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borrón y cuenta nueva

¡Oh, memoria, enemiga mortal de mi descanso!

Miguel de Cervantes

Escuché al vuelo un par de comentarios acerca de el cambio de disco duro, el primero expresaba un miedo a formatear el disco y el segundo recomendaba una herramienta para copiar el disco actual para poder pasarlo a uno nuevo sin perder nada, La combinación de ambos me impulsó a llevar a cabo un par de tareas que tenía pendientes.

La primera era reemplazar el disco duro del playstation, ya tenía mucho tiempo en el que tenía que borrar para instalar algo nuevo, y ni decir de usar el Netflix o probar el servicio de Sony unlimited music, la segunda era dar mantenimiento a la pc, que luego de intentar cambio de fedora/windows 7 hice a ubuntu/windows 8 probó ser infructuoso dejando de lado al sistema de microsoft. Ya llevaba un tiempo sin hacer nada al respecto así pero estos comentarios del viernes propiciaron una reflexión que desembocó en una acción impulsiva y liberadora.

El sábado fui a Santa Ifigênia –donde se encuentras las tiendas de computación por estos lares— para comprar el disco para el PS3 además de un control y un usb. Decidí no hacer respaldo alguno el play quedó en apenas unos minutos, lo que aún no termino es de descargar las canciones que tenía para el singstar.

Luego de consultar con mi interior en esta ocasión decidí no hacer respaldo alguno:

Siempre he sido el depositario de una cantidad inusitada de información, mucha de ella en mi memoria pero otra en las cosas que voy guardando, los archivos incluídos. ¿Cómo saber lo que se va a utilzar después, lo que vale la pena guardar? Es imposible saberlo, quizá lo único que podemos distinguir son las cosas que nos son indispensables y eso algunas veces, porque quizá no exista nada indispensable, hasta lo que he perdido se ha transformado en un pasaje en la memoria. Es difícil aceptar que todas esas cosas quedaron atrás, que se borraron, que ya no queda más espacio para ellas. Y tomar la decisión de oprimir sí cuando te advierten que todo el contenido será perdido no es fácil, pero es necesario.

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La manzana de la discordia

Una de las principales enfermedades del hombre es su inquieta curiosidad por conocer lo que no puede llegar a saber.

Blaise Pascal

Hace tiempo mi amigo Tris me preguntó por qué yo no quería tener una Mac y la respuesta es un poco más complicada de lo que podría parecer, pero la respuesta inmediata fue: porque me gustan mucho las computadoras y esa afirmación va a necesitar un poco de historia extra.

Desde niño tuve mucha curiosidad por el entorno, por la forma en que funcionaban las cosas, la verdad detrás de todo, quizá rayando en obsesión enferma, como no podía ver por dentro a las personas desvié mi atención a los objetos.

Lo primero fue la lavadora, porque encontré un instructivo, aún así me puse a investigar y terminé modificando un poco el exprimidor —sí era de las antiguas—, también descompuse el obturador de una cámara Canon ese incidente retrasó mi incursión al mundo de la fotografía por algunas décadas. También con la grabadora —sí de cassetes— que alguna vez que llevé a la escuela me falló por falta de pilas.

Después de ese incidente estuve buscando la manera de resolver los problemas: los eliminadores de baterías, como mi papá siempre tenía herramientas a la mano, fue fácil abrirlos e intentar repararlos o modificarlos porque hasta cautín y soldadura tenía a la mano. Claro que mis manos no tenían —aún no la tienen— para hacer algunos arreglos con precisión. Me tocó recibir una descarga eléctrica que logró derribarme, me sirvió para experimentar de primera mano la fuerza eléctrica.

Con mi padre pasé mucho tiempo ayudándolo a arreglar/modificar algo en un coche, generalmente el motor pero algunas veces los frenos, la dirección o incluso el calabazo —punto más para los que sepan qué es eso— al principio explicándome el funcionamiento pero después era como la manera de platicar, es común que se necesite de un intermediario para hablar de otras cosas,  algunos se incomodan con los temas directamente.

Me gustaba mucho saber lo que pasaba con mi coche, algunas veces podía arreglarlo, en otras ocasiones se necesitaban manos más hábiles, pero siempre sabía lo que tenían, en parte por eso tuve 4 Mavericks con el motor V8 302. El original se llamaba Napoleón y bautizado, al igual que los barcos, pero con vodka; el último se llamaba Napo-clon. El conocimiento me sirvió para los arrancones al principio pero en general para tener otra visión, podía ver el desgaste del motor, y supe que con el cuidado adecuado esos autos podían tener una vida útil muy larga, luego de pasar una semana santa limpiando un motor sabes que al menos tiene otros 20 años tranquilamente. Claro que esa durabilidad no le conviene a los fabricantes de automóviles, estos días se acabaron, ahora los motores están sellados y se tienen que usar distintas técnicas para modificarlos o repararlos. Los tiempos cambian.

Pero lo que comenzó a ser realmente lo mío son las computadoras, al principio era difícil incluso abrirlas, las Timex Sinclair 1000 o la Commodore 64, pero cuando tuve la primera 8086 una printaform, me di cuenta que yo podía modificarla, lo primero fue agregar un coprocesador matemático, o la instalación del primer disco duro —esto previo al internet— pero desde entonces hacía viajes periódicos a la plaza de la computación, y es que no solamente armé mis computadoras, también las de muchos familiares  y amigos, porque aún creo que la nueva frontera será el acceso a la tecnología, eso puede agrandar las brechas sociales. Lo tomé hasta cierto punto como misión tratando de que los demás tuvieran su primer contacto con esta tecnología, armé tantos equipos que incluso tengo una cicatriz de un accidente —metal muy filoso— y también instalé sistemas operativos a diestra y siniestra, lo disfrutaba.

Ahora respecto a la compañía Apple, las Mac tienen su gran desempeño debido a que tienen el control del hardware como el software, cuentan además con una clara inversión en el diseño, lo que las convierte en bienes deseados, pero lo que no me gusta es la falta de libertad, de flexibilidad se tienen configuraciones fijas y no se pueden elegir los componentes, y si algo no me gusta es la falta de libertad, y creo que Apple no se caracteriza por promoverla, cuando salieron los primeros ipods, lo primero que hice fue un programa para poder copiar la música a la pc y viceversa —y eso que no tenía uno— de hecho los 2 primeros reproductores de mp3 fueron de otra marca, primero un creative y luego un zune, aunque al final tuve que comprar uno por falta de opciones y es justo eso lo que no me gusta, peor aún que sus dispositivos están diseñados para no ser abiertos, de hecho parte de esa filosofía hace que ahora sean menos “verdes” aunque me vale que le hayan quitado la etiqueta de EPEAT a algunos de sus productos.

No es que un ataque a la marca, porque yo creo que podría darla como regalo a algunos seres queridos, pero yo no me compraría una, no va exactamente con mi estilo de vida. Nunca me han gustado las laptops o las notebooks, porque es muy difícil hacerles algo. Pero tampoco me engaño, se que los días están contados, así como los coches las computadoras están en un proceso de cambio, así que ahora tendré que conformarme con modificar el software, por eso acabo de instalar Fedora 17 antes de que el windows 8 nos alcance.

Solamente dejo una foto de coprocesador, el Napoleón original y una vista que solía ser frecuente en mi vida.