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Déjala tranquila

Esta es la historia de una niña que vivía allá por mi casa y todas las noches se escapaba …

A pesar de que en esta historia lo más parecido a un hada madrina eran las que usaban los judiciales para hacer diferentes tareas, generalmente no muy dignas. Aún así le dieron algunos regalos de nacimiento, uno en especial ha influido en su transitar y quizá trazado un rumbo tan fijo que quizá sea difícil que desvíe su camino.

Ella siempre ha pensado que lo que ella hace con su vida es muy su decisión —claro que hay muchas personas que le importan tanto que no las quiere lastimar— pero no se ha dado cuenta de lo que sus acciones llegan a influir en los demás, como si fuera una película vista por muchas personas.

Desde niña fue consciente de su belleza, la que no dudó en aprovechar para obtener el favor de los que la rodeaban, parece que la sociedad favorece, de acuerdo a la sociedad las personas bellas tienen más amigos, son más deseadas, tienen mejores empleos y más remunerados (alrededor del 16%), consiguen más cosas que los demás, reciben mejor atención. Aunque nunca he estado de acuerdo en favorecer estas conductas —esto podría ser por supuesto debido a un resentimiento por el rechazo sufrido por mi exterior— ahora comienzo a darle una pulida a mi exterior a poner empeño en cosas que consideraba banales pero todo el mundo no.

Tan importante era que aún enamorada de su novio, le daba vergüenza andar de la mano de él, la importancia de la opinión de los demás hacía que prefiriera tratarlo distante sin que sus sentimientos importaran. Algunas veces hay que aceptar que la pareja no se siente orgullosa, como así lo atestiguan los cuchicheos en el baño, las sobremesas relajadas o las pláticas al calor del alcohol.

Ella sabía además que las mujeres pueden mentir mejor, que cuando ellas quieren pueden engañar no mucha más maestría que el hombre, con verdadera discreción. Y, en caso de que hubiera duda, no hay poder humano que las haga confesar, así las hayas visto besándose al bailar durante una fiesta en las alturas, o la hayan visto entrar en la parte de atrás de la ambulancia con el conductor justo antes de que se balanceara. O peor aún cuando tiempo después te platica más detalles de su novio y te das cuenta de que en realidad lo engañó a el contigo en lugar de que fuera al revés.

Pero el amor de su vida llegó, en forma de una hombre cuya inteligencia no le ayudaba a tratar mejor a los meseros, sus costumbres eran una reacción antagonista y su bondad se ocultaba bajo la capa opaca de su hermetismo que rayaba en deshonestidad. En realidad las características poco importan, cualquier rasgo es el pretexto para que ellas entreguen su amor incondicionalmente, para que queden prendadas de por vida. Y juran que por él darían la vida, y la dan cotidianamente, ya sea con las labores domésticas, con sexo complaciente, con regalos, cambiando sus conductas. Y uno podría pensar que esto es les asegura ser correspondidas, que obtendrán beneficios recíprocos. Pero no es así, no importan las cosas que uno haga, jamás podemos asegurar que el otro nos ame. No vale soñar tener el cabellos chinos, los ojos azules o el cuerpo de artista del baile. Y no solamente recíprocos muchas veces los tratos son malos, llenos de orgullo y faltos de amor, pero eso no disminuye en absoluto su amor.

Pasa tan seguido que prefieren amar a alguien más, las características no importan,  puede ser más joven, con menos gracia, mas independiente, incluso del mismo sexo. Uno está seguro de que no le ofrece el mismo amor, nada de lo que queda a la vista sirve para armar una explicación lógica. NO hay explicación lógica.
Pero ese amor no termina, porque para ella la marca que se deja es permanente, ella siente que aún le pertenece que su cuerpo ha sido creado para él, que cada célula de su cuerpo lo llama, pero él no responde o responde intermitentemente, porque como dice el dicho ¿a quién le dan pan que llore? Supongo que debe ser una sensación embriagante tener tanto poder sobre una mujer, para qué renunciar a la oportunidad de tener acceso —sí, sexualmente— a una mujer que te ama y por la que seguramente todavía sientes algo.

Pero tampoco íbamos a esperar que una persona que trata de esa manera a la dama que más lo ama se retire caballerosamente, o que luche como un guerrero. Y quizá la solución sea un desmembramiento de todos los elementos que conspiran para que las cosas sigan pasando. Ahora que lo pienso yo ni vela tengo en este entierro, lo que pasa es que me acuerdo de muchas cosas.

 

Sentimientos de la nación

Ama hasta que te duela. Si te duele es buena señal
Teresa de Calcuta.

Uno nunca sabe cómo van a terminar las cosas, este último año trajo muchas sorpresas.
Quizá durante algún momento pensé que iba camino abajo, que la oscuridad que me rodeaba sería determinante. Por eso lancé un grito de ayuda a mis amigos. Ellos respondieron inmediatamente, algo perplejos y preocupados. Algunas veces el cariño no es suficiente para arreglar una situación, pero el hecho de pedir ayuda fue un paso muy importante.
Sentí que necesitaba una ayuda más espiritual, una conexión con el universo.
No sabía que un gesto de esa naturaleza me llevaría a una aventura tan emocionante: el amor.
Una musa caótica asomó un rayo luminoso que llamó mi atención, que hizo saltar a mi sexto sentido, que una certeza profunda me condujo hacia ella irremediablemente. No pasó mucho tiempo antes de que supiera que todo era verdad y que me enamorase irremediablemente.
Muchas leyes de la probabilidad se rompieron para que este amor surgiera, pero justo por eso sido tan fuerte lo que sentido. Y no iba a dejar pasar semejante oportunidad, ninguna adversidad me iba a desalentar.
Estoy completando mi mes más feliz, he aprendido tantas cosas, no sabía que tenía tantas cosas por perdonarme, o que podía apagar los pensamientos en mi cabeza, a despojarme de lo no esencial. De la sonrisa que puede durar tanto, de este sentimiento de agradecimiento que renueva mi fe.
Ahora sé que tengo demasiadas cosas por agradecer, soy demasiado afortunado. Sobran los motivos para festejar.

Déjà vu

Nuevas flores en tu jarrón, nuevos cuadros en tu pared, nuevos discos en tu rincón, nuevos besos para tu ser. Pero la misma vieja canción “del no sé qué hacer, no sé qué hacer”.

López/Elorza (ambos Jaimes)

Creo que mi percepción está cambiando mientras caminaba por las calles céntricas de  São Paulo que se encuentra en tiempos electorales con un tinte parecido a lo que pasa en México, han sido unos días extraños en los que la vida actual se mezcla con el pasado, como si todo convergiera en este momento, yo que tengo vasta experiencia viviendo historias entrelazadas me doy cuenta de que lo que atraviesa es semejante a una maraña de cables en  la azotea o atrás del escritorio donde tengo mi computadora, los que alguna vez me visitaron saben del enredo del que estoy hablando.

Recientemente y de manera virtual escuché un timbre de voz que me recordó a la forma de hablar de otra persona, y hubo una reacción interior inmediata, por un lado me di cuenta de la forma en que esos pequeños detalles detonan explosiones afectivas, pero también me di cuenta de esa forma de hablar -infantil y caprichosa- me pueda resultar tan atrayente, porque es un evidente peligro quedar en manos de una fémina veleidosa, hay tantas cosas que pueden pasar:

Al principio de mi último año en la preparatoria un compañero —parte del trío de primos que compartía en mismo nombre de su abuelo— me presentó a una muchacha con exuberantes atributos, que en sus palabras “era de buena familia” —claro que no se refería que abundara la bondad entre ellos sino a su dinero— este era muy raro porque nadie presentaba a las amigas en ese grupo de perros hambrientos. Me comentó que le gustaba que la trataran bien, la llevaran a buenos lugares —otra vez lo importante no era el sabor sino el número de $ que tenía en las reseñas de la revista Tiempo Libre— y luego de meditarlo largamente me dio permiso de cortejarla o, en sus palabras “cógetela si quieres” y la invité a salir y como era de esperarse fuimos a un sitio caro, onda el Villa Lorraine que estaba sobre Insurgentes, pero el dinero valió la pena, no solamente por la cena sino por el postre, claro que yo todavía estaba muy verde en la cuestión sexual así que fue una noche llena de sorpresas.  Pasó muy poco tiempo antes de que intentara repetir la experiencia así que la llamé y salimos de nuevo, sorprendentemente ahora fuimos a un lugar que estaba catalogado con $$$$ —solamente 4— pero se desquitó con la bebida y además al salir me hizo comprarle un florero carísimo todo para que al final no hubiera acción, recibí muchas burlas de mis amigos, que desde entonces se refieren al incidente como el día del “cristal cortado”, pero me sirvió para entender por qué mi amigo me presentó a aquella muchacha: ella no repetía.

Unos meses después, durante un partido de fútbol entre el área 1 y la 4, yo me encontraba en las tribunas apoyando a mis compañeros de área, cuando llegó un grupo de mujeres que animó inmediatamente a la tribuna, unas de ellas eran conocidas nuestras —la amigas jaladoras— y entre ellas venía una niña, bueno eso no es muy descriptivo porque muchas personas llaman niña a casi cualquier mujer con menos de 40 años, pero tengo que especificar que era una pre-adolescente que destacaba porque todas las demás estaban alrededor de los 20 años, la niña estaba maquillada y vestida de una forma muy provocadora, afortunadamente en ese tiempo todavía era menor de edad de lo contrario me podrían haber encarcelado tan sólo por los pensamientos impuros. Quizá alguno piense que la niña sufría de maltrato, al menos no de nuestra parte, ella nos manipulaba a su antojo.

Si a esto le sumamos mi proclividad por la entrega total —cantada por Javier Solís— puede ser una combinación explosiva, en alguna fiesta en casa de Azul, cuando aún estaba casado les comentaba que Valeria no se daba cuenta del arma tan poderosa que estaba blandiendo —refiriéndome a mí— porque estaba dispuesto a cumplir cualquier capricho y ellos se divertían azuzándola para pedir algo descabellado como un asalto o la obtención de un objeto preciado —fruslerías— el único inconveniente de esta forma de entregarse es que muchas veces las cosas se consumen como una hoguera inmensa y me quedo vacío al final —al estilo Emmanuel y que alguna vez canté en serenata—.

Apenas hace unos días conocía  una muchacha de hoy en un supermercado, hubo un click gracias a mi mexicanidad y el color de mis audífonos, y el fin de semana pasado tuvimos nuestra primera salida, y sí fuimos a un restaurante francés —uno que se pone de mamón— al final terminé tomándome toda la botella yo porque ella se negó a beber, también se negó a otro tipo de actividades alegando que tenía que ir a la iglesia. Mientras caminábamos se puso a pedir un helado con sus ojos de niña caprichosa, accedí sin más miramientos, pero cuando pidió algo descabellado luego de unos minutos tuve que hacer acopio de fuerzas para negarme, sólamente para descubrir que era una broma. Maldición