papá no invitó a algunos compañeros del fútbol, pero fueron casi los únicos ausentes.

Jamás he puesto en duda el amor que sintió desde el principio por mí, quizá por ser el primogénito, me grabó un cassette con cuentos para que pudiera escucharlo, pasó poco tiempo para que pudiera leer pero me acuerdo perfectamente de cada tono e inflexión. Fue una época muy ocupada en su trabajo, pasaba mucho tiempo fuera y mi hermana, recién nacida, empezó a sentirse incómoda y negarse a ser cargada por él; así que optó por dejar pasar una gran oportunidad y se cambió a un empleo que le permitía estar más tiempo con nosotros.

Pero el siguiente periodo fuel más difícil, su alcoholismo se incrementó, odiaba no poder hablar con él, que todas mis palabras se olvidaran y tener que llamar constantemente a Locatel para ver si le había pasado algo, mi madre no ayudaba mucho, incluso una vez me mandó con él “a cuidarlo” a una excursión con sus compañeros de trabajo a Acapulco para jugar un partido de fútbol, yo tenía 10 años así que lo más probable es que me haya mandado para hacer un reporte de sus actividades, pero lo único que conseguí fue acompañarlo al partido y luego a la playa donde yo nadaba mientras ellos bebían cerveza, de pronto mi papá me llamó para darme dinero para que comiera algo porque ellos e iban a comer, un descuido hizo que el billete terminara en algún lugar de la playa de Caleta así que me quedé sin comer, y eso se combinó con que ellos decidieron ir, después de comer a seguir la fiesta en otro lado, no hubiera sido tan malo si no se hubieran llevado la llave del hotel, los tuve que esperar hasta que llegaran alrededor de las 8 de la mañana, solamente en traje de baño afuera del hotel. Todavía tuve que lidiar con él para convencerlo de que no se metiera al mar en ese estado, y más tarde, mientras él dormía, empacar, y luego cantar durante el camino de regreso, esa fue la última vez que canté en un camión.

Era evidente que no se sentía bien, que entre el trabajo y mi madre hacían que su fastidio creciera, lo podía ver en sus constantes escapes, regresando en taxi desde Cuernavaca o llegando con sus amigos a seguir la fiesta en la casa, invariablemente tenía que bajar a conversar y/o poner música mientras mi mamá preparaba café.

Esto se acrecentó con el tiempo, y cuando tenía pasados 15 años me di cuenta que tenía un romance con alguien de la oficina, y que se sentía culpable, me prestaba su carro sin muchos ruegos y accedía a darnos dinero con mucha frecuencia. Hasta que mi mamá lo descubrió.

Me tocó presenciar las reuniones con el abogado para el divorcio, fueron noches largas de discusiones estériles; pero cuando todo estaba casi listo las cosas cambiaron, fueron con un sacerdote que lo único que les pidió fuer rezar un padre nuestro con las manos entrelazadas, y pues algún efecto tuvo porque decidieron intentarlo bajo la condición de que él dejara de trabajar ahí, así que volvieron al negocio de la ropa ahora con un puesto. Y el hizo un juramente de no beber por algunos años a la virgen de Guadalupe

En ese tuve muchas conversaciones con él, lo ayudé en la mecánica, lo acompañé al centro por tela y finalmente pudimos conversar, había algunas cosas con las que no estaba de acuerdo y me dijo algunas cosas que me molestaron como aquella vez que me sugirió que me buscara alguien más inteligente cuando una acompañante pasó al baño, preferí no llevar a nadie hasta que no fuera algo serio. Pero al menos se acordaba de lo que le decía.

Por teléfono teníamos la voz muy parecida, alguna vez recibí una llamada que me saludó familiarmente, supuse que era alguien y platicamos un poco, cuando me dijo que se acababa de divorciar y que quería verme me di cuenta de que estaba buscándolo a mi papá, le dije que se había equivocado y le expliqué lo de las voces parecidas, colgó inmediatamente. También el recibió algunas llamadas, incluso recibió una llamada donde lo insultaron pensando que era yo y que no quería contestar.

Tuve un episodio una vez que regresaba de una fiesta donde fungí como disque-jockey pasé a dejar los aparatos, las bocinas y los discos, para después llevar a un par de damas a su casa. Lo encontré todavía despierto, yo llevaba un evidente aliento alcohólico; pero muy lejos de gritar o alzar la voz o cualquier otro comportamiento parecido habló conmigo pacientemente, dando sus argumentos de por qué no debería manejar en ese estado y se ofreció a manejar para que pudiera cumplir con mi promesa de llevarlas salvas, incluso ofreciendo no hacerme quedar mal, en verdad que después de eso siempre hubo mucho respeto de mi parte.

Hay muchas cosas que recuerdo con él, una vez me confesó que siempre tuvo ganas de ser un hippie, le gustaba mucho la música de Creedence, las grandes Bandas y por supuesto: La Internacional Sonora Santanera en especial el disco con Sonia López. Siempre le gustaba arreglar cosas, y tenía muchos componentes eléctricos arrumbados, seguramente hubiera sido un gran inventor, me tocó ver un diseño de un potenciómetro a control remoto (algo para cambiar el volumen o las estaciones de los radios), una cámara con lentes de los colores básico, cambió un Dodge que fue usado en los pinos de automático a estándar y le cambió el cilindraje. También me acuerdo cuando lo acompañaba a comprar todo a la calle de el Salvador y comíamos tacos en el Huequito de Bolívar. También acompañarlo al mercado donde comíamos tacos de moronga, longaniza con papas. O ver juntos los juegos de béisbol.

Después de la muerte de mi abuelo me dijo que le hubiera gustado trabajar un poco con él para hacer algo juntos pero que jamás pensó que se fuera a ir tan rápido. Como él se fue, los últimos meses de su vida estuvo luchando con un hígado deteriorado, visitas intermitentes al hospital, investigación de medicamentos, protocolos, intentar lo que sea. Fue un trance muy difícil para él, no solamente por el dolor de la enfermedad sobre todo por la debilidad porque ahora los demás estaban al pendiente de él  Nos alternábamos para cuidarlo y en algún momento me dijo que sentía que se iba para abajo, el fin estaba cerca, pero al parecer su último deseo fue que yo no lo viera morir, me mandaba a León a hacer un encargo absurdo y se enojó porque me quedé a cuidarlo, pero finalmente obedecí y me ausenté para que se pudiera morir sin que yo lo viera y regresé al día siguiente poco después de que murió, para lidiar con todo lo que seguía.

Ahora, después de algunos años, me doy cuenta de que las personas tienen tantos matices, y que las impresiones que van dejando son variadas, porque hay muchas cosas más, algunas cotidianas y otras muy particulares, pero que todas corresponden a la persona.

Existe un sentimiento remanente de su vida, esta insatisfacción, estos sueños abandonados, algunas veces por la familia otras por ideas preconcebidas, pero siempre hay algo triste cuando se dejan morir los sueños, no solamente se mueren ellos uno se va muriendo también.

Por eso ahora voy a cambia abandonar las batallas que no quiero lidiar, dejar los puestos que acepté a la ligera, las responsabilidades que no me corresponden y comenzar a labrar el camino que quiero recorrer.

Padre

Metajuego

Te has jugado la vida tantas veces, que posees un olor a barajas usadas.

Oliverio Girondo

El metajuego son las diferentes estrategias aplicadas que trasciendes las reglas propias del juego, es decir prestando interés a las circunstancias externas del juego como hacer uso del conocimiento del entorno o los rivales.

Tengo que confesar que siempre he jugado de esa manera, en particular en tantos juegos de dominó con mi familia, sabía que mi abuelo buscaba minimizar las pérdidas -por eso no le gustaba quedarse con la mula de seises- , o que mi tío siempre buscara ganar la iniciativa -quizá para tomar las riendas de algo-, que mi tía no resistiera la tentación de cerrar el juego -creo que parte de esa manera atrabancada de jugar y de vivir sea liberadora- o mi madre que siempre tiraba una mula cuando se presentaba la oportunidad -como librarse de un problema-. Algunas jugadas llevaban impresa la personalidad de los jugadores.

En casa de Azul hice lo mismo, ahora con jugadores profesionales, donde la gama de juegos ha sido extensa y los combates feroces, el juego de la casa por excelencia es “caras y gestos”, que fue evolucionando en dificultad, no solamente disminuyendo el tiempo sino aumentando las distracciones del equipo rival, pero ha habido de todo, juegos de cartas, de cartas coleccionables, las diferentes versiones de maratón,  pintamonos, monopoly -con la variable zombie-, stratego, risk, cranium, scrabble, jenga y podría seguir con la lista. Pero, aunque ahí haya sido el lugar en el que más a mi aire me haya sentido, la verdad es que dentro de los juegos no mostré mi verdadero yo, siento que tengo una especie de deuda.

Si lo pienso detalladamente  tal parece que no le he puesto mi corazón por completo a los juegos, quizá he introducido algo de caos -que amo- pero no estoy seguro que me haya mostrado completo, como si no fuera yo del todo. Creo que esto empezó a temprana edad:

En la primera mitad de los 70s mi papá compró una grabadora, alque que resultó novedoso en la familia, una de las primeras cintas que grabó contiene mi voz exclamando sorpresa y miedo al encontrar una araña, por esa grabación fui objeto de burlas durante mucho tiempo -yo creo que hasta la fecha.

Cuando estaba en primero de primaria, durante una clase de inglés estaba enfermo del estómago, pero la maestra se negó a dejarme salir hasta no terminar un ejercicio, con conseguí contenerme, cuando salí uno de mis compañeros fue siguiéndome al baño, cuando se asomó por encima de la puerta le ofrecí el dinero que tenía a cambio de que no le dijera a nadie. Se fué y regresó con muchos otros a observar el desastre.

Quizá por eso haya aprendido a vivir cuidándome de no mostrar mis debilidades a los demás, porque podrían ser aprovechadas para lastimarme, claro que esto es más claro dentro de los juegos donde es evidentemente útil, en cambio, en los aspectos cotidianos no esoty seguro que sea tan conveniente, puede ser que te libre por algún tiempo pero después es como vivir con una sombra. Además si los demás tienen la idea de que no tienes puntos débiles  puede ocasionar que recaigan demasiadas cosas sobre tu espalda.

Ahora que termino otro ciclo, me siento como si tuviera que quemar muchas cosas, algo así como un

Bonzo