Archivo del sitio

the real me

Yo nací un día que Dios estuvo enfermo.

César Vallejo

Por primera vez en mucho tiempo mi ciudad no está contenta conmigo, me pregunto el parentezco que tiene la ciudad con la madre tierra. ¿Será que alguna de las dos me conoce en verdad? ¿Es posible que luego de verme de cerca tanto tiempo, de mirar mis acciones y escuchar mis palabras conozcan a la persona que soy realmente?

Yo creo que aún me faltan cosas por aprender de mí, e incluso algunas de las cosas que pueden ser percibidas por mí no son mi yo verdadero sino una reacción al mundo externo. Tal vez apenas comience a ser yo mismo apenas, luego de estar confinado en muchos aspectos por mis miedos, por las ideas que me gritaban al oído mis demonios.

Por eso me sentía solo, con la idea de que la felicidad quedaba demasiado lejos, mis ideas se apresuraban hacia la fatalidad a una velocidad pasmosa. Algunas veces la tristeza se  apoderaba de tal forma que la hacía apenas tolerable, pero lo peor de todo es que no daba la sensación de que la solución era externa que no podía hacer nada para remediarlo.

Luego de un reclamo de un amigo de tanto tiempo me hizo darme cuenta de que cada quien está en su onda, que no es que no le importe a nadie, cada quien tiene sus propios demonios para luchar, que nadie va a tenderme la mano si no la pido y que el principal responsable de mi bienestar soy yo.

Algunos tránsitos son más difíciles que otros, también algunos tienen que completarse sin ayuda.

20140421_130952

Gestos y opiniones del Doctor Peyot

La patafísica es la ciencia de las soluciones imaginarias

Alfred Jarry

Dicen que a las personas las conocemos por sus actos y no por sus palabras, pero creo ni siquiera la combinación de ambas alcanza para entender lo que pasa por la mente de esa persona.

Cuando tomaba clases de inglés un par de maestros que me dieron clase en distintas ocasiones comenzaron a discutir al respecto de mí, de mi actitud y comportamiento en clase, fue una discusión tirante en la que solamente se pudieron poner de acuerdo en mi desempeño, cuando le preguntaron a mi entonces profesor respecto a mí les dio otra versión. y ninguno estaba equivocado.

En una clase me preguntaron mi opinión de la filosofía de San Agustín de HIpona, como me encontraba somnoliento no di una respuesta académica, solamente expresé lo que pensaba en verdad, medio salón lucía perplejo, cuando terminé de responder la maestra me miró a los ojos y me preguntó “¿en verdad piensas eso?”

En algún momento de mi infancia, al intentar explicar la parentela política, usé a una niña como ejemplo para explicar que el esposo de su tía —la hermana de su padre— era su tío político porque en verdad no era su tío, coincidentemente ella era hija putativa, fui acusado de insensible.

Una tarde estaba en un café de Coyoacán en Jardín Centenario platicando con una amiga y se acercaron a ofrecerme unos panfletos mientras daban sus discursos acerca de su condición con VIH y de cómo estaban recabando dinero honradamente, yo les señalé que me gustaban mucho más los panfletos anteriores, los que tenían información, datos estadísticos y las últimas noticias acerca de la enfermedad; que quizá el cambio a poemas cursis lograra el efecto de ablandar el corazón y quizá obtendrían algo más de dinero pero seguramente no ayudaba mucho en el cambio de mentalidad. Fui tachado de homofóbico y, aunque desconozco la razón, no volví a salir con mi amiga.

En una fiesta en casa de Azul, su amigo Afi estaba despotricando en contra de mi amada ciudad y alabando la regalada vida de su natal Tehuacán, yo estaba pensando seriamente llevarlo de visita al bordo de Xochiaca pero terminé dándole un aventón —no de tripas— y una patrulla nos detuvo luego de avanzar una corta distancia, huelga decir que había bebido copiosamente. Tenía pintadas en el dorso de las manos un par de cruces de color negro y rojo y portaba una gabardina negra. Bajé del auto para tener más espacio para conversar, les dije la verdad que venía de una fiesta, que había tomado demasiado y que las marcas que tenía pintadas eran para evitar que le hiciera daño a alguien, parece que mi sinceridad logró que me dejaran ir, aunque también se notaba algo de miedo.

En la preparatoria tuve la idea de tener varias camisas iguales —rayas verticales, unas con rayas grises y otras con rayas rosas— y como las usaba un día tras otro parecía que siempre estaba vestido igual, parece que este atuendo combinado con mi peinado y mi constante dormitar en clase me otorgaron la categoría de perdido en las drogas.

Cuando tenía el cabello largo solía sostenerlo con esas donitas de tela, mis colores favoritos eran el lila y el rosa —ambos pastel— lo que solía despertar sospechas sobre mis inclinaciones sexuales aunque solamente en una ocasión me preguntaron directamente, también tenía unos converse lilas y unos azul turquesa —jamás pude conseguir rosas de mi número— generalmente usaba un color diferente para cada pie, cuando alguien me hacía la observación siempre le respondía: “y en mi casa tengo un par igual”.

Me gustaba ir al tianguis del Chopo vestido de traje, me divertía mucho recibir el mismo tipo de discriminación del que tanto se quejaban los asistentes regulares, incluso algunas veces agregaba unos comentarios contra Kurt Cobain para condimentar aún más la situación.

Un día fui a comer con mi entonces novia y una amiga de ella a una cocina que estaba a unos pasos del metro Copilco, la comida corrida incluía una jarra de agua, pero yo no pedí la comida corrida sino unas enchiladas, cuando me negué a tomar un vaso del agua que les habían traído con su comida su amiga me acusó de rígido.

Mientras estudiaba el 4 semestre de alemán en el CELE mi maestra Laura salió de viaje y fue sustituida por una maestra nacida en la selva negra Ilse Heckel, quien luego de un par de clases me dijo que no tenía perdón de dios, varias cosas de las que pasaron durante el curso merecen una mención aparte, pero al final de curso, luego de observar mi examen y mi calificación —solamente Perla y yo sacamos 10— me preguntó por lo que estaba estudiando seguramente buscando alguna explicación, cuando le contesté que Actuaría me dijo que seguramente yo era muy ordenado, solamente sonreí.

Muchas veces pensaba que mi imagen estaba fragmentada y que la verdad de mi persona estaba repartida entre amigos y enemigos. Quizá esta herencia también exista porque nadie va a recolectar los pedazos.

donitas converse