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teoría y práctica

Se sugiere que cuando la energía vital de un hombre se encuentra obstruida en su interior, la suavidad sirve para despertarla y traerla a luz.

I Ching Hexagrama 59 Huan (la disolución)

Cuando íbamos a jugar carambola a la academia de billar Gabriel Fernández —ruega por nosotros— me sorprendía mucho la habilidad de ejecución de nuestro fallecido amigo “El Chore”, cuando le decías lo que tenía que hacer era el que mejor lo ejecutaba, sin embargo era incapaz de encontrar la jugada adecuada según la ocasión, era totalmente dependiente de la ayuda de los demás. Yo era el mejor en la teoría y en la práctica me iba bien pero no tanto como lo hubiera esperado. También por esa disparidad entre la teoría y la práctica desistí de estudiar física.

Parece que siempre he sabido que tengo problemas y también la solución posible, a diferencia del Chore no he podido ponerlos en practica, muchas veces me recrimine por eso, ante la simple instrucción de “tienes que amarte a ti mismo” me descubrí perplejo, incapaz de llevarlo a la práctica, aún sabiendo que era algo en extremo necesario, vital incluso. Pero ese tiempo ha quedado atrás, estoy en un proceso de cambio, de profunda transformación en el que estoy aprendiendo a domar mi mayor fuerza: mi mente. Estoy dispuesto a cambiar, al hacer esta afirmación mi cuerpo tiembla un poco y la garganta se cierra, como si todo mi cuerpo se resistiera al cambio. El cambio no es fácil.

Mi mente suele  imaginar un sin fin de posibilidades  y generar una fuerza poderosa. Cuando estas características son bien utilizadas suelen producir portentos en diferentes ámbitos incluídos el académico, laboral, recreativo. Pero la moneda puede caer del otro lado y causar un cantidad innumerable de pensamientos que me lastiman, pierden y sofocan. Hasta ahora había dejado que se apoderaran de mí demasiadas veces, es como intentar domar una bestia poderosa con infinidad de cabezas, es de esas veces que no se puede matar al enemigo sino se tiene que convencer, con amor.

Mi poder es el de la transformación, entonces puedo convertir algo cotidiano en mágico, encontrar el lado luminoso en la desgracia, usar la fuerza de un golpe como impulso, pero también puedo desviar los halagos o peor aún reinterpretar comentarios inocuos como ideas lacerantes.

Por ejemplo si alguien hacia un comentario ofensivo a una persona obesa, yo sentía que los comentarios eran dirigidos a mí, recientemente hablaba con una amiga que describió a otro hombre como “perfecto” y repentinamente me sentí inadecuado, estas pensamientos llegaron a ser mucho peores en las relaciones de pareja.

Creo que siempre me he situado al final de la fila, esperando ser merecedor de algo que nunca llega —sin pedir ni expresar los deseos eso nunca iba a llegar— me sentía abandonado y muchas veces yo provocaba esta situación, como si al entrar en esa situación conocida tuviera algo de control. Muchas veces durante este aislamiento recurría a la comida o bebida para calmar esa ansia de amor, terminaba sintiéndome culpable al final. No me daba cuenta que era yo quien me estaba abandonando, que lo que veía en los demás era solamente un reflejo de lo que pasaba en mi interior. Quizá no me horroriza la dureza de mis pensamientos porque me he dado cuenta sino el tiempo sin hacer nada al respecto, la incapacidad de pasar de la teoría a la práctica.

Lo que comienzo a hacer son cosas que hago por primera vez, me siento desconfiado y perdido, como caminando en un terreno pantanoso, sin apoyo, como aprendiendo a caminar de nuevo, con muchas sensaciones nuevas. Estoy tomando este camino porque ya no me queda otro remedio. Yo quiero estar bien.

 

 

Deconstrucciones

ojos que impresionan / traspasan objetos / descubren la muerte oculta que hay en ellos / ojos bellos.

Malo – Real de Catorce

Este fin de semana se me antojó tomarme una michelada así que decidí estrenar mi exprimidor de limones con poca fortuna porque a la segunda mitad de limón quedó partido en 2:

Hay algunas características que me han acompañado desde que tengo memoria, lo que es decir bastante, la primera vez que me dieron a beber en un vaso de vidrio —a corta edad— terminé rompiéndolo con la boca —no fue la primera y dudo que sea la última que caen vidrios en mi boca— el único remedio que he encontrado fue el mascar un chicle para que se queden pegados los pedazos de vidrio, la otra ocasiones fueron los restos de un foco o los restos de un envase de sidral familiar. Mi primer regalo navideño fueron unos weebles, uno de ellos no tardó en ver su cuerpo quebrado. En la secundaria, al jugar frontón con pelotas de tenis rompí un par luego de un golpe y en una pelea callejera destruí mi tenis al asestar una patada a un amigo, era una pelea amistosa.

Y esto no solamente ha sido por mi gusto por la destrucción, como cuando quemaba los soldados de plástico o aquella explosión que rompió una taza de baño, me refiero a muchas rupturas involuntarias cada que abría una botella de sidra el año nuevo conseguía romper una copa con el tapón, también me tocó quebrar la pieza de cerámica para colocar el jabón del baño, o el pestillo para asegurar el zaguán al piso, una vez tropecé con él y terminó doblado, la marca en mi rodilla desapareció a los dos días.

Dos ediciones de Rayuela de Cortázar se deshicieron en mis manos tras la lectura, eran ediciones baratas pero creo que es exagerado que solamente hayan aguantado una lectura, el único estéreo de auto que compré solamente duró un par de canciones de un cassette de mi amigo Felipe, mientras se escuchaba una canción de Víctor Manuel —nada sabe tan dulce como tu boca— se descompuso negándose a tocar cassettes, y el radio solamente agarraba una estación aleatoriamente debido a esto una ocasión en que escuché un concurso de radio, encontré un teléfono para llamar, entró la llamada —algo inusitado— pero jamás supe la estación a la que llamé así que no pude recoger mi premio; en ese mismo coche —Napoléon— durante el tiempo en que tenía que cambiar constantemente las llantas porque ya se les veía el aire, degollé 2 birlos. En otra ocasión, también cambiando llantas, pero esta vez de un volkswagen, barrí una cruceta lo que me obligó a comprar otra de mejor calidad pero que luego de intentar de nuevo se desprendió todo el cromo de la misma. No puedo dejar de mencionar que rompí el posicionador del espejo lateral —hecho de metal—, también rompí una manija para subir el vidrio y estrellé el parabrisas un día que le di un pequeño golpe.

Muchos de estos incidentes son por impaciencia, lo reconozco, pero no dejo de pensar que existe un elemento extra, digo al abrir las cajas, envases, o cualquier envoltorio, al menos cuando son regalos creo que tengo la prerrogativa, pero con todo y eso puede terminar en un accidente desafortunado para mí si llego a dañar el contenido.

Los aparatos electrónicos no han tenido mejor suerte, el primer adaptador bluetooth que compré para la pc era algo parecido a la foto de abajo, venía en una caja delgada que rompí para sacarlo, no me di cuenta de que traía un cd pequeño dentro de la caja y terminé partiendo el cd accidentalmente, he terminado con varios teclados, con 4 controles de playstation unos 4 joysticks, innumerables mouses, he incluso con desarmador philips de cruz al atornillar un disco duro y que @DarthTrivious está como testigo del corte limpio.

Todos estos incidentes —y los demás que quedaron en el tintero— han sido involuntarios, eso no quiere decir que disfrute la destrucción como la vez que me tocó destruir un auto con un hacha o en un diciembre lejano cuando pude destruir una casa de madera para hacer una fogata durante un concurso de piñatas —con toda la facilidad que tengo para las artes plásticas— en la que con mucha imaginación conseguimos hacer un pac-man.

Creo que esta fascinación se debe a que pone en evidencia la fragilidad de las cosas, que hace manifiesta la segunda ley de la termodinámica cuando algo se destruye nos recuerda que las cosas nunca serán como antes, así es como la vida transcurre. Quizá sí tenga un talento para la destrucción. Todo esto sin hablar de otro tipo de rupturas, sin involucrar corazones, egos o ilusiones. Espero que esto me sirva para poder destruir los lastres que aún llevo.

Liberación de energía

Dios nos da a todos nuestra botella de vida, unos se la beben a sorbitos, otros a tragos,  usted se la bebió de un tiro apá, ya no le queda nada. 

No Desearás la Mujer de Tu Hijo (1950)

La semana pasada necesitaba reducir mi tiempo nadando 100 metros en la alberca pero me faltaban algunos segundos para completar mi meta antes de mi último intento recibí una observación de mi instructora: en lugar de empezar lo más rápido posible debería comenzar más lento e incrementar la velocidad paulatinamente para terminar en la cúspide y dar el mayor esfuerzo al final. Parece que estaba vaciando toda mi energía al principio y nadando la recta final tan lento que el promedio se veía muy afectado, la sugerencia funcionó a la perfección.

El resultado me demostró que estaba administrando inadecuadamente mi energía, este fue un concepto que me dejó reflexionando, con recuerdos brincando alrededor de los músculos oculares ¿será que toda la vida he actuado de la misma manera? … sí, lo he hecho.

En un suspiro una novedad captaba completamente mi atención, me desvelaba y vivía a flor de piel hasta que la consumía por completo, como si no hubiera mañana, ni siquiera un después. ¿Para qué guardar energía en algo improbable? No hay más que el presente, los planes no son sino meras especulaciones más falibles que los cohetes chinos.

Esto explica las distintas direcciones que ha tomado la elección de vocación que han variado de ser investigador, mago, programador de radio, maestro, inventor,  DJ, pasando por el mundo del teatro, el periodismo y la academia para terminar en el mundo de los mercados emergentes.

La tranferencia más clara de este fenómeno fue mi paso fugaz por el inicio (o final) del periférico a velocidades de competencia urbana, de haber sabido que mucho tiempo se pondría de moda después de Fast and the Furious me hubiera quedado más tiempo en el mundo de los arrancones.

Hay una equivalencia en cualquier dirección, cuando llegaba una serie veía los veintitantos capítulos uno tras otro, un día en una convención (CReeP Convention) mientras recorría los pasillos me regalaron una carta especial de CCG (Collectible Card Game), las numerosas cajas que compré los siguientes meses no alcanzaron para completar la colección. O incluso ayer en la madrugada después de un comentario telefónico me puse a completar el juego de Angry Birds sin descansar hasta obtener estrella en todos los huevos dorados.

Un amigo que en algún momento coincidí en un taller de poesía, en la facultad de Ciencias y además vivíamos a una cuadra de distancia -este sobrino de una leyenda boxística declaró que ya no necesitaba leer más libros y se dedicó a venderlos- me reclamaba que no tenía la respeto por los libros, que no los trataba con reverencia que los usaba como kleenex y los deshechaba luego de sacarles provecho. Era el más rápido del oeste en los exámenes, llegaba 15 minutos después de comenzada la clase -para dar un efecto dramático- y aún así salía antes que todos, claro con la nota más alta de lo contrario no tendría ningún chiste.

Si juntamos esta actitud con mi personalidad adictiva la pócima resultante es un cocktail molotov que combina el alcohol aleatoriamente con distintas sustancias. Llegar a una fiesta y gritar ábranle a la llave, o tratar el vodka como agua, beber usando popote o al fumar dándole el golpe al cigarro, luego aventarse un hidalgo y sacar el humo. Con ninguna técnica logré el objetivo final: olvidar.

Ahora después de esta lección, ya tengo otra opción para actuar, estoy seguro que es conveniente aplicarla en algunas situaciones, seguramente donde se requiera un esfuerzo constante y cotidiano para llegar a una meta.

Pero me sigo preguntando si habré hecho lo mismo en el amor.

N.B. un extracto de la película citada: