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mi tío Lobo

Nunca es largo el camino que conduce a la casa de un amigo

— Juvenal

Mi tío Carlos es hermano de mi mamá y, por lo que he alcanzado a ver, el consentido de mi abuela y era el mejor amigo de mi padre, fueron amigos, compañeros de equipo e incluso compadres antes de que se casara con mi mamá;  él se describe como el mejor vendedor del mundo, posee una gran suerte —el número de veces que ha tenido las 7 fichas del mismo número en el dominó son demasiadas para atribuirlas a la casualidad— a lo largo del tiempo compartió varias aventuras con mi papá, algunas que escuché entre conversaciones que tenían al calor de las copas.

Se veían regularmente en las fiestas en casa de Chuchita, donde yo me quedaba al lado de una bocina escuchando las canciones de la Sonora Santanera mientras ellos brindaban y bailaban, solía visitarnos regularmente, yo me encargaba de las provisiones y de servir, conseguir hielos o traer más refrescos, cuando tenía dinero compraba una solera para ofrecérsela a mi tío—bacardí es su bebida de batalla— y cuando lo hacía mi padre exclamaba ¡no sé por qué te quiere tanto! también solía llevarlo de regreso. La verdad es que pocas veces podía ver a mi padre explayarse como con mi tío, siempre lo veía animado.

Existen algunas anécdotas que describen algo de su carácter, alguna vez se quedó frente a otro auto en la calle de Silos, el otro conductor se negaba a moverse —como aquella leyenda virreinal donde dos carrozas se encuentran en una calle angosta— entonces el otro conductor lo retó a ver quién se quitaba primero, mi tío dice que cuando despertó ya no había coche estorbando. Para la fiesta de XV años de mi prima Alejandra, fue a comprar el melate y luego buscó a los representantes de la Santanera para conseguirlos para la fiesta, en esa búsqueda me parece que tenía apartado a Óscar de León. Algunas veces lo vi riendo mucho cuando pasaban a la pantera rosa en la televisión, sus ocurrencias le divertían muchísimo.

En la boda de mi hermana mi tío se me acerco para platicarme algo: cuando mi papá estaba en el hospital agonizando lo mandó llamar porque quería hablar con él a solas, le pidió a mi mamá que saliera para poder despedirse de mi tío en forma privada, el contenido de esa conversación es íntimo y personal pero mi tío dejó asomar algunas cosas —que agradezco con el alma— y que no mencionaré porque las guardo para mí, pero esas palabras son como la luz que emitían en sus pláticas nocturnas al calor de las copas, en sus reacciones ante la música en sus risas, creo que siempre lo vi muy contento con mi tío.

Quizá esta sea solamente una forma muy humilde de agradecimiento.

Gracias tío.

Carlos

Nucleomante

¿Qué cosa más grande que tener a alguien con quien te atrevas a hablar como contigo mismo?

Cicerón

Hoy es el cumpleaños de mi amigo nucleomante, su último en la franja de los 20’s, y quisiera escribir algunas cosas al respecto.

Lo conocí en casa de Azul —donde fue esa fiesta multitudinaria y multicultural— que ya es un punto de reunión clásico,  ya conocía a su hermano porque estudio con Azul y lo había visto en algunas fiestas, pero tendría que esperar más tiempo para conocer a su hermano.

Dentro del círculo de jugadores se ganó casi inmediatamente la categoría de joven prodigio, quizá en sus primeras participaciones en los juegos fue recibido por un clima agreste que fue sorteado satisfactoriamente.

En algún momento decidimos  llevar registro de los resultados de los encuentros —The Rules Book— y una de las primeras veces al dictaminar el ganador de la noche hubo un empate entre Sul y yo. Los demás pidieron un juego de revancha pero yo propuse un desempate clásico: un volado. La moneda cayó de canto marcando el empate más claro y enviando una señal del universo.

Los jueves solía tener una sesión de videojuegos con mi compadre, al principio estaban sus hermanos también, los juegos giraban en torno al deporte o las carreras —juegos que se disfrutan cuando conoces tanto a tu rival—, pero entre el aumento de actividades de uno de sus hermanos y la mudanza de otro de ellos lo convirtieron en sesiones de golf virtual (TW09) donde lo mejor era la plática, como que el ritmo del juego se prestaba a la reflexión. Tiempo después se incorporaron el Darth Trivious y Sul, como el veloz nucleomante vivía a una distancia considerable (después de la estación politécnico) las reuiniones se trasladaron al viernes, y el se quedaba hasta el día siguiente, platicábamos mientras matábamos zombies al ritmo de Resident Evil 5, donde hacía gala de sus dotes de sniper natural mientras yo me dedicaba al combate más cercano.

Durante todas esas noches hubo largas pláticas, quizá muchas veces parecía que yo hablaba de más, pero aún los silencios y las preguntas comunican, además de que la manera de jugar dice mucho sobre la personalidad, algunas veces en el juego salen a flote muchas verdades, a él le conté algunas cosas que no había contado. Durante una visita a la feria multicultural de Reforma, donde probamos la comida coreana, hubo un incidente que sirvió para contarle acerca de mi sesgada visión u orientación espacial distorsionada.   Creo que aprendí mucho durante ese tiempo, de hecho me sorprende que la diferencia de edades lejos de hacerme sentir viejo creo que  me ha rejuvenecido. Cuanto comencé con los viajes les propuse que hiciéramos un projecto, 4 blogs compartidos a manera de cadáver exquisito, el que empezó Saúl fue el de Nucleomancia, es el único que sigue vivo y es uno de los proyectos que tengo pendientes.

Cuando anuncio que se iba a casar e iba a tener descendencia sentí una gran felicidad, me dió mucho gusto que su foco estuviera en las experiencias que vendrían en lugar de preocuparse por las condiciones, finalmente las condiciones jamás serán las óptimas pero eso no impide que uno se lance a la aventura. En mi primer visita a México alcancé a conocer a Tania. Ahora que regresé me sorprendió gratamente su confianza y disfruté mucho compartir unos momentos con su familia.

Le mando una gran felicitación y le agradezco la amistad que me ha brindado.

Nucleomante

Te hago mi compadre

Dos compadres con una botella dan la mejor sentencia.

Dicho no tan popular

Esta entrada se la dedico a un entrañable amigo al que le tengo un amor tal que nos hicimos familiares.

A Julio lo conocí cuando él tenía apenas un año. Justo al mudarme al retorno -haciendo referencia al 1er Retorno de Rosa Zaragoza- primero fui amigo de su hermano Felipe -del que llegaron a pensar que era mi hermano- y de alguna manera siempre estuviera presente, así que siempre andaba por ahí.

En el retorno teníamos un juego, si no decías “medias” al ver a las personas, ellos podían mojarte, algunas veces era con un vaso, una jeringa, algunas otras con una cubeta. Julio solía participar en esos juegos pero solamente mojando, aprovechando su situación infantil, era medio odioso, no debe haber sido fácil estar vivir entre esa hermandad soberbia, así que sus formas de llamar la atención eran estridentes. Un día después de que hiciera su clásico chiste del agua, tomé un pedazo de madera y lo lancé como sin rumbo mientras el corría como a 20 metros, acerté; nunca comentamos el incidente.

Ellos se mudaron y dejamos de ser vecinos, pero no amigos, cuando visitaba a Felipe en su departamento en Mitla, lo encontraba muy emocionado cantando la de Fricase de los Qué Payasos – “No seas mugroso”-, su primaria estaba en la esquina con Concepción Beistegui – Conchita B para los cuates-. Luego se iría a Los Ángeles.

La diferencia de edad ocasionaba que no formara parte del grupo, en algún momento el comenzó a resentirlo. Cuando intentaba integrarse al grupo, la banda -que incluía a algunos hermanos mayores- era generalmente rechazado, o peor aún, sus hermanos le prohibían cosas como fumar o tomar alcohol, eso me parecía no solamente injusto sino hipócrita, así que para solucionarlo lo cobijé bajo mi ala y le di el título honorario de mi ahijado: de alcohol, cigarro, billar y cualquier diversión decadente.

Lo enseñé a manejar, o al menos le di unas lecciones, claro que él pensaba que si podía manejar aceptablemente una pod racer en un videojuego entonces estaba capacitado para manejar; casi era cierto. Luego de que manejara empezó a tratar con cierto desdén mi forma de manejar, para esos entonces ya había abandonado la velocidad, los arrancones, y los retos mortales e irresponsables. Así que un día volví a acelerar, por un tiempo muy breve pero suficiente para que me rogara que desistiera. Pero nada comparado con un regreso de Acapulco, acompañados de los hermanos Miranda (Dida y el Chacalón), durante el camino de regreso había una lluvia pertinaz, los limpiaparabrisas funcionaban intermitentemente casi tan intermitentes como los faros -era de noche-. Como ninguno me había visto manejar antes con nula visibilidad -sí usando la fuerza- venían muy nerviosos, casi puedo asegurar que uno venía al borde de las lágrimas de pura tensión.

También fui su entrenador de fútbol rápido y no coincidíamos en conceptos, afortunadamente luego tuve la oportunidad de jugar con él -justo en el viaje a Acapulco- apenas para que hubiera una anécdota pero suficiente para que entendiera mi posición y mi estado. Siempre ha sido visceral, nunca ha podido ver el juego de manera racional, ni siquiera en los videojuegos donde es divertidísimo jugar FIFA con él, lanzando gritos y sombrerazos, culpando a los controles, o quejándose de su compañero.
Llegamos a jugar muchísimo, con Lalit y el Chacal jugábamos Age of Mitologhy durante maratónicas sesiones, que comenzaban en la mañana y terminaban unas 18 horas después cuando teníamos que salir a toda velocidad para que no lo regañara mi comadre, teníamos que llegar antes de las 4 de la mañana. A últimas fechas jugábamos golf, lo que nos daba un respiro para platicar, no solamente hacíamos observaciones o pequeñas correcciones al respecto del juego del otro sino que de la vida, de las preocupaciones o los sueños. Extraño aquellos días.

Vivimos innumerables episodios, desde simples visitas al cine para ver el estreno de uno de los episodios de StarWars o de los X-Men, o aprovechando al máximo los buffets, o desvelados, crudos y desganados viendo la tele en uno de esos domingos que sacaban de onda. Recorrimos la ciudad y algunas veces disfrutamos de abundancia, muchas otras transitábamos en la escasez. Luego de un tiempo la frase “no tendrás una campanita” –usda para pedir algo de dinero- se hizo famosa.

A diferencia de sus hermanos él solía conversar mucho más, compartir y exponer sus sentimientos, y preguntar en ese sentido no fue medroso. Caminó conmigo pasajes oscuros de mi vida, escuchó sin tanta sorpresa muchas de las ideas que cruzaban mi mente, algunas veces solamente alcanzaba a exclamar: “estás bien ajax”

Tenemos además una canción que desde hace mucho disfrutamos cantar a dúo, mucho más al calor del alcohol:

Siempre he respetado sus opiniones musicales, aún con su particular manera de despotricar, le otorgué asilo cuando lo necesitó y he sido, en sus palabras, un hermano más, incluso dejó de ser mi ahijado

Le otorgué un ascenso, al apadrinar a su hija: Padme Amidala, no creo que les cause más sorpresa que al cura que la bautizó. Por si no lo habían leído entre líneas ya saben que tiene al menos un pasatiempo. Ahora es mi compadre.

Y aquí mi última foto con él.