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el gis y la teoría de la información en el día del maestro

El mayor problema en la comunicación es la ilusión de que se ha logrado

George Bernard Shaw

La teoría de la información surgió principalmente debido a la segunda guerra mundial, donde las comunicaciones por medios tecnológicos, en términos básicos, existe un emisor, un canal de comunicación y un receptor; lo que se estudia es la forma más económica y eficiente para mandar el mensaje. Esto podría parecer trivial pero era de vital importancia en las trasnmisiones con códigos secretos en la guerra, en el caso de las comunicaciones con alguna estación espacial la mayoría del mensaje se pierde en el camino, así que hay que repetirlo, no es muy diferente que cuando se está hablando con alguien que apenas oye. Tampoco es difícil que algún ruido no nos permita escuchar o que alguna interrupción interrumpa el canal, por eso las famosas “cambio” y “cambio y fuera” para avisar que se terminó con la comunicación. O el cambio de señal analógica a digital donde lo que hablamos por el celular es convertido a 0’s y 1’s que serán transmitidos y luego convertidos de vuelta en un tiempo a veces imperceptible, también en Skype y en los hangouts de G+.

Pero lo más importante de todo es el mensaje, ¿cómo asegurarse que lo que uno quiso transmitir, no solamente llegó sino que fue interpretado correctamente esta es una pregunta que borda en los límites de Wittgentein y no tiene respuesta definitiva.

Quizá mi mayor experiencia se centra en la docencia donde pensaba que entendía el ruido que se filtraba entre el maestro y el alumno, que escribí aquí mismo. Quizá entonces tenía más claro la comunicación, o estaba más en contacto con diferentes personas, o que era un ámbito más académico, tal vez haya perdido mis capacidades pero siento que ahora mucho de la comunicación se me escapa.

Tengo una inflamación en los oídos que me dificulta conciliar el sueño, esto es producto de que una gripa se complicó y se extendió a los oídos, eso me pasa porque mi tolerancia a los síntomas es alta y no me cuido lo suficiente, ahora la primera vez que recibí el diagnóstico me recomendaron que no usara más gis. Y recordé un regalo de mi época, un portagises que de alguna forma me hacía sentirme orgulloso de dar clases, y recuerdo lo triste de la noticia, como si no fuera mi camino.

Pero mucho más que volver a dar clase quisiera poder comunicarme.

 

 

Al maestro con cariño

El que en un arte ha llegado a maestro puede prescindir de las reglas.

Arturo Graf

Durante los últimos años de su vida mi papá solía felicitarme cada 15 de mayo sin importarle que llevara mucho tiempo de no dar clase, está entrada se la quiero dedicar al aprendizaje. He tenido diversos maestros y de todos he aprendido algo, porque creo que la labor docente no consiste en mostrar los conocimientos sino el ayudar a encontrar el camino.

La maestra Lulú fue mi primer encuentro con una docente, tuvo el acierto de mantenerme ocupado, de ponerme más y más trabajo conforme lo iba terminando, sin importarle que fuera demasiado adelantado al grupo, yo creo que entendió que dejarme ocioso no era una buena idea, la única vez que me quedé sin nada que hacer terminé enfrascado en una pelea donde perdí un diente. Otra maestra —de apellido Luna— cuando compartió información de su familia me mostró cuando revelas alguna parte oculta das la oportunidad de crear un vínculo con los alumnos. A mi maestra “Amanda Miguel” la conocí fuera del salón —le dábamos un aventón— y era muy raro observar el cambio. La maestra Maricarmen —un nombre repetidísimo entre las maestras de primaria— lloró en alguna ocasión por mi culpa haciendo lo que le importábamos.

Mi maestro “Pepe Celaya” nos enseñó a doblar un saco para guardarlo en una maleta y nos encomiaba al ahorro del agua. O el “Chachalaco” —referencia etílica— que nos mostró la amenaza como medio de motivación o el maestro “Demetrio” —de metro y medio— en cuya clase la falta de estudio podía terminar en una humillación pública. Y el “abedul” observó tres años seguidos mi nulos esfuerzos en las artes plásticas —y jamás me dio alguna indicación—

¡Cómo olvidar mis clases de Física! Donde M. jr —hijo del inamovible maestro de Química— nos enseñó a respetar a los demás compañeros, así que cuando teníamos que corregirlos teníamos que comenzar con la frase: “compañero, me parece que usted la está cagando”, en ese mismo curso, en la clase de Historia, recibíamos un trato personalizado —cada uno recibía un apodo— de parte del mismísimo profesor “cuchi-cuchi”. Cuando el “Cachirulo” se cayó durante la clase de matemáticas todos corrimos a ayudarlo y lo llevamos a la enfermería preocupados —cualquier otro maestro habría recibido al menos uno 50% de burlas— su dedicación era una enseñanza de que se puede ganar el respeto y cariño de los alumnos.

Mi paso por la FCPyS de la UNAM fue marcado por la épica María de Lourdes Quintanilla Obregón que me enseñó lo fiero que es el conocimiento, que para conocer la historia uno hurga en todas las fuentes posibles y después interpreta y decide; y esta es una labor personal.  Eliseo Diego me enseñó un pedazo de poesía cuando interrumpí dramáticamente su clase. En ambas facultades —Ciencias y Ciencias Política— me conmovieron los intentos de algunos maestros para que me quedara. Y tengo que agradecer a Arturo Nieva, que fue mi asesor de tesis y de maestría, tuvimos innumerables pláticas conde se mezclaba lo abstracto con lo mundano.

Feliz de regresar a tomar clases luego de un largo tiempo encontré a la maestra Rosa Nissán cuya clase me iluminó el alma y me animó a comenzar con este blog, pero lo más importante es que debemos encontrar nuestra propia voz, fui testigo de la metamorfosis un compañero en una sola clase. También mi reciente incursión en la fotografía de la mano de  Melissa Szymanski quien no se guardaba ningún comentario y nos compartía fielmente sus experiencias, sin filtrar nada, como un torrente que no cesaba.

No fui un alumno promedio, no solamente alcanzaba a entender lo que los maestros querían enseñar, también las palabras que decían, lo que mis compañeros entendían y el lugar donde se rompía ese lazo. Creo que esto me permitió dedicarme mostrar el camino a algunos más. Entonces también aprendí muchas cosas de los alumnos:

La primera lección —y la más importante— es que no hay ningún concepto que no pueda ser entendido, todo depende de la forma de explicarlo, lo que hace la labor docente más interesante, con más responsabilidad; esto no exime de responsabilidad a los alumnos. Confieso que hubo un alumno con el que no logré del todo enseñarle ese camino, fue al primo de un amigo aficionado al tequila almendrado en garrafa de plástico, enseñarle los quebrados fue una labor titánica.

Muchas de las veces que di clases fueron particulares, alguien que quería pasar un examen de admisión o que necesitaba alguna calificación específica para su promedio, incluso unos que necesitaban sacar buenas calificaciones para obtener un premio.  Esa es otra lección, es importante saber para qué quieren el conocimiento, es más fácil enseñar para solamente pasar lo que quieren, porque si no hay interés es mucho más difícil.  Ahora algunas veces lo difícil es la atención, por ejemplo mi primo José Carlos no tenía problema alguno en entender las cosas, pero sí en concentrar su atención. Otra cosa que aprendí es que el miedo se puede quitar con un acercamiento paulatino, porque casi siempre proviene de una asociación que cuando es confrontada con calma suele desaparecer.

Cuando tienes la oportunidad de interactuar con muchas personas distintas tienes la oportunidad de asomarte a diferentes mundos y al reflejo que ellos tienen en ti, cuando hay alguna característica que te haga saltar, enojar, o alguna reacción irracional, sabes que tienes un problema interno que es reflejado con esa característica.

Recuerdo el tiempo que estuve en el taller de matemáticas fue el tiempo que más disfrute, cuando llegaban las personas a preguntar libremente y de cualquier cosa, fue cuano más problemas resolví, algunas veces recibía la misma pregunta en múltiples ocasiones, pero la manera de explicarla era diferente cada vez, incluso algunos de mis alumnos terminaron como amigos que aún conservo.

En algún tiempo pensé que esa sería mi vocación, me imaginaba una mezcla de las películas de Simitrio y Al maestro con cariño con el cuento de Luvina y en algún momento lo abandoné, no estoy seguro de lo que dejé atrás o de lo perdí, si todavía puedo hacer alguna diferencia, por eso quiero mandar una felicitación a todos mis conocidos que siguen en esa labor harto ingrata.