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todos saludan, hasta la porra

te agradezco tu cumplido y sin hacer tanta bulla, te suplico que también me saludes a la tuya.

Paquita la del Barrio

De niño la recomendación invariable de mis padres era que saludara a todo mundo, muchas veces eso representaba que me llamaran por el apodo que detestaba —y en diminutivo— o me pellizcaran el cachete, me hicieran preguntas incómodas, hacer caravanas a personas que me consideraban niño maleducado. Creo que esto se debía en gran parte a mi carácter autodidacta.

Al llegar a las fiestas o salir de ellas era la misma canción, la diferencia es que al llegar todos estaban ocupados aún o era un mar de llegadas simultáneas, y al final todos andaban bien servidos, bailando o en su mundo. Eso no importaba había que anunciar la retirada, de lo contrario la calificación de maleducado era inmediata.

En la escuela el buenos días maestra era bastante más fácil, y con los compañeros no existía mayor ceremonia, las llegadas y salidas eran sin compromiso, además el horario definía perfectamente la hora de llegada y salida.

Al crecer la decisión de saludar o no deja de depender de la educación recibida en casa, me tocó ser sorprendido con los primeros saludos de beso, algo que hasta entonces solamente era visto con familiares. Creo que a partir de este momento las diferencias entre los saludos de acuerdo a las personas se hizo abismal, comencé a saludar con intención a todas las personas cercanas, pero hacia los demás las cosas resultaron variadas.

Como por ejemplo llegar al baño y encontrarte con alguien en el mingitorio, no creo que sea lo mejor estirar la mano para saludar. .En ambientes abiertos solamente saludo si las personas me ven, de lo contrario paso de largo.

Durante mi 5 minutos de fama en el taller de matemáticas, los demás me saludaban —era una celebridad— y en algunas ocasiones no conocía a la persona que me saludaba, como la vez que estaba cerca del metro CU se acercaron a saludarme y pregutar si había examen o no. Esto dificultaba tener diálogos íntimos en la facultad, porque si las paredes oyen cuando están llenas de alumnos más.

En el ambiente laboral corporativo mi actitud depende de lo ocupado que esté mi compañero de trabajo solamente saludo si no los veo ocupados, lo mismo ocurre con cuando hablan por teléfono, cuando hay juntas con personas externas además del saludo se intercambian tarjetas de presentación —tampoco mi estilo—

Al mudarme de país me di cuenta que los protocolos cambian un poco, las fórmulas siguen imperando en el entorno social. Ese actuar por fórmula siempre me ha costado trabajo, jamás podría ser recepcionista.

Donde nos veamos así nos saludamos

 

 

Navidad y cambios

Es tan grande el placer que se experimenta al encontrar un hombre agradecido que vale la pena arriesgarse a hacer un ingrato.
Séneca

Desde niño estuve inmerso en la idea de que en Navidad era importante nuestro comportamiento con nuestros semejantes. Por alguna razón mi empatía se centró en el sufrimiento y los pesares de los demás.

Como viví muy de cerca el ciclo del comercio, participando en él desde muy temprana edad, me acostumbré a vivir la época decembrina desde diferentes perspectivas, era la época de más trabajo, todos tienen preocupaciones: si les alcanza para la cena, para los regalos de los hijos, sí la venta será suficiente, o el negocio alcanza a sobrevivir. Sentía que la época estaba llena de pesares, angustia y sufrimiento.

Intentaba hacer lo posible por mitigar esa situación, entre ayuda, donaciones, propinas y regalos. Pensaba que aún los pequeños actos podían hacer alguna diferencia.

Cuando iba al banco, solía tomar dos turnos, cuando se iba acercando mi turno salía y buscaba a una persona que fuera beneficiada con evitar las espera, un acto benéfico y anónimo. O al comprar en comercios locales o incluso en la calle, sin regatear o dando o comprando un poco más, con la idea de que ese excedente se derrame hacia los demás.

Pero creo que en estos derroteros me olvidé de mí, de disfrutar y agradecer el sinnúmero de alegrías, bendiciones, cariño que experimentaba cada día, creo que es otra lección aprendida estos días.

Feliz Navidad a todos.