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cerca la bala

– Dices que podré esquivar las balas…
– No, Neo… te estoy diciendo que cuando sea el momento, no necesitarás esquivarlas
The Matrix

El primer incidente ocurrió aún en la infancia solíamos acampar en el jardín que estaba en la glorieta del retorno, poníamos casas de campaña y trasnochábamos sintiéndonos aventureros, hasta que una vez entraron algunas personas corriendo huyendo de sus persecutores que los perseguían a balazos lo único que pudimos hacer fue quedarnos quietos y callados. En la mañana siguiente el mayor se quedó con los casquillos. En otra ocasión cuando César iba saliendo del retorno en la noche rumbo a su casa regresó corriendo porque había una situación similar, nos escondimos en la casa de los del 26 hasta que pasara el alboroto.

Cuando llegaron las fiestas los escenarios se fueron ampliando, incursionamos en otros barrios algunas veces con resultados violentos pero con buena fortuna —no perdimos a nadie en el camino— pero la culpa casi siempre fue nuestra por ejemplo una noche estábamos tranquilamente en una fiesta de XV años en Av. Santiago cerca de la embotelladora de la Viga, Juan tenía un cartón de cerveza bajo la mesa, todo parecía en orden pero Paco tuvo la súbita necesidad de buscar a Mónica que se encontraba en una fiesta en Xalpa, insistió en que fuéramos a la otra fiesta hasta que lo consiguió llegamos muy pasada la media noche —esto quiere decir cerca de las 3 de la mañana— al llegar a la fiesta notamos las miradas hoscas de los demás, no les gustaba que un intruso tuviera sus quereres con una del barrio, como si eso no bastara apenas unos minutos después Vani se recargó descuidadamente en una mesa de cristal sobre la que descansaban botellas y vasos, no solamente fue escandaloso también mermó significantemente la cantidad de alcohol. Fui con Felipe al coche —donde olvidé mencionar que estaba el chore durmiendo— por la botella que teníamos de reserva en ese camino otro invitado se nos acercó para pedirnos un cigarro; entonces Paco llegó espetándolo, diciendo “qué te traes con mi hermano” eso bastó para desatar el infierno tuvimos que salir huyendo en Napoleón por las calles aún sin pavimentar. Siempre bromeábamos que salimos escapando de las flechas pero en verdad eran armas de fuego.

Hubo incidentes menores como un día caminando de regreso de la casa de las Starky —la vez anterior intentaron abrir la cajuela de Napoleón sin éxito por eso fuimos a pie— al pasar por la marina el guardia se sacó de onda al vernos tan noche que comenzó a gritarnos y nos amenazó cortando cartucho. O aquella fiesta donde se le juntaron los dos novios a la quinceañera y nos quedamos encerrados en la fiesta que por cierto no solamente fue la vez de mi peor borrachera después me enteré que  a esa fiesta también asistió Lol dejando claro que el mundo es un pañuelo.

Un día nuestro amigo Lalo —no Lalito Baruch sino Lalito Caifán como diría Chucho— organizó una batifiesta para su cumpleaños, allá por donde ahora está la estación Corregidora del Metrobús, abundaban los disfraces, principalmente de Batman y el Guasón —así estaba vestido Lalo— a manera del video de Prince, cuya música fue repetida a lo largo de la fiesta —si lo sabré yo que esa noche fungí como disque-jockey— pasaron tantas cosas ese día que se convirtió en referencia. En un momento de la fiesta se armó una pelea grupal y, como suele ocurrir el grupo perdedor fue por refuerzos, en este caso la banda de los vikingos. Eso nos obligó a quedarnos encerrados en la fiesta hasta que pasara el peligro, como yo era de los que siempre se quedaba hasta el otro día no me afectó pero el clima quedó tenso quizá por eso se consumió más alcohol —no es cierto éramos unos borrachotes.

Organizamos un cumpleaños conjunto para Santiago y Chucho el Popocatépetl a una cuadra de Tlalpan, en la casa de madera del terreno donde vivía el Chore.  Hubo un incidente que pasó inadvertido cuando Carmen —entonces novia de Paco— llegó acompañada de sus amigos —ya saben cómo son los celos— el caso es que Chucho tuvo un altercado y algunos golpes fueron intercambiados, ellos amenazaron con ir por sus amigos pero no nos avisaron, entonces en plena fiesta llegó una banda de la mortales y se armó una pelea épica, la mayoría de mis amigos se escondieron en un cuarto, un incauto que se asomó recibió un botellazo. Yo me quedé afuera para servir como escudo humano a mi novia, hubo balas pero eso no hizo que abandonara la posición, uno de los contrincantes perdió un pedazo de oreja en manos de —coincidentemente— el Chore que lo golpeó con un maneral de acero inoxidable, hubo 2 ambulancias y numerosas patrullas, se perdieron muchas cosas —mi discos por ejemplo— y algunos e convirtieron en fugitivos oficiales, pero sobrevivimos.

Pero no en todas ocasiones estuvo involucrada la negligencia de mis amigos, el transporte que más usé fue el micro de la ruta “Peni-San Lázaro lleva lugares”  una noche entre La Virgen —la calle— y Tepetlapa escuché una discusión entre los últimos asientos —yo iba sentado en medio— vi que los demás empezaron a cambiar de asiento, pero yo ni siquiera volteé la discusión escaló tanto que llegó a las balas, salí de nuevo ileso.

Incluso cerca del trabajo, durante una visita del director de sistema a nivel de Mercados Emergentes estaba en México durante el regreso de la comida un ladrón huyendo pasó al lado nuestro y nos tuvimos que esconder detrás de un coche, también en Lomas de Chapultepec hace aire.

Pero la más importante el origen de esta característica repelente de balas creo que ya la he contado, referido o mencionado en múltiples ocasiones. Y seguramente lo haré en otra ocasión.

el nombre es lo de menos

de todos modos, Juan te llamas

refrán mexicano

Comparto mi nombre con tres de mis familiares en línea directa ascendente, i.e. padre, abuelo y bisabuelo. Y, con excepción de mi bisabuelo, tenían el apodo de Pícoro, Mi tía Josefina —hermana de mi abuelo— le decía Pícoro. Muchos piensan que el origen de este apodo era el famoso anunciador de box Antonio Padilla “Picoro” pero este no lleva acento. La verdad es que a los Pedros también se les dice Pericos y mi abuelo no conseguía decirlo apropiadamente, por eso mi tía Josefina —su hermana mayor— comenzó a llamarlo de esa manera.

El número de personas que llamaba así a mi abuela era muy limitado, pero a mi padre casi todos se referían a él con ese apodo, no es de extrañarse que yo lo heredara, pero como necesitaba ser diferenciado usaban algún diminutivo y terminaban llamándome Picorito o Picorín, que quizá hasta los 4 o 5 años resulta aceptable pero con más años y un tamaño mayor resultaba un tanto ridículo.

Creo que lo que más me molestaba es no tener ninguna injerencia al respecto, los adultos tenían la última palabra y mi opinión al respecto se desvanecía, no era muy diferente que la tía que te da un pellizco en los cachetes; en mi alcoholescencia creció el deseo de ‘diferenciarme como individuo de tener una identidad, además de la música, el peinado y la ropa necesitaba de dejar de compartir mi apelativo.

No fue una tarea fácil, pero en la fiesta de XV años de mi prima Alejandra en la cual yo fungía como chambelán, además de usar unos calcetines de color sobresaliente me dediqué a informarle a toda la familia y amigos que ya no quería que me llamaran de esa manera, hubo resistencia de casi todo mundo, la mayoría diciendo que así me habían conocido y me seguirían diciendo de esa manera. Aclaro que el anuncio lo hice a tiempo antes de que el alcohol mermara la memoria . Tuve muchas discusiones al respecto pero todos fueron anunciados que a partir de ese día ya no respondería por ese nombre.

Abordar la misma cuestión con los amigos era un asunto más difícil, porque lo usaban a manera de burla, fingían equivocarse, me parece que entre ellos seguían llamándome de esa manera. Tuve que recurrir a las amenzas físicas para lograr algún resultado. En una ocasión estaba con Felipe e iba a llamar por teléfono, como estaba más cerca me dijo que él marcaba, como nadie me reconocía tuve que mendionar mi antiguo apodo para que se acordaran, pero Felipe había marcado otro número solamente para escucharme decirlo, no puedo negar que fue ingenioso. Así tuve que lidiar con eso durante mucho tiempo, aún ahora sigue apareciendo. Quizá por eso acepté numerosos apodos con el único requisito de que fueran diferentes.

Pero estoy seguro de si uno no puede elegir su nombre al menos debería decidir a los apelativos que responderá.

bailes solitarios, amigos solidarios

Que en amigotes de los que hay agora
Ni deuda ni mujer está segura.

Lope de Vega

El sábado pasado me sentía cansado y sin ánimos pero terminé visitando un restaurante suficientemente mexicano donde había una oferta de tequila al dos por uno, aunque no había cerveza victoria para acompañarla así que tomé XX al cierre nos encaminamos a otro lugar para seguirla, fue un lugar donde uno de los grupos tocaba covers de Bon Jovi y una de las canciones que no tocaron me recordó las fiestas donde la bailé porque era una canción que siempre bailé solo, me hubiera gustado poder decir que era Dancing with myself de Billy Idol pero esa siempre la he bailado acompañado.

Una de esas ocasiones fue en una fiesta en una casa en cerro de la Libertad a unos pasos de Taxqueña, en un garage con las paredes blancas lleno de sillas plegables de metal y plástico negro, cuando comenzó la canción tenía tanta energía acumulada que empecé a bailar animadamente, me subí en una de las sillas y salté, incluso algunas veces contra las paredes, las únicas que no me huían durante el slam que no tardó en armarse, yo iba preparado con mis botas con casquillo y mi chamarra con algunos pedazos de metal añadidos, al final las paredes terminaron manchadas de sangre. Para variar el Chore no se quería regresar a su casa, juntamos una lana  y lo subimos a un taxi junto con Paco ambos ebrios en exceso, en ese entonces el primero vivía cerca del metro Ermita y el otro en Mitla.  Los demás nos regresamos a pie, Vani y el Wrote todavía me hablaban.

Nos invitaron a otra en la calle El Mayorazgo, cerca del cruce de Acoxpa y el periférico, aunque cuando nos invitaron nos dijeron que era la calle de Tallorango una dirección falsa, pero no fue la primera vez que llegamos a un lugar del que no teníamos dirección, solamente que en ahora cobraban la entrada, Paco tuvo que echar mano de sus dotes de galán para que nos dejaran pasar gratis, la bebida era de mejor calidad pero no era tan abundante, además no vieron con muy buenos ojos que yo me subiera a los muebles para bailar.

La otra ocasión fue en la calle de Club Necaxa, ahí solamente fui con Chucho y Vani, un amigo de ellos llegó en una moto y nos encontramos a Aby  y con varias de sus compañeras, entonces nos comportamos mucho más sociales así que durante el slam procuré no causar estragos. La última fue la fiesta de quince años de Erika A. hasta fuimos a misa a la Parroquia de Jesús Sacramentado el recuerdo basta para hacerme sonreir, como era costumbre en cada fiesta que nos invitaba una amiga nuestro comportamiento fue completamente vergonzoso, como en la ocasión que Chucho confundió al papá de la quinceañera con un mesero, al menos en esta ocasión parece que la familia no se incomodó, hasta bailé con la quinceañera, pero en algún momento volvieron a poner la canción y comencé a bailar de nuevo, sobre las sillas.

Yo no sabía que todas esas ocasiones había sido observado hasta que tuve un truene romántico unos días antes de una excursión de parejas que se había organizado. Mis amigos preocupados, bien por mi bienestar emocional o quizá porque mi ausencia representaba un coche menos, el caso es que me consiguieron novia en un par de días: Aurora, bueno era una candidata porque tuve que pasar oficialmente por el ritual de pedir su consentimiento, fue una cita muy rara, porque ambos sabíamos pero pretendimos que la cosa era casual, ahí me contó que ya me conocía -yo era el que bailaba solo esa canción en las fiestas- yo no había reparado en su presencia en las fiestas anteriores, parece que no es muy común bailar solo.

¡chúpale pichón!

Que me sirvan de una vez pa’ todo el año, que me pienso seriamente emborrachar.

Pa’ todo el año – José Alfredo Jiménez

Las primeras veces que probé alguna bebida alcohólica no fue placentero en absoluto: primero fue en una fiesta de cumpleaños de mi abuelo, donde confundí una cuba libre con coca —tenía recién cumplidos los 5 años— a partir de entonces tuve más cuidado porque siempre fue una casa donde abundaban las bebidas. La segunda vez pasó un par de años después donde fue un vaso de vino tinto que pensé que era jugo de uva, a manera de disculpa jamás pensé que hubiera vino tinto en el refrigerador. Durante mi primera comunión —Hélas como deben estar la chelas— me costó trabajo tragar la hostia así que el padre me ofreció un trago generoso de vino, que casi me hizo vomitar. Y esa fue la última vez que tomé, antes de los 10 años.

Las fiestas en casa de mis respectivos abuelos eran contrastantes mientras en una no había alcohol en la otra era todo lo contrario, y como casi todos mis amigos de esa cuadra eran mayores tuve que empezar pronto mi alcoholescencia. La primera vez que tomé copiosamente —que no quiere decir que haya bebido en copas— estaba muy curioso del proceso así que asistí regularmente al baño para mirar mi cara, las pupilas observar el avance de los efectos de la bebida. Al final de la fiesta decidí que podía beber sin dificultades tomando apenas un par de precauciones.

Siempre cargaba en mi cartera un hoja con “Poderoso Caballero es Don Dinero” de Francisco de Quevedo, y cuando alguien decía que ya estaba pedo, la sacaba, se la daba y me ponía a recitarla demostrándoles que aún estaba sobrio, la otra precaución que tomaba era tener un billete de 5 mil —los niños héroes— en la carterita de la licencia. Por si me pedían mis documentos.

Durante mis primeras fiestas decembrinas las marcas se reducían a Don Pedro y Presidente que era lo que los adultos tomaban y de las bebidas que conseguíamos sustraer sin ser vistos, normalmente mucho más brandy que refresco y más tehuacán que coca, todavía no había envases de plástico.

La primera gran borrachera con mis amigos del retorno fue con brandy Algusto, luego algo de bacardí blanco para terminar con charanda de Morelia mezclada con jugo de una naranja. Ese fue el inicio de una frenética sucesión de aventuras en las que el alcohol sería un participante más.

La bebida económica era el brandy Richardson mezclado con pepsi y servido en bolsa de plástico, apenas 2 refrescos de 355 ml el chiste era tener bebida a la mano y terminar bebido. Claro que la opción cuando la banda ya estaba muy eriza era el aguardiente León —para ponerse fiera— porque jamás recurrimos al extremo de tomar loción como un vecino apodado “El Quick” lo hiciera en alguna ocasión. En una fiesta que terminó en pelea bebimos “Cordón Real” en una garrafa de plástico de un galón

Cuando me tocó buscar el olvido al estilo Jalisco en lugar de tequila tomé ron, a pesar que la elección familiar era el Bacardí —añejo cuando andaban finos— no me gustaba así que siempre busqué alguna alternativa.  Me gusta mucho más el sabor del ron fabricado en isla, aunque hay continentales buenos con un costo-beneficio muy bueno como el Flor de Caña que es nicaragüense es un poco seco pero siempre lo disfruté, el Cacique que es venezolano con un poco más de sabor dulce artificial creo que el Ocumare es mejor, estos los conocí por Alejandro que vivió por aquellos lares un tiempo.  Ahora el reputado ron Zacapa creo que está bueno pero es demasiada lana para tomarlo, digo por muy maya que lo quieran hacer, el añejarlo a una altitud superior a la Ciudad de México va en contra del espíritu del ron. Respecto a las islas pues está el famoso Mount Gay de barbados, prefiero el Appleton —en especial el Appleton State Extra—, está por supuesto que el Matusalen que ya se hace en la República Dominicana y que estaba muy presente cuando salía con mis compañeros de trabajo. Pero mi absoluto preferido es el Havana Club, y el añejo especial como bebida habitual pero me gusta en todas las presentaciones pero no he probado el Havana Club Máximo de 100 años, pero espero hacerlo en una visita a la isla. Pero no siempre hubo lana para escoger así que consumíamos sin discriminar ron Potosí o “Cabeza Negra” , ahora me he topado con el  Kraken pero es demasiado dulce para mi paladar.

Otra que fue una bebida muy socorrida durante mucho tiempo fue el vodka, el primero era el wyborowa porque, como rezaba el slogan: wodka se escribe con w, con w de wyborowa. Desafortunadamente bajó de calidad, casi como el Smirnoff, porque evitábamos el oso negro porque solamente era bueno como chiste y para dar cruda. Eso sí, la cruda del vodka no te deja el tufo de otras bebidas. Unos 50 días antes de terminar la década los 80s en una reunión probamos la combinación de cada sabor de boing con vodka y decidimos que la mejor era la de uva. A partir de ese día nos dedicamos a promocionar la bebida, me vale madre que no me crean que fuimos nosotros. Luego llegó el muy de moda Absolut, que es buena pero no más, en realidad casi nadie toma el vodka solo, así que hay opciones para escoger. Mi elección solía ser Eristoff de precio accesible y sabor adecuado, claro que cuando iba al Issste a las 6 de la mañana compraba Terenka —salía más caro el jugo— y con ese vodka bauticé a mi coche: Napoleón —nada que ver con el brandy—, ahora el equivalente sería el Karat. Cuando bebo en algún bar o cantina siempre pido un vodka tónic para distinguir la calidad o descubrir si está adulterado, esa es la bebida que más conozco. El Stolichnaya no me convence, y el Danzka. Ahora el Skyy lo conocí por los la botellas que venden en el OXXO que le gustaban a mi vecina.  En plena jumentud solíamos empezar a beber con un trago de vodka derecho, para calentar garganta, y siempre decía que era como agua.

En una fiesta ochentera que se hizo en Paseos de Taxqueña había cantidades industriales de bacardí y cerveza que no era precisamente yo me puse en el bar para servir y administrar —y buscar otra bebida— cuando ocurrieron dos desastres simultáneamente, se acabó el refresco y se fue el agua. La casa era prestada así que parece que no pudieron conectar la cisterna o se acabó el agua, como en ese tiempo todavía tenía ganzúas pues abrí el bar de la casa, y encontré una botella de Cutty Sark, que se podía tomar sin acompañamiento para los demás la bebida era: ron bacardí blanco, rebajado con cinzano y cerveza; el baño terminó del asco. Pero el gusto por el whisky no, así que alguna vez compramos unos Passport, que entonces eran decentes, luego fuimos por un Chivas, pero parece que ahora los adultos eran los que nos pedían, además aprendí que es difícil conseguir un Chivas a las 6 de la mañana. Dejé mucho tiempo de tomarlo, y me sumaba a lo que la mayoría bebiera, así que solamente lo tomaba ocasionalmente con algunas personas. Así fue hasta que descubrí —en el cuartel de Arequipa— que a la reina del wild le gustaba también el whisky, así que comencé a incluirlo en las botellas que llevaba para las maratónicas sesiones de juego. Normalmente Johny Walker etiqueta negra, algunas veces comentaba acerca de la pelícual 4 Bodas y un Funeral y les decía que se fijaran que en las bodas sirven etiqueta roja, pero lo que toman en el bar es etiqueta negra. Pero los single malt como el mostrado son buenísimos.

La cerveza solamente la comencé a tomar en el viaje a Acapulco de aquella semana santa del 90, donde durante el día en la playa tomábamos cerveza y por la noche todo lo que nos podía proporcionar la barra libre, bebidas clásicas como el Tom Collins o los Muppets durante el baile —te ponían un casco, ahí golpeaban el caballito y lo tomabas— y siempre han existido bebidas para acelerar la embriaguez, pero solamente caen los incautos como un amigo que siempre ordenaba perlas negras cuando estaban al dos por uno o en mi despedida de la oficina me quisieron emborrachar com shots de colores —ilusos—.

Y el tequila no es mi bebida favorita, creo que las veces que más he tomado ha sido con extranjeros presentes porque si bien no me gusta no voy a dejar que un extranjero tome más tequila que yo, aunque la forma correcta de tomarlo sea a sorbos disfrutándolo y no frenéticamente al estilo de los springbreakers. Normalmente Cazadores, por un tiempo el 100 años pero nunca le hago el feo así venga en una garrafa que alguna vez contuvo gasolina como aquellas que sacaba mi amigo Teodo, había uno que me daba mucha risa el Tequila charro negro blanco, claro que el charro era el negro y el tequila blanco. Pero es un bebida sumamente popular de la que he hablado con mis amigos extranjeros, explicándoles las partes finas. Hace poco en la final de la libertadores en un bard e São Paulo la festejante pidió celebar con tequila.

Hay otras bebidas que transitaron como la Ginebra que combina con un coco y granadina en Acapulco, o el Pisco que se lo pelean entre Perú y Chile, la Cachaça a la que ahora tengo acceso ilimitado, el Cognac que solamente se lo regalo a mi mamá porque nunca lo tomo, o el Jerez que nos invitaban en casa de Mónica. Y está el pulque del que se puede hablar mucho, o el vino que tiene una historia aparte. Y no quiero dejar de mencionar a los pajaretes: alcohol de 96 con leche bronca y chocomilk.

La imagen que añadí del mezcal es significativa y no lo menciono mucho porque ha sido la bebida que logró emborracharme realmente, claro que después de un hidalgo de 3/4 no es de sorprenderse, ese hecho fue en unos quince años donde ambos novios de la festejada aparecieron y se armó una bronca campal y Felipe fue testigo del acontencimiento histórico y Chucho me salvó un par de veces al volante.  Además esa bebida ha triunfado aquí en São Paulo, le sorprende demasiado el gusano que trae el mezcal.

En Busca del LP perdido (Two minutes warning)

El porvenir ya existe -respondí-, pero yo soy su amigo

El jardín de los senderos que se bifurcan – Jorge Luis Borges

A manera de introducción —para las personas jóvenes— habrá que aclarar que LP no se refiere al gas —Liquefied Petroleum— que es repartido a domicilio que va perdiendo terreno frente al gas natural, tampoco se refiere a una medida usada en las pulcatas —Litro de Pulque— ni el procedimiento médico para extraer líquido cefalorraquídeo —Lumbar Puncture— tan nombrado en las series médicas, LP es la abreviatura de Long Play y se refiere a los discos de vinilo de 12 pulgadas que eran tocados a 33 1/3 de revoluciones por minuto.

Hay momentos en la vida de donde los caminos se bifurcan, aquellos con los que te preguntas ¿qué hubiera sido de mi vida sin ese momento? aunque TODOS los momentos son así. El tema salió por una canción que mencioné en twitter y que prometí contar la historia.

Un día nos invitaron a la fiesta de los 17 años de Ana Margarita, que era amiga y compañera de escuela René, que era mejor conocido como el Vani que como el hidrógeno lleva un 2O después — Vani-dos-ó — y creo que ya he dado muchas explicaciones en esta entrada. Bueno el caso es que nos invitó para que lleváramos la música, fue nuestro primer gig como DJs, todavía sin un surtido musical muy extenso. Y como en ese tiempo lo más importante eran las fiestas asistimos.

Cuando llegamos a Osa Menor 207 —entre Triángulo y Centauro— la fiesta estaba prácticamente desierta, algo que no mejoró con el tiempo, la única mujer era la anfitriona pero había un par de joyas entre los discos que pedimos que llevaran, un recién desempacado Disintegration de The Cure y el sencillo de Blasphemous Rumours de la banda preferida de Vani:

Debido a la ausencia de féminas nos dedicamos a beber y a escuchar los discos a placer: el sencillo de Depeche Mode tenía 4 canciones grabadas en el Empire Theatre de Liverpool —Inglaterra no la tienda— dos de ellas no muy comunes: Ice Machine y Two Minute Warning esta última es la referencia del twitter. Para sorpresa de todos, poco después de las once de la noche apareció Jairo, con su coche lleno de mujeres, que fueron asediadas por una jauría semialcoholizada, al mensajero le tocó perder a su hermana —con el Chore— y a su novia. Entre las asistentes estaban Mónica y Abigail Fabiola.

No solamente fue por Aby que probé por primera vez los nachos, por ella comenzamos a frecuentas el hueso skate, y pues por ella conocí a Natalia, y mis amigos conocieron a Carmen, Rocío, Nadia, Ingrid. Y nos toco vivir relaciones que nos marcaron. Fuimos a celebrar un 14 de febrero a un cementerio y nos robamos un letrero de zona arqueológica —delito federal— luego de ser perseguidos por la policía. También los estudios de Felipe en el extranjero tienen que ver, la primera vez que volví a fumar, o mi asistencia a 2 funerales está relacionada con ese momento. En nuestra última actuación como DJ —donde las damas nombradas estaban presentes— la fiesta terminó en una batalla campal —por culpa de una de las damas nombradas— donde no solamente serví como escudo contra balas, también las bocinas fueron destruidas y mis discos confiscados por el honorable cuerpo policial, sí, también por eso cambié de LPs a CDs.

Pero cuando compré el CD equivalente al disco mostrado en la imagen de arriba solamente tenía 2 de las canciones originales y 3 canciones en vivo fueron cambiadas por otras 2 diferentes, una en remix y otra en vivo. Y sí, las cosas no vuelven a ser iguales, sin importar cuál sea el punto de origen no hay regreso y esos cambios sutiles —como el disco— que parecen tener poca importancia pueden definir por completo otro momento.

Les dejo otra versión de la canción que referida, aún no he conseguido la versión del otro disco,  si alguien la tiene que se moche: