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pensamientos diversos

La verdadera locura quizá no sea otra cosa que la sabiduría misma que, cansada de descubrir las vergüenzas del mundo, ha tomado la inteligente resolución de volverse loca.

Heinrich Heine

Toda la vida he sido poco eficiente para comunicar mis pensamientos, gran parte se debe a que la forma que toman no es directamente traducible en palabras, números o figuras —mucho menos en manzanas—. Mi escasa capacidad musical es mucho mejor que mi desastrosa habilidad en las artes plásticas por eso me he circunscrito a utilizar el lenguaje como medio de comunicación.

Aún a temprana edad la mirada incrédula de mi abuela, alegando que yo debía venir de marte para decir semejantes disparates, o la mirada reprobatoria de mis primos al escuchar mis razones o incluso las exclamaciones de sorpresa de mis profesores ¿En verdad piensas eso? que levantaban cuchicheos por todo el salón.

Incluso los más allegados, si bien escuchan pacientemente, no suelen manifestar demasiados comentarios al respecto de las ideas que compartía, creo que todas las observaciones fueron acerca de mi persona. Como el clásico comentario: ¡Ay compadre, estás bien ajax! o el ligero exabrupto ¿De dónde sacas tanta pinche mamada? —nada que ver con el aspecto sexual—

Las ideas que pasan por mi mente son diversas, unas son como las que compartí en el post anterior, podríamos decir inocuas, algunas tienen un carácter más incendiario, hay de todo tipo y creo que de alguna forma el conjunto de todas esas ideas es una parte importante de mi persona. Una parte que no está a la vista. Quizá haya sido yo mismo el que se ha encargado de ocultar lo que hay en mi interior, tal vez por eso esa cantidad infinita de capas —como el libro de arena— que me de un volumen excesivo, donde todo lo sobrante queda a la vista. Es como una casa con una fachada en ruinas para desalentar a los ladrones —hay que notar que en este caso las cosas que hay en el interior no pueden ser robadas— y eso no solamente desanima a los ladrones sino a todas las personas que pasan.

Y es que cuando todo está dentro de la cabeza —pensamientos creativos, intrusivos, destructivos, positivos, imperativos— es difícil distinguir o separar las diferentes capas, a veces los hilos de pensamiento simulan un nudo gordiano y no hay espada capaz de deshacer esa maraña. Siempre me ha intrigado el pensamiento de las demás personas, me imagino que su mente está llena de cosas que pugnan por salir, pero eso podría ser una mera proyección.

Suelo pasar mucho tiempo pensando en soledad, algunas veces le doy tantas vueltas a un asunto como el númeo de circunvalaciones que da un electrón en un año —es evidente que soy exagerado, me lo han dicho un millón de veces— pero son tan dispares los temas que revolotean en mi azotea tan rápido y tan frenéticamente que es difícil tener un interlocutor a la mano, sin contar que dos de ellos, los primeros y que significaron mucho ya pasaron a mejor vida, en estos momentos en los que la serie mundial está  en progreso, recuerdo las charlas que tenía con mi padre durante los partidos, yo sé que no le gustaba mucho y que lo hacía por mí, era su forma de pedirme perdón por convencerme de no jugarlo. Con mi abuelo siempre lo visitaba en su taller y hablábamos por mucho tiempo, sin un tema en particular, nos contábamos las cosas que pasaron sin importar lo lejanas en el tiempo, se ponía particularmente filosófico en los rosarios.

Muchas veces quisiera tener otro medio expresión. Y mucha más veces siento que necesito hablar.

Mi tribulaciones matemáticas son inofensivas pero no muy atractivas para la mayoría, hasta aburridas podría decir, otras ideas resultan inútiles sin las debidas referencias, otras requieren cierta apertura. Pero entre el momento propicio, las referencias, y el tiempo me he quedado con muchas cosas en el tintero. Algunas veces el teléfono, los hangouts, el WhatsApp, el correo electrónico y extraordinariamente el correo ordinario intentan llenar ese vacío, pero siempre quedan huecos. Hay momentos irremplazables como una caminata por reforma en una feria de culturas internacionales. una discusión desde el corazón de la historia de la literatura o el esclarecimiento del comportamiento de ciertas personas, una mano en la nuca.

Por eso quiero agradecer infinitamente a aquellos que me escuchan, que levantan el teléfono, responden los mensajes, mandan música o algún comentario. Aquellas personas que me han escuchado pacientemente: Los quiero mucho, ustedes saben.

 

 

 

el gis y la teoría de la información en el día del maestro

El mayor problema en la comunicación es la ilusión de que se ha logrado

George Bernard Shaw

La teoría de la información surgió principalmente debido a la segunda guerra mundial, donde las comunicaciones por medios tecnológicos, en términos básicos, existe un emisor, un canal de comunicación y un receptor; lo que se estudia es la forma más económica y eficiente para mandar el mensaje. Esto podría parecer trivial pero era de vital importancia en las trasnmisiones con códigos secretos en la guerra, en el caso de las comunicaciones con alguna estación espacial la mayoría del mensaje se pierde en el camino, así que hay que repetirlo, no es muy diferente que cuando se está hablando con alguien que apenas oye. Tampoco es difícil que algún ruido no nos permita escuchar o que alguna interrupción interrumpa el canal, por eso las famosas “cambio” y “cambio y fuera” para avisar que se terminó con la comunicación. O el cambio de señal analógica a digital donde lo que hablamos por el celular es convertido a 0’s y 1’s que serán transmitidos y luego convertidos de vuelta en un tiempo a veces imperceptible, también en Skype y en los hangouts de G+.

Pero lo más importante de todo es el mensaje, ¿cómo asegurarse que lo que uno quiso transmitir, no solamente llegó sino que fue interpretado correctamente esta es una pregunta que borda en los límites de Wittgentein y no tiene respuesta definitiva.

Quizá mi mayor experiencia se centra en la docencia donde pensaba que entendía el ruido que se filtraba entre el maestro y el alumno, que escribí aquí mismo. Quizá entonces tenía más claro la comunicación, o estaba más en contacto con diferentes personas, o que era un ámbito más académico, tal vez haya perdido mis capacidades pero siento que ahora mucho de la comunicación se me escapa.

Tengo una inflamación en los oídos que me dificulta conciliar el sueño, esto es producto de que una gripa se complicó y se extendió a los oídos, eso me pasa porque mi tolerancia a los síntomas es alta y no me cuido lo suficiente, ahora la primera vez que recibí el diagnóstico me recomendaron que no usara más gis. Y recordé un regalo de mi época, un portagises que de alguna forma me hacía sentirme orgulloso de dar clases, y recuerdo lo triste de la noticia, como si no fuera mi camino.

Pero mucho más que volver a dar clase quisiera poder comunicarme.