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el petate del muerto

ay ay asústame

ay ay asústame

vampiresa de aparador

Jaime López

Dicen que durante una reunión en Villa Diodati en el verano del año que no tuvo verano —1816— departían encerrados por la lluvia el matrimonio Shelley, Lord Byron con su médico de cabecera Polidory y Claire Clairmont; ese fue el origen de Frankstein y Drácula —al menos literario— dudo que hayan tenido idea de la magnitud que alcanzarían y la variedad de instancias —algunas verdaderamente heréticas— que han surgido a la fecha.

Pero los contactos con este tipo de criaturas son escasos, generalmente están disfrazados y prácticamente nunca he tenido que enfrentarme a ellos, Existen por otra parte monstruos más cercanos, lacerantes, inoportunos y hasta aceptados socialmente, ahora habría que recordar que monstruo tiene varios significados pero generalmente nos referimos a “ser fantástico que causa espanto”.

Existe un diablo rojo, que evidentemente no es alemán —en las culturas germánicas el diablo es negro— de hecho no es muy conocido en el primer mundo, sus víctimas son predominantemente de países subdesarrollados, atacan en circunstancias desfavorables provocando un encarecimiento de los recursos y dejando a ciertos grupos en posición vulnerable justo para que otras personas se aprovechen de ellos. Sus víctimas rara vez salen en las noticias pero sus ataques sí, en la sección financiera.]

Hay otro que no hace mucho ruido, susurra insistentemente, nos acosa con preguntas que nublan la mente, proyecta imágenes que aceleran el corazón y nos inyecta una duda que acelera el corazón. Al luchar en su contra la sangre fluye hacia nuestras manos —es la preparación natural del cuerpo ante una pelea— pero cualquier golpe termina fallando y golpeando algo —o alguien más— generalmente dañándolo irreparablemente. Es un fantasma de ojos verdes.

Los efectos pueden no manifestarse inmediatamente ni ser tan aparatosos, existe un monstruo que vive agazapado devorando de a poco lo que está a la mano, es apenas perceptible pero ataca cada día sin fallar alimentándose de los sueños, de la imaginación, de la novedad dejando únicamente la inercia aunque parezca inofensivo tiene más fuerza que el amor —el mismísimo Juanga sabe de eso.

Y son peores los que me habitan.

Cine con mi abuelo

La fotografía es verdad. Y el cine es una verdad 24 veces por segundo.

Jean Luc Goddard

Mi abuelo fue una importantísima influencia en mi vida, recibí mucho amor, enseñanzas y un gran regalo: el gusto por el cine.

Su afición comenzó apenas regresó a su ciudad natal (la Ciudad de México) en la mitad de los años 30’s, asistió a diversas funciones, le gustaban mucho las películas de monstruos: Drácula, Frankstein,  o la Momia;  pero la película que atrapó a mi abuelo, entonces adolescente, fue Las Manos de Orlac, la primera película norteamericana de Peter Lorre. Desde entonces quedó prendado del séptimo arte, afición que creció luego de asistir a clásicos como Lo que el Viento se llevó, El Mago de Oz o Cumbres Borrascosas.

Tan entusiasmado estaba que tomó un curso de radio, cine y televisión, que terminó al poco tiempo porque no había muchos temas que cubrir en aquel entonces. No estoy seguro de lo que aprendió ahí, pero al menos fue lo suficiente para hacerme una demostración de un radio a galena, algo extremadamente interesante para un niño, bueno no sé si para cualquier niño pero para mí sí, siempre fue muy interesante aprender de mi abuelo.

Pero a mi abuela no le gustaba el cine -le sigue sin gustar- así que las visitas de mi abuelo al cine se fueron reduciendo hasta extinguirse. Solamente los nietos le devolvieron la oportunidad de regresar a tan amado espectáculo. Aún lo recuerdo vívidamente conduciendo su Impala 75 a toda velocidad, rebasando hasta las ambulancias para llegara a tiempo al cine Ariel y, con una bolsa de cacahuates garapiñados conseguida de antemano, para que viera 5 locos en el supermercado. ¿A poco eso no es eso una gran muestra de amor?

Pero vimos otras películas y me contó innumerables  anécdotas como la primera vez que vio el cine en tercera dimensión, cuando estuvo en una función en el cine Florida con la sala llena (más de 7000 butacas), me encantaba escuchar de los cines antiguos, los nombres y los lugares donde estaban, de cómo iba a las funciones de 3 por 1 para ver las películas de Errol Flynn, las filas kilométricas para las películas de Pedro Infante, o cómo se levantaban cuando salía la bandera de México. Ha cambiado enormidades la experiencia de ir al cine.

Y otra de las razones para ir al cine eran las actrices, él tenía una fijación con la reportera del crimen, tendrían que verla en ese entonces para entender cómo lucía Angela Lansbury, también Lily Monster, mejor conocida como Yvonne De Carlo, pero creo que había una actriz en particular en la que ambos coincidíamos: Lauren Bacall, aunque creo que hay motivos ulteriores para esta coincidencia. Probablemente sea parte de su DNA que habita en mi corazón.

Durante mucho tiempo se negó a ir al cine y su único vínculo era con las películas que pasaban en la televisión, aunque tuviera que soportar innumerables comerciales, era muy reacio a recibir invitaciones. Por eso decidí regalarle una enciclopedia del cine, quedó fascinado con el regalo se adivinaba en el brillo que se asomaba en sus ojos. Hubo muchas pláticas posteriores gracias a esa enciclopedia, ha sido uno de los regalos que he hecho con más gusto.

Yo llevé a mi abuelo a su última función de cine, vimos Gladiador en un cine en avenida Tláhuac, se comió un helado que compré durante el intermedio, fue la última película con intermedio a la que asistí, no regresé a ese cine que creo que ahora es un Cinemark.

Esta entrada está llena de enlaces a IMDB, ¡cómo me gustaría tener aún un enlace que me llevara a mi abuelo!

PZM

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