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Duelos que duelen (segunda parte)

Si existe la otra vida, las almas de los muertos vivirán allí eternamente, y tal como estaban en el instante de morir, es decir, con todos sus recuerdos.

-Kenzaburo Oé

Mi tía Luisa —Luisita— tomó el papel de madre de mi madre, podríamos decir oficialmente, durante sus primeros seis años pero su amor la acompañó desde entonces, yo heredé su cariño y un regalo que es poco valorado por la gente pero que yo no tardé mucho en darme cuenta de su valor y poder: sus bendiciones.

Yo le contaba lo que iba a hacer, sin problema, sin censura, sin mentiras; lo mismo si iba a tirarme en avalancha por la calle de avena para evadir los carros en Ermita, si salía a jugar tacón, si me iba al cine, a beber a perderme, a pelear o a volarme la escuela, Siempre me encaminaba a las ánimas del purgatorio y jamás me recriminó ninguna acción, recibía la señal de la cruz en la frente y eso bastó para que las balas no me alcanzaran —literalmente—, para recibir susurros que me libraran de chocar o encontrar el camino de regreso de los pasajes más oscuros —física y metafísicamente— a la fecha me resulta sorprendente, debido a su pequeña figura, que hubiera conseguido cargarme, la casa se llenaba de paz cada que ella estaba. Mi corazón más de una vez necesitó su bendición.

Mi abuelo Pedro me hizo los mejores zapatos que tuve —unos zapatos de ante azul— que no sólamente eran muy cómodos sino chidísimos, que arruiné jugando fútbol en la unidad del hueso. Pasé mucho tiempo platicando con él en su taller, mientras él trabajaba armando los zapatos, golpeando la piel con su cuadrito de madera. Tuvo muchas formas de mostrarme que me amaba, yo intenté que él se sintiera correspondido, con algunos regalos e invitaciones a comer. Nos quedábamos a platicar afuera durante los rosarios, y sé que tengo varias cosas de él, al igual que mi papá, como descuidarse pero no descuidar a su familia. Sabía que podía confiar en él, siempre admiré su honestidad. Su último pendiente en la vida fue hacerme unos zapatos me los dió una navidad y murió a los pocos días. Parece que espero a no tener pendientes, para no quedarle mal a nadie. Cuando murió me aseguré que fuera cremado, tenía un pánico a ser enterrado vivo —supongo que originado por los episodios de Hitchcock y Joaquín Pardavé—. Quisiera tener la oportunidad de entrar a platicar en su taller.

A pesar de que mi padre cometió muchos errores siempre tuvo la valentía de aceptarlos y pedir disculpas. Nuestras pláticas durante la serie mundial era su forma de pedir disculpas por su intervención en mis participaciones deportivas. Sus opiniones siempre eran sensatas, aunque teníamos diferentes ideas siempre las debatíamos abiertamente. Consulté poco su experiencia laboral, la necesité varias veces —la sigo necesitando— me hacne falta sus rebates, sus frases con ideas tajantes. Me hubiera gustado verlo más feliz. Creo que pensaba que yo era débil, no quiso que lo viera morir.

Parece que no los he llorado lo suficiente.

 

 

 

lista de agradecimientos

Mientras el río corra, los montes hagan sombra y en el cielo haya estrellas, debe durar la memoria del beneficio recibido en la mente del hombre agradecido.

– Virgilio

En portugués, muchos de lso correos que recibo terminan con “grato” seguido del nombre le la persona que lo envía, este es un recordatorio diario de un asunto pendiente que tengo: el agradecer todas las bendiciones recibidas en mi vida.

Gracias a mi familia por todo lo que recibí de ellos durante mi niñez, por la educación que me dieron, la alimentación que me proporcionaron, las veladas, las enseñanzas, sus pláticas, sus abrazos, sus regalos, las risas y sus muestras de amor.

Gracias a mis amigos por haberme aceptado como soy, por escuchar largamente las peroratas sin sentido, por acompañarme en este camino de la vida, por decirme lo que piensan, por verme en la lona y ayudarme a levantarme —o burlarse que para eso también están mis amigos— por la risa compartida, por las aventuras juntos, los juegos, las confidencias.

Agradezco profundamente el haber sido amado con lo difícil que soy, lo complicado que eso puede resultar.

Es maravilloso el universo en el que me ha tocado vivir. Las cosas que he visto, la música que he escuchado, los paisajes, las letras, la naturaleza.

Agradezco la oportunidad de comenzar otro camino

Cada día

 

 

abrazos

¿Qué hago afuera del Edén? ¿Quién armó este inmenso palomar?

El Ángel – Real de Catorce

Ayer hubiera sido el cumpleaños de mi padre, me hubiera gustado abrazarlo y mucho más recibir su abrazo. Luego de un tiempo y mucha distancia hay algunas cosas que entiendo mejor, otras que quisiera preguntar y muchas otras que solamente quisiera escuchar, él disfrutaba las charlas luego de una fiesta mientras el amanecer se asomaba afuera, las historias solían ser las mismas pero algunas veces en los matices se colaba información que me decía cómo estaba y algunas veces era yo quien le contaba alguna novedad, y entonces sentía que las madrugadas era el tiempo propicio para dejar circular el cariño por medio de las palabras.

Y también hubiera querido ser abrazado por su padre, mi abuelo, tobol —como yo le decía de niño— sentir su infinita paciencia al ayudarme a hacer algo, sentir su cariño desparramado cuando me contaba historias de años pasados y adivinar entre líneas lo que sentía actualmente. Esperar pequeños milagros como cuando me compartió un poema que había escrito, cuando me aceptó las invitaciones al cine o a comer; mirar sus ojos iluminados al hablar de cine.

Mi tía Luisita quería mucho a mi padre, él decía que siempre que estaba en casa se respiraba paz y tranquilidad, añoro las veces que me acercaba a ella y me inclinaba para que me persignara y su señal de la cruz me protegiera. Extraño la magia y amor que le ponía a la comida, no importa que mi mal entendimiento de ese amor a través de la comida me haya conducido a la obesidad, era una de sus formas más puras de mostrar amor.

No escucho más los consejos de mi tío Luis, aún me acaricia el corazón su fe en convertirme en un campeón de boxeo o lucha y retirarme tras la lucha de campeonato, hubiera querido recibir más sus enseñanzas respecto a la vida, a cómo la afrontaba como una lucha, a cómo defenderse y cómo atacar, o como tratar a la vida como una dama para que ella nos trate igual.

Al recordarlos a la distancia puedo ver más claramente que aquel cariño que prodigaban también les hacía falta. Que ese amor indirecto que se les escapaba era una seña inequívoca de que necesitaban el mismo amor de vuelta, Lo sé porque me siento igual, porque creo que cuando aquí escribo plasmo un poco del cariño que necesito recibir.

Lo bueno es que aún quedan personas para abrazar.

 

Luisita

Sin una familia, el hombre, solo en el mundo, tiembla de frío.

André Maurois

Mi abuela materna, Chuchita, nació de un matrimonio de viudos y fue su únca hija, pero hubo varios medios hermanos, su media hermana era Luisa, aunque siempre la llamé Luisita ella se quedó a cargo del cuidado de mi mamá por mucho tiempo, por eso la quería mucho y también por eso fui su consentido.

Recuerdo que su presencia llenaba de paz la casa, o sentía un amor incondicional de su parte, y siempre le dije la verdad, como cuando iba a lanzarme de avalancha al lado de la Johnson y Johnson -ahora el UNITEC- jamás me prohibió nada, solamente me agachaba para que me diera su bendición. Porque era muy pequeña, tanto que ahora me sorprende que en algún momento me haya cargado.

Cuando llegaba de mañana me preparaba chocolate de tablilla, que luego enfriaba pasándolo de una taza de barro a otra, eso con un bolillo recień comprado en la Esperanza, relleno de frijoles de la olla era una delicia no era necesario más, cuando había queso supremos ya era un lujo. Pero cuando llegaba a cocinar bisteces en chile pasilla no podía pedir más, a la fecha es el platillo que más me gusta y más recuerdos me trae. También he mencionado su manera de hacer los frijoles.

Cuando vestía con ropas que exhibían muchos orificios le raclamaba a mi madre que porque parecía pordiosero, aún recuerdo con mucha risa cuando un mendigo se acercó a pedirme y ser arrepintió pensando en que no iba a tener ni para darle -no sexualmente- Cuando iba a salir a enfrentarme a la noche en aventuras riesgosas sentía que su “que Dios te acompañe” en verdad me protegía.

Vivió con nosotros un tiempo, luego de que la atropellaron y su movilidad y su brazo quedaron comprometidos, durante ese tiempo mi hermana y mi madre le racionaban los cigarros pero yo le suministraba todo lo que me pedía, que era casi nada, café (negro) unas doraditas, a veces unos chetos y sus faros. Ella comenzó a fumar a los nueve años enrollando hojas de tabaco, pero desde que la conocí fumaba faros, fue un vicio que conservó toda la vida. Ella decidió nunca casarse, a pesar de tener muchos pretendientes, incluso a mí me tocó ver cómo le rogaban para que accediera casarse aún a sus sesenta años, él le ofrecía algunos ranchos de trigo y alfalfa creo. En su juventud un pretendiente perdió una mano al perseguirla cuando ella se iba en tren, parece que lo citó en otro lado mientras ella se escapaba. También fue ama de llaves del presidente municipal, y encontró en su patio unos centenarios enterrados, de los cuales no tomó ninguno y los entregó , en otra ocasión mientras cuidaba a un enfermo él de dijo que cuando muriera tomara el dinero de su colchón porque a su familia no le importaba, cuando murió pudo ver que el colchón estaba repleto, pero no tomó un centavo. Tal vez ese sea el precio de la tranquilidad.

El día de su muerte le comunicó a mi tía Hortencia que se iba a morir y que le llamaran a Carmen (mi madre) y en cuanto llegó mi tía murió. Su muerte fue el principio de muchas otras muerte que me impactaron, dos de ellas ocurrieron en el mes siguiente. Al ver su rostro plácido en el ataúd supe que estaba tranquila, que no tenía pendientes, además yo también me sentía tranquilo sin importar que supiera que la iba a extrañar muchísimo, a la fecha.

Creo que extraño el sentirme protegido y amado incondicionalmente, creo que perdí esa seguridad de poder contar lo que sea y saber que iba a ser escuchado y bendecido al final sin importar lo que dijera, si nada de lo que hiciera cambiara el amor que me tenía, tal vez desde entonces siempre he tenido reservas. Tiempo de cambiar.

 

 

 

 

 

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