Archivo del sitio

lista de agradecimientos

Mientras el río corra, los montes hagan sombra y en el cielo haya estrellas, debe durar la memoria del beneficio recibido en la mente del hombre agradecido.

– Virgilio

En portugués, muchos de lso correos que recibo terminan con “grato” seguido del nombre le la persona que lo envía, este es un recordatorio diario de un asunto pendiente que tengo: el agradecer todas las bendiciones recibidas en mi vida.

Gracias a mi familia por todo lo que recibí de ellos durante mi niñez, por la educación que me dieron, la alimentación que me proporcionaron, las veladas, las enseñanzas, sus pláticas, sus abrazos, sus regalos, las risas y sus muestras de amor.

Gracias a mis amigos por haberme aceptado como soy, por escuchar largamente las peroratas sin sentido, por acompañarme en este camino de la vida, por decirme lo que piensan, por verme en la lona y ayudarme a levantarme —o burlarse que para eso también están mis amigos— por la risa compartida, por las aventuras juntos, los juegos, las confidencias.

Agradezco profundamente el haber sido amado con lo difícil que soy, lo complicado que eso puede resultar.

Es maravilloso el universo en el que me ha tocado vivir. Las cosas que he visto, la música que he escuchado, los paisajes, las letras, la naturaleza.

Agradezco la oportunidad de comenzar otro camino

Cada día

 

 

¿tú eres Felipe?

todos tenemos una doble vida, siempre quisimos esta doble vida

Soda Stereo

Aunque ya teníamos tiempo de ser vecinons en mi primer acercamiento con la familia Mendoza —familiarmente llamados los del 26— Felipe tenía un parche en el ojo debido a un accidente con un instrumento de medición que le dejó una cicatriz en la córnea.

Ya mencioné la aventura que fue gestando la amistad, la verdad es que pasamos muchas más porque pasábamos la mayor parte del tiempo juntos, nos tocó crecer juntos —a mí más y en más direcciones— quizá haya sido la persona que más bromas haya hecho al respecto de mi figura. Podríamos decir que nuestra amistad no se basaba en la adulación o el buen trato. Pasábamos gran parte del día juntos.

Pasamos numerosas horas jugando, muchos juegos de calle —fútbol incluido— pero también en videojuegos destacando las olímpicas batallas en la commodore 64 donde los récords quedaban guardados en el floppy disk en el que venía el juego, así los personajes de PHILIP LEY, LI PING o aquel otro que logró que el chip SID entonara el himno nacional brasileño.

Nuestra transición hacia la adolescencia fue en asíncrona, hubo apenas unos meses durante el año mundialista en el que estuvimos en diferentes etapas, fue evidente en un par de fiestas de XV años, la primera de Sandra Sheila —a la que también asistió Pili Gorrión— y la segunda la fiesta de mi prima Alejandra en la que yo figuré como chambelán, pero no solamente bailé el vals sino que me la pasé en la pista de baile —e informándole a mi familia que ya no quería que me llamaran por mi apodo—  mientras que él se la pasó jugando con Chava y Mauricio.

En esta fiesta él se quedó encerrado en la casa de Chuchita, en esa fecha probablemente nadie —quizá con la excepción de mi tía Luisa— se había quedado tanto tiempo en esa casa solo, porque tenía la fama de algunos incidentes inexplicables. Se quedó encerrado por estar en el baño y no se dio cuenta cuando fuimos a misa. No fue la única vez que se quedó encerrado, también durante una fiesta en casa de Edith y Erika estaba en el baño cuando comenzó una guerra de comida que ocasionó que nos corrieran de la casa mientras él estaba en el baño. Era frecuente que cuando llegaba a algún lugar pidiera ir al baño, aún cuando no conociera a las personas, fue el que más baños conoció de todos nosotros. Y la única vez que le fue negado me parece que fue en casa de Mónica.

Dejamos de ser vecinos y su residencia se trasladó a Beauty —espacio situado en la calle de Delicias— y Mitla donde yo siempre era el culpable del olor a cigarro, generalmente philip morris que, cuando eran mentolados, contenían la leyenda que nos advertía del monóxido de carbono expulsado, eso era muy notorio cuando fumábamos dentro del carro, luego de un tiempo nos lloraban los ojos. Cuando él se fue a Los Angeles, dejé de fumar —fueron 2 años— a su regreso fui por él al aeropuerto y lo primero que me dijo fuu “Traes cigarros” no tardé en volver a fumar.

Las botanas por elección eran las canelitas —tenían más galletas que los trikitrakes— algunas veces la barritas o las piruetas; algunas veces comíamos garnachas a la vuelta en el negocio de Coco, otras veces en cerca de la esquina de Rosa Zaragoza y Manuela cañizares, donde yo pedía invariablemente suadero y él la mitad de machitos —los pedía de mariconcitos— pero lo más común eran las tortas, recorrimos diversos establecimientos, cuando la telera tenía dimensiones mayores, él las llamaba cariñosamente S-tortas.

Visitábamos esos establecimientos en mi coche Napoleón, por ejemplo el día que fui por su placa —600BRR— a la calle de Carpio, o la vez que tomo prestado el coche para darle una vuelta a Chitzuet, el cruce de las avenidas acelerando y jugándonos “el todo por el todo”, o acompañándome a sacar su primer verificación en un taller sospechosísimo en la calle de dibujantes, o mi cumpleaños 17 que comenzó con el bautizo de mi coche con un vodka infame —Terenka— que dejó una marca en el toldo, la ida al cine para ver “Me enamoré de un maniquí” —idea de Gisela— faltando a mi propia fiesta para llegar con el auto chocado con el faro apuntando a los letreros viales, otra mancha de Richardson con pepsi. Al despertar del día siguiente lo único que pidió de desayunar fue algo líquido evidenciando la cruda.

Ambos nos gustaba Soda Stereo, durante la gira Languis compré mi boleto con anticipación el lugar era C30 y me costó 40000 de los viejos pesos, pero él tuvo un infortunio en el metro que lo demás más bruja de lo habitual y no iba a asistir, el día del concierto, apenas antes de 2 de octubre que nunca se olvida, fuimos al Auditorio Nacional —antes de su renovación— para revender mi boleto porque me parecía que debíamos asistir juntos, pero la emoción y un revendedor nos esquilmó muy amablemente cambiando mi boleto por dos lo más alejados del escenario, pero fue un concierto memorable.

Nos tocó viajar a Zitácuaro a una encomienda, al ver la fila enorme en los camiones de regreso decidimos pasar la noche en el antro local y regresar en la madrugada del día siguiente, no contábamos con que la actividad se acabaría mucho más temprano de lo imaginado, afortunadamente conseguimos regresar en el último camión disponible, solamente que llegamos a la terminal de observatorio a las 4 de la mañana.

Algo que nos ensombrecía era la disparidad de la suerte, la fortuna de uno generalmente era acompañada con la desventura del otro, basta mencionar como fueron nuestras conversaciones de nuestra “primera vez”, en mi caso ese día coincidió con la una funesta noticia familiar que recibió Felipe y que iba a implicar su mudanza, por otra parte en Arcos de Belén, frente al registro civil le conté con lágrimas en los ojos mis penas —no recuerdo otra ocasión con lágrimas de alguno de los 2— luego fuimos a una panadería donde él me platicó su feliz acontecimiento. No estoy seguro si esto fue lo que nos mantuvo alejados durante un tiempo. Pero sí recuerdo esa sensación de que algo malo iba a ocurrir cuando veía su fortuna o durante mis momentos de felicidad preguntarme lo que le estuviera ocurriendo.

Solía hablarle de un teléfono público para felicitarlo por su cumpleaños.

image

Santos Puentes Batman

Te dará, frente al hambre y al obús, un higo: San Felipe de Jesús

La Suave Patria, López Velarde

Es el primer santo mexicano, y su recuerdo se encuentra sepultado por la celebración de la constitución. ¿Quién se va a acordar de un festejo así si lo importante es el día de descanso? Ese día solía ser feriado, luego lo quitaron en y devolvieron un día de descanso que asegura un puente -porque el puente no es por el superbowl-.

Felipe de Jesús era mal portado de niño, buscó entrar a un convento y no aguantó la disciplina, decidió dedicarse a la buena vida, fiesta y mujeres, como sus padres eran de nobles las decidieron castigar a su hijo mandándolo a Filipinas con una suma considerable de dinero para que buscara una forma de ganarse la vida. Tardó poco en gastarse la fortuna en lo mismo con todo y que –como ahora en la ciudad- era mucho más barato mantener los vicios en el oriente.

Mi abuela materna solamente tenía medios hermanos, uno de ellos se llamaba Odón, y bien podría decirse que era medio hermano por la estatura, pero era el hijo más chico de mi bisabuela, cuando lo conocí se dedicaba a cantar en las iglesias, de ahí que mis primos bromeaban diciendo que era uno de los enanitos verdes. Entre las iglesias donde trabajaba se encontraba una en el sur en la calle de Tenorios, y varias en el centro una a unos pasos de República del Salvador e Isabel La Católica, cerca de las papelerías y unos tacos de canasta muy socorridos y en Madero 9 en la Parroquia de San Felipe de Jesús.

Era muy chapado a la antigua, salía siempre de traje con chaleco y sombrero; era muy amable tuvo 3 hijos y una esposa que se dedicó a gritarles, atormentarlos y golpearlos por igual y con sus hijos fue particularmente cruel en los castigos, que incluían ser encerrados, maniatados, vendados y sometidos a ayunos prolongados, el más chico de ellos cariñosamente llamado Fitos perdió en algún momento el contacto con la realidad.

Creía que alguien le quería robar el rostro, por eso huía en su bicicleta, afortunadamente Tláloc lo protegía, mi tío hacía lo posible por mantenerlo con medicina o internado pero la cantada no daba para tanto así que unas temporadas lo tenía en su casa, con la madre ya ausente, hasta que un día subió a la azotea y con un tanque de gas cargando gritó amenazas a los transeúntes y curiosos, mi tío no aguantó la presión de los vecinos, murió poco tiempo después del incidente.

Así que mi tío Fitos se dedicó a barrer en estas iglesias donde cantaba su padre, donde le pagaban poco pero muchas veces le daban de comer, entre eso y algunos trabajos manuales lograba mantenerse, alguna vez vi una camión ruta 100 a escala que hizo, la precisión era sorprendente: faros, volante funcional, hasta los letreros; por muy loco que estuviera traía un artista dentro.

El 5 de febrero de 2002 vi a mi amigo Felipe (sí Felipe de Jesús) y le propuse ir a visitar la parroquia de San Felipe de Jesús en honor a su santo, y nos dirigimos, hacia la calle de madero, caminando alegremente por las calles de la ciudad, cuando llegamos había mucho movimiento en el patio, solamente pasamos a ver los cuadros en el ala principal.

No sabía que mi tío Fitos estaba ahí en ese momento, tampoco que iba a apuñalar al párroco en el festejo de la iglesia.