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lista de agradecimientos

Mientras el río corra, los montes hagan sombra y en el cielo haya estrellas, debe durar la memoria del beneficio recibido en la mente del hombre agradecido.

– Virgilio

En portugués, muchos de lso correos que recibo terminan con “grato” seguido del nombre le la persona que lo envía, este es un recordatorio diario de un asunto pendiente que tengo: el agradecer todas las bendiciones recibidas en mi vida.

Gracias a mi familia por todo lo que recibí de ellos durante mi niñez, por la educación que me dieron, la alimentación que me proporcionaron, las veladas, las enseñanzas, sus pláticas, sus abrazos, sus regalos, las risas y sus muestras de amor.

Gracias a mis amigos por haberme aceptado como soy, por escuchar largamente las peroratas sin sentido, por acompañarme en este camino de la vida, por decirme lo que piensan, por verme en la lona y ayudarme a levantarme —o burlarse que para eso también están mis amigos— por la risa compartida, por las aventuras juntos, los juegos, las confidencias.

Agradezco profundamente el haber sido amado con lo difícil que soy, lo complicado que eso puede resultar.

Es maravilloso el universo en el que me ha tocado vivir. Las cosas que he visto, la música que he escuchado, los paisajes, las letras, la naturaleza.

Agradezco la oportunidad de comenzar otro camino

Cada día

 

 

abrazos

¿Qué hago afuera del Edén? ¿Quién armó este inmenso palomar?

El Ángel – Real de Catorce

Ayer hubiera sido el cumpleaños de mi padre, me hubiera gustado abrazarlo y mucho más recibir su abrazo. Luego de un tiempo y mucha distancia hay algunas cosas que entiendo mejor, otras que quisiera preguntar y muchas otras que solamente quisiera escuchar, él disfrutaba las charlas luego de una fiesta mientras el amanecer se asomaba afuera, las historias solían ser las mismas pero algunas veces en los matices se colaba información que me decía cómo estaba y algunas veces era yo quien le contaba alguna novedad, y entonces sentía que las madrugadas era el tiempo propicio para dejar circular el cariño por medio de las palabras.

Y también hubiera querido ser abrazado por su padre, mi abuelo, tobol —como yo le decía de niño— sentir su infinita paciencia al ayudarme a hacer algo, sentir su cariño desparramado cuando me contaba historias de años pasados y adivinar entre líneas lo que sentía actualmente. Esperar pequeños milagros como cuando me compartió un poema que había escrito, cuando me aceptó las invitaciones al cine o a comer; mirar sus ojos iluminados al hablar de cine.

Mi tía Luisita quería mucho a mi padre, él decía que siempre que estaba en casa se respiraba paz y tranquilidad, añoro las veces que me acercaba a ella y me inclinaba para que me persignara y su señal de la cruz me protegiera. Extraño la magia y amor que le ponía a la comida, no importa que mi mal entendimiento de ese amor a través de la comida me haya conducido a la obesidad, era una de sus formas más puras de mostrar amor.

No escucho más los consejos de mi tío Luis, aún me acaricia el corazón su fe en convertirme en un campeón de boxeo o lucha y retirarme tras la lucha de campeonato, hubiera querido recibir más sus enseñanzas respecto a la vida, a cómo la afrontaba como una lucha, a cómo defenderse y cómo atacar, o como tratar a la vida como una dama para que ella nos trate igual.

Al recordarlos a la distancia puedo ver más claramente que aquel cariño que prodigaban también les hacía falta. Que ese amor indirecto que se les escapaba era una seña inequívoca de que necesitaban el mismo amor de vuelta, Lo sé porque me siento igual, porque creo que cuando aquí escribo plasmo un poco del cariño que necesito recibir.

Lo bueno es que aún quedan personas para abrazar.

 

Carta Circular

¿Cómo no me extraigo las venas
y hago con ellas una escala
para huir al otro lado de la noche?

Pero mis brazos insisten en abrazar al mundo
porque aún no les enseñaron
que ya es demasiado tarde

Alejandra Pizarnik

En los últimos días perdí mis llaves originales y solamente tengo el duplicado de una, fui a nadar con el traje de baño equivocado, rompí un plato; una sucesión de pequeños fallos, como si la realidad se hubiera desplazado apenas las justa distancia para hacerme fallar en todas las canastas. Dadas las circunstacias mejor les cuento la historia de un campeón sin corona que un día vió un caballo tirando de un carro cargado de colchones usados, y lo invadió una tristeza insoportable, como si una fuerza se empeñara en aplastar su corazón. No sabía lo que era y durante mucho tiempo fue un misterio, para develarlo examinó algunos recuerdos del pasado:

Ropavejero

Durante su niñez viajó innumerables veces en la línea 2 del metro, el trayecto de Ermita a Tacuba, acompañado a su madre, algunas veces encontraban asientos libres todavía estaban acolchonados y un afortunado día fueron a la feria, se subieron a las tazas y comieron hotcakes. Desde entonces él amó el metro y durante un tiempo pensó que los hotcakes de feria podía curar cualquier mal.

Su padre se ufanaba de él, corregía sus yerros sin celebrar sus derrotas, eso le causó cierto resentimiento que reventó en un empujón durante una fiesta familiar. Tiempo después cuando, contrario a las veces anteriores el padre estaba sobrio y el hijo con aliento alcohólico, conversaron,  se entendieron y abrazaron.

Amó a su hermana desde su nacimiento, falló en su cuidado, la perdió y la encontró muchos años después y no quiere perderla de nuevo. Ahora tienen un vínculo adicional a la hermandad.

Su abuelo le enseñó a jugar, su tía le hacía chocolate y lo enfriaba, su padrino siempre le daba la mano para cruzar la calle, su tío de apodo legendario y su esposa lo querían, no sabía por qué pero hasta la fecha siente su amor en el abrazo.

Durante la primaria tuvo maestras que lo guiaron, lo enseñaron y algunas hasta lo quisieron; y compañeros sin prejuicios con los que formó un grupo unido, aún ahora eso le parece raro.

Al comenzar los años 80’s hizo amistad con un niño que tenía un parche en el ojo -producto de un resorte inoportuno- que lo acompañaría en una búsqueda infructuosa de quesos exóticos en las tiendas de abarrotes cercanas, fueron como hermanos mucho tiempo, fue testigo del inicio de su primer amor que lo llevó  de las iniciales trazadas en el cemento fresco de Arcos de Belén -y en muchos videojuegos-; y del fin en un amargo llanto a pocos pasos de las iniciales frente al registro civil. Además jamás nadie se burló de él tantas veces, no faltó quien pensara que eran hermanos.

Algunas familias que lo trataban como un miembro más, que le ofrecieron cobijo, comida y lo admitieron en los rituales privados, compartió vacaciones y fefstejos. Además hubo una madre que lo abrazaba amorosamente, le dejaba conducir su coche, lo aceptó como yerno, pero su hija no tenía el mismo corazón.

Se sintió cobijado bajo el brazo de un dealer que le regalaba cajas de philip morris, cuya novia lo llevaba a casa mientras conversaban largamente y una prima que le regaló una pulsera tejida de colores verde y morado que él uso hasta que se deshizo. Asistió a numerosas fiestas acompañado de lo que llamaba su banda, con los que conoció la noche y dominó el alcohol, e incluso fraternizó con alguno de ellos.

Quedó preso de un amor épico donde conoció el cielo y el infierno.

La universidad fue un campo de juegos que le dejó un papel al final, llena de conciertos con abonos de transporte y una credencial de la biblioteca central. Conoció amigos que sufrieron metamorfosis y amigos que saltaron del grupo de alumnos. Durante ese tiempo tuvo un ahijado que luego subiría de categoría a compadre, aunque el trato sea de hermanos.  Experimentó su vocación, conoció la fama, y abandonó por unos años los anhelos terrenales. Terminó ese período desfilando por las calles con una antorcha en la mano, protestando por las reformas educativas.

Encontró una casa con faro, un lugar de referencia donde podía jugar y cocinar platos de origenes diversos, donde podia ir sin camisa de fuerza, donde sus palabras eran celebradas en lugar de censuradas. Y se abrieron múltiples puertas, junto con una invitada armaron una fiesta, se casaron de negro y separaron de blanco. Y otro invitados lo acogieron en el duelo y lo siguen acogiendo en su peregrinar. En sus incursiones le cuida las espaldas un joven francotirador en quien confía.

Algunas personas no quieren ser guardianes de sus tesoros, otras los reciben y algunas los encuentran tirados por ahí.

Quisiera explicar qué tiene esto que ver con el caballo pero llegó el clima otoñal a despertarme.

Cuando los hermanos se encuentran

Mientras dura el remordimiento dura la culpa.

Jorge Luis Borges

Mi hermana nació bajo la sombra de un alumbramiento tardío, mi madre no sufría contracciones y tuvo que salir de la clínica de los venados para que otro doctor se animara a sacar a mi hermana, creo que desde entonces su relación con los doctores ha sido particular. Yo creo que por eso mi hermana ha condenado a demasiados doctores, todos los que la atendieron seriamente murieron de manera prematura, no he llevado la cuenta de los últimos años pero hasta la última revisión seguía el récord funesto.

La amé desde el principio, tenía unas ganas increíbles de apapacharla y consentira, la disfruté mucho al principio, incluso existía una foto del tamaño de media pared que retrataba ese cariño, me asombra la pulcritud de los sentimientos durante la infancia.

Y una noche, recién mudados de casa de mi abuelo a un departamento a un par de cuadras de distancia, me confiaron su suidado y yo acepté con gusto ufano. Estaba sentado en las escaleras vigilándola y hablándole mientras dibujaba -era aficionado a dibujar aunque parezca increíble- dejé caer el lápiz y rodó a una distancia que me obligó abandonar mi puesto de vigilancia, unos segundos bastaron para que ella subiera por la escalera, perdiera el equilibrio y cayera.

No fue la sangre lo que me impactó sino la carga en los hombros. Es el único período de mi historia en el que la memoria no alcanza a penetrar, las siguientes horas se encerraron dentro de fortalezas inexpugnables en mi cabeza y nuestra relación resultó fragmentada durante los años siguientes.

Todo ese tiempo estuvo lleno de silencios, de interpretaciones erróneas y distanciamientos; y vacío de afecto, como fuera ahuyentado por espectro sutil pero presente como la cicatriz de su barbilla.

No fue sino hasta la muerte de mi padre que el muro de aire que nos separaba se disolvió, que nos perdonamos y retomamos lo que se quedó pendiente tanto tiempo atrás. No se puede cambiar el pasado pero se puede empezar a construir lo que sea en el presente.

Muchas cosas han pasado desde entonces, ahora ella está a unas semanas de tener un hijo, el primero, y yo seré su padrino, es una felicidad inusitada y sorpresiva.

Hoy que es su cumpleaños que sea esta una pequeña muestra de cariño.

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