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lista de agradecimientos

Mientras el río corra, los montes hagan sombra y en el cielo haya estrellas, debe durar la memoria del beneficio recibido en la mente del hombre agradecido.

– Virgilio

En portugués, muchos de lso correos que recibo terminan con “grato” seguido del nombre le la persona que lo envía, este es un recordatorio diario de un asunto pendiente que tengo: el agradecer todas las bendiciones recibidas en mi vida.

Gracias a mi familia por todo lo que recibí de ellos durante mi niñez, por la educación que me dieron, la alimentación que me proporcionaron, las veladas, las enseñanzas, sus pláticas, sus abrazos, sus regalos, las risas y sus muestras de amor.

Gracias a mis amigos por haberme aceptado como soy, por escuchar largamente las peroratas sin sentido, por acompañarme en este camino de la vida, por decirme lo que piensan, por verme en la lona y ayudarme a levantarme —o burlarse que para eso también están mis amigos— por la risa compartida, por las aventuras juntos, los juegos, las confidencias.

Agradezco profundamente el haber sido amado con lo difícil que soy, lo complicado que eso puede resultar.

Es maravilloso el universo en el que me ha tocado vivir. Las cosas que he visto, la música que he escuchado, los paisajes, las letras, la naturaleza.

Agradezco la oportunidad de comenzar otro camino

Cada día

 

 

Intensidad

La vida es el conjunto de las fuerzas que se oponen a la muerte.

André Malraux

Desde muy temprano en mi infancia di muestra de esta imprudencia, intensidad y vehemencia. Salté en la cuna hasta conseguir saltar el barandal de madera que me separaba de la libertad –todavía ni caminaba la verdad— o cuando había pelea de andaeras, me encarreraba y chocaba contra la andadera de mi prima Alejandra, o la primera vez que me dieron de beber en un vaso de cristal, lo mordí y rompí.

Cuando iba a casa de mi bisabuela prefería jugar cartas con los mayores pero algunas veces jugaba con los niños y día con mi primo Martín, estábamos luchando de juego, el intentó hacer una llave Nelson por detrás, pero con un movimiento que juzgué leve lo mandé volando hacia el frente para terminar el juego, la verdad fue sin querer. Me gustaba salir a andar en bicicleta al camellón enfrente de la casa de mis abuelos paternos, patinar en la bici de mi tío Ricardo, una vez con tan mal tino que un pedazo de piel se me atoró en la cadena de la bicicleta arrancándolo y dejando una tira de piel descubierta. Lo único que se me ocurrió fue pegarla de con diurex, como era transparente pensé que nadie se daría cuenta. Un día regresando de la tienda con 5 cocas y un sidral intenté saltar un pedazo de excremento pero resbalé y caí de lado salvando las cocas pero enterrándome la botella de sidran en el brazo, además de que muchos pequeños fragmentos cayeron en mi boca. Todo fue justo frente al teléfono público, no faltó la pregunta inteligente ¿te caíste? pero los cristales me impidieron responder.

Cuando iba a casa de Chuchita jugábamos fútbol americano en la calle —tlaqueado— tradición que comenzó las madrugadas del año nuevo. Cuando recibía el balón no conseguían derribarme, incluso todo el equipo junto, hasta una vez que un primo del Stromberg —apodo derivado de la marca de electrónicos Stromberg-Carlson— ya mayor me agarró descuidado y me azotó sobre mi lado izquierdo, no me di cuenta que tenía dislocada la clavícula hasta que tiempo después sentía un dolor casi insoportable al armar el cubo de Rubik. Pero los juegos continuaron hasta que Poncho se descalabró —término científico—

Siempre me gustó investigar el funcionamiento de las cosas, y aunque podía entenderlo a la hora de reparar como por ejemplo los eliminadores de baterías, era tan importante evitar que se necesitaran pilas que intenté reparar uno, usando el cautín de mi papá según yo muy entendido, cuando quise probar su funcionamiento la descarga me sorprendió y derrumbó. Alguna vez al reparar algo de tubería me machuqué la palma de la mano con la parte de atrás de una pinza de presión, dejándome la palma morada, que luego de un rato juzgué insalubre así que me corté la palma para dejar que drenara la sangre alterando la mismo tiempo las líneas de mi mano. En otra ocasión que una astilla de metal quedó más de una semana mi mano derecha, hice una pequeña incisión —con la misma mano— para removerla. Un día, armando una PC mi dedo quedó atrapado entre las hendiduras para colocar las tarjetas de un gabinete no tan fino, saqué el dedo llevándome un pedazo de piel justo arriba de los nudillos.

Pareciera que siempre ando buscando accidentes —como mi amiga Azul— pero creo que sea descuido, por ejemplo solía —suelo— tomar las latas por el costado y la parte superior usando la fricción, muchas veces terminaba el contenido regado en el piso —muchas veces chocolate en polvo— o poner los recipientes justo en el borde del mueble y tirarlos para cacharlos con la otra mano. O detener los vasos con la boca para hacer algo con las otras manos, lanzar los platos para que den vuelta en el aire.

Pareciera que necesitara sentir que puedo caminar muy cerca del desastre quizá porque tengo que hacerlo.

mi abuela materna

No me salgas con que a Chuchita la bolsearon

Dicho popular.

Durante toda mi infancia el sobrenombre de mi abuela estuvo omnipresente: Chuchita, todos pensaban y muchos aún piensan que su nombre era María de Jesús.  Pero su verdadero nombre era María Epifanía Eustorgia, cuando lo descubrió se dio cuenta de el problema que tenía, porque los demás papeles los tenía a nombre de María de Jesús, lo que indicaba que no iba a poder recibir la herencia de mi abuelo en caso de que falleciera, así que se dirigió al registro civil de Salto del Agua, de ahí la mandaron a donde se registró originalmente: Salamanca, y el encargado del registro civil era un conocido pero esto no ayudó mucho porque seguía al pie de la letra la ley, y como ahí decía que tenían que ir sus padres —era la hija de dos viudos con hijos—, ella bromeaba ¿a poco quiere que les lleve los esqueletos? No importaba que el funcionario hubiera conocido a mis bisabuelos, tampoco que el presidente municipal fuera un pariente, tuvo que esperar a que se retirara y usar un plan alternativo: conseguir que le agregaran el nombre de Jesús a su acta de bautizo.

Mi abuela estuvo adelantada a su época ella no dejó de trabajar al casarse, lo que le aseguró a su familia tener desayuno en tiempos de crisis, mientras las familias vecinas se tenían que contentar con té y tortillas frías, la familia de mi madre desayunaba avena. Ella consiguió asegurar un bienestar para su familia a base de su trabajo. Además siempre está sonriendo, buscándole el mejor ángulo a las cosas, invariablemente la encontrabas de buen humor.

Le gustaba mucho la bohemia, las fiestas, el baile y el alcohol; como era amiga de Amalia Mendoza frecuentemente estaban en las mismas fiestas y cantaban juntas  —yo la he escuchado cantar un par de veces y lo hace bastante bien aunque ya no tiene el aire suficiente— en las fiestas que se organizaban en la familia siempre estaba hasta el final. Me la encontré una vez en unas vacaciones en Acapulco —iba con varios amigos y con otros de sus nietos— y nos invitó una botella en la playa. Se ha ido con mi madre de vacaciones varias veces y los demás se sorprenden de su vitalidad.

Se dedicaba a la costura, una decisión muy acertada de su parte, jamás he visto a nadie tan veloz en la over —nombre de cariño para la máquina over-lock— así que armada de su Pfaff era capaz de terminar cientos de prendas en un santiamén. Y nunca fallaba, una vez se atravesó un dedo con una aguja y solamente se vendó para no manchar las prendas y terminó a tiempo. También podía copiar un modelo de memoria, i.e., iba a las tiendas a ver los modelos, y cuando regresaba podía hacer los moldes para el vestido onda oído absoluto de la costura. De hecho en el 64 fue nombrada en los periódicos como la costurerita que fue apuñalada.

Este incidente ocurrido en las calles de Soledad marcó su salud para los siguientes años, su primer infarto fue apenas 3 años después, seguido de diferentes condiciones que se tornaban delicadas algunas veces, iba tanto al Instituto de Cardiología que hizo amistad con otra paciente regular, tanto que terminó casándose con un amigo de mis tíos —hijos de mi abuela— han sido múltiples las veces que ha entrado al hospital, ha recibido tratamientos experimentales, sus niveles de azúcar, presión, o pulso han estado en niveles exorbitantes. En esos exámenes médicos cuando te preguntan si un familiar ha tenido x enfermedad, la respuesta es siempre sí, y ¿quién la ha tenido? mi abuela. Luego del interrogatorio los médicos se sorprenden que aún siga con vida.

Pero creo que ahora las cosas son diferentes, como quería festejarse su cumpleaños, para conseguir dinero dejó de tomar su medicina para el corazón, lo que provocó otro infarto que la dejó delicada y hace unos días se cayó, lo que causó una fractura en la cadera. Cuando llegó al hospital —ahora el de ortopedia que está por la estación Xomali del tren ligero— se dieron cuenta que tenía una insuficiencia pulmonar, necesita un clavo y como está delicada de los pulmones y el corazón es difícil que la puedan operar, como la perspectiva de tener que estar postrada en silla de ruedas aparece por primera vez su ánimo no es tan optimista.

Mi última foto con ella.

Chuchita