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silencios insuperables (especial navideño)

La muerte ha restituido al silencio su prestigio hechizante.

Alejandra Pizarnik.

Ahora que es una época de regalos, los envoltorios están por todas partes debo reconocer que elvolver regalos nunca ha sido uno de mis talentos, recuerdo una navidad donde junté dinero para comprarle algún regalo a los diferentes miembros de la familia, incluyendo uno para mí incluyendo los utensilios necesarios para elnvolverlos, por lo menos gasté el doble de papel en terminar mi labor, no de la manera más elegante, incluso se podía ver mi regalo a través de algunos huecos del papel, claro que no importaba porque a leguas se veía que era un balón de americano. Esto no se repitió en muchas otras ocasiones, ya después los llevaba a envolver o pedía ayuda con alguien mucho más capaz, aunque alguna vez me encontré en dificultades en una tierra extraña tratando e engalanar un regalo, me parece que de manera infructuosa.

Tampoco soy muy paciente al abrir los regalos, la curiosidad me consume tanto que los tengo que abrir inmediatamente, sin tener mucho cuidado de la envoltura, algunas veces frenéticamente destruyo en elvoltorio, que quizá sea parte del regalo. Tal vez envolver sea algo es muy parecido a guardar silencio, es como mantener algo fuera de la vista o conocimiento de los demás como tener algo guardado que es susceptible de ser descubierto. Y una de las cosas que más anhelo es descubrir secretos, abrir la puerta a algo desconocido como si eso fuera a revelarme finalmente una solución, la solución.

Mi mente volátil no toma muy bien ese silencio, siempre busca todas las alternativas posibles, y tiene tendencia a estacionarse en las peores, quizá con la precaución de que será menos decepcionado de esa manera, pero la verdad es como un juego morboso que no se detiene, adictivo y bizarro. Parece que la violencia que se supone es el silencio se puede tornar aún peor en mi mente, la famosa ley del hielo se puede aún tornar más afilada, este efecto se ha aplicado ya en el cine cuando el terror se basa en lo que no se muestra.

Y si las mujeres tienen fama de hablar mucho cómo es que me tocan las que deciden callarse, seguramente son los misterios por ser develados lo que me atrae, aunque yo haya pensado que de eso me di cuenta después, siempre hay señales a la vista que deberían haber sido pista suficiente -al menos para mí que me gusta leer los signos- pero actuaba cegado por mis propias creencias distorsionadas, por ejemplo la primera vez que le declaré mis sentimientos a mi x pidiéndole otro tipo de relación lo único que recibí fue un insufrible silencio que terminó con mis palabras ofreciéndole una salida, y esos silencios se convirtieron, ya casados, en una especie de campo minado que cada uno llenó con los propios pensamientos que muchas veces se alejaban notablemente de la realidad.

En circunstancias desfavorables los resultados pueden ser aún peores, si estoy en posición de ser el confort de una persona que tiene otra relación, u otras porque soy el tercero en el orden al bat, por mucho que me alegre su intermitente presencia y que sepa que algunas veces la cobijen brazos de alguien que escogió por razones que me escapan -quizá no tanto- nada de eso tiene el mismo alcance en mi interior como su silencio, porque eso pone en juego no solamente lo que pasa sino toda la gama de posibilidades, que se multiplican los jueves. No necesito ser brujo, aunque lo sea, para saber que es mejor cambiar esto.

En un momento pensé en revertir esta tendencia guardando silencio, quizá nada más para probar que también puedo guardar silencio. Pero lo que en realidad tengo que callar es mi febril mente, dejar de interpretar, retorcer y construir todos los escenarios imaginables.  Dejar de lado este vicio frenético que solamente me mantiene distraído de mis prioridades, dejar de buscar respuestas en el silencio y empezar a construir mis propios escenarios de la forma en que quiera. Y por supuesto dejar que alguien más envuelva mis regalos.

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El Buga, la Bruja y el Armario

Lo que duele no es ser homosexual, sino que lo echen en cara como si fuera una peste.

Chavela Vargas

Ahora que algunos días de la semana pasada se llenaron de marchas al mismo tiempo que en los TT del twitter aparecieron algunas consignas homofóbicas relativas al Día Internacional contra la Homofobia y la Transfobia creo que es prudente contar un poco sombre un queridísimo amigo: Raúl

Yo lo conocí antes de que saliera del clóset, en mi primer año en la Facultad de Ciencias, aunque teníamos los mismos grupos asignados como yo perdí mi horario terminé asistiendo a otra clase de geometría analítica pero eso no impidió que terminamos incluídos dentro del mismo grupo de trabajo con Belén, Graciela, Martha, Mónica, Norma y Verónica —en estricto orden alfabético. Incluso terminé acompañándolos en esa clase de geometría a la que yo no asistía.

Al principio me pareció una persona muy contradictoria aunque parecía integrarse con el grupo y aceptaba todos los convites —aunque no asistía— generalmente se escudaba en su familia y muchas veces cuando le llamábamos se negaba a contestar aunque nosotros supiéramos que estaba. Un día nos invitó a su casa a un halloween en honor de sus sobrinos que eran como sus hijos porque, luego de que su cuñado muriera víctima de un disparo de su propia mano, él se dedicó a cuidarlos y educarlos.

Pero desapareció, dejó de asistir a la universidad, de contestar el teléfono, de dar señales y después de un tiempo regresó para confesar su homosexualidad, y digo confesar porque así lo manejó él, a mí en lo particular me dió mucho gusto su confianza lo que le agradecí. Y luego tuvimos algunas discusiones teóricas al respecto, cuando me contaba de sus participaciones en grupos gay yo alegaba con él que compartir una preferencia sexual es un vínculo demasiado débil para basar una amistad en él, si bien se ven sometidos a los mismos prejuicios, problemas y discriminaciones, eso no basta para decir que tienen suficiente en común, y que si formar grupos a los que le añades el calificativo de gay u homosexual lo único que lograba era automarginarse, recuerdo mucho que asistí una vez a la librería del juglar a ver algunas películas de Pier Paolo Passolini dentro de un ciclo de cine gay —no creo que una película sea gay solamente porque se muestran penes expícitamente— tomando en cuenta los que se salieron de la sala y las opiniones en el debate posterior quizá fue evidente que las opiniones al respecto del filme eran divergentes, que para mí son otras cosas las que te acercan a las personas no la preferencia sexual.

Creo que la parte que más le gustaba de participar en esos grupos era pontificar, causar polémica, se sentía mucho más avanzado que los demás, más liberado o civilizado, pero también cometía los mismos errores en la educación de sus sobrinos, es increíble como quedan grabados los patrones que viviste, aún después de pláticas donde él se daba cuenta de los errores que estaba cometiendo, bastaba con que lo hicieran enojar para que se desbordaran todos problemas escondidos en su inconsciente. Y es que sus enojos y caprichos podían arrasar con muchas cosas, alguna vez le dejó de hablar a su mamá casi un año, o sus venganzas se tornaban filosas y punzantes. Todas esas explosiones de rabia ocultaban un miedo a soltar la ilusión del control. Y yo sabía eso porque había pasado por algo similar.

Me parece que de todos mis conocidos él es el con el que ha tenido la evolución de la psique más parecida con la mía, a distintos tiempos, eso hacía que las conversaciones se tornaran más fáciles —o más difíciles de acuerdo a las circunstancias— porque teníamos una idea de lo que el otro estaba sientiendo. Cada que me ocurría algo que me afectaba a punto de modificar mi conducta o creencias él tomaba previsiones, imaginaba cómo era que el lo podía enfrentar, o tomaba previsiones para que el trance no fuera tan difícil.

Él tiene una cinta de video filmada en una posada en casa de Belén donde yo confieso mis sentimientos, mi forma de ver la vida y otra ideas respecto a mis circunstancias, de hecho todos grabamos algo similar. No es fácil ver lo que se deseaba hace tanto tiempo, aunque uno siempre está en evolución es reconformtante ver que unos rasgos de lo que somos permanecen. Luego de esa cinta le tocó acompañar mi largo y doloroso rompimiento, y lidiar con los pedazos que quedaron, escucharme y verme al borde del abismo. Pero se mantuvo al pie del cañón —no sexualmente— apoyándome. Probablemente nadie me ha visto tan destrozado.

Y nos llevamos pesado, porque las bromas que hacía al respecto de mi dolor rayaban en lo cruel, pero de honestidad jamás nos pudimos quejar, nos podíamos hablar con la neta sin problemas y sabíamos que podíamos contar con el otro, esto se puso a prueba incluso con problemas legales. Hablamos muy seguido por teléfono, me doy cuenta cuanto tiene broncas y procuro marcarle, incluso en esas ocasiones suele ser elusivo, porque es muy orgulloso, pero lo entiendo y eso no disminuye el afecto que le tengo.

Después me tocó acompañarlo en su crecimiento, lo acompañé a visitar los sexshops, o a zonas de reunión en las que no se sentía tan seguro de ir para sus encuentros, alguna vez hasta tuve que declinar algunas propuestas económicas no tan malas, pero me tocó la época de sus primeros lances, su emoción, sus primeras relaciones junto con los primeros, y garrafales, errores, hasta que se enamoró de verdad. En un tris estaban viviendo juntos bajo el techo materno, también me llevo bastante bien con su pareja.

Y poco después de un año me casé, y parecía que ahora no necesitábamos tantos consejos o que el crecimiento se había estancado, al menos de mi parte así era, pero cuando me divorcié Raúl quedó doblemente preocupado, primero por mí, pero después por su propia relación, pensaba que si mi relación había podido terminar la de él también, quizá no pronto pero era muy posible. Reanudamos las llamadas consuetudinarias, que comenzaron con mi sentir pero poco a poco fueron incluyendo sus preocupaciones. Y entiendo su miedo, está aterrorizado de que le pueda pasar lo mismo, después de que me vió sufrir el piensa que no lo aguantaría.

Mi mudanza a Brasil no fue fácil para él, no hemos dejado de tener contacto pero me parece que algunas veces no aprecia lo que tiene, no lucha por lo que quiere lograr y tiene una gran necesidad de control.  Es tan difícil soltar las cosas, yo sigo sufriendo con lo mismo. Sirva esta entrada como un pequeño agradecimiento por su amistad.

Anexo una foto con él

Y un tráiler de una película con temática gay —no Passolini—