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Se fue la luz

¿De qué privilegios goza esta pinche escuela pa’ que no haiga luz?

Cuquín

Durante mi infancia la dependencia de la energía eléctrica era muy limitada, apenas cuando llegaba la noche, si había reunión no se podía jugar dominó, no me dejaban leer porque se lastimaban los ojos pero la merienda siempre estaba lista porque las estufa no necesitaba luz. Cuando se iba recién comenzada la noche la plática era cerca de la ventana, algunas veces intentaba atinar la hora en que regresaría, generalmente había al menos una vela, de lo contrario había que correr a la tienda a comprar o en su caso veladoras, casi siempre encendidas con los cerillos que traían horóscopo incluído. En raras ocasiones, cuando había que buscar algo se sacaba una lámpara, que siempre me gustó. También había alguna Ray-O-Vac más moderna, o la del gato.

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Cuando me cambié a la CTM las cosas cambiaron un poco, porque la distribución del agua era a través de las bombas, entonces cuando se iba la luz se iba el agua, eso si afectaba, hasta la cocina porque entonces no usábamos electropura, eso fue hasta depués del temblor, además ya tenía algunos juguetes que necesitaban energía y para no gastar pilas, luego de algunos experimentos -uno de los cuales me dio una descarga que me tiró- usaba un eliminador de batería que había adaptado para que los juegos como este, que recibí de reyes, funcionaran:

Mattel

Aunque no tuvimos teléfono por al menos ocho años, cuando tuvimos aún no necesitaba energía eléctrica para funcionar, incluso aún era de pulso, nos tocó el cambio digital, lo que sí afectaba era el trolebús del eje tres, cuando ibas a la tienda no podían rebanar jamón, la cascarita de la calle terminaba con la luz del día, acaso algún partido que transmitían en la tele se tenía que buscar un familiar para verlo, pero ninguna preocupación por pasar más tiempo a oscuras, nada más el clásico chiste, me da un licuado de fresa, pero no hay luz, no le hace me lo tomo a oscuras. Nada que un molcajete no pudiera resolver.

Poco después fue el arribo de los videojuegos y las computadoras, el atari y la commodore 64 pero además de los deportes, había muchas opciones de entretenimiento que no requerían energía eléctrica, desde el cubo de rubik, el burro 16 y tamalado, bolillo, cuchillo, o crucificar a un amigo (el Chore) en un carrete de madera usado para cable.

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Referente a la escuela cambié de escribir en una Olivetti a usar un processador de palabras, primero vizawrite en la c64, después WordStar, WordPerfect y terminar en Word, ahí cuando se iba la luz y aún no habías grabado era un accidente fatal, como el 7 de noviembre de 1987 cuando juré que no me iba a volver a pasar.

Después con el uso del módem para conectarse a internet,  el comienzo de las redes en los BBS o IRC el uso fue incremental y los lamentos cuando la energía fallaba llevaban cada vez más improperios.

Cuando comencé a usar la PC para el trabajo, la interrupción de la energía tomó un carácter importante, yo tenía una computadora principal, una de repuesto bastante cercana en desempeño y una extra pero nada servía sin energía y los UPS apenas duraban lo suficiente para guardar y prevenir algún daño, entonces cuando no había luz no solamente significaba que tendríamos que suspender el torneo de Age of Mythology —con mi compadre, el Chacal y Lalits que llevaba su lap— también podía significar que no se pudiera entregar algún trabajo.

En mi trabajo actual es vital la tecnología así que no solamente hay plantas de luz y UPS para que el servicio no sea interrumpido sino que existe un sitio alterno para trabajar en caso de alguna contingencia. La evolución de los teléfonos añadió una dimensión extra a la energía, es necesario tener un cargador a la mano, en mi caso uso una pila de repuesto —que el día de hoy olvidé— para dejar el cargador conectado y poder andar con un teléfono inalámbrico

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El año pasado que estuve casi un mes en México quedándome por primera vez en casa y en algunas ocasiones me enfrenté a la fata de energía. Me tuve que quedar un rato en el coche, escuchando el radio mientras se cargaba el teléfono, y me acordé de esta canción y programa de radio:

 

Fotografía

Las fotografías engañan al tiempo, suspendiéndolo en un trozo de cartón donde el alma queda bocabajo…

De Amor y de SombrasIsabel Allende

Mi abuelo era muy a aficionado a la fotografía, le gustaba todo el proceso: tomar, revelar y ampliar la foto, se convirtió el fotógrafo oficial de la familia, tenía en su archivo personal una cantidad grande de fotos, varias con carácter histórico, como cuando demolieron las casas para crear la calle de 20 de noviembre, algunos paisajes del bosque de Chapultepec cuando se podía andar en coche o alguna toma del zócalo tomada desde la zotea de palacio nacional -parece que fue novio de una hija de un general-; además siempre que buscaban alguna foto de una persona, mi abuelo tenía una en su acervo.

Esta afición pasó directamente a sus hijos: mi padre, que, además de aprender el oficio, le dió un carácter más experimental a este pasatiempo, una vez amplió una fotografía a un tamaño inusitado como 100x150cm o quizá 120x90cm, probó distintos materiales sobre los cuales amplió las imágenes, -usando como cuarto oscuro una habitación minúscula del fondo de casa de mi abuelo-. Siempre que íbamos a los tianguis de cosas usadas compraba cámaras desvencijadas -principalmente polaroid- que reparaba o usaba para construir Frankstein con efectos de colores; siempre decía que de viejo le gustaría trabajar tomando fotos en las ferias. Mi tío Mundo la uso para documentar sus aventuras juveniles, tiene un álbum con más de 1000 fotos que mostraba orgullosamente, con algunas fotos con atletas durante la olimpíada del 68, otras del mundial del 70 y numerosas con sus amigos en poses extravagantes.

Yo tenía mucha curiosidad e interés, pero mis primeros acercamientos no fueron tan buenos, mi curiosidad era tanta como la de mi padre, pero mis manos no eran tan eficientes, descompuse una cámara que tomé sin permiso para quitarle el lente y examinarla de cerca, así que mis primeras lecciones terminaron mucho antes de comenzar. Desde entonces solamente tomé una cámara para oprimir el disparador luego de que alguien de los susodichos había hecho los ajustes pertinentes. En la boda de una amiga -Ivone-, justo antes de que fueran a firmar el acta, su hermano Alejandro me dió su cámara para que yo tomara las fotos porque él iba a firmar, me tomó de sorpresa y no tuve tiempo de declinar porque no solamente era mi escasa experiencia fotográfica, no traía lentes, todas las fotos salieron fuera de foco.

Tiempo depués me aventuré a sacar fotos, lo disfrutaba mucho pero no tenía noción alguna de lo que hacía y, luego de innumerables resultados disparejos, decidí limitar mis intentos a tratar documentar lo mejor posible, y de la manera más simple y segura que podía; confieso que sentía envidia de amigos con más habilidad, que experimentaban más como mi amigo José que tomaba fotos de cuerpos celestes en el observatorio de Chapa de Mota o el ojo artístico de una querida -ahora lejana- amiga cuyas fotos siempre me encantaron.

Recién me inscribí a un curso básico de fotografía aquí en São Paulo, no solamente estoy feliz por haber recobrado mi categoría de estudiante sino porque seguramente voy a aprender algo, es lo bueno de ser tan lego en alguna materia.Ya tuve mi primera clase, un grupo heterogéneo donde soy el de mayor edad, maestra incluída, y al menos la mitad del grupo tiene algún interés en que la fotografía se convierta en su oficio.

La primera lección fueron los controles básicos: la sensibilidad de la pelícua (ISO), velocidad de obturación y la abertura del diafragma,  todo depende de la luz, que revela la naturaleza de los objetos, porque vemos los colores justo porque son la ondas que rechaza el objeto. Es muy curiosos cómo se ha propagado el uso del vocablo luz en otros ámbitos como para referirse al dinero, o energía eléctrica, o incluso al ser amado -luz me mi vida-. Ya tengo listos mis útiles y mi tarea para la próxima clase. Además de un poster inspirador de mi pelicula favorita del tema, creo que fue la última vez que lloré estando acompañado en un cine