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Cazadores de talentos

Muchos creen que tener talento es una suerte; nadie que la suerte pueda ser cuestión de tener talento.

Jacinto Benavente

Una de las monedas usadas en la antigüedad y famosa por su coincidencia con los tiempos de Jesucristo, además de haberse usado como moneda de cambio, era la cantidad de plata equivalente al peso del agua necesaria para llenar un ánfora: unos 34 kilos, eso sí que era una anforita.

Basta mirar alrededor para darse cuenta de los talentos de las demás personas, gracias a mi fortuna tengo personas muy cercanas con muchos talentos, comenzando por mi familia donde mi madre cuenta con un excepcional talento para bailar, relacionarse con la personas y encontrar formas de solucionar las cosas, a mi padre le encantaba innovar en cosas como carros, cámaras, sonido —lástima que dedicara tanto tiempo a un empleo que no lo llenaba—y mi hermana atrae la fortuna con gran facilidad —creo que ella no alcanza a darse cuenta de eso— además de la familia nuclear recuerdo mucho la habilidad de mi abuela en la costura o de mi abuelo al hacer los zapatos, mi sobrina Monse acaba de ser campeona nacional de Judo allá en Chiapas —cobijada con una excelente labor de sus padres— pero eso no se detiene en la familia.

Esto se extiende en muchas direcciones, tengo amigos que sobresalen en las artes plásticas, en la música (gracias Alan por el palomazo en mi cumpleaños), o en la decoración de sus casas, el acomodo estilo tetris de muebles y objetos, o en la corrección de textos, el armado de libros, los detalles de las manualidades, la facilidad para el baile la organización y la coreografía, la aguda percepción del otro, la soltura en el trabajo, la dedicación, las habilidades deportivas, el diseño, la publicidad, la locución. Ser una inspiración de los demás.

Pero la gente talentosa de la que estoy rodeado, algunas veces no perciben esos talentos en ellos mismos y se centran en sus defectos, en sus carencias, en lo que los otros esperan, quizá dejando de lado el desarrollo de los mismos. Algunos tienen metas completamente ajenas a sus talentos otros los tienen vinculados con cada aspecto de su vida.

Yo creo que mi talento es darme cuenta de las cosas. Así como hay gente que caza talentos para usarlos en su beneficio espero que yo pueda ayudarlos a usarlos en su beneficio.

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aceptación

Que procedas del cielo o del infierno, qué importa, /¡Oh, Belleza! ¡monstruo enorme, horroroso, ingenuo! / Si tu mirada, tu sonrisa, tu pie me abren la puerta / De un infinito que amo y jamás he conocido.

Charles Baudelaire

Desde niño percibí el asombro de los demás ante algunas características mías, mis 4.800 kilogramos de peso al nacer fue lo primero que sobresalió, mis pies sobresaliendo de las cunas de la maternidad ya pronosticaban que estaba fuera de proporciones normales. Cuando intentaba comunicarme con mi abuela ella me miraba con cara de extrañeza y me decía que era un marcianito, y jamás me contestaba otra cosa. mi tío Vicente fue sorprendido cuando le gané jugando brisca cuando tenía tres años, o también a esa edad cuando me colaba en la cocina cuando iba a hacer albóndigas para comer la carme molida cruda y beber el jitomate licuado y condimentado. Mi primo Martín dejó de jugar a las luchas cuando se vio volar por los aires, apenas por un tirón más en una llave. Seguramente sorprendió a los que hacían inventario de Sears en plaza universidad la falta de juguetes gracias a mi asalto organizado a los seis años, también en esa época me la pasaba persiguiendo a mis tíos Ricardo y Jaime preguntándoles capitales.

He sido un devorador de muchas cosas más que la comida, también devoraba libros, películas, programas de radio, datos triviales, música. Indiscriminado como si quisiera cargarme de todas las cosas posibles, muchos me acusaban de darle poca importancia a las cosas que consumía a no elegir adecuadamente las batallas que tenía que librar, pero esa indiscriminación era parte de la monstruosidad.

Fui poseedor de una energía descomunal que podía utilizar de muy distintas maneras, algunos me vieron destrozar la naturaleza con mis manos, cachar muebles que caían de la azotea sin lastimarme, recorrer en sentido contrario el eje central, destrozar un carro con un hacha, destrozar herramientas, tirar pedestales, romper marcas, romper madres. Pero en algún momento me avergoncé de mi fuerza, quise ocultar lo que era, a raspar los bordes con la idea de que eso iba a lograr que encajara mejor en el mundo, pero ya sabemos que no es cierto,solamente fue negar mi naturaleza. Intentar agazaparme para que no me vieran feo.

Nunca he aceptado de buena manera los halagos pero me han dicho de muchas formas, desde el mago de OZZ, o siguiendo con la magia también me han dicho Gandalf, el último en el trabajo, donde también la última esperanza, o el amo de las puertas traseras -nada que ver con sodomía- el Dr. House de los sistemas, oh Captain my Captain, PF, el guru, grosso, fenómeno, o cara dirían por estas latitudes. También he detentaedo el poder de derrocar tiranos, nivelar equipos, esperanzaer causas perdidas o imbuir de magia a cualquier objeto.

Algunos me han visto más de cerca, y saben por ejemplo que bajo esa masa descomunal coraza hay un corazón, algunos han visto muy de cerca mi distorsionada perecepción de la realidad evidenciada en una feria de las culturas en Reforma, otros han visto mi imaginación desbordada, también otros saben que si el mundo fuera un árbol de navidad yo no sería ni la estrella ni las luces sino la escarcha que pasa por todos lados. Incluso alguna persona le he mostrado el botón de apagado.

No debo ocultar más mi fuerza, mis ideas ni mis dones, tampoco mis defectos, mis bordes filosos, mi descomunal incertidumbre o las lágrimas que salen por mis ojos apenas existentes. Yo sé lo que llevo dentro es precioso, que justo el exterior se ocupa de mantener alejadas a las personas para que no sea tomado de gratis, que entiendan lo que es y por qué está encerrado.

Soy de los monstruos más bellos que han existido.

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San Felipe de Jesús, perdóname

Odiar el alma es no poder perdonarse ni por existir ni por ser uno mismo

Bernanos

Aunque ya había reparado en la importancia de perdonarse a sí mismo, no había atravesado por la experiencia completa.

Este sentimiento se gestó temprano en la niñez, cometí una atrocidad a muy temprana edad, tuve un descuido que ya he contado aquí. Ese incidente me dejó una idea de que había hecho algo mal y que jamás se iba a borrar.

Una de las cosas que me afectaba mucho de niño era ser acusado injustamente, no sabía cómo responder a esos señalamientos, me dejaban mudo, jamás conseguí defenderme. Recuerdo una vez que estaba jugando fútbol en el retorno, cuando aún no existían los piracantos, entonces recibí una falta que me hizo tropezar y caer entre el cemento, un pedazo con piedras de río y el pasto del jardín; justo en ese momento estaba mi padre enfrente que me gritó a manera de regaño “ya te dije que no jugaras en el pasto”, además del dolor del golpe esa acusación no solamente me hizo sentir mal  también provocó la burla de los que estaban jugando, no atiné a hacer otra cosa que quedarme callado.

Desde muy niño estuve preocupado por mi madre, sus sufrimientos de madre adolescente, sus miedos e inseguridad despertaron en mí un instinto protector desde temprana edad, obedecía sus mandatos e intentaba manejar sus neurosis, o lo más difícil era transitar la vida de la manera en que ella quería que fuera transitada por eso cuando ella me acusaba que no la quería o no me esforzaba o —lo más gacho— que no me importaba sentía

Este sentimpiento solamente se manifiesta cuando la acusación viene de alguien que me importa, porque alguna vez fui acusado por el maestro del temas selectos de matemáticas de haber copiado ¡ja! o los compañeros que me acusaban de indigente por llevar camisas idénticas en días consecutivos o de homosexual porque me detenía el cabello con donitas color pastel.

Y qué decir del amor, como cuando en un ataque de celos te acusan de que no les importas porque otra persona se sienta junto a ti, y sin importar las explicaciones siempre terminaba cargando con la culpa, o peor aún siendo acusado de estar “pensando en otra persona” era castigado impunemente y —como Sansón— perdiendo el cabello en contra de mi voluntad.

Y creo que jamás tuve una respuesta para esa sensación porque pensaba que me lo merecía, aunque no fuera cierto, quizá por eso todo este tiempo que he cargado con esa culpa me la pasé cargando muchas otras culpas que no me correspondían, culpas que no encontraba la manera de purgar salvo con penitencia, por eso no me había sentido merecedor a nada y había pasado muchas veces sufriendo en silencio sin poder compartir lo que sentía ocultando mi necesidad de ayuda, quizá por eso buscaba anestesiar esas sensaciones por comida, por eso castigaba mi cuerpo sin brindarle cuidados que pensaba inmerecidos. Por eso transitaba ese camino del autoabandono que tando me recuerda a mi padre y mi abuelo, alejados de los doctores, con enfermedades sin atender durante mucho tiempo.

Por eso puedo reconocer ese dolor, por eso pensaba que podía entender y ayudar a los otros, que lo que daba era porque era empático con el otro, quizá ayudando para evitar mirar hacia mi propia miseria. Y eso sí me da miedo, pensar que quizá todo lo que he hecho no ha significado más que mi ruta de escape, mi evasión, mi desesperado intento por liberarme de la culpa que como roedor desgastaba mi alma. No sé si ese sea el caso, no importa si todo mi mundo es falso porque necesito perdonarme por todo lo que me he hecho, necesito sentir que sí merezco ese perdón, que no voy a vivir condenado por siempre.

Me perdono.

feliz instante nuevo

Siempre a punto de partir / siempre esperando el desenlace.

Enrique Molina

A pesar de tener cierta obsesión por las fechas y los números ya vana varios lustros en los que pienso que no tenemos que esperar hasta el final del año para agradecer algo, para cambiar de rumbo o para arriesgarse.

Si bien no es necesario esperar a la fecha eso no quiere decir que tampoco puedo hacer na excepción y tomar el último día del año para hacerlo, algunas veces cuando goy gracias a las personas diciéndoles lo que siento y ellas me dicen que no es necesario les contesto que creo que es sano expresar ese sentimiento, que no es una deuda o mucho menos es para no guardarnos esa palabra amable que le corresponde a la otra persona.

Siempre he recibido mucho más de lo que merezco, este año he sido feliz viendo a mi sobrino/ahijado Santiago crecer, a pesar de que lo he tenido lejos alcanzo a ver la felicidad en su rostro, su risa libre de preocupación y eso me alegra doblemente porque hace un reflejo de mi hermana y cuñado, a quienes veo sonrientes. Veo a mi madre encantada con su nieto, igual de ocupada que siempre espero que encuentre muchas formas más de disfrutar su tiempo libre. Creo que he estado más al pendiente de los miembros de mi familia, todo a nivel virtual, pero más contento que preocupado, alegrándome más por las noticias recibidas.

Los amigos han ocupado una parte estelar este año, no solamente lo comencé con visita para darle la bienvenida a este año que se muere, también logré festejar mi cumpleaños en una fiesta con gran asistencia, logré pasear por la ciudad y convivir con ellos. También fue un año con algunas complicaciones que me obligaron a pedir su ayuda, la respuesta que recibí fue elocuente y abrumadora, demostrándome un gran cariño y preocupación que hizo creecer el ya abundante amor que les tengo.

Y también este año me ha dado muchas segundas oportunidades que no pensaba merecer. Incluso mandó una musa para inspirarme.

fiestas familiares sin toda la familia

Pronto ocho, pronto nueve

Frase semi-popular

Un día en casa de mi bisabuela —yo tenía 3 años— estaba mi abuelo jugando brisca con mi tío Vicente, yo prefería estar ahí que jugar con los demás niños. Mi tío le preguntó a mi abuelo la razón de mi insistente mirada, mi abuelo le dijo que yo quería jugar —tenía razón— mi tío preguntó sorprendido si en verdad sabía jugar, mi abuelo lo retó a que jugara conmigo, le gané 2 de 3 juegos, pero mucho más importante que las victorias era el hecho de sentirme respaldado de tal manera por mi abuelo, creo que a raíz de ese incidente la confianza en mis capacidades se ha mantenido por todos estos años.

Durante un festival de la primaria mi abuelo fue a ver el espectáculo montado para los padres, cuando lo fui a saludar me abrazo y me dijo al oído que si no quería saludarlo de beso enfrente de mis compañeros para que no se burlaran que no lo hiciera, luego de ese comentario decidí que siempre lo saludaría de beso, no me importaban los demás y ese gesto me hizo quererlo aún más.

Me gustaba mucho visitarlo en su taller, mientras estaba montando los zapatos —era zapatero— me platicaba mientras trabajaba, de la vez que volvió al distrito federal y recorrió su periferia, de las aventuras con sus amigos en Chapultepec cuando tenían un coche que aún se arrancaba con crank —la manivela cuyo nombre oficial era crankshaft— o cuando apenas le alcanzaba para ir a comer donde servían en platos de peltre fijos con un clavo a la mesa y la cuchara estaba amarrada para que no se la llevaran.

Siempre estaba ahí por si necesitaba algo, se las ingeniaba para hacer cualquier reparación, sabía nuestros gustos, nos llamaba con sigilo a la cocina para ofrecernos algún manjar. Cuando gané mi ajedrez en la un torneo él hizo un tablero de piel para que lo usara, o cuando consiguió una horma de zapato con mi número me hizo los mejores zapatos que tuve, o los flotadores para entrenar con la cámara de una llanta de triciclo.

Le gustaba mucho el cine y ese gusto lo compartía con nosotros, recuerdo una ocasión en la que nos llevaba en su Impala al cine Ariel, rebasando coches para llegar a tiempo a la función, él era un fan de Peter Lorre, pero mucho más fan de  Yvonne De Carlo, fue tan aficionado al cine que tomó un curso de Radio, Cine y Televisión —todo lo que había hasta entonces— por eso le regalé una enciclopedia del cine.

A pesar de haber sido tan generoso no aceptaba fácilmente algún regalo, tuve la fortuna de que me aceptara un para de veces invitaciones a comer o desayunar en festejos como el día del padre. Una vez fuimos a comer mariscos allá en Patriotismo con mi tía Yolanda,  había una promoción que al final tirábamos los dados con un cubilete y recibíamos un descuento de acuerdo al número de ases que salieran.

Una navidad se sentía enfermo, cuando subí a su habitación a verlo y felicitarlo, me dió unos zapatos diciéndome que ya no tenía más pendientes, su siguiente destino fue el hospital y a pesar de que salió bien de la operación murió el treinta de diciembre, como siempre tuvo miedo de que lo enterraran vivo procuré que la decisión final fuera de cremarlo. Apenas hace poco cambiaron de lugar sus cenizas.

Pedro Zavala

el nombre es lo de menos

de todos modos, Juan te llamas

refrán mexicano

Comparto mi nombre con tres de mis familiares en línea directa ascendente, i.e. padre, abuelo y bisabuelo. Y, con excepción de mi bisabuelo, tenían el apodo de Pícoro, Mi tía Josefina —hermana de mi abuelo— le decía Pícoro. Muchos piensan que el origen de este apodo era el famoso anunciador de box Antonio Padilla “Picoro” pero este no lleva acento. La verdad es que a los Pedros también se les dice Pericos y mi abuelo no conseguía decirlo apropiadamente, por eso mi tía Josefina —su hermana mayor— comenzó a llamarlo de esa manera.

El número de personas que llamaba así a mi abuela era muy limitado, pero a mi padre casi todos se referían a él con ese apodo, no es de extrañarse que yo lo heredara, pero como necesitaba ser diferenciado usaban algún diminutivo y terminaban llamándome Picorito o Picorín, que quizá hasta los 4 o 5 años resulta aceptable pero con más años y un tamaño mayor resultaba un tanto ridículo.

Creo que lo que más me molestaba es no tener ninguna injerencia al respecto, los adultos tenían la última palabra y mi opinión al respecto se desvanecía, no era muy diferente que la tía que te da un pellizco en los cachetes; en mi alcoholescencia creció el deseo de ‘diferenciarme como individuo de tener una identidad, además de la música, el peinado y la ropa necesitaba de dejar de compartir mi apelativo.

No fue una tarea fácil, pero en la fiesta de XV años de mi prima Alejandra en la cual yo fungía como chambelán, además de usar unos calcetines de color sobresaliente me dediqué a informarle a toda la familia y amigos que ya no quería que me llamaran de esa manera, hubo resistencia de casi todo mundo, la mayoría diciendo que así me habían conocido y me seguirían diciendo de esa manera. Aclaro que el anuncio lo hice a tiempo antes de que el alcohol mermara la memoria . Tuve muchas discusiones al respecto pero todos fueron anunciados que a partir de ese día ya no respondería por ese nombre.

Abordar la misma cuestión con los amigos era un asunto más difícil, porque lo usaban a manera de burla, fingían equivocarse, me parece que entre ellos seguían llamándome de esa manera. Tuve que recurrir a las amenzas físicas para lograr algún resultado. En una ocasión estaba con Felipe e iba a llamar por teléfono, como estaba más cerca me dijo que él marcaba, como nadie me reconocía tuve que mendionar mi antiguo apodo para que se acordaran, pero Felipe había marcado otro número solamente para escucharme decirlo, no puedo negar que fue ingenioso. Así tuve que lidiar con eso durante mucho tiempo, aún ahora sigue apareciendo. Quizá por eso acepté numerosos apodos con el único requisito de que fueran diferentes.

Pero estoy seguro de si uno no puede elegir su nombre al menos debería decidir a los apelativos que responderá.

Alto Rendimiento

El deporte no forja el carácter, lo pone de manifiesto

Heywood Hale Broun

Ahora que están los juegos panamericanos en las noticias recordé que tengo algo pendiente:

Mi tío Luis fue con quien más conversaciones francas tuve de los hermanos de mi madre, era conocedor de los intríngulis de las mujeres, las fiestas y la pelea, tenía una simpatía natural y un carácter explosivo, más de una vez las discusiones que tenía terminaban en pelea, algunas veces defendiendo a un inocente pero muchas más sin razón aparente.

Y así fue como educó a mi primo, que heredó el cabello chino de la familia y la explosividad de mi tío; una vez mientras jugábamos con espadas de madera, partió una en mi brazo; además tuvo numerosos incidentes en la escuela, tenía cierto gusto por las peleas. ¿Quién iba a pensar que ese era su verdadero camino?

Comenzó a practicar lucha greco romana, un camino que lo llevó a obtener medallas, logros y reconocimiento, bueno al menos fuera de la familia, su madre siempre cuestionaba la utilidad de sus logros. Confieso que soy ignorante de los detalles de las competencias, deberían ser un orgullo familiar, porque se requiere disciplina, dedicación y compromiso; y todas esas cualidades son escasas en la familia. Lo admiro y nunca se lo he dicho, y creo que no hay muchos que se lo hayan dicho.

Cuando murió su padre dejó un hueco que él quiso llenar, no tenía la simpatía para hacerlo, pero descubrió que cuando bebía las inhibiciones bajaban y el pensaba que era simpático, parece que no fue suficiente así que añadió otros deshinibidores para aumentar su simpatía, hasta perderse completamente, con la familia de lado y viviendo solo. El destino final fue un lugar especializado para librarse de las adicciones, fue un camino largo y lleno de dolor.

El camino de la redención jamás es una línea recta, tuvo una recaída, que fue castigada por su madre tirando sus medallas, diplomas, trofeos; pensó que era el castigo adecuado para semejante falta. Lo único que logró fue insertar un dolor permanente y desaparecer las pruebas de sus triunfos.

No heredó la simpatía, pero en cambio tiene un mejor corazón y es mejor padre.

Este es solamente un breve reconocimiento.

Recorrido biográfico musical

La música compone los ánimos descompuestos y alivia los trabajos que nacen del espíritu.
Miguel de Cervantes Saavedra

El pasado miércoles fue el especial de música mexicana en el PlayMeShow, que no solamente  disfruté mucho sino que  también me trajo a la memoria múltiples escenas del pasado,  finalmente todo es pasado, porque el precioso presente se desvanece como agua entre las manos.

La música ha sido un elemento que ha estado presente en innumerables ocasiones en mi vida iluminando de diversos tonos tanto los momentos pivotales como los recurrentes.

Todo empieza en familia, mi tío Ricardo es apenas 6 años mayor y era un fan de los Beatles, de los que hablaba a Radio Capital para votar por sus canciones o vestir un moño negro sobre su suéter de la secundaria el día que asesinaron a Lennon. Cuando conocí a otros beatlemaniacos me pareció afirmar que te gustaban los Beatles era una elección segura, digamos políticamente correcta de las que no causa controversia, en cambio mi tío Mundo (sic) tenía pósters de Erik Burdon adornando su lugar de trabajo, pero por más radical que parezca tiempo después lo escuché diciendo que no le gustaba la música de hoy -como para pensar 2 veces esa frase tan común-. En ese momento, de las entrañas me surgió la decisión de jamás decir lo mismo, que no quería sentir prejuicio hacia lo nuevo porque  lo único que se logra aferrandose al pasado es perderse de muchas cosas que pueden resultar fascinantes. Esto no quiere decir que solamente me guste lo nuevo por el contrario estoy abierto a conocer nueva música, también por eso disfruto el PlayMeShow. – pero basta de comerciales.

La música también se mezclaba en mis juegos infantiles, con la grabadora de mi papá jugaba a que era locutor de radio y ponía las canciones a mi antojo, mezclando en ese entonces a Donna Summer con Alfredo Zitarrosa. También jugaba al grupo de rock que se desintegraba, algunas veces incluyendo a mi hermana, hay una canción que le gustaba mucho  cuando era muy niña, ahora que va a ser madre quizá le sirva para avivar los recuerdos de cuando jugábamos juntos, creo que todavía hay una foto de dimensiones pantagruélicas que reveló mi padre, siempre aficionado a la fotografía y los experimentos.

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Pocas cosas fueron tan constantes en mi infancia como el recorrido de la escuela a casa de mi abuela, en el camino saludaba a mi padrino que jugaba en una mesa de billar que tenía apartada justo al lado de la entrada -quizá por eso el billar me gustó desde siempre- y al llegar a casa de mi abuela encontraba a mi tío Juan, el menor de los hermanos mayores de mi mamá, con el que ganó alguna vez un concurso de baile en Acapulco, regularmente se encontraba preparando para la entrega los vestidos que fabricaban, algunas veces con tijeras o una plancha en la mano, pero siempre bailando algo así:

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Mi relación con mi padre tuvo muchos altibajos, pero la primera plática significativa con él me confesó que siempre quiso ser hippie mientras platicábamos al cobijo de Have You Ever Seen The Rain? de Creedence Clearwater Revival, mi relación con él cambió para siempre después de esa plática.

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Durante mi alcoholescencia me aventuré como Dizque Jockey, si bien enfrentaba una audiencia que quería ser complacida y bailar, ocasionalmente colaba una canción fuera de contexto, esto no me ayudaba con el público pero sí con mi alma. Hubo una fiesta de disfraces memorable cerca del día de muertos, inspirada en una película. Ese día Felipe terminó en los brazos de “La Maizoro” después de una canción romántica que puse, eso no impidió que quebrantara un límite y se agendara una pelea entre nosotros, “El Boni” terminó bajo un automóvil rogándole a Laura, hermana del Chore,  y cuando ella le preguntaró ¿por qué lloras como niño chiquito? respondió “porque soy niño chiquito”. Al escribir esto me doy cuenta de que suenabizarro … lo fué. La música de fondo era:

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Así como colaba canciones aquí quiero añadir que fui al preestreno de la pelícua al cine Manacar, pagué 15,000 pesos  (como el triple del costo normal) y todos mis acompañantes dibujaban cómics donde ellos eran los protagonistas, como es mi costumbre yo era la excepción.

El lunes 2 de Julio de 1990 fui a un concierto al Teatro Blanquita, cuando los conciertos de rock se hacían los lunes porque solamente asistíamos los que no teníamos nada que hacer. Mi sangre gritaba al escuchar Mujer Sucia de Real de Catorce, mientras mi corazón comenzaba a prenderse de mi acompañante tan fuerte que mi piel aún lo puede sentir, fue una relación muy intensa y, hasta ahora, la relación más larga que he tenido.

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A las 2 semanas fuimos de nuevo al mismo lugar a la presentación del disco “El Diablito” de Caifanes.  Luego de ese concierto escuchamos una canción repetidamente, algunas veces en penumbras, siempre febriles o agolpados.

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Y un día encontré mi canción, es tan precioso el momento en que pude encontrar algo que considero tan mío. El sábado 7 de Julio de 2002 fui a visitar la tumba de Edgar Allan Poe, ese fue un día de comunión conmigo mismo, porque después fui a un concierto, sabía que el grupo iba a tocar pero no sabía que tendría la oportunidad de ver mi canción en vivo y grabarla.

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La felicidad de ese día todavía dura.