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alta traición

En ninguna cosa la infidelidad es más innoble y repugnante que en el amor.

Sören Kierkegaard

El artículo 22 de la constitución contempla la pena de muerte para la traición a la patria en una guerra —entre otras cosas— no es extraño que este sea una ofensa grave, incluso Dante le reservaba el peor círculo del infierno a los traidores, este ofensa puede ser traducida a diferentes ámbitos, en el caso específico del afectivo resulta muy doloroso experimentarlo.

Para que exista una traición se necesitan al menos dos entes y un lazo que pueda ser roto, algunas veces se trata de confianza, fidelidad, compromiso. Creo que el problema de algunos de estos lazos es que no son explícitos, muchas veces es algo que supuestamente debe ocurrir pero no es necesariamente así. Como en el caso de la fidelidad en una relación amorosa, parece que no es común al respecto, nunca se habla de lo que se considera una traición, ¿basta pensar, salir, un beso, sexo oral, coito, un capirucho? O como decía si los cachan en el acto no es infidelidad si consiguen pasar un cordel entre ambos cuerpos. En la antigua Roma era un crimen grave por lo que implicaba: la traición de una mujer podía implicar que el heredero de la fortuna no fuera legítimo.

En el primer año de primaria, durante la clase de inglés, por una emergencia diarreica le pedí la maestra permiso para salir urgentemente al baño, su negación resultó en un accidente escatológico, cuando finalmente conseguí ir le pedí a un “amigo” que cuidara la entrada para que el evento fuera un poco más privado, le ofrecí todo el dinero que llevaba, el lo tomó y luego fue a invitar a más compañeros para burlarse de mi desgracia, no solamente me sentí traicionado la amistad terminó.

Mi amigo Herrrrtor a.ka. el Chore aprovechó que dejé a Napoleón para que su padre —el Mai— le reemplazara la cremallera para usarlo sin mi consentimiento, yo sabía que eso era una práctica común lo cual no me exentó de sentirme defraudado más aún por otro amigo que lo acompañó. Cuando recibía la visita había que cuidarle las manos porque no era de fiar. Y quizá muchos de mis amigos no sean tan comprometidos, honestos u honrosos pero confío en ellos, en algunos casos les podría confiar lo más preciado. Me parece que la amistad es demasiado valiosa como para tirarla por la borda con un acto desleal, cuando estaba en el proceso de divorcio una amiga que pensaba imparcial develó algunas confidencias y tomo ventaja de su posición mediadora con consejos que me eran perjudiciales, fue una gran decepción

MGGL, la primera novia con la celebré San Valentín y que presenté a mi familia —bueno a mi primo Mario que organizó la fiesta allá por Garita— casi un año depués, un funesto 13 de febrero tuvo un descuido que me permitió descubrir sus amoríos con otra persona, devastado esa noche arrastré a mis amigos a una borrachera en búsqueda de solaz, el dolor que no se apagó con las botellas de ron Algusto que había en la fiesta de mi prima, ni con la charanda con jugo de naranja, ni burlándonos del Chore que jugaba atari con el control al revés —y desconectado— menos con los regaños al día siguiente de la mamá del Canun —que oficialmente era su primera noche de copas. Luego de terminada la resaca, durante un momento de reflexión reparé en mi rival —por llamarlo de alguna manera— no solamente era mi supuesto “cuate” sino entendía lo que había pasado luego de que me cayó el veinte me dirigí a su casa y le puse una madriza, hasta la fecha es a la única persona que he golpeado con odio. Ya había eximido a ella de culpas, por eso cuando me llamó para vernos —extrañamente en la calle de Uxmal— no sospeché que iba a aparecer el güey este con su banda para tomar venganza, decidí ignorar a los demás y concentrarme de nuevo en aquel hijo de la chingada. Al regresar la banda se ofreció a ayudarme con un venganza —Chucho específicamente— pero no tenía caso regresar.

También en alguna ocasión recibí directamente la frase “te engañé con alguien” así sin anestesia ni nada para después decirme que resultaba una broma, siempre me quedó la duda si había sido infiel o no, al menos durante ese último período de idas y venidas —ambas—  y me parece que no es que me haya puesto el cuerno con alguien creo que fue al contrario porque también estuve en el otro lado en algunas ocasiones, con no muy buenos finales, es curioso como la primera vez todas dicen que su matrimonio/noviazgo/relación es magnífica que todo es miel sobre hojuelas pero en la segunda salida empiezan a confesar los problemas íntimos.

Ahora en mi parte no creo que sea capaz de una infidelidad, he estado en esa posición apenas un par de veces, una dama de cabellos cortos de color cierto que le gustaba susurrarme al oído cuando contaba para que perdiera la cuenta, antes de que pasara algo nos encontramos casualmente en la tienda del la U.N.A.M. —ahí cerca del metro C.U.— ambos íbamos con la respectiva pareja. En otra ocasión estaba cortejando a dos damas simultáneamente, me invitaron a su cumpleaños para que les diera un regalo especial, resultó que era la misma fecha, lo tomé como una señal, por eso puedo dormir tranquilo, aunque mi amiga Miriam me acusa de haberle pedaleado la bici a su hermano, pero no es cierto porque como dice el dicho el que avisa no traiciona.

La pregunta es acerca de lo que pasa después, como nos enseña la entropía, es que las cosas no pueden volver atrás, el cambio es obligatorio.

la segunda ley (instrucciones para el fin del mundo)

Un loco tira una piedra al agua, diez sabios no la pueden sacar

Proverbio rumano

Recientemente he escuchado muchas personas quejándose de las reglas o las circunstancias que los rodean, como si el universo los convirtiera en víctimas sin escapatoria, como si no se pudiera hacer nada, como si tuvieran una memoria vacía y una fe quebrada, no hay peor prisión que la que se forma de circunstancias aceptadas con resignación.

¿Cuántas veces las palabras de nuestros padres, maestros o figuras de autoridad se convierten silenciosamente en leyes no escritas que aceptamos sin pensar y dictan nuestro comportamiento? Vivimos convencidos de que la letra con sangre entra, que quien bien te quiere te hará sufrir o que al que madruga dios lo ayuda. Y tantas frases que pueden tener un origen razonable pero que cuando las vivimos sin razonarlas nos impiden ver nuestro entorno de otra manera.

Cuando se trata de las leyes legisladas el pueblo mexicano tiene una arraigada costumbre de acatarlas pero no obedecerlas, quizá forjada durante la colonia cuando el rey se encontraba del otro lado del océano sin poder de vigilancia, la prohibición de producir seda, vino o naipes no fue observada eso no es muy lejano de la abundante venta de discos pirata, alcohol adulterado o documentos apócrifos actualmente, en ese sentido las leyes se ignoran olímpicamente sin que les quite el sueño.

Cuando se trata de las leyes físicas pareciera que son rígidas e inamovibles que además cae el peso de la ciencia y la historia, pero un vuelo en avión es apenas doblez de la gravedad, tenemos aire acondicionado para desafiar a la temperatura y algunas partículas que desafían la velocidad de la luz. Cuando se rompen las reglas en otras esferas también resulta interesante como el sonido 13 en la música o la cuarta pared del teatro, esas rupturas son una nueva oportunidad, es alentador ver nuevos caminos o posibilidades.

Logré romper varias reglas —muchas de etiqueta—, retorcer algunas como en los juegos y el lenguaje, y abrir nuevos caminos debo confesar que también he estado atrapado en barreras que se filtraron en mi inconsciente que me llevaron a tomar posturas demasiado rígidas respecto, por ejemplo, a mi resistencia, pensando que podía aguantar más que cualquier otra persona y actuando en consecuencia, muchas veces en detrimento de algún aspecto de mi persona. También he dado un peso exagerado a la justicia al punto de tener una paciencia infinita y una confianza que muchas personas consideran inadecuada y hasta peligrosa. Yo vivía haciendo múltiples actos de equilibrismo, si bien tengo mucho tiempo que intento vivir asimétricamente la verdad es que hay dos fuerzas dentro de mí —batman y el arcángel— de las que olvido su existencia y que, constantemente, buscan equilibrar los actos de su opuesto como si por cada fuego tuviera que pagar la emisión de carbono correspondiente, como si tuviera que dejar inalterado el equilibrio decadente del universo.

Es como si estuviera indeciso entre el deber y mis deseos, con un sentimiento enterrado que me impulsa a elegir el primero invariablemente, como si al descubrir esos anhelos me sintiera expuesto y lleno de culpa, una prisión que no me dejaba volar.

Quizá he tomado un papel que no me corresponde tratando de mejorar el universo, lo que es un error garrafal porque el mundo se va a desmoronar, tal vez no en la fecha prevista por los mayas, pero de que va a valer madre no tengo duda, así que no debería gastar energías en perseguir sueños ajenos, sin antes atrapar los míos que parecen inalcanzables y esa es la regla más difícil de romper.

Entropy

Deconstrucciones

ojos que impresionan / traspasan objetos / descubren la muerte oculta que hay en ellos / ojos bellos.

Malo – Real de Catorce

Este fin de semana se me antojó tomarme una michelada así que decidí estrenar mi exprimidor de limones con poca fortuna porque a la segunda mitad de limón quedó partido en 2:

Hay algunas características que me han acompañado desde que tengo memoria, lo que es decir bastante, la primera vez que me dieron a beber en un vaso de vidrio —a corta edad— terminé rompiéndolo con la boca —no fue la primera y dudo que sea la última que caen vidrios en mi boca— el único remedio que he encontrado fue el mascar un chicle para que se queden pegados los pedazos de vidrio, la otra ocasiones fueron los restos de un foco o los restos de un envase de sidral familiar. Mi primer regalo navideño fueron unos weebles, uno de ellos no tardó en ver su cuerpo quebrado. En la secundaria, al jugar frontón con pelotas de tenis rompí un par luego de un golpe y en una pelea callejera destruí mi tenis al asestar una patada a un amigo, era una pelea amistosa.

Y esto no solamente ha sido por mi gusto por la destrucción, como cuando quemaba los soldados de plástico o aquella explosión que rompió una taza de baño, me refiero a muchas rupturas involuntarias cada que abría una botella de sidra el año nuevo conseguía romper una copa con el tapón, también me tocó quebrar la pieza de cerámica para colocar el jabón del baño, o el pestillo para asegurar el zaguán al piso, una vez tropecé con él y terminó doblado, la marca en mi rodilla desapareció a los dos días.

Dos ediciones de Rayuela de Cortázar se deshicieron en mis manos tras la lectura, eran ediciones baratas pero creo que es exagerado que solamente hayan aguantado una lectura, el único estéreo de auto que compré solamente duró un par de canciones de un cassette de mi amigo Felipe, mientras se escuchaba una canción de Víctor Manuel —nada sabe tan dulce como tu boca— se descompuso negándose a tocar cassettes, y el radio solamente agarraba una estación aleatoriamente debido a esto una ocasión en que escuché un concurso de radio, encontré un teléfono para llamar, entró la llamada —algo inusitado— pero jamás supe la estación a la que llamé así que no pude recoger mi premio; en ese mismo coche —Napoléon— durante el tiempo en que tenía que cambiar constantemente las llantas porque ya se les veía el aire, degollé 2 birlos. En otra ocasión, también cambiando llantas, pero esta vez de un volkswagen, barrí una cruceta lo que me obligó a comprar otra de mejor calidad pero que luego de intentar de nuevo se desprendió todo el cromo de la misma. No puedo dejar de mencionar que rompí el posicionador del espejo lateral —hecho de metal—, también rompí una manija para subir el vidrio y estrellé el parabrisas un día que le di un pequeño golpe.

Muchos de estos incidentes son por impaciencia, lo reconozco, pero no dejo de pensar que existe un elemento extra, digo al abrir las cajas, envases, o cualquier envoltorio, al menos cuando son regalos creo que tengo la prerrogativa, pero con todo y eso puede terminar en un accidente desafortunado para mí si llego a dañar el contenido.

Los aparatos electrónicos no han tenido mejor suerte, el primer adaptador bluetooth que compré para la pc era algo parecido a la foto de abajo, venía en una caja delgada que rompí para sacarlo, no me di cuenta de que traía un cd pequeño dentro de la caja y terminé partiendo el cd accidentalmente, he terminado con varios teclados, con 4 controles de playstation unos 4 joysticks, innumerables mouses, he incluso con desarmador philips de cruz al atornillar un disco duro y que @DarthTrivious está como testigo del corte limpio.

Todos estos incidentes —y los demás que quedaron en el tintero— han sido involuntarios, eso no quiere decir que disfrute la destrucción como la vez que me tocó destruir un auto con un hacha o en un diciembre lejano cuando pude destruir una casa de madera para hacer una fogata durante un concurso de piñatas —con toda la facilidad que tengo para las artes plásticas— en la que con mucha imaginación conseguimos hacer un pac-man.

Creo que esta fascinación se debe a que pone en evidencia la fragilidad de las cosas, que hace manifiesta la segunda ley de la termodinámica cuando algo se destruye nos recuerda que las cosas nunca serán como antes, así es como la vida transcurre. Quizá sí tenga un talento para la destrucción. Todo esto sin hablar de otro tipo de rupturas, sin involucrar corazones, egos o ilusiones. Espero que esto me sirva para poder destruir los lastres que aún llevo.