Archivo del sitio

clima global (súbele a tu primavera)

Tal vez esta noche no es noche, debe ser un sol horrendo, o lo otro, o cualquier cosa…

Alejandra Pizarnik

Desde mi primer día de vida tuve una relación particular con el clima, a pesar de que era un día caluroso mi padre decidió acercarme a la calefacción para asegurarme que no pasara frío, lo hizo tan bien que no volví a tener frío prácticamente jamás.

Durante mi infancia padecía de las amígdalas así que cualquier cambio de temperatura, me mandaba directo al doctor a recibir alguna dosis de penicilina, como me gustaba salir a la lluvia o jugar con agua esto era muy frecuente. Luego de la operación quedé finalmente libre para andar por cualquier clima.

Mayo solía ser el mes más caluroso, aún más que el mes de mi cumpleaños como en mayo del 82 cuando acompañé a mi madre al centro justo al salir de la escuela —aún con el uniforme— pasamos a comer a un JFK —entonces Kentucky Fried Chicken— y lo único que se antojaba comer era la ensalada, me quité la camisa del uniforme y me quedé en camiseta —hecho inédito entonces— además las tortillerías y el metro alcanzaron temperaturas insoportables.

El año siguiente el día de San Juan marcaría una seria de lluvias finas pero prolongadas que duraban días, algo que incomodaba a muchas personas, yo me ofrecía como voluntario para salir, solamente hubo un accidente una vez que fui por un pastel pero mis tenis ya no tenían la tracción necesaria —cuando pisaba un chicle sabía del sabor que era— caí pero la caja no se rompió y el pastel sobrevivió algo deformado pero llegó al festejo. En ese tiempo tuve mi única chamarra térmica, era tan eficiente que parecía casi un sauna, hubiera necesitado una temperatura debajo de cero para poderla usar más de media hora.

La alcoholesencia estuvo lleno de días de final de semana demasiado soleados y ninguna noche tan fría que nos impidiera salir a alguna fiesta. Napoleón no tenía calefacción ni aire acondicionado, así que el control climático se reducía a la ventana de ahí la frase de súbele a tu primavera o la contraria bájale a tu invierno.

En la universidad solamente llegaba a clase de siete cuando el clima lo ameritaba, es decir cuando estaba nublado, gris, frío y lluvioso. Entonces decía que me iba a reír mucho cuando el sol se apagara, en general el clima caluroso no me gustaba, con el tiempo conseguí soportar cada vez mayores temperaturas.

Pero una vez sí sentí frío, fue en Toronto aunque de día yo veía que los demás —vestidos con gorro, guantes, bufanda, orejeras, abrigo y botas— me veían extrañamente porque ni suéter llevaba, pero una noche al salir de un karaoke y luego de unos quiebres, regresé en el autobús que estaba toda la noche y tuve que caminar bajo una ventisca llena de flurry seguido de una ventisca, todavía pasé a hablar por teléfono, con la ropa húmeda y el viento haciéndome temblar para terminar olvidé cerrar la ventana para dormir, desperté algo perjudicado

Ahora que estoy en el hemisferio sur en un clima más cálido, viviendo en una ciudad donde el invierno, cuando se pone rudo llega a los 10° Celsius. Donde la navidad se vive arriba de treinta grados y los santacloses sufren su disfraz, cuando estaba tramitando la visa y vivía en hoteles, tuve que ir a Londres, como fue sin previo aviso no tuve tiempo de preparar nada además había empacado para una primavera brasileña no un otoño londinense, hice las maletas y me lancé, llegué en camisa de manga corta otra vez para alimentar los ojos curiosos, pero eso también fue una aventura.

Ahora esta semana São Paulo registró temperaturas tan altas que rompieron varios récords del mes de enero. Y lo difícil es conciliar el sueño mientras se suda a mares, Necesito urgentemente un clima frío para descansar.

cambio climático

Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando salís de un concierto.

La Rayuela – Julio Cortázar

El día en que nací comenzó siendo caluroso casi toda la mañana para tornarse un día de viento y polvo por la tarde culminando con una lluvia por la noche, parece que solamente faltó el frío que ha sido mi clima preferido por mucho tiempo. Pero durante mi infancia cualquier cambio en el clima impactaba directamente en mis amígdalas, me enfermaba cada dos semanas, algunas veces por el frío, otras por el calor y, por supuesto, la lluvia, llegué a odiar las inyecciones, no tanto por el dolor sino porque no me podía quedar quieto, “flojito” como me decía, solía tener reacciones nerviosas, alguna vez doblé la aguja por apretar las nalgas, pero no tengo problemas cuando me inyectan y yo puedo ver la aguja. Pero una vez que me quitaron las anginas no me enfermé en más de 10 años.

Descubrí entonces el placer que era pasar, jugar o correr bajo la lluvia, siempre me preguntaba si haría una diferencia caminar o correr, no para mojarse menos sino para que las gotas fueran diferentes más benignas o mágicas, como si ese baño tuviera algo de benéfico. Contrario al calor, que lo único que hacía era incomodarme un poco, hacerme sudar mucho y, algunas veces, ocasionar que mi nariz sangrara, recuerdo que Felipe me acompañaba a las tortillas hasta la calle de los Apaches y la salud, durante el verano regresaba sangrando, me detenía en su casa para limpiarme con la llave que estaba justo en su patio; esa aversión al calor me acompañõ mucho tiempo, muchas veces decía que me iba a divertir mucho cuando el sol se apagara. Aún recuerdo aquel 3 de mayo del 83 en el que la temperatura alcanzó los 33 grados, íbamos acompañando a mi mamá y pasamos a comer a un Kentocky (antes de que fueran KFC) lo único que disfruté fue la ensalada.

Recuerdo regresar ir a la secundaria mientras llovía y regresar aún con una lluvia pertinaz, cuando en tiempo de lluvia la misma era mucho más abundante, al menos duradera, ese día me tocó ir por un pastel y no me llevé paraguas, bastó una bolsa pero me resbalé y, si bien no sufrió por el agua quedó aplastado. Tuve que regresar por más dinero y algo para cubrirme e ir con la calma debida. En unas vacaciones en San Juan del Río, durante el regreso se desató una tormenta que impidió a mi madre seguir manejando en carretera, nos tuvimos que orillar. Cuando abrían el ISSSTE de Miramontes las 24 horas, una vez que fui a las 5 de la mañana le robaron los limpiaparabrisas a mi carro -Napoleón- así que durante un año usaba una bolsita de detergente para ponerle al parabrisas para tener algo de visión, cuando me preguntaban “¿a poco puedes ver?” yo siempre contestaba lo mismo: no.

En la universidad solamente llegaba temprano los días que amanecían nublados, lloviendo o muy fríos, sentía que ese frío en las mejillas me llenaba de vigor, y nunca usaba una prenda para protegerme, alguna vez tuve una chamarra impermeable pero la usaba en raras ocasiones, jamás hizo un frío que justificara su uso. Cuando fui a Toronto veía a las demás personas con chamarra, bufanda, guantes, orejeras y yo ni suéter tenía, pero unos día que regresaba de un karaoke donde tomé unos whiskies comenzó un aire fuerte mezclado con lluvia, como regresaba de noche solamente las rutas nocturnas estaban funcionando, tuve que caminar bastante y todavía me detuve en una cabina para hablar por teléfono, cuando comenzó a caer lo que le llaman flurry ese día sí sentí frío y lo peor fue que al regresar olvidé cerrar la ventana, amanecí con mormado pero me compuse durante el día. La nieve siempre me ha eludido.

Ahora que vivo en un clima tropical y que los días son caluroso aunque desde mi ventana tenga espectáculos como el de abajo, día en que se convirtió en el día con más tráfico en São Paulo, aquí no hace frío, algunas veces la temperatura desciendea 12° y todos usan chamarra. Tengo miedo de haber perdido mi resistencia al frío y que cuando me toque enfrentarme a algún clima adverso no lo aguante, pero supongo que eso no lo sabré pronto.

20130308_153130

Pero estoy seguro de que siempre seguiré disfrutando la lluvia, el caminar lentamente disfrutando mientras las ropas se empapan, como un bautismo que me permita emerger como alguien nuevo, cuando camino en un chubasco  me imagino cantando no la famosa rola de Gene Kelly, tampoco lo que cantaban Pedro Infante y Luis Aguilar sobre las motos  sino algo más personal: