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mujer que sale de noche y en negro mantón se enluta

No hay carga más pesada que una mujer liviana

Cervantes

Hay palabras que resuenan en el aire luego de ser mencionadas, que incomodan u ofenden. Puta es una de esas palabras. Esa es una palabra que no utilizo, pero algunas veces me ha tocado interactuar con personas que la han esgrimido de alguna manera en mi contra.

El origen de la palabra es incierto —al parecer del latín putus (niño)— y entre las definiciones más relevantes se encuentran:  adjetivo malsonante usado como calificación denigratoria, que ejerce la prostutución o sodomita. A pesar de que la definición en el diccionario es igual para el masculino y el femenino su uso social no lo es.

En el caso del término masculino se usa para calificar a un hombre de homosexual —basta recordar el clásico chiste “no es gay es putísimo”—, también para describirlo como un cobarde —¡no le saque, no sea puto!— o como arquero del equipo rival que va a realizar un despeje aunque la FIFA lo vea con malos ojos —putitos—. No hay pliegues, dudas, reinterpretaciones en este caso. Han usado este adjetivo en mi contra una mujer cuando me negué a tener relaciones sexuales con ella, y algunos compañeros al verme usar donitas pastel para detenerme el cabello o usar prendas de color lila, rosa o morado.

En el caso del uso para la forma femenina de la palabra es usada de diferente forma según el hombre o la mujer —según lo que he observado— en general el hombre se refiere de esa manera a una mujer que es su pareja y que lo ha engañado o a una mujer a la que le ha propuesto algo y ha sido rechazado, es decir lo dice a una mujer que conoce y por la que siente, al menos, atracción física. La mujer la utiliza para referirse a una mujer que tiene una relación con un hombre que tiene un compromiso, sea novio, esposo, pareja. Es decir una mujer que no conoce o conoce poco, y curiosamente al culparla se exime al hombre. En este sentido he escuchado a más mujeres usar la palabra que a hombres.

Recuerdo una visita a un antro en la frontera norte con el estado de México donde Felipe iba herido de amor y nos presentaba como su chofer y guardaespaldas —a Chucho y a mí respectivamente— y contaba su tragedia amorosa —le hizo caso por una noche pero tenía novio—, todos los interlocutores, al calor de las copas calificaban con la misma palabra las acciones de su interés amoroso.

Alguna vez recibí una llamada donde una voz llorosa me suplicaba que le dijera a su novio —al parecer estaba en altavoz— que ella no era una mujer de esas. No solamente le contesté que yo no usaba esa palabra, sino que no lo conocía y me parecía indecente que tratara así a la que llamaba su novia, a ella le dije que no debería aceptar esa clase de tratos. Aceptaba malos tratos, encierro, ser controlada y vigilada y hasta golpes. Supongo que bastaba tener dinero y ser guapo, quizá el alma podrida no sea un obstáculo.

Si bien las demás personas son libres de tomar tomar decisiones y comportarse como mejor les parezca, también uno puede decidir alejarse de esa persona cuando sus acciones no son compatibles con nuestra idea de vida, no porque esas acciones sean malas, nada más porque no he querido estar vinculado a alguien que las realice cotidianamente. Fui acusado de tener ese mal concepto de ella y retado a decirle así en su cara. No lo hice, no uso la palabra y ese reto nada más era una muestra de que no me conocía.

Algunas veces basta el asomo del vocablo para generar una puta discusión.

 

 

 

 

alta traición

En ninguna cosa la infidelidad es más innoble y repugnante que en el amor.

Sören Kierkegaard

El artículo 22 de la constitución contempla la pena de muerte para la traición a la patria en una guerra —entre otras cosas— no es extraño que este sea una ofensa grave, incluso Dante le reservaba el peor círculo del infierno a los traidores, este ofensa puede ser traducida a diferentes ámbitos, en el caso específico del afectivo resulta muy doloroso experimentarlo.

Para que exista una traición se necesitan al menos dos entes y un lazo que pueda ser roto, algunas veces se trata de confianza, fidelidad, compromiso. Creo que el problema de algunos de estos lazos es que no son explícitos, muchas veces es algo que supuestamente debe ocurrir pero no es necesariamente así. Como en el caso de la fidelidad en una relación amorosa, parece que no es común al respecto, nunca se habla de lo que se considera una traición, ¿basta pensar, salir, un beso, sexo oral, coito, un capirucho? O como decía si los cachan en el acto no es infidelidad si consiguen pasar un cordel entre ambos cuerpos. En la antigua Roma era un crimen grave por lo que implicaba: la traición de una mujer podía implicar que el heredero de la fortuna no fuera legítimo.

En el primer año de primaria, durante la clase de inglés, por una emergencia diarreica le pedí la maestra permiso para salir urgentemente al baño, su negación resultó en un accidente escatológico, cuando finalmente conseguí ir le pedí a un “amigo” que cuidara la entrada para que el evento fuera un poco más privado, le ofrecí todo el dinero que llevaba, el lo tomó y luego fue a invitar a más compañeros para burlarse de mi desgracia, no solamente me sentí traicionado la amistad terminó.

Mi amigo Herrrrtor a.ka. el Chore aprovechó que dejé a Napoleón para que su padre —el Mai— le reemplazara la cremallera para usarlo sin mi consentimiento, yo sabía que eso era una práctica común lo cual no me exentó de sentirme defraudado más aún por otro amigo que lo acompañó. Cuando recibía la visita había que cuidarle las manos porque no era de fiar. Y quizá muchos de mis amigos no sean tan comprometidos, honestos u honrosos pero confío en ellos, en algunos casos les podría confiar lo más preciado. Me parece que la amistad es demasiado valiosa como para tirarla por la borda con un acto desleal, cuando estaba en el proceso de divorcio una amiga que pensaba imparcial develó algunas confidencias y tomo ventaja de su posición mediadora con consejos que me eran perjudiciales, fue una gran decepción

MGGL, la primera novia con la celebré San Valentín y que presenté a mi familia —bueno a mi primo Mario que organizó la fiesta allá por Garita— casi un año depués, un funesto 13 de febrero tuvo un descuido que me permitió descubrir sus amoríos con otra persona, devastado esa noche arrastré a mis amigos a una borrachera en búsqueda de solaz, el dolor que no se apagó con las botellas de ron Algusto que había en la fiesta de mi prima, ni con la charanda con jugo de naranja, ni burlándonos del Chore que jugaba atari con el control al revés —y desconectado— menos con los regaños al día siguiente de la mamá del Canun —que oficialmente era su primera noche de copas. Luego de terminada la resaca, durante un momento de reflexión reparé en mi rival —por llamarlo de alguna manera— no solamente era mi supuesto “cuate” sino entendía lo que había pasado luego de que me cayó el veinte me dirigí a su casa y le puse una madriza, hasta la fecha es a la única persona que he golpeado con odio. Ya había eximido a ella de culpas, por eso cuando me llamó para vernos —extrañamente en la calle de Uxmal— no sospeché que iba a aparecer el güey este con su banda para tomar venganza, decidí ignorar a los demás y concentrarme de nuevo en aquel hijo de la chingada. Al regresar la banda se ofreció a ayudarme con un venganza —Chucho específicamente— pero no tenía caso regresar.

También en alguna ocasión recibí directamente la frase “te engañé con alguien” así sin anestesia ni nada para después decirme que resultaba una broma, siempre me quedó la duda si había sido infiel o no, al menos durante ese último período de idas y venidas —ambas—  y me parece que no es que me haya puesto el cuerno con alguien creo que fue al contrario porque también estuve en el otro lado en algunas ocasiones, con no muy buenos finales, es curioso como la primera vez todas dicen que su matrimonio/noviazgo/relación es magnífica que todo es miel sobre hojuelas pero en la segunda salida empiezan a confesar los problemas íntimos.

Ahora en mi parte no creo que sea capaz de una infidelidad, he estado en esa posición apenas un par de veces, una dama de cabellos cortos de color cierto que le gustaba susurrarme al oído cuando contaba para que perdiera la cuenta, antes de que pasara algo nos encontramos casualmente en la tienda del la U.N.A.M. —ahí cerca del metro C.U.— ambos íbamos con la respectiva pareja. En otra ocasión estaba cortejando a dos damas simultáneamente, me invitaron a su cumpleaños para que les diera un regalo especial, resultó que era la misma fecha, lo tomé como una señal, por eso puedo dormir tranquilo, aunque mi amiga Miriam me acusa de haberle pedaleado la bici a su hermano, pero no es cierto porque como dice el dicho el que avisa no traiciona.

La pregunta es acerca de lo que pasa después, como nos enseña la entropía, es que las cosas no pueden volver atrás, el cambio es obligatorio.