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Mundo

La vida de los muertos perdura en la memoria de los vivos.

Cicerón

Murió mi tío Mundo, el hermano de enmedio de la familia de mi papá, mi padrino de primera comunión y un referente por mucho tiempo.

Desde que yo era muy niño se acercó a jugar conmigo, si bien tenía la convicción de que el fútbol sería la mejor elección siempre me acompañó en todo tipo de juegos:

Primero fue el dominó, donde casi cada viernes había juego, y muchas veces jugamos en pareja y me di cuenta de cómo jugaba, de cómo era, de cómo se manifestaba su personalidad en el juego. También siempre tuvo la paciencia de sentarse conmigo a jugar ajedrez, desde que mi papá me enseñó a los 5 años hasta que siempre le ganaba.

La baraja estuvo omnipresente en todos los juegos, al principio la baraja española con la brisca y el conquián, depués la americana con todas las variantes que él traía, como el 6 patadón, el 7 loco, el clásico chileno donde se acumulaba las fichas en la polla, la clásica viuda y al final una tómbola a valor de póker, que era el equivalente a jugar mi restro.

Él me enseñó a jugar fútbol, me acompañaba a los partidos y me daba lecciones, no dejó que abandonara la cancha hasta que demostrara que podía tirar los penalties de forma precisa, también me enseño muchas cosas de costura, como tender, rayar y cortar. Siempre lograba hacer que el trabajo fuera diversión, al terminar íbamos por una torta, él de milanesa y yo de huevo con queso blanco.

Le gustaba Eric Burdon, Led Zeppelin, Janis Joplin; por él conocí mucha música, incluso cuando lo escuché decir que ya no había música nueva que le gustara decidí que no quería que me pasara lo mismo y he procurado estar abierto a escuchar cosas nuevas, me regaló un disco de Tito Fernández que consiguió en Radio Educación.

El día que se convirtió en mi padrino de primera comunión descubrí que no sabía chiflar (yo tampoco sé), regresamos antes a casa para recibir a los invitados, él, junto con mis tíos Ricardo y Miguel, cuando pasó un taxi mi tío gritó chíflenle, pero ninguno sabía chiflar.

Siempre me demostró su cariño y preocupación, iba por nosotros a la primaria y nos llevaba a casa en el un ruta 100, que entonces estaba recién inaugurado, todavía con colores café y negro. Me daba la mano para cruzar la calle aún yo siendo muy grande y cuando lo iba a visitar me acompañaba al carro.

Era un virtuoso del fùtbol, me prometió que cada que lo fuera a ver iba a meter un gol, y siempre cumplió, lo seguía a canchas remotas, donde el brillaba con su técnica pero nadie parecía darse cuenta. Lo vi hacer jugadas que no he visto televisadas Fue un talento desperdiciado, únicamente los teporochos de valle del sur lo reconocían como el mejor jugador que hubieran visto.

Lo visitaba periódicamente, siempre me felicitaba por mis triunfos y me manifestaba la confianza que tenía en mí. era múy fácil contarle, siempre sentí su interés y fue un gran escucha. Incluso en la lejanía, él me escribió una carta (a la manera antigua) cuando vivía en Brasil.

Le compartí todas las entradas de este blog, siempre las leyó con entusiasmo y me daba sus comentarios, aún si a la luz de las letras él no salía tan bien parado. La última vez que lo vi fue cerca de año nuevo, primera vez en la pandemia, hablamos largo rato.

La última vez que hablamos fue en nuestro cumpleaños (compartíamos fecha de celebración y muchas veces fue una celebración conjunta. Le emocionó mucho la noticia de mi boda y me dijo que no había recibido una noticia tan feliz en mucho tiempo.

Creo que aún me falta llorar un poco.