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Escenas operísticas

Eran unos amigos excelentes. Esa clase de amigos con que todo el mundo sueña pero que nadie merece. Y yo menos que nadie.

Patrick Rothfuss

Muchos de los recuerdos que se agolpan no siempre tienen un hilo conductor claro pero al agruparlas forman una especie de música de fondo que da color a un estado actual. No exactamente una banda sonora sino la música que suena en el consultorio del doctor, el elevador o la línea de teléfono, mientras esperas que llegue otra cosa.

Un domingo cercano a un cambio de década hace algunos ayeres iba conduciendo Napoleón sobre calzada de Tlalpan, iba con Felipe, Abi y Nadia. Felipe iba molesto porque teníamos que pasar su domingo buscando una guía de la secundaria para su cuñada, y no era la estándar, Abi iba enojada con su hermana porque por su culpa su novio se había enojado y Nadia tenía cara compungida, eso hubiera sido divertido entonces si no me hubiera estado doliendo la cabeza,  ellos decidieron buscar en las papelerías de Santa Úrsula en lugar de hacer caso a mi recomendación de ir la la 201, entonces todavía se podía atravesar Tlalpan por Xotepingo y no existían tantas precauciones con el tren ligero, ahí el ambiente del carro estaba denso y mi paciencia a punto de agotarse, frente a donde ahora está el hotel Boston ahí di una vuelta intempestiva entré sobre las vías del tren ligero para dar media vuelta escapando apenas de una colisión espectacular pasó el tren tren ligero a unos centímetro y al cambiar la luz del semáforo seguí por la calle Tlalmanalco; el movimiento los dejó sin tiempo de reaccionar, cambió los ánimos y yo compré una pepsi retornable en botella de vidrio y una caja de prodolinas que consiguieron aliviar mi dolor de cabeza.

Pepsi

Mis amigos de la universidad y yo solíamos reunirnos a convivir,  ellos a veces estudiaban y yo algunas veces les ayudaba pero generalmente eran reuniones de desahogo, donde hablábamos, escuchábamos música, cantábamos, bebíamos, reíamos y ocasionalmente llorábamos, recuerdo como se cantaba con el mismo sentimiento la de Boys Don’t Cry de The Cure como la de Un Indio Quiere Llorar de la banda Machos, todos estábamos en camino de una transformación y esos momentos eran únicos e irrepetibles, me tocó visitar las casas de todo mundo, quizá el lugar más frecuente de reunión haya sido la casa de Raúl, pero fuimos hasta la casa de Belén -creo que aún hay un video que lo prueba-, fuimos agasajados en casa de Mónica, donde generalmente terminábamos las opíparas comidas con una copita de Jerez, y fue ahí donde me respondieron mi chiste de que tocaba el triángulo sacando un triángulo de verdad, desde entonces lo tuve que cambiar por el clavicémbalo, a la casa de Vero en la boda de su hermana y en de Chela en una excursión para sorprenderla en su cumpleaños, la casa de Martha en circunstancias trágicas o en la de Norma en petit comite, yo fui anfitrión algunas veces. El último día que estuvimos todos juntos les dije que sería el último día todos juntos. Es difícil que grupos numerosos se mantengan demasiado tiempo juntos, no en balde tantas bandas se deshacen y ellos ganan lana por estar juntos.

Durante la huelga de la Universidad me tocó ver de cerca la conversaciones, debates, peleas, discusiones y confesiones. La mayoría de los estudiantes tenían una agenda propia, prácticamente todos se sentían de alguna manera aislados, como parias, ajenos a su hogar, a su barrio e incluso a la misma causa que defendían, no es de sorprender que terminara deshaciéndose en bandos en paristas y no paristas, después en moderados y ultras, bastaba ser de un bando para descalificar sus ideas. Pero en las noches de guardia, cansados de marchas y asambleas se asomaban rasgos auténticos que escondían detrás de sus máscaras de revolución, la estudiante de Economía que soñaba con tener un novio arquitierno,  o el que estudiaba historia y que su padre trabajaba en la suprema corte, y no toleraba, o cuando se escuchó la canción del Tri, las piedras rodantes, TODOS cantaron con sentimiento el coro la estrofa de yo siempre fui una lacra y tú eras del cuadro de honor, cuando les pregunté si ellos eran lacras o del cuadro de honor recibí la misma respuesta. Supongo que es evidente cuál.

Dejé mucho tiempo de ver a mi amiga Yess, que fue mi alumna pero me la encontré unos años después, fue una fortuna encontrarnos de nuevo, entonces hemos seguido en contacto, ella trabajaba a unos pasos del metro Coyoacán, así que cuando le notificaron que iba a mudarse a otras oficinas en Montes Urales, estaba emocionada porque íbamos a poder comer juntos y vernos más seguido, Como siempre sucede con los movimientos de esa naturaleza se retrasó, para la fecha que ella se mudó faltaba una semana para que yo me mudara a São Paulo, quizá algo parecido vuelva a pasar.

Tal vez esta sea una especie de saludo para esos amigos.

 

 

cerca la bala

– Dices que podré esquivar las balas…
– No, Neo… te estoy diciendo que cuando sea el momento, no necesitarás esquivarlas
The Matrix

El primer incidente ocurrió aún en la infancia solíamos acampar en el jardín que estaba en la glorieta del retorno, poníamos casas de campaña y trasnochábamos sintiéndonos aventureros, hasta que una vez entraron algunas personas corriendo huyendo de sus persecutores que los perseguían a balazos lo único que pudimos hacer fue quedarnos quietos y callados. En la mañana siguiente el mayor se quedó con los casquillos. En otra ocasión cuando César iba saliendo del retorno en la noche rumbo a su casa regresó corriendo porque había una situación similar, nos escondimos en la casa de los del 26 hasta que pasara el alboroto.

Cuando llegaron las fiestas los escenarios se fueron ampliando, incursionamos en otros barrios algunas veces con resultados violentos pero con buena fortuna —no perdimos a nadie en el camino— pero la culpa casi siempre fue nuestra por ejemplo una noche estábamos tranquilamente en una fiesta de XV años en Av. Santiago cerca de la embotelladora de la Viga, Juan tenía un cartón de cerveza bajo la mesa, todo parecía en orden pero Paco tuvo la súbita necesidad de buscar a Mónica que se encontraba en una fiesta en Xalpa, insistió en que fuéramos a la otra fiesta hasta que lo consiguió llegamos muy pasada la media noche —esto quiere decir cerca de las 3 de la mañana— al llegar a la fiesta notamos las miradas hoscas de los demás, no les gustaba que un intruso tuviera sus quereres con una del barrio, como si eso no bastara apenas unos minutos después Vani se recargó descuidadamente en una mesa de cristal sobre la que descansaban botellas y vasos, no solamente fue escandaloso también mermó significantemente la cantidad de alcohol. Fui con Felipe al coche —donde olvidé mencionar que estaba el chore durmiendo— por la botella que teníamos de reserva en ese camino otro invitado se nos acercó para pedirnos un cigarro; entonces Paco llegó espetándolo, diciendo “qué te traes con mi hermano” eso bastó para desatar el infierno tuvimos que salir huyendo en Napoleón por las calles aún sin pavimentar. Siempre bromeábamos que salimos escapando de las flechas pero en verdad eran armas de fuego.

Hubo incidentes menores como un día caminando de regreso de la casa de las Starky —la vez anterior intentaron abrir la cajuela de Napoleón sin éxito por eso fuimos a pie— al pasar por la marina el guardia se sacó de onda al vernos tan noche que comenzó a gritarnos y nos amenazó cortando cartucho. O aquella fiesta donde se le juntaron los dos novios a la quinceañera y nos quedamos encerrados en la fiesta que por cierto no solamente fue la vez de mi peor borrachera después me enteré que  a esa fiesta también asistió Lol dejando claro que el mundo es un pañuelo.

Un día nuestro amigo Lalo —no Lalito Baruch sino Lalito Caifán como diría Chucho— organizó una batifiesta para su cumpleaños, allá por donde ahora está la estación Corregidora del Metrobús, abundaban los disfraces, principalmente de Batman y el Guasón —así estaba vestido Lalo— a manera del video de Prince, cuya música fue repetida a lo largo de la fiesta —si lo sabré yo que esa noche fungí como disque-jockey— pasaron tantas cosas ese día que se convirtió en referencia. En un momento de la fiesta se armó una pelea grupal y, como suele ocurrir el grupo perdedor fue por refuerzos, en este caso la banda de los vikingos. Eso nos obligó a quedarnos encerrados en la fiesta hasta que pasara el peligro, como yo era de los que siempre se quedaba hasta el otro día no me afectó pero el clima quedó tenso quizá por eso se consumió más alcohol —no es cierto éramos unos borrachotes.

Organizamos un cumpleaños conjunto para Santiago y Chucho el Popocatépetl a una cuadra de Tlalpan, en la casa de madera del terreno donde vivía el Chore.  Hubo un incidente que pasó inadvertido cuando Carmen —entonces novia de Paco— llegó acompañada de sus amigos —ya saben cómo son los celos— el caso es que Chucho tuvo un altercado y algunos golpes fueron intercambiados, ellos amenazaron con ir por sus amigos pero no nos avisaron, entonces en plena fiesta llegó una banda de la mortales y se armó una pelea épica, la mayoría de mis amigos se escondieron en un cuarto, un incauto que se asomó recibió un botellazo. Yo me quedé afuera para servir como escudo humano a mi novia, hubo balas pero eso no hizo que abandonara la posición, uno de los contrincantes perdió un pedazo de oreja en manos de —coincidentemente— el Chore que lo golpeó con un maneral de acero inoxidable, hubo 2 ambulancias y numerosas patrullas, se perdieron muchas cosas —mi discos por ejemplo— y algunos e convirtieron en fugitivos oficiales, pero sobrevivimos.

Pero no en todas ocasiones estuvo involucrada la negligencia de mis amigos, el transporte que más usé fue el micro de la ruta “Peni-San Lázaro lleva lugares”  una noche entre La Virgen —la calle— y Tepetlapa escuché una discusión entre los últimos asientos —yo iba sentado en medio— vi que los demás empezaron a cambiar de asiento, pero yo ni siquiera volteé la discusión escaló tanto que llegó a las balas, salí de nuevo ileso.

Incluso cerca del trabajo, durante una visita del director de sistema a nivel de Mercados Emergentes estaba en México durante el regreso de la comida un ladrón huyendo pasó al lado nuestro y nos tuvimos que esconder detrás de un coche, también en Lomas de Chapultepec hace aire.

Pero la más importante el origen de esta característica repelente de balas creo que ya la he contado, referido o mencionado en múltiples ocasiones. Y seguramente lo haré en otra ocasión.

teléfono descompuesto

Yo hablando y tú no estando, yo te ablando y te endureces y hace tiempo que no veo que ni huelo, que ni te hablo. Porque tú no me has llamado y te has desaparecido y te has desaparecido

Santa Sabina

En algún momento en la historia de las comunicaciones en México había dos compañías telefónicas Ericsson e ITT la primera usaba solamente dígitos mientras que la segunda usaba también letras, cuando ambas se unieron los número telefónicos tenían 6 dígitos, solamente hasta el año del primer mundial agregaron el 5 al principio, el cual no fue suficiente, como atestigua mi primer teléfono 6703550 duramos muy poco con él.

Cuando nos mudamos a la CTM no habían líneas disponibles en las unidades habitacionales, duramos alrededor de 10 años sin teléfono, esto tuvo impacto en la vida cotidiana. Como nadie tenía teléfono siempre había fila —por lo menos en el teléfono de la esquina durante las horas hábiles— entonces siempre había que hacer fila quizá con excepción en casos de tener que llamar al médico por alguna urgencia y aún así dependías de la buena voluntad de los que estaban frente a ti. Las llamadas eran breves o comenzaban a escucharse los silbidos de las personas que estaban esperando y las conversaciones eran escuchadas por los demás, entonces hacía esfuerzo porque mis mensajes fueran algo crípticos creo que esta última parte se exacerbó demasiado.

Además había repercusiones en otros ámbitos como buscar una alternativa para los comprobantes de domicilio, en la escuela era considerado un marginado porque no tenía teléfono —algo que les costaba mucho entender a mis compañeros— recibíamos visitas sin avisar con las noticias familiares y olvídate de pedir comida a domicilio —tiempo después tuvimos un negocio familiar que se encargaba de eso— aunque algunas veces era inevitable hablar.

Muchas veces me quedé formado a la salida del retorno esperando tres o cuatro turnos para dar un recado para mis abuelos, busqué algunas veces en la madrugara algún teléfono que funcionara para llamar a locatel —6581111— para confirmar que mi padre no hubiera tenido un accidente y cuando quería algo de privacidad iba atrás de la secundaria 280 en la noche, a un teléfono que se encontraba más alejado para hablarle a MG, alguna de las Glorias o a la prima de las MM y algunas veces llegaba una persona y yo prefería despedirme muchas veces ante la pregunta “¿por qué no te gusta platicar?” Y jamás llamé a la procuraduría del consumidor al cinco seis ocho ocho siete veintidós.

Recién estrenado el teléfono mi tío Alejandro trajo un modelo que tenía forma de oso y cuando lo ponías en altavoz el oso movía la boca simulando que hablaba, justo después de conectarlo entro una llamada que era para mí entonces tuve que responder frente a mi familia con risas de fondo fue un verdadero oso. Una vez llamé a Felipe por larga distancia —estaba en L.A. y el tiempo se pasó demasiado rápido, terminé pagando mucho más de lo que pensaba. También conocí el otro lado porque mi novia no tenía teléfono, entonces tenía que estar a la espera de su llamada porque no podía yo comunicarme, se desarrolló una sensación de no poder fallar en la contestación con riesgo de perder algo importante. También me perdí de la oportunidad de mi vida cuando hablaron preguntando “¿está Conchita?” y fallé en no responder “No, estoy con Tarzán” aún lo lamento.

Ahora parecen distantes aquellos tiempos, el cambio del pulsos a digital, o el compartir la línea con el módem, las contestadoras con cassettes o los primeros teléfonos inalámbricos, mi primer celular —Pegaso— o las tarjetas telefónicas, recuerdo cuando Pimpo me avisaba las fallas de sistema para poder hacer llamadas de larga distancia; ahora con herramientas a la mano como los hangouts de G+, Skype, Line, whatsapp pudiera parecer que se ha avanzado mucho en cuestión de comunicaciones pero el verdadero reto siempre ha sido intentar transmitir una idea, que lo que queremos decir alcance a llegar a la otra persona y eso no es fácil ni siquiera frente a frente.

confesiones y confusiones

A la hora de la verdad todo esta escrito. A eso los pinches griegos lo llamaban destino.

Roberto Bolaño

Justo un año antes de entrar a la secundaria Felipe se convirtió en mi mejor amigo, durante mucho tiempo pasábamos mucho tiempo juntos, me parece que uno de los comienzos de esa amistad fue cuando recibí la orden de mi madre de ir a comprar un queso manchego a la tienda le pedí que me acompañara, fuimos a la tienda de Don Chucho donde no había, y así comenzamos a recorrer todas las tiendas en una especie de espiral, alejándonos cada vez más del retorno. Hubiéramos recorrido todas las tiendas de la CTM de no ser porque una tendera nos dijo que ninguna tienda lo vendía, que tendríamos que ir hasta el centro comercial. Regresé para decirle a mi mamá que si tenía que ir al centro comercial, lo que recibí fue un regaño y me dijo que me había pedido un queso “supremo” que vendían en la tienda de la esquina. Tiempo después cuando buscábamos un negocio en el centro, en la calle de San Ildefonso le sugerí que le preguntáramos al del pan y fue y le preguntó a un carro con propaganda del Partido Acción Nacional (PAN), yo le había señalado al vendedor de pan que estaba al lado.

Cuando aún existía la ruta 100, había un camión que salía de Av. Tenorios, se iba por Acoxpa, Tlalpan, San Fernando e Insurgentes y llegaba al paradero de San Angel, esa era una ruta muy socorrida porque llegaba a la Ciudad Universitaria y pasaba cerca de la casa de Natalia con la que una vez tuve una discusión respecto a si la guardería que estaba en la calle de San Fernando era del ISSSTE o de IMSS, yo defendía la primera opción y ella la segunda; la discusión fue subiendo de nivel hasta amenazar con una pelea. La animadversión de disipó cuando descubrimos la guardería número 14 del ISSSTE y la número 20 del IMSS están sobre San Fernando a una muy corta distancia entre ellas. Una vez quedamos de vernos en la tienda del ISSSTE que estaba cerca de mi casa, el problema es que habían 2 a una distancia parecida pero en direcciones opuestas, fuimos al otro y así estuvimos dando vueltas, tuve que hablar a casa para que me dieran el recado de dónde estaba. No fue el mejor día para que eso pasara.

Mi voz era parecida a la voz que tenían tanto mi padre como mi abuelo, recuerdo que mi primo, cuando tenía algunos meses, nos miraba extrañados cuando hablábamos los 3. Un día mi papá recibió un telefonema que era para mí, cuando mi papá le dijo que no era yo, que quería dejar un recado ella pensó que era broma, pero ante la firmeza de mi padre ella se enojó, lo insultó y le colgó. En otra ocasión yo contesté y tras un “¿Pedro?” que contesté afirmativamente ella comenzó a contarme que se acababa de divorciar, que me quería ver y muchas otras cosas más que se interrumpieron luego de que le dije que probablemente me estaba confundiendo con mi papá: hubo un silencio y colgó. No volvimos a recibir esas llamadas.

Mi compadre es el rey de las confusiones, un día se encontró con Sergio de Bustamante, y lo saludó diciéndole lo mucho que admiraba su trabajo, en especial en doblaje, y luego se despidió con un “hasta luego señor Peláez”, el lo llama la chacalexia —una especie de dislexia chacalona— no importa el nombre siempre es divertido. Abajo las fotos de los confundidos.

Pero no hay nada peor que confundir lo urgente con lo importante.