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entradas y salidas

Es el final del laberinto el que nos devuelve al punto de partida. Pero cada vez que encontramos la salida, el laberinto es otro.

Alejandro Lanúz

Hace apenas algunos días entré de nuevo a un laberinto, bajo la mirada de los volcanes más famosos de México. Comencé a caminar por un sendero desconocido, a pesar de que el destino es conocido: la salida, no es claro como los caminos que recorro me pueden llevar.

Cada camino cuenta, aún los que llegan los que topan con pared hay que recordar cuales son para no recorrerlos de nuevo. La memoria es una aliada.

Voy fijándome en cada camino, las formas de los arbustos, los objetos extraños, las huellas sutiles. Todo es parecido y diferente al mismo tiempo.

Quizá en esta ocasión el deambular no será en solitario. Las pisadas no serán homogéneas. La vida se parece un poco a un laberinto.

Y cada salida es una entrada a otro laberinto.

El Laberinto de la Soledad

Mi cabeza es un laberinto oscuro. A veces hay como relámpagos que iluminan algunos corredores. Nunca termino de saber porque hago ciertas cosas.

Ernesto Sábato

Aunque mis cuadernos favoritos en la primaria eran los mixtos porque me daban muchas opciones, los cuadernos que más recuerdo eran los de cuadro, mucho más lo de cuadro chico que los de grande porque siempre ocupaba la última página del cuaderno para dibujar un laberinto, siempre quise entrar a alguno, el primero fue en una feria era un laberinto de espejos, bastante sencillo pero suficiente para emocionarme.

El único sueño recurrente que he tenido es una pesadilla que tengo cuando duermo con fiebre, es que estoy en un laberinto, sus paredes son de un color crema muy desgastado, parecen de concreto y tienen más de 2 metros de altura, el piso varía entre tierra negra y asfalto, los pasajes podían ser muy amplios como del tamaño de una calle o angostos como un un callejón peatonal, tengo la certeza que los primeros eran cuando el dolor disminuía y los segundos cuando se incrementaba, al final sentía miedo de llegar a la meta, que en este caso era en el centro, donde había una inmensa campana de forma de un pedazo de esfera, como la parte de arriba de los despertadores antiguos, había mucha gente alrededor como si fuera una ceremonia importante, sentía un gran dolor antes de que sonara y justo con el sonido estruendoso despertaba.

Llevo mucho tiempo sin soñarlo, desde entonces conseguí ir a alguno más pero creo que a estas alturas ya debería tener más en mi bagaje turístico. Pero ya están agendados.

Tal vez siempre esté perdido, quizá sea esa búsqueda constante que me hace sentirme mejor dentro del laberinto que fuera. Tal vez aún se encuentre algo importante en el centro, aún tenga que recorrer el camino de nuevo.

Laberinto