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tipo de cambio

Un banquero es un señor que nos presta un paraguas cuando hace sol y nos lo exige cuando empieza a llover.

Mark Twain

La primera vez que supe que el dólar se había disparado, luego de la perruna defensa del peso a cargo de López Portillo —agarren a López, por pillo—, no tuve un impacto directo, aunque sí me di cuenta de los estragos de la inflación, basta imaginar que el dólar fue de 12.50 hasta 2289.58 en los periodos de Luis Echeverría hasta Miguel de la Madrid, en ese tiempo los fayuqueros fueron los que sintieron el impacto.

El famoso error de diciembre me impactó en el precio de los artículos informáticos, porque mi único contacto con alguna moneda extranjera se limitaba a las monedas que había en la colección familiar, ahora entendía mucho mejor lo que sucedía pero hasta entonces y por lo menos por un lustro más no había tenido necesidad de usar alguna moneda extranjera.

Pero llegó un concierto que no quería perder y tuve que conseguir dólares, fui al bancomer que está en Insurgentes esquina con Vito Alessio Robles, justo estaba entrando cuando vi que una señora iba a cambiar sus dólares, le propuse que lo hiciéramos por fuera del banco al promedio entre el tipo de compra y el de venta, aceptó y los dos nos fuimos felices —la cantidad que iba a cambiar era justo lo que tenía pensado comprar— en esa ocasión ya tenía el dinero y el boleto mucho antes del viaje. Lo que hizo más fácil conseguir buenas ofertas.

Durante un viaje a Toronto y luego a New York, mi amigo Felipe me encargó un XBOX —pagando por adelantado—, cuando salí el dólar canadiense estaba incluso por encima del estadounidense —alrededor del .92— entonces cuando estaba en el Toy R Us del Dufferin Mall estuve a punto de comprarlo pero como había ya visto otra oferta en la misma tienda pero de Nueva York con más juegos decidí esperar.  Ya tuve que pagar la diferencia del equipaje en el regreso de Toronto —encontré una tienda de libros usados qeu tenía ordenados los libros, fue un paraíso— luego ya en la gran manzana justo al comprar la consola, me di cuetna qu el tipo de cambio había cambiado mucho, no solamente el USD era mayor que el CAD, el tipo de cambio con el peso estaba arriba de 14 todas las compras me salieron mucho más caras de lo esperado. Para colmo cuando iba rumbo a la estación Grand Central se rompió la maleta que llevaba obligándome a comprar otra en una de esas tiendas cercanas a Broadway, que uso a la fecha.

Durante el período que estaba tramitando la visa de trabajo para Brasil, me la pasé viajando, además de clásico México-Brasil fui varias veces a Londres y para diciembre —todas los sellos de Argentina en mi pasaporte son de diciembre— e hice un viaje a Colonia, Uruguay —por barco— ahí los comerciantes manejaban peso argentino, real brasileño y la moneda local, es decir te cobraban en esa moneda, bueno casi todos, pero al final terminé cargando una mayor diversidad de divisas en la cartera (ARS, BRL, GBP, MXN, USD, UYU)

Cuando comencé a recibir mi sueldo en reales el tipo de cambio era de aproximadamente 1.5 ahora está en niveles de 2.35 esto de la devaluación es extraño para las naciones del primer mundo, cuando una moneda es estable y llevan su balance en esa moneda encuentran extraño tener que preocuparse por un cambio drástico en el tipo de cambio de su moneda. No entienden completamente el concepto de revaluación mucho menos si se hace diariamente.

Como mando regularmente dinero para México —principalmente a mi madre— tengo que mandar en dólares, por lo que me atoran con el tipo de cambio dos veces, primero al cambiar a dólares y luego al regresarlos a pesos, uno que ya está tan acostumbrado perder en el tipo de cambio que no repara uno en la cantidad que eso representa o se olvida que siempre hay otras opciones

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el petate del muerto

ay ay asústame

ay ay asústame

vampiresa de aparador

Jaime López

Dicen que durante una reunión en Villa Diodati en el verano del año que no tuvo verano —1816— departían encerrados por la lluvia el matrimonio Shelley, Lord Byron con su médico de cabecera Polidory y Claire Clairmont; ese fue el origen de Frankstein y Drácula —al menos literario— dudo que hayan tenido idea de la magnitud que alcanzarían y la variedad de instancias —algunas verdaderamente heréticas— que han surgido a la fecha.

Pero los contactos con este tipo de criaturas son escasos, generalmente están disfrazados y prácticamente nunca he tenido que enfrentarme a ellos, Existen por otra parte monstruos más cercanos, lacerantes, inoportunos y hasta aceptados socialmente, ahora habría que recordar que monstruo tiene varios significados pero generalmente nos referimos a “ser fantástico que causa espanto”.

Existe un diablo rojo, que evidentemente no es alemán —en las culturas germánicas el diablo es negro— de hecho no es muy conocido en el primer mundo, sus víctimas son predominantemente de países subdesarrollados, atacan en circunstancias desfavorables provocando un encarecimiento de los recursos y dejando a ciertos grupos en posición vulnerable justo para que otras personas se aprovechen de ellos. Sus víctimas rara vez salen en las noticias pero sus ataques sí, en la sección financiera.]

Hay otro que no hace mucho ruido, susurra insistentemente, nos acosa con preguntas que nublan la mente, proyecta imágenes que aceleran el corazón y nos inyecta una duda que acelera el corazón. Al luchar en su contra la sangre fluye hacia nuestras manos —es la preparación natural del cuerpo ante una pelea— pero cualquier golpe termina fallando y golpeando algo —o alguien más— generalmente dañándolo irreparablemente. Es un fantasma de ojos verdes.

Los efectos pueden no manifestarse inmediatamente ni ser tan aparatosos, existe un monstruo que vive agazapado devorando de a poco lo que está a la mano, es apenas perceptible pero ataca cada día sin fallar alimentándose de los sueños, de la imaginación, de la novedad dejando únicamente la inercia aunque parezca inofensivo tiene más fuerza que el amor —el mismísimo Juanga sabe de eso.

Y son peores los que me habitan.

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