Archivo del sitio

abrazos

¿Qué hago afuera del Edén? ¿Quién armó este inmenso palomar?

El Ángel – Real de Catorce

Ayer hubiera sido el cumpleaños de mi padre, me hubiera gustado abrazarlo y mucho más recibir su abrazo. Luego de un tiempo y mucha distancia hay algunas cosas que entiendo mejor, otras que quisiera preguntar y muchas otras que solamente quisiera escuchar, él disfrutaba las charlas luego de una fiesta mientras el amanecer se asomaba afuera, las historias solían ser las mismas pero algunas veces en los matices se colaba información que me decía cómo estaba y algunas veces era yo quien le contaba alguna novedad, y entonces sentía que las madrugadas era el tiempo propicio para dejar circular el cariño por medio de las palabras.

Y también hubiera querido ser abrazado por su padre, mi abuelo, tobol —como yo le decía de niño— sentir su infinita paciencia al ayudarme a hacer algo, sentir su cariño desparramado cuando me contaba historias de años pasados y adivinar entre líneas lo que sentía actualmente. Esperar pequeños milagros como cuando me compartió un poema que había escrito, cuando me aceptó las invitaciones al cine o a comer; mirar sus ojos iluminados al hablar de cine.

Mi tía Luisita quería mucho a mi padre, él decía que siempre que estaba en casa se respiraba paz y tranquilidad, añoro las veces que me acercaba a ella y me inclinaba para que me persignara y su señal de la cruz me protegiera. Extraño la magia y amor que le ponía a la comida, no importa que mi mal entendimiento de ese amor a través de la comida me haya conducido a la obesidad, era una de sus formas más puras de mostrar amor.

No escucho más los consejos de mi tío Luis, aún me acaricia el corazón su fe en convertirme en un campeón de boxeo o lucha y retirarme tras la lucha de campeonato, hubiera querido recibir más sus enseñanzas respecto a la vida, a cómo la afrontaba como una lucha, a cómo defenderse y cómo atacar, o como tratar a la vida como una dama para que ella nos trate igual.

Al recordarlos a la distancia puedo ver más claramente que aquel cariño que prodigaban también les hacía falta. Que ese amor indirecto que se les escapaba era una seña inequívoca de que necesitaban el mismo amor de vuelta, Lo sé porque me siento igual, porque creo que cuando aquí escribo plasmo un poco del cariño que necesito recibir.

Lo bueno es que aún quedan personas para abrazar.

 

¿a poco muy muy?

Más fácil es escribir contra la soberbia que vencerla.

Francisco de Quevedo

Apenas unos días atrás un amigo apuntaba que él consideraba que mis mayores pecados —capitales— eran la gula y la soberbia.  La primera es más que evidente, pero me quedé reflexionando acerca de la segunda. No es la primera vez que me señalan algo semejante, así que merece una reflexión.

Si nos centramos en la definición primaria de soberbia: altivez y apetito desordenado  de ser preferido por otros. Parece que contiene 2 partes, una de ellas es la posición por encima de los demás y el deseo de ser preferido por aquellos sobre los que se eleva, por lo que hay una paradoja embutida en ese concepto.

Mis primeros recuerdos están llenos de contradicciones, porque si bien recibí mucha atención y cariño, soy el primer nieto de mi familia paterna y el mi madre es la única mujer entre sus hermanos. También había diferentes expectativas en cuanto a mi persona por parte de todos.  Desde muy temprana edad comencé a sentirme inadecuado, creo que principalmente por no poder entender a los demás, muchas no encontraba relación entres sus actos y sus palabras.

Recuerdo que cuando intentaba hablar de algo con mi abuela paterna ella solamente se quedaba mirándome y me decía que seguramente era un marcianito —sin contestarme otra cosa— o mi tío Mundo que a pesar de su evidente cariño la mayoría de sus palabras eran para corregirme —después me di cuenta de que eso ha hecho con todos sus sobrinos pero entonces dejó una marca que sigo cargando— y me parece que mucho se debe a la manera de expresar el cariño. Entre el machismo de uno de mis abuelos y la orfandad del otro sus demostraciones de afecto eran muy parcas. Pero creo es evidente que la persona que más influencia ha tenido en mi vida ha sido mi madre a quien quiero muchísimo pero algunas veces no consigo comunicárselo y otras fallan los canales de comunicación.

Cuando yo nací ella tenía apenas 18 años y tenía un temperamento volátil muchas de sus regaños o apapachos no dependían de mi conducta sino de humor, pero no sabía que eso pasaba entonces adquirí una compulsión por actuar en busca de su aprobación. Yo veía que ella se la pasaba ayudando a los demás —quizá su forma de ejercer su carrera de trabajo social— acompañaba a las personas al hospital y se quedaba si era necesario, iba a rezar rosarios o ayudaba a preparar comida para las fiestas, ayudaba con los trámites a las demás personas, iba a inyectar o hacía reparaciones de ropa, Quizá esas conductas sean originadas por querer llamar su atención.

Llevo en mi interior una sensación de que si hay algo que no puedo hacer es un fallo en mi persona. me cuesta muchísimo trabajo pedir ayuda, me parece que es porque es por un miedo a ser rechazado justo en ese momento de vulnerabilidad, es mi manera de protegerme contra ese dolor; y aquí es evidente esa contradicción, al no buscar ayuda en esos momentos de necesidad también me he privado de recibir apoyo de las personas que quiero. Aquí quisiera mencionar a mi tía Hortencia, a quien quiero mucho aunque apenas hable con ella, pero siempre que la saludo le doy un abrazo en el que puedo sentir ese cariño así directo y sin escalas, quizá si me expongo más recibiría más de esas demostraciones.

La palabra también tiene otras acepciones como alto, fuerte o excesivo en las cosas inanimadas. Y con seguridad puedo entrar en la categoría de excesivo, además de las otras 2. Tampoco quiero pecar de falsa modestia, una de las veces que fui acusado de soberbio fue cuando le dije a una dama que ella que le estaba otorganod el privilegio de mi presencia, alguna otra persona me reclamaba mi forma de hablar como pontificando, pero nunca ha sido con un aire de superioridad, siempre he intentado tratar de iguales a las personas —también esto ha sido criticado— sin tener ningún prejuicio al respecto.

Y como dijera Mauricio Garcés: Ahí les dejo mi reputación para que la hagan pedazos.

Círculo paternal

En Torrijos, según son los padres son los hijos.

Refrán no tan popular

El fin de semana pasado fue el día del padre acá en Brasil, justo un par de días antes escuché a una joven lamentarse de su familia : “¿Quién sabe por qué nos toca una madre hermosa y un hijo de puta como padre?” —sic— eso hizo que de inmediato mi sentido arácnido —o lo que sea— saltara y le contesté que era porque su madre lo había escogido, pero me quedé pensando al respecto.

He escuchado esas quejas en múltiples ocasiones, no solamente con amigas sino con parejas, en general se quejan del padre, ya sea por machista, irresponsable, controlador, borracho, mujeriego o porque no las dejaba salir, las regañaba demasiao o hasta les pegaba; todas sin duda características incómodas pero lo que le contesté a la susodicha fue: pero tu madre hermosa fue la que escogió a tu padre.

¿Será que ese gusto no se lo trasmitió a su hija? ¿La madre sigue conforme con el padre? ¿Cómo es que madre e hija tienen una opinión tan dispar respecto a un hombre —quizá sea la misma disparidad con el novio de la hija—?

Hay varias cosas que he notado al revisar estos casos, lo primero que me viene a la mente es la opinión que las mujeres expresan de sus esposos, maridos, amasios o como les quieran llamar: generalmente es negativa, se quejan pero los defienden y no la expresan frente al aludido.

Y creo que hay algo más al respecto, es como si la madre mantuviera un coto secreto dentro de la casa, ellas decide qué información de lo que sucede en su terreno trasciende hacia el padre, algunas veces incluso nos amenazan con acusarnos con él cuando nos portamos mal ¿por qué este afán de separar realidades? Recuerdo que mi madre se quejaba amargamente cuando mi padre dejó de trabajar en oficina para emprender un negocio basado en casa, al poco tiempo mi mamá sentía que se ahogaba que necesitaba que no estuviera él en casa. Entiendo que se necesitan espacios individuales —pero no creo que tengan que ser físicos— digo mi madre salía cotidianamente y se la pasaba mucho tiempo fuera pero quizá solamente en la casa era donde ella se quitaba las máscaras.

Y aquellas que se quejaban del padre no buscaban como pareja a alguien precisamente opuesto, generalmente era alguien que las maltrataba de alguna u otra forma, algunas veces engañándolas, otras teniendo desplantes de celos, ningunéandolas, revisando sus correos, incluso hasta violencia física. Generalmente son acciones que impactan en la autoestima de la mujer porque al parecer esta baja autoestima es el principal factor para que no actúen respecto a los maltratos.

Y creo que esta parte que vivimos con los padres está relacionada con la aparente ceguera del amor: así comienzan relaciones con hombres que maltratan a los animales, que se muestran altaneros con los meseros, que se la pasan peleando al volante, no respetan a los mayores o que compran agua voss nomás para apantallar. ¿No son signos suficientes?

Mi madre se quejaba demasiado de mi padre, claro que al morir se olvidaron todos sus defectos. Pero yo recuerdo de sus angustia ante sus llegadas tarde, los constantes reclamos respecto a su humor, y buscaba usarnos —a sus hijos— para modificar el comportamiento de mi papá. Chale ¡cómo es que a estas alturas no está claro que no van a cambiar.

Estoy convencido de la íntima relación entre esta ideal del padre y las parejas que se buscan las mujeres, pero ¿qué voy a saber yo? Mejor deja una canción al respecto que expresa mucho de lo que pienso.

Carta Circular

¿Cómo no me extraigo las venas
y hago con ellas una escala
para huir al otro lado de la noche?

Pero mis brazos insisten en abrazar al mundo
porque aún no les enseñaron
que ya es demasiado tarde

Alejandra Pizarnik

En los últimos días perdí mis llaves originales y solamente tengo el duplicado de una, fui a nadar con el traje de baño equivocado, rompí un plato; una sucesión de pequeños fallos, como si la realidad se hubiera desplazado apenas las justa distancia para hacerme fallar en todas las canastas. Dadas las circunstacias mejor les cuento la historia de un campeón sin corona que un día vió un caballo tirando de un carro cargado de colchones usados, y lo invadió una tristeza insoportable, como si una fuerza se empeñara en aplastar su corazón. No sabía lo que era y durante mucho tiempo fue un misterio, para develarlo examinó algunos recuerdos del pasado:

Ropavejero

Durante su niñez viajó innumerables veces en la línea 2 del metro, el trayecto de Ermita a Tacuba, acompañado a su madre, algunas veces encontraban asientos libres todavía estaban acolchonados y un afortunado día fueron a la feria, se subieron a las tazas y comieron hotcakes. Desde entonces él amó el metro y durante un tiempo pensó que los hotcakes de feria podía curar cualquier mal.

Su padre se ufanaba de él, corregía sus yerros sin celebrar sus derrotas, eso le causó cierto resentimiento que reventó en un empujón durante una fiesta familiar. Tiempo después cuando, contrario a las veces anteriores el padre estaba sobrio y el hijo con aliento alcohólico, conversaron,  se entendieron y abrazaron.

Amó a su hermana desde su nacimiento, falló en su cuidado, la perdió y la encontró muchos años después y no quiere perderla de nuevo. Ahora tienen un vínculo adicional a la hermandad.

Su abuelo le enseñó a jugar, su tía le hacía chocolate y lo enfriaba, su padrino siempre le daba la mano para cruzar la calle, su tío de apodo legendario y su esposa lo querían, no sabía por qué pero hasta la fecha siente su amor en el abrazo.

Durante la primaria tuvo maestras que lo guiaron, lo enseñaron y algunas hasta lo quisieron; y compañeros sin prejuicios con los que formó un grupo unido, aún ahora eso le parece raro.

Al comenzar los años 80’s hizo amistad con un niño que tenía un parche en el ojo -producto de un resorte inoportuno- que lo acompañaría en una búsqueda infructuosa de quesos exóticos en las tiendas de abarrotes cercanas, fueron como hermanos mucho tiempo, fue testigo del inicio de su primer amor que lo llevó  de las iniciales trazadas en el cemento fresco de Arcos de Belén -y en muchos videojuegos-; y del fin en un amargo llanto a pocos pasos de las iniciales frente al registro civil. Además jamás nadie se burló de él tantas veces, no faltó quien pensara que eran hermanos.

Algunas familias que lo trataban como un miembro más, que le ofrecieron cobijo, comida y lo admitieron en los rituales privados, compartió vacaciones y fefstejos. Además hubo una madre que lo abrazaba amorosamente, le dejaba conducir su coche, lo aceptó como yerno, pero su hija no tenía el mismo corazón.

Se sintió cobijado bajo el brazo de un dealer que le regalaba cajas de philip morris, cuya novia lo llevaba a casa mientras conversaban largamente y una prima que le regaló una pulsera tejida de colores verde y morado que él uso hasta que se deshizo. Asistió a numerosas fiestas acompañado de lo que llamaba su banda, con los que conoció la noche y dominó el alcohol, e incluso fraternizó con alguno de ellos.

Quedó preso de un amor épico donde conoció el cielo y el infierno.

La universidad fue un campo de juegos que le dejó un papel al final, llena de conciertos con abonos de transporte y una credencial de la biblioteca central. Conoció amigos que sufrieron metamorfosis y amigos que saltaron del grupo de alumnos. Durante ese tiempo tuvo un ahijado que luego subiría de categoría a compadre, aunque el trato sea de hermanos.  Experimentó su vocación, conoció la fama, y abandonó por unos años los anhelos terrenales. Terminó ese período desfilando por las calles con una antorcha en la mano, protestando por las reformas educativas.

Encontró una casa con faro, un lugar de referencia donde podía jugar y cocinar platos de origenes diversos, donde podia ir sin camisa de fuerza, donde sus palabras eran celebradas en lugar de censuradas. Y se abrieron múltiples puertas, junto con una invitada armaron una fiesta, se casaron de negro y separaron de blanco. Y otro invitados lo acogieron en el duelo y lo siguen acogiendo en su peregrinar. En sus incursiones le cuida las espaldas un joven francotirador en quien confía.

Algunas personas no quieren ser guardianes de sus tesoros, otras los reciben y algunas los encuentran tirados por ahí.

Quisiera explicar qué tiene esto que ver con el caballo pero llegó el clima otoñal a despertarme.

A %d blogueros les gusta esto: