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Deconstrucciones

ojos que impresionan / traspasan objetos / descubren la muerte oculta que hay en ellos / ojos bellos.

Malo – Real de Catorce

Este fin de semana se me antojó tomarme una michelada así que decidí estrenar mi exprimidor de limones con poca fortuna porque a la segunda mitad de limón quedó partido en 2:

Hay algunas características que me han acompañado desde que tengo memoria, lo que es decir bastante, la primera vez que me dieron a beber en un vaso de vidrio —a corta edad— terminé rompiéndolo con la boca —no fue la primera y dudo que sea la última que caen vidrios en mi boca— el único remedio que he encontrado fue el mascar un chicle para que se queden pegados los pedazos de vidrio, la otra ocasiones fueron los restos de un foco o los restos de un envase de sidral familiar. Mi primer regalo navideño fueron unos weebles, uno de ellos no tardó en ver su cuerpo quebrado. En la secundaria, al jugar frontón con pelotas de tenis rompí un par luego de un golpe y en una pelea callejera destruí mi tenis al asestar una patada a un amigo, era una pelea amistosa.

Y esto no solamente ha sido por mi gusto por la destrucción, como cuando quemaba los soldados de plástico o aquella explosión que rompió una taza de baño, me refiero a muchas rupturas involuntarias cada que abría una botella de sidra el año nuevo conseguía romper una copa con el tapón, también me tocó quebrar la pieza de cerámica para colocar el jabón del baño, o el pestillo para asegurar el zaguán al piso, una vez tropecé con él y terminó doblado, la marca en mi rodilla desapareció a los dos días.

Dos ediciones de Rayuela de Cortázar se deshicieron en mis manos tras la lectura, eran ediciones baratas pero creo que es exagerado que solamente hayan aguantado una lectura, el único estéreo de auto que compré solamente duró un par de canciones de un cassette de mi amigo Felipe, mientras se escuchaba una canción de Víctor Manuel —nada sabe tan dulce como tu boca— se descompuso negándose a tocar cassettes, y el radio solamente agarraba una estación aleatoriamente debido a esto una ocasión en que escuché un concurso de radio, encontré un teléfono para llamar, entró la llamada —algo inusitado— pero jamás supe la estación a la que llamé así que no pude recoger mi premio; en ese mismo coche —Napoléon— durante el tiempo en que tenía que cambiar constantemente las llantas porque ya se les veía el aire, degollé 2 birlos. En otra ocasión, también cambiando llantas, pero esta vez de un volkswagen, barrí una cruceta lo que me obligó a comprar otra de mejor calidad pero que luego de intentar de nuevo se desprendió todo el cromo de la misma. No puedo dejar de mencionar que rompí el posicionador del espejo lateral —hecho de metal—, también rompí una manija para subir el vidrio y estrellé el parabrisas un día que le di un pequeño golpe.

Muchos de estos incidentes son por impaciencia, lo reconozco, pero no dejo de pensar que existe un elemento extra, digo al abrir las cajas, envases, o cualquier envoltorio, al menos cuando son regalos creo que tengo la prerrogativa, pero con todo y eso puede terminar en un accidente desafortunado para mí si llego a dañar el contenido.

Los aparatos electrónicos no han tenido mejor suerte, el primer adaptador bluetooth que compré para la pc era algo parecido a la foto de abajo, venía en una caja delgada que rompí para sacarlo, no me di cuenta de que traía un cd pequeño dentro de la caja y terminé partiendo el cd accidentalmente, he terminado con varios teclados, con 4 controles de playstation unos 4 joysticks, innumerables mouses, he incluso con desarmador philips de cruz al atornillar un disco duro y que @DarthTrivious está como testigo del corte limpio.

Todos estos incidentes —y los demás que quedaron en el tintero— han sido involuntarios, eso no quiere decir que disfrute la destrucción como la vez que me tocó destruir un auto con un hacha o en un diciembre lejano cuando pude destruir una casa de madera para hacer una fogata durante un concurso de piñatas —con toda la facilidad que tengo para las artes plásticas— en la que con mucha imaginación conseguimos hacer un pac-man.

Creo que esta fascinación se debe a que pone en evidencia la fragilidad de las cosas, que hace manifiesta la segunda ley de la termodinámica cuando algo se destruye nos recuerda que las cosas nunca serán como antes, así es como la vida transcurre. Quizá sí tenga un talento para la destrucción. Todo esto sin hablar de otro tipo de rupturas, sin involucrar corazones, egos o ilusiones. Espero que esto me sirva para poder destruir los lastres que aún llevo.

La suerte ha sido echada

Esta que llaman por ahí Fortuna es una mujer borracha y antojadiza, y sobre todo, ciega, y así no ve lo que hace, ni sabe a quien derriba.
Miguel de Cervantes Saavedra

Esta entrada es acerca de la suerte es la número 52 que es el número de cartas que tiene una baraja francesa —sin comodines— y creo que el número es apropiado. El tema surgió como una promesa y es un tema que me atrapó desde hace mucho tiempo, lo llevo en el corazón y lo vivo día a día. El origen de la palabra es el latín sors, pero lo importante es que el significado subyacente es premio, destino o la respuesta del oráculo. ¿Acaso hay algo más hermoso que una respuesta del oráculo?

Comienzo con la frase de que mañana será otro día, no solamente cada mañana será otro día, sino cada instante puede ser uno nuevo, y el universo se ve afectado con cada movimiento que hacemos, esto lo aprendí jugando brisca: cada carta tirada de manera subversiva puede desviar una mala racha o traer un arlequín al estilo de Nabokov; es como si la suerte tuviera inercia así como el movimiento, como si la primera ley de Newton valiera para las rachas de suerte, al menos así parece, basta darle un vistazo a las supersticiones del béisbol.

La siguiente lección la aprendí en el dominó: hay que jugar con las fichas que nos toca y, salvo rarísimas excepciones, es posible ganar en cada juego. Una vez que fueron repartidas no vale la pena ni siquiera quejarse del juego que nos tocó ya que lo único que logramos el alertar al rival. Hay muchas posibilidades y cada juego es una oportunidad, no muy distinta de lo que nos ofrece la vida en cada instante.

Afortunado en el juego, desafortunado en el amor, esta frase es una trampa, que funciona muy bien porque te obliga a escoger conscientemente entre una u otra cosa y cuando renuncias a una y esperas recibir la otra, generalmente lo recibes. Es muy parecido a pensar que tienes mala suerte, a esperar que salga letra cuando tienes todos los números.

Tengo dos tíos que tienen visiones contrarias respecto a su suerte, uno piensa que tiene la peor suerte del mundo, además como es mi padrino durante mucho tiempo asumí que compartía algo de su suerte, hasta competíamos por ver quién tenía peor suerte, eso no le impide que juegue MELATE cuando la bolsa acumulada es suficientemente grande porque, según sus palabras, “La suerte solamente se va a descuidar una vez con él, y mejor que sea con un premio que vale la pena”. Otro tío que ya he mencionado aquí, cree que tiene la mejor suerte del mundo —yo he visto que le toquen 7 fichas del mismo número en el dominó— pero ambos han obtenido el mismo número de premios del MELATE, así que éste último no es un buen indicador al respecto de la suerte.

También abordé el problema desde la perspectiva académica, parte de mi carrera pasé estudiando probabilidad y algunos tópicos más específicos llevé un seminario de aleatoriedad que disfrutaba muchísimo, pero entre más estudiaba al respecto me daba cuenta de el estudio se limitaba a una descripción y la identificación de patrones subyacentes, pero que el quid del asunto escapaba de su esfera de estudio. Y que la combinación de ese conocimiento con otras disciplinas me serviría mucho más para entender en verdad el asunto.

En algunos juegos de dados, en la frontera entre el oriente y el occidente, las personas actúan como si el ganar en los dados fuera parte de la voluntad, que conseguir un número en particular es una lucha de fuerza entre las voluntades de los jugadores. Ya le enseñé a un amigo esta técnica para jugar con los dados, él comprobó que es posible pero que requiere entereza.

Todas las artes adivinatorias se basan en la idea de que el objeto a analizar —las grietas de un caparazón de tortuga hechas por un golpe con un acero incandescente, tres monedas, las cartas del tarot, las hojas de té, el fondo de la taza de café, las runas, las ramas de milenrana, la forma del fuego, las imágenes en el agua, los sueños— está impregnado por el estado del universo en ese momento. Así es como se adivina.

Mi única creencia religiosa es esa, que el universo está conectado, así que las acciones que tomamos tienen que ver con todo, en especial con la suerte, que yo creo que depende de nuestro punto de vista y la voluntad. Algunas veces me gusta pensar en que vivimos una lotería.

Estirpe

Fruta Verde
...
Sabor de fruta verde 
de fruta que se muerde 
de carne y de manzana del bien y del mal. 
Yo tengo la culpa de que tú seas mala 
boca de chavala que yo enseñé a besar
-Luis Alcaraz.
 

Mi estirpe chilanga viene de mi abuelo paterno, los otros son originarios de Salamanca ciudad del Tepetate y sede de la más grande refinería de México. También está llena de cantinas y José Alfredo le daba la vuelta porque ahí lo hería el recuerdo.

Mi bisabuelo fue el primero en la sucesión de familiar con mi nombre. Su oficio era peluquero, pero era casanova de corazón (¿de dónde más?) y por un amor problema de faldas, en realidad era un problema de celos violentos fue asesinado afuera de su lugar de trabajo, eso no solamente lo mató, le rompió el corazón a mi bisabuela. La súbita  orfandad de mi abuelo lo obligó a trasladarese a Michoacán, donde fue aceptado por la rígida educación de una tía rígida y  parca con sus demostraciones de amor.

Pero él regresó a la ciudad de México y se dió el lujo de recorrerla en hasta sus límites cuando más allá de San Lázaro no había mucho.

Y también abrazó la vida nocturna, y cada que comenzaba una tertulia en una cantina advertía que, si la iban a seguir después de la salida del último camión, sería hasta el amanecer, cuando comenzaran a salir los camiones nuevamente.  Y en una de esas amanecidas brindó con José Alfredo, sí con musicalizador de tantas borracheras, en una cantina en Santa María la Ribera.

Entró de aprendiz de zapatero y llegó a convertirse en maestro del oficio, que ocupó toda su vida, él me hizo los zapatos más cómodos que he usado, y también yo recibí el último par que hizo, justo antes de morir. Los dos pares eran de color azul.

Compró un automóvil con sus amigos para pasear por el bosque de Chapultepec y cuando se detenía echaban a la suerte el que tenía que bajar para arrancarlo porque todavía usaba cran. nadie quería quedar mal frente a las damas.

Antes de llegar a su primer cuarto de siglo se enamoró de mi abuela, una bella dama acomplejada por la oscuridad de su piel, viviendo bajo el techo de mi bisabuela que era una excelente cocinera, que así como manejaba la cocina podía manejar toda la familia, ella era la que mandaba sin importar que su esposo fuera un soldado, que algunas veces olvidaba la carabina por su afición al pulque.

Los escasos 15 años y la antipatía de los suegros fue un problema que no tenía una solución simple. Tomó el único camino, se robó a mi abuela, pero él era un caballero, así que fue a “depositarla” en casa de su madrina hasta que se realizara la boda.

Se casaron y tuvieron 3 hijos en 4 años, el primogénito fue mi papá, la necesidad de un lugar mayor era imperante, para resolverlo tuvo que vivir en casa de sus suegros mientras edificaban la casa, en la que el trabajó incesantemente, ese fue un período muy difícil para él. Trabajaba doble turno, con los zapatos para la manutención y de albañil para terminar su casa mientras era humillado constantemente por su suegro, pero se tragó todo para darle una mejor vida a su familia. Luego vendrían 2 hijos más.

Él se esmeraba en hacerla feliz, era diligente con la administración, y cocinaba muy bien. Dejó de ir al cine que tanto le gustaba, solamente iba cuando nos llevaba, demostraba su afecto a los nietos individualmente, conocía sus gustos, alegrías y tristezas.

Ayudó a mi abuela a terminar su primaria aunque él mismo no pasó de segundo , le ayudó con las actividades que emprendía como la costura, y jamás dejó que ella contribuyera con el presupuesto familiar. Había una grabación (espero que todavía exista) en un cassette cantando “Fruta Verde” que le dedicaba a ella.

La historia hubiera sido mejor si ella lo hubiera amado y no se hubiera casado con él solamente para salir de su casa.