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Científicamente probado

Probamos por medio de la lógica, pero descubrimos por medio de la intuición.

Herni Poincaré

Tengo una imaginación galopante y un alma rebelde. Siempre que escucho que algo tiene que ser de cierta manera encuentro diversas alternativas. Siempre estoy sopesando posibilidades. Creo que esa es la razón por la que me sentí una tranquilidad de espíritu cuando me adentré en las matemáticas. Había encontrado una certeza.

Dentro de las ciencias existentes, solamente en dos existen pruebas absolutas: en las matemáticas y en la lógica. Los teoremas se demuestran, y esas demostraciones seguirán siendo válidas. Como la famosa suma de enteros: 1 + 2 + 3 + …. + n = (n*(n+1))/2 que no importa para cuál n sea, el resultado siempre es válido. Y no es que se pruebe número por número por número sino que se usa inducción matemática. Pero la razón detrás de que existan estas demostraciones en ambas ciencias es un carácter completamente abstracto, su objeto de estudio son conceptos e ideas inventados por el hombre.

Es por eso que en las otras ciencias hay conceptos que van cambiando desde la idea de que todo giraba en torno a la tierra. O esa idea que al parecer ha vuelto de que la tierra es plana. Eratóstenes calculó la circunferencia de la tierra hace como dos mil doscientos años y los terraplanistas fundan su asociación a mitad del siglo XX.

Mi paso por la carrera de actuaría me acercó a la estadística, revisando cómo elegir muestras, diseñar experimentos y probar hipótesis. Una lección importante es que se pueden cometer dos clases de error: aceptar una hipótesis falsa o rechazar una verdadera, i.e., creer una mentira o dudar de una verdad. Una referencia al mito de Casandra.

Siempre que veo discusiones, comerciales, anuncios donde se utiliza la palabra científicamente comprobado una señal de duda se enciende. No solamente me pregunto la forma en que lo intentaron probar sino los resultados que obtuvieron. Durante mi afortunado paso por la universidad tuve la oportunidad de conversar con compañeros de diferentes facultades para preguntarles acerca de cómo procedían en la aplicación del método científico. Yo estaba interesado en sus resultados, en estudiar los comportamientos erráticos o no esperados, para investigar esos datos y darles una explicación. Que dicho sea de paso lo pude hacer en Física y Astronomía. Pero me dijeron que cuando un experimento no le salía lo tiraban y volvían a comenzar, ¡sin anotar los resultados! Fue una decepción.

Por eso cada que veo anuncios con “nuevos ingredientes” como el agua micelar o el ácido hialurónico, recuerdo el disulfuro de selenio que anunciaba Selsun Azul a finales de los 80s porque a principios todavía era famoso el comercial donde salía el Tata presumiendo que él no tenía caspa, ni pelo. O la melamina de ponderosa que tanto anunciaba K2. Pero seguro ya quedó en el olvido el ácido de frutas para las cremas, las piretrinas para los insecticidas o la vitamina PP que se añadía al gel para peinarse.

Quizá por eso sea tan escéptico ante los resultado con los que bombardean los noticieros respecto a la situación actual. Porque he visto desde las ridículas explicaciones de alimentos que mantan al virus debido a su pH (algunos fuera de la escala) o el número de muertes por COVID porque por medio de una corta feria ponen como causa de muerte el virus y así el gobierno para la cremación. En un lugar donde existe semejante corrupción es más difícil cuadrar las cifras.