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Recorrido biográfico musical

La música compone los ánimos descompuestos y alivia los trabajos que nacen del espíritu.
Miguel de Cervantes Saavedra

El pasado miércoles fue el especial de música mexicana en el PlayMeShow, que no solamente  disfruté mucho sino que  también me trajo a la memoria múltiples escenas del pasado,  finalmente todo es pasado, porque el precioso presente se desvanece como agua entre las manos.

La música ha sido un elemento que ha estado presente en innumerables ocasiones en mi vida iluminando de diversos tonos tanto los momentos pivotales como los recurrentes.

Todo empieza en familia, mi tío Ricardo es apenas 6 años mayor y era un fan de los Beatles, de los que hablaba a Radio Capital para votar por sus canciones o vestir un moño negro sobre su suéter de la secundaria el día que asesinaron a Lennon. Cuando conocí a otros beatlemaniacos me pareció afirmar que te gustaban los Beatles era una elección segura, digamos políticamente correcta de las que no causa controversia, en cambio mi tío Mundo (sic) tenía pósters de Erik Burdon adornando su lugar de trabajo, pero por más radical que parezca tiempo después lo escuché diciendo que no le gustaba la música de hoy -como para pensar 2 veces esa frase tan común-. En ese momento, de las entrañas me surgió la decisión de jamás decir lo mismo, que no quería sentir prejuicio hacia lo nuevo porque  lo único que se logra aferrandose al pasado es perderse de muchas cosas que pueden resultar fascinantes. Esto no quiere decir que solamente me guste lo nuevo por el contrario estoy abierto a conocer nueva música, también por eso disfruto el PlayMeShow. – pero basta de comerciales.

La música también se mezclaba en mis juegos infantiles, con la grabadora de mi papá jugaba a que era locutor de radio y ponía las canciones a mi antojo, mezclando en ese entonces a Donna Summer con Alfredo Zitarrosa. También jugaba al grupo de rock que se desintegraba, algunas veces incluyendo a mi hermana, hay una canción que le gustaba mucho  cuando era muy niña, ahora que va a ser madre quizá le sirva para avivar los recuerdos de cuando jugábamos juntos, creo que todavía hay una foto de dimensiones pantagruélicas que reveló mi padre, siempre aficionado a la fotografía y los experimentos.

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Pocas cosas fueron tan constantes en mi infancia como el recorrido de la escuela a casa de mi abuela, en el camino saludaba a mi padrino que jugaba en una mesa de billar que tenía apartada justo al lado de la entrada -quizá por eso el billar me gustó desde siempre- y al llegar a casa de mi abuela encontraba a mi tío Juan, el menor de los hermanos mayores de mi mamá, con el que ganó alguna vez un concurso de baile en Acapulco, regularmente se encontraba preparando para la entrega los vestidos que fabricaban, algunas veces con tijeras o una plancha en la mano, pero siempre bailando algo así:

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Mi relación con mi padre tuvo muchos altibajos, pero la primera plática significativa con él me confesó que siempre quiso ser hippie mientras platicábamos al cobijo de Have You Ever Seen The Rain? de Creedence Clearwater Revival, mi relación con él cambió para siempre después de esa plática.

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Durante mi alcoholescencia me aventuré como Dizque Jockey, si bien enfrentaba una audiencia que quería ser complacida y bailar, ocasionalmente colaba una canción fuera de contexto, esto no me ayudaba con el público pero sí con mi alma. Hubo una fiesta de disfraces memorable cerca del día de muertos, inspirada en una película. Ese día Felipe terminó en los brazos de “La Maizoro” después de una canción romántica que puse, eso no impidió que quebrantara un límite y se agendara una pelea entre nosotros, “El Boni” terminó bajo un automóvil rogándole a Laura, hermana del Chore,  y cuando ella le preguntaró ¿por qué lloras como niño chiquito? respondió “porque soy niño chiquito”. Al escribir esto me doy cuenta de que suenabizarro … lo fué. La música de fondo era:

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Así como colaba canciones aquí quiero añadir que fui al preestreno de la pelícua al cine Manacar, pagué 15,000 pesos  (como el triple del costo normal) y todos mis acompañantes dibujaban cómics donde ellos eran los protagonistas, como es mi costumbre yo era la excepción.

El lunes 2 de Julio de 1990 fui a un concierto al Teatro Blanquita, cuando los conciertos de rock se hacían los lunes porque solamente asistíamos los que no teníamos nada que hacer. Mi sangre gritaba al escuchar Mujer Sucia de Real de Catorce, mientras mi corazón comenzaba a prenderse de mi acompañante tan fuerte que mi piel aún lo puede sentir, fue una relación muy intensa y, hasta ahora, la relación más larga que he tenido.

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A las 2 semanas fuimos de nuevo al mismo lugar a la presentación del disco “El Diablito” de Caifanes.  Luego de ese concierto escuchamos una canción repetidamente, algunas veces en penumbras, siempre febriles o agolpados.

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Y un día encontré mi canción, es tan precioso el momento en que pude encontrar algo que considero tan mío. El sábado 7 de Julio de 2002 fui a visitar la tumba de Edgar Allan Poe, ese fue un día de comunión conmigo mismo, porque después fui a un concierto, sabía que el grupo iba a tocar pero no sabía que tendría la oportunidad de ver mi canción en vivo y grabarla.

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La felicidad de ese día todavía dura.

Estirpe

Fruta Verde
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Sabor de fruta verde 
de fruta que se muerde 
de carne y de manzana del bien y del mal. 
Yo tengo la culpa de que tú seas mala 
boca de chavala que yo enseñé a besar
-Luis Alcaraz.
 

Mi estirpe chilanga viene de mi abuelo paterno, los otros son originarios de Salamanca ciudad del Tepetate y sede de la más grande refinería de México. También está llena de cantinas y José Alfredo le daba la vuelta porque ahí lo hería el recuerdo.

Mi bisabuelo fue el primero en la sucesión de familiar con mi nombre. Su oficio era peluquero, pero era casanova de corazón (¿de dónde más?) y por un amor problema de faldas, en realidad era un problema de celos violentos fue asesinado afuera de su lugar de trabajo, eso no solamente lo mató, le rompió el corazón a mi bisabuela. La súbita  orfandad de mi abuelo lo obligó a trasladarese a Michoacán, donde fue aceptado por la rígida educación de una tía rígida y  parca con sus demostraciones de amor.

Pero él regresó a la ciudad de México y se dió el lujo de recorrerla en hasta sus límites cuando más allá de San Lázaro no había mucho.

Y también abrazó la vida nocturna, y cada que comenzaba una tertulia en una cantina advertía que, si la iban a seguir después de la salida del último camión, sería hasta el amanecer, cuando comenzaran a salir los camiones nuevamente.  Y en una de esas amanecidas brindó con José Alfredo, sí con musicalizador de tantas borracheras, en una cantina en Santa María la Ribera.

Entró de aprendiz de zapatero y llegó a convertirse en maestro del oficio, que ocupó toda su vida, él me hizo los zapatos más cómodos que he usado, y también yo recibí el último par que hizo, justo antes de morir. Los dos pares eran de color azul.

Compró un automóvil con sus amigos para pasear por el bosque de Chapultepec y cuando se detenía echaban a la suerte el que tenía que bajar para arrancarlo porque todavía usaba cran. nadie quería quedar mal frente a las damas.

Antes de llegar a su primer cuarto de siglo se enamoró de mi abuela, una bella dama acomplejada por la oscuridad de su piel, viviendo bajo el techo de mi bisabuela que era una excelente cocinera, que así como manejaba la cocina podía manejar toda la familia, ella era la que mandaba sin importar que su esposo fuera un soldado, que algunas veces olvidaba la carabina por su afición al pulque.

Los escasos 15 años y la antipatía de los suegros fue un problema que no tenía una solución simple. Tomó el único camino, se robó a mi abuela, pero él era un caballero, así que fue a “depositarla” en casa de su madrina hasta que se realizara la boda.

Se casaron y tuvieron 3 hijos en 4 años, el primogénito fue mi papá, la necesidad de un lugar mayor era imperante, para resolverlo tuvo que vivir en casa de sus suegros mientras edificaban la casa, en la que el trabajó incesantemente, ese fue un período muy difícil para él. Trabajaba doble turno, con los zapatos para la manutención y de albañil para terminar su casa mientras era humillado constantemente por su suegro, pero se tragó todo para darle una mejor vida a su familia. Luego vendrían 2 hijos más.

Él se esmeraba en hacerla feliz, era diligente con la administración, y cocinaba muy bien. Dejó de ir al cine que tanto le gustaba, solamente iba cuando nos llevaba, demostraba su afecto a los nietos individualmente, conocía sus gustos, alegrías y tristezas.

Ayudó a mi abuela a terminar su primaria aunque él mismo no pasó de segundo , le ayudó con las actividades que emprendía como la costura, y jamás dejó que ella contribuyera con el presupuesto familiar. Había una grabación (espero que todavía exista) en un cassette cantando “Fruta Verde” que le dedicaba a ella.

La historia hubiera sido mejor si ella lo hubiera amado y no se hubiera casado con él solamente para salir de su casa.