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¡Taxi! ¡Libre!

y tome el taxi de los sueños que no haga pausa en el camino

El taxi de los sueños – Real de Catorce

Mi experiencia con los taxis ha sido de primera mano, incluso nn un hiato en mi carrera universitaria estuve de taxista en un coche coral y mi amigo Chucho estuvo dedicado a la profesión por mucho tiempo. Y en general a lo largo de mi vida he usado este transporte con mucha frecuencia. Incluso algunas veces mi vecino Carlos (tío Gabolín para los cuates) me pedía llevarlo algún restaurante donde ofrecía el servicio de fumigación, algunas veces llevarlo e ir por él tiempo después, la mayoría lo esperaba.

Cuando niño, poco después de mi mudanza a la CTM y antes de las devaluaciones el transporte de casa de mi abuela a la casa en taxi era más barato que el viaje de más de tres personas en pesero. Algunas veces iba acompañaba a mi madre al centro a comprar tela y la ayudaba a conseguir un taxi que aceptara la carga de mercancía para regresar. Algunas veces regresando de noche debido a mi complexión y vestimenta los taxis no hacían parada. Muchas veces recibí la respuesta de que ya iban a entregar o que no estaba en su ruta. Las luces como símbolo de que estaban libres no eran tomadas en cuenta. en los años sesentas si un taxista iba con la bandera arriba y se negaba a prestar un servicio recibía multa, claro que la cantidad de vehículos entonces era mucho menor. Muchas veces para intentar llegar más rápido me bajaba en Tacubaya e intentaba tomar un taxi, el problema era cuando había muchas personas en busca de transporte, yo no tenía cómo competir contra los demás, en especial con las damas, los macalachachimbas tienen fama de galanes. También me ha resultado imposible conseguir un taxi en la lluvia. También he recurrido al servicio de llamar los “black cabs” desde mi trabajo situado a unos pasos de la fuente de petróleos, no estaban registrados pero ofrecían servicio de calidad.

Cocodrilo Cotorra Vocho

Todo esto fue porque me pidieron una opinión detallada respecto a Uber, creo que la controversia causada y las acusaciones, burlas y memes por todos lados lo único que reflejan es la falta de claridad del asunto, y es que todas las partes tienen cola que les pisen, quizá sea mejor comenzar por partes.

El gobierno (me voy a referir a al gobierno de mi bienamada ciudad):

Su obligación es proporcionar el transporte de pasajeros, pero está facultado a dar concesiones. Es decir el que los taxis están actuando en nombre del gobierno, por eso también es su responsabilidad que los conductores sean aptos y los vehículos seguros, por eso existen los requisitos para el tarjetón, la revista, la revisión de taxímetro. Claro que eso es en teoría, pero en la práctica es un negocio a base de corrupción, son entradas extra para los todos los funcionarios, y pues cuando se necesita una lanita extra se exige un cambio de pintura o algún cambio, están protegiendo su negocio.

Los taxistas:

Siendo extorsionados por el gobierno, se ven en la necesidad de dar mordidas y cohechos que intentan cuya factura intentan pasar al pasajero., el esquema tanto de los que son dueños de taxis como los que tienen alguien que lo maneje son inadecuados, los dueños quieren tener una cuota fija (la cuenta) sin importar las condiciones en que se obtenga, no saben si es mucho o poco. Y los que conducen sus propios taxis prefieren tener menos vigilancia fiscal.

Uber:

Es una servicio enfocado en el cliente, pero que se niega a admitir algún riesgo y todo lo transfiere al conductor. Es claro que cualquier persona busca evadir el riesgo, pero al transferirlo y negarse a compartirlo con sus clientes creo que es un esquema abusivo y que yo no valido en ningún otro sector no solamente en el de transporte. Si bien parece que ofrece buenas cosas tanto a pasajeros como a icuiricuis, bueno en este caso lo dejamos en chafiretes. A los primeros les ofrece la oportunidad de calificar el servicio, el pago con tarjeta, la facturación, a los segundos un horario flexible, pasajeros más jóvenes y “cool” y el auxilio de la tecnología. Claro que le vale madre las credenciales de uno o el bienestar del otro, lo importante es su tajada, porque las quejas no son atendidas puntualmente, de ninguno. Es ilegal, aunque las leyes estén obsoletas la verdad es que es contraviene la ley de transporte. Eso no solamente en México, en otras ciudades porque es más importante tener presencia que cumplir las leyes locales. Entre mayor participación en el mercado sus tarifas suben. (No es un esquema parecido).

Los usuarios:

Los anteriores están representados por personas, nosotros pensamos que cualquiera puede manejar y prestar un servicio como el de transporte. Es evidente que no es cierto, las múltiples quejas sobre la forma en que los demás manejan no son de gratis, los que tenemos licencia en general no hicimos examen ni práctico ni teórico, no nos importa lo que consumimos ni sus impactos mientras nos sea cómodo o conveniente, y no queremos tomar responsabilidad alguna.

Cuando hay controversia y los ánimos se caldean, las opiniones irreflexivas abundan, descalificar a una persona no descalifica el concepto. No sirve tirar golpes o hacer burlas si no hay un espíritu de resolver o proponer una solución.

Esto no quiere decir que las ventajas se deben dejar de lado, existen opciones, acá en São Paulo uso un servicio parecido pero con taxis registrados (una alternativa plausible):

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Pero mi transporte favorito sigue siendo el trolebús.

 

 

 

asalto chido

Quien roba comete un error, pero quien se deja robar comete cien

refrán armenio

Cuando era niño, poco antes de entrar a la escuela mi padre jugaba conmigo el juego de Kim, que consistía en poner unos 20 objetos en una superficie plana —en este caso era la cama— que estaban cubiertos con algo parecido a un pañuelo, él los dejaba a la vista unos instantes y la volvía a cubrir, yo tenía que nombrar todos los objetos que había visto, yo lo disfrutaba mucho principalmente porque me sentía querido por mi padre que me contaba que el juego se usaba para entrenar a los ladrones en oriente para que al pasar junto a un comercio pudieran —sin voltear siquiera— qué era lo más valioso de la tienda y cómo lo podían robar.

Este entrenamiento resultó divertido además de útil, un día luego de la escuela —tendría nueve años—  mi tío Juan al que veía cotidianamente al regresar a casa de Chuchita —mi abuela— me pidió que fuera a la tienda a comprarle un refresco y me dijo que al final me iba a dar la oportunidad de recibir un premio. Me dijo que si podía decirle las monedas que tenía en la mano me las iba a dar así que abrió la mano, la cerró y me mostró por un instante el canto de las monedas, cuando comencé a nombrar las monedas de curso corriente asomó una mueca de incredulidad, pero cuando le nombré los cinco pesos de plata con la imagen de Hidalgo, la peseta —los 25 centavos que tenían una balanza— o los 100 pesos de plata con Morelos, pero me falló la moneda conmemorativa de las olimpiadas, creo que el resultado fue un beneficio mutuo: mi tío no tuvo que darme sus monedas pero yo obtuve un distante respeto.

La familia siempre te intenta aconsejar para que no te pase ningún accidente, te dan consejos para cuidarte, para hacer bien las cosas, tantos se dan a diestra y siniestra sin pensar de verdad si aplican, pero yo los escuchaba de cualquier manera armando una lista mental de las cosas de las que tenía que tener cuidado, las situaciones que debía identificar y los cursos de acción a tomar. Así aprendí a ponerme  almeja, hacer ojo chícharo, ponerme víbora, estar al tiro, picar la piedra, ponerme buzo caperuzo, ponerse agujeta, ponerse atento —al estilo Caló— vigilante pues.

En algunas ocasiones mis pertenencias cambiaron de dueño principalmente por dejarlas sin vigilar, como un suéter que dejé para apartar mi asiento en un salón de clases de la Facultad de Ciencias de mi añorada universidad, también unos tenis muy cómodos que se llevó un amigo del Quick —personaje local— e incluso un teléfono y una hielera en Playa del Carmen cuando me quedé dormido en la playa. Pero el pasado domingo perdí un blasón al ser despojado de mi teléfono en plena Praça da Sé. Me sentí invadido por una sensación de vergüenza como si todas las lecciones que me dio mi ciudad hubieran sido en vano, como si hubiera defraudado y dejara de ser su hijo predilecto.

Había vigilancia apenas a algunos pasos de ahí para poner la denuncia, y luego tuve que lidiar con la falta de sistema para bloquear el número, cambiar mis contraseñas, soltar un lamento por las fotos perdidas. Y hacer una reflexión respecto a la cantidad de dependencias del celular que tengo, creo que fue parte de la expiación de mi culpa.

Pero cada acontecimiento —y más los de este tipo— viene acompañado de una lección que en esta ocasión no tiene nada que ver con la seguridad. Lo que pasó me enseñó muchas cosas de otra índole como las reflexiones al esperar en la fila para ser atendido o los primeros mensajes que mandas tras restablecer las comunicaciones.

Mano

antecedentes no penales

No hay secreto mejor guardado que aquel que todos conocen.
George Bernard Shaw

Cuando hice la solicitud de VISA de trabajo para Brasil me pidieron una carta de no antecedentes penales que se tramita en la calle de Xola, en el múmero 324 en contra esquina del Cine Continental famoso por proyectar películas de Disney.

Entonces imaginé que podría existir un registro que tuviera, por ejemplo, una descripción de los asaltos cometidos al Sears de Plaza Universidad cuando tenía 6 años, o el robo de una llave de un pinball algunos años después.

Quizá podría mencionar que manejaba un auto a los 12 años, o que asistía regularmente al billar a partir de los 13 años y a algunos bares a lo quince. Mi compra de cigarros siendo menor de edad debería quedar registrada en los antecedentes de los tenderos.

Las copias de respaldo de software nunca han sido bien vistas, y supongo que mucho menos el uso de generadores de claves, la modificación del mismo software, quizá estuviera listada la modificación del derive  —usando ensamblador— para que cupiera en un disco de 5¼ O por adquirir programas con un marchante en la plaza de la computación que podía guardar su puesto en apneas unos minutos si la policía estaba a la vista. Y en la misma plaza de la computación, probar el mecanismo de expulsión usando la consola de configuraciónq que salía con una combinación de teclas en aquellos cajeros automáticos que tenían unas teclas de plástico de colores —duraron muy poco—. O lo que hice con las hojas de cálculo de nuestro sistema se seguridad social o quizá el acceder a quitar una barreras en un documento oficial.

La policía de tránsito podría tener un registro del número de luces rojas no respetadas —el número mínimo serían los semáforos de insurgentes— o el tránsito en sentido contrario en Xola y el eje Central. Las veces manejando bajo la influencia —la mala influencia de mis amigos— o cruzando los ejes viales al todo por el todo —en calles perpendiculares sin semáforo a toda velocidad y sin voltear.

Además de las multas de tránsito podrían estar las faltas a la moral —un una menor de edad—, la universidad tiene autonomía por lo que no cuentan las ocurridas en el campus, pero sí las que fueron solamente en las afueras como en el parque del Dr. Margain.

Y en épocas universitarias el secuestro de autobuses podría estar considerado, tal vez el desfilar con una antorcha no sea tan adecuado, marchar, bloquear calles o protestar; al menos viendo lo último que ocurrió en el cambio de poder.

Transferir, reproducir y copiar música no es del agrado de muchas compañías, mucho menos conseguir el más reciente capítulo de tu serie favorita o una película que no pudiste ver en el cine, para no tener que esperar al DVD o Blu-Ray por algo han echo tantas campañas en contra de los sitios que lo permiten.

Pero resulta que no tengo ningún antecedente. Quizá porque mi mayor crimen ha sido traicionarme.

Negamos lo que no dijimos.