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Mi cielo

Creo que sí mirásemos siempre al cielo acabaríamos por tener alas.

Gustave Flaubert

Cuando era niño me gustaba mirar el cielo, encontraba muy interesante cómo las nubes bailaban formando figuras caprichosas a las que me empeñaba entender, ya desde entonces andaba interpretando los signos que el universo me mostraba, como si sospechara que algo importante estuviera escondido.

Solía sentarme en el coche de mi papá, un Ford 200 que durante mucho tiempo fue de color verde botella, me sentaba en el cofre y me recargaba en el parabrisas. Y ahí me quedaba mirando el cielo, olvidándome del mundo, de las preocupaciones que me ocuparon demasiado tiempo en la vida. Al mirar su vastedad me llegaba una sensación de que algo más grande existía.

Un día sentí un miedo extraño, me imaginaba que todo cambiaría de dirección y el cielo se convertiría en un vacío enorme en el que todos caeríamos, solamente nos quedaba aferrarlos a algo que nos salvara de caer, claro que eso no ayudaba demasiado porque nos condenaba a vivir aferrados y con miedo. Algo sorprendentemente parecido a la codependencia y ansiedad. Cada vez soportaba menos tiempo quedarme viendo a las alturas.

Y dejé de mirar el cielo, las preocupaciones me rodearon y comencé a vivir al pendiente de muchas otras cosas, como si la vida girara en torno a la tierra, ensimismado y prisionero de alguna forma, atado a la idea de aferrarse a algo para evitar caer. ¿Y si soltarse y caer en realidad fuera volar?

Ahora que vivo en una ciudad con edificios más altos que me han invitado a mirar al cielo de nuevo creo que la claridad regresa poco a poco, y me descubro mirando al cielo con mayor frecuencia y tranquilidad. Espero que eso sea el indicio de un cambio.

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días no tan padres

No ganamos porque perdimos

Ronaldo

El fin de semana pasado, fui a conocer el estadio Maracanã y el próximo fin voy a conocer el estadio de Belo Horizonte.La última vez que asistí a ver un partido de fútbol de la selección mexicana también fue un día del padre nada más que ya han pasado un número perfecto de años desde entonces. Los colores del equipo rival también eran coincidentes como los de los italianos, pero el resultado en aquella ocasión fue diferente.

También entonces tenía un padre con quien festejar aunque entonces no me prestaba demasiada atención, ahora casi todas mis figuras paternas han desaparecido, si además junto esto com las escasas posibilidades de tener hijos ocasionan que el festejo del día del padre se haya diluido demasiado. Lo que no quiere decir que lo olvide o no le preste atención, simplemente que no tengo a quién festejar ni por quién ser festejado. Entonces los resultados de la selección en esta tierra del fútbol no me afectan en realidad sin importar la burla de mis colegas, lo que sí me ha molestado es dolor lumbar herencia de un juego de fútbol que se agrava al hacer algunos movimientos inusuales pero que a alterado mis actividades.

Mi lavadora se descompuso y como no estaré fines de semana consecutivos no la podré reparar, además estoy reparando en que el costo de esta tercera reparación ya superará el costo de una nueva, quizá sea una señal de que debo cambiarla, pero tampoco tengo muchas ganas de tomar decisiones. Como la de comunicarme con una ex las semana pasada y googlear a un par más algo que no me trajo beneficios, solamente hizo que me lamentara literalmente.

El trabajo ha estado un poco más abundante que en general, mis posts en los blogs están atrasados, la música un poco ausente y el gran parte del tiempo fuera de foco, mis pertenencias andan se pierden y mi timing está ausente y muchas otras cosas no están de lo mejor pero lejos de ser una señal apocalíptica son los símbolos de que todo va a cambiar, ya estoy en la cuenta regresiva y todas esas cosas representan la resistencia al cambio, parece que alguna parte de mí que no desea cambiar, que está presa de la inercia, que se aferra como defensa quizá porque es otra forma de adiós, la única diferencia es que la despedida es de una parte de mí, hábitos, comportamiento, vicios, obsesiones y costumbres.

a jitomatazos

Al mejor cocinero se le va un jitomate entero.

Refrán

El jitomate es una fruto de origen mexicano como como sugiere su nombre derivado del náhuatl, primero tomatl significa fruto hinchado, y jitomate viene de xictli que significa ombligo y tomatl referido con anterioridad, porque el tomate es verde y con cáscara, en realidad hay diferentes variedades en México como el miltomate, el tepetomate, el coztomate, el coyotomate, el xaltomate, el tecomate y la estrella de esta entrada el jitomate. Ningún lugar del mundo —México com excepción— lo cultivaba antes del siglo XV. Y algunos tardaron mucho más, como nuestros vecinos, Washington lo cultivaba como planta ornamental, y cuentan que Jefferson alguna vez comió uno en público para probar que no eran venenosos esto último probablemente es falso pero el hecho de que todavía existan los rumores es una clara indicación que no formaban parte de su dieta.  Muy diferente al pueblo de Buñol en Valencia que organiza la fiesta de la tomatina donde hay una guerra a lanzando el fruto que por esos lares es simplemente tomate. En Italia también es cultivado e incluso exportado —por estos lares son muy apreciados— esas exportaciones que son la razón para que el protagonista de Léolo se considere italiano; tienen que ver la película.

Siempre ha formado parte de mis alimentos preferidos, de niño justo cuando mi hermana aún no cumplía el año solía escabullirme a la cocina para beber el jitomate molido que mi mamá usaba para hacer la sopa. Aunque sabía que era un fruta preferida quizá nunca la había apreciado tanto como ahora. Estaba tan acostumbrado a tener a la mano tanta variedad, como el saladette —mucho más sabroso que el jitomate bola— que era el de batalla. Siempre estaba presente en los platillos pero casi nunca se llevaba el lugar estelar, acaso en los jitomates rellenos de atún o la ensalada caprese.

Uno de los usos más extendidos ha sido en la elaboración de las salsa cátsup, que es el único alimento del que me he hartado, cuando iba a vender los fines de semana a un tianguis en la colonia escuadrón 201 y que el menú solían ser hotdogs con mucha ćatsup, luego de hartarme pasaron más de 10 años para que la volviera a probar, y justo la sede de una de las compañías productoras más famosas está en la ciudad que alberga al equipo deportivo del que soy más fanático quizá el único.

Ahora que me mudé a São Paulo me sorprende lo verdes que se consumen y lo caro que están, basta decir que el kilo cuesta arriba de 7 dólares, que es el triple de lo que está el aguacate, además de que el sabor dista de ser lo parecido a lo que estaba acostumbrado. A pesar de que Brasil produce más que México tiene que exportar el puré desde China que es el principal productor, resulta descorazonador saber que es necesario traer desde tan lejos ese alimento, hasta se quitan las ganas. Pero también me doy cuenta de que muchas veces vamos por la vida sin apreciar lo que tenemos, aunque parezca de menor valor, influencia o proporciones; pero cuando cambia no nos sentimos igual, la ramificaciones puede ir más allá de lo que pensábamos, es diferente a la ausencia total —los nopales por ejemplo— que puede ser un shock pero que terminas aceptando como dejar de fumar o tronar con alguien, pero el aprender a vivir con una sombra es más difícil.

No sé de dónde viene la costumbre de tirar jitomates podridos a los malos actores.

Jitomates

tránsito lunar

Un loco enamorado sería capaz de hacer fuegos artificiales con el sol, la luna y las estrellas, para recuperar a su amada.

Goethe

Regresé a mi amada ciudad luego de más de un año sin ser cobijado por su inmensidad, encontré algunos espacios que aún no tienen historias impregnadas en mi memoria como la línea 12 del metro en la que estos días será mi transporte hacia el trabajo desde el cual veo una cantidad caminos nuevos rodeando a la torre de petróleos.

Fui recibido con mucho amor —con un par de excepciones— me he sentido un poco abrumado y con falta de tiempo para hacer todas las demostraciones afectivas que quisiera. Incluso la ínfima convivencia que he tenido con mi ahijado porque casi todo el tiempo de sus escasos meses de edad he estado a muchos kilómetros no ocasionó que me rehuyera. También recibí con gran alegría y sorpresa el cariño de Tania —hija de mi nucleomante amigo— así como con las demostraciones de mis primos y tíos.

Este cambio momentáneo de hemisferio ha desatado una proceso de Las constelaciones son un diferencia sutil, en el hemisferio sur veo a sirius, que representa al estado de Minas Gerais en la bandera de Brasil —aún tengo que averiguar la razón de esta correspondencia— de este lado está el cinturón de orión  aunque la luna sea la misma.

Tengo que aceptar que no tendré tiempo para hacer todo lo que quisiera o probar los platillos añorados, hablar con los amigos, visitar a la familia. La frugalidad del tiempo es harto conocida. Si bien ya comí escamoles, nopales, flor de calabaza, tuétano y tacos pero seguro hay cosas que no probaré.  El tiempo nunca es suficiente para satisfacer todos mis deseos o saciar todas mis curiosidades. Afortunadamente me acordé de mi tiempo en la academia —no hablo de programas dominicales sino de sistemas dinámicos— y aquello que aprendí me tranquiliza:

Todos los estados son transitorios.

FuenteDePetróleos

Exilio (parte uno)

¿rajas o chipotle?

Pregunta clásica del tortero

El pasado fin de semana tuve un ligero ataque de nostalgia culinaria —que no llegó a síndrome del Jamaicón— así que abrí una lata de chipotle que tenía guardada, y para darle un uso adecuado hice una torta de huevo con queso blanco —con la escasez en México ya no es tan prole— si a eso le sumamos unos frijoles refritos, jitomate y aguacate; todo repartido en una ciabatta —pan rolito le decía algún miembro de mi familia— a falta de telera; el complemento ideal sería un boing de guayaba —creo que ese se lleva más con los tacos al pastor— mejor un trébol de mandarina.

Hubo una época en mi vida en la que pedía las tortas con rajas en lugar de chipotle cuando no usaba teléfono celular —nadie usaba—, mi coche se llamaba Napoleón —bautizado con una botella de vodka a la manera de barco— y tenía un botón de turbo, caminaba por la calle cada  noche, las tortas de huevo eran baratas y fumaba cigarros que algunas veces no tenían filtro. Ese fue el tiempo donde me pase todos los semáforos en rojo de la avenida de los Insurgentes, cuando destrocé los árboles en la calzada de las Bombas y prendí fuego al costado de un árbol navideño gigante. Mis abuelos aún vivían, cargaba una licencia vencida de conducir con un billete adjunto por si me detenían, aceptaba los retos sin pensar las consecuencias y cuando me enojaba los demás temblaban aterrorizados. Jugaba mucho más al billar —carambola, rosario como mínimo— y mi corazón solamente tenía una cicatriz.

Pero especialmente ere irreflexivo, mis impulsos salía más a flote y tenía menos consideración por los demás. Creo que hay poca gente que me conocía o recuerda de aquella época. tal vez Felipe, mi entonces mejor amigo con el que pasé mucho tiempo, recuerdo que él solía llegar tarde o faltar a encuentros concertados, de las pocas veces que hablamos de eso confesó que cuando la pasaba bien en otra parte le valían madre los compromisos, creo que durante mucho tiempo albergué la esperanza de que los demás fueran distintos.

Durante las fiestas ocurría muy frecuentemente que salía impulsivamente, algunas veces regresaba y otra no; el impuso solía llegar mientras estaba sentado, me paraba rápido y salía caminando con resolución, muy pocas veces me preguntaban a dónde iba y casi nunca contestaba, pero tampoco preguntaban la vez siguiente que nos encontrábamos, no creo que les importara gran cosa. En las fiestas familiares era un poco más complicado, en especial en Navidad donde la cena con mi familia paterna era muy tradicional y sin alcohol —era mi único descanso durante las fiestas de diciembre— siempre conseguía escaparme —ahí sí con algún pretexto— en año nuevo el caos hacía las cosas más fáciles.

Nadie sabe aún lo que hacía o el lugar al que iba, con la excepción de cuando Napoleón terminó en medio de una cancha de fútbol donde algunos lo vieron —no era un espectáculo frecuente— pero nada más, creo que me resultaba contradictorio la falta de atención por un lado me facilitaba las cosas pero por el otro me impidió hablar con alguien al respecto, y es que cada ocasión era como una huída, quizá no sea que no pertenezca a ningún grupo, tal vez me la paso huyendo, como si fuera la única forma de enfrentar esa extrañeza, o quizá los estaba protegiendo de las explosiones subsecuentes. Tal vez pensaban que iba por más cigarros, tal vez les daba miedo preguntar a dónde iba, es mucho más fácil suponer, es más cómodo.

Pero las cosas cambian, así como dejé de pedir rajas y desde entonces pido chipotles o aquella otra ocasión cuando dejé de pedir limonada y naranjada al mismo tiempo, tal vez por dejar de rajar, tal vez porque algunas personas comenzaron a importarme o específicamente comencé a pensar que les importaba y que las desapariciones no serían bien recibidas, hice a un lado lo que mi amigo había confesado y pensé que otras personas serían diferentes. pero no fueron. Y dejé de escapar, permanecía siempre, aún cuando sabía que necesitaba estar en otro lado, aunque mi presencia no fuera importante para las otras persona en tantos ámbitos. Empecé a tener consideración por los demás, creo que demasiada, tanta como dejar de escaparme.

Y se acumularon tantos que por eso mi última huída fue de tantos kilómetros, un desplante que terminó del otro lado del ecuador.

Atrás lleva lugares

México siempre ha sido igual de revoltoso

Gabriel Vargas

Poco tiempo después de que inauguraron el metro de la Ciudad de México surgieron los peseros, llamados así por —¡oh sorpresa!— costaban un peso, en contraste con los camiones que costaban 20 o 30 centavos y que tenían rutas limitas como la famos Azcapotzalco-Jamaica o Zócalo C.U.  Y surgieron como un negocio oportunista —como los que venden lápices del 2 afuera de los exámenes—para dar servicio a las rutas no cubiertas por el transporte existente.

Al principio eran carros regulares habilitados con algo de pintura alrededor y un decorado característico, frasco de nivea para adornar el faro, un cubre volante semideshecho y un tapete sobre el tablero; nunca los pude ver de cerca porque desde el principio el asiento delantero está reservado para personas que sean agradables a la vista del conductor. Luego vinieron las combis, primero para 10 pasajeros, pero hábilmente acomodaron un asiento extra y luego con las Ichi Van el número aumentó hasta 13, y los de la fila que iba a espaldas del conductor eran los encargados de pagar el pasaje, mi amiga Martha siempre se sentaba en esa fila porque no le gustaba pedirle a nadie favores, yo escogía el banquito para no lidiar con el espacio. Un día que varios amigos nos dirigíamos a la unidad del hueso no encontrábamos transporte así que le pedimos a un pesero de la otra ruta que nos llevara, era mucho más barato que un taxi y era un pequeña ida y vuelta para el conductor. Siendo asiduos asistentes a fiestas sabíamos que una de las rutas que pasa más tarde es la de Tlalpan, el Izazaga, en una ocasión Paco tuvo que convencerlo de aceptar unas plumas porque todo el dineo lo habíamos invertido en bebida.

Aunque era todo un show bajar desde el lugar a la izquierda del asiento de atrás, la verdad es que era incómodo y un poco tardado pero como solamente había pocos pasajeros era muy rápido. No es tan cómodo viajar en pesero, no es el mejor medio pero muchas veces no existe otra opción. Cuando comenzaron los microbuses, casi al tiempo que la ruta 100 dejó de adoptó sus colores ecológicos, el pasaje costaba 350 pesos en viaje más barato, mientras la ruta 100 costaba —coincidentemente— 100 pero ya los ecológicos eran de 300 pesos —3 monedas doradas— entonces la diferencia era mínima. Pero los primeros microbuses seguramente eran ex camiones lecheros, además la gente no sabía si pagar al principio o al final —como en las combis— pero eso dependía si tenían puerta trasera o no. Luego de un varios accidentes y quejas intentaron estandarizar el parque vehicular y el modelo más común era modelo alfa. Unos con una barra de asientos que se extendía de la puerta de entrada a la de salida y otros con 2 filas de asientos dobles donde era muy difícil formar las dos filas solicitadas por el conductor.

La ruta que utilicé con más frecuencia fue la de Peni-San Lázaro, en cualquiera de sus modalidades —8 y 9, Prepa 5 o Periférico— algunos la tachaban de peligrosa por los asaltos —y no porque pasara por San Lázaro— pero durante el trayecto algunas veces los micros eran sacados de ruta y asaltaban a los pasajeros, mi abuelo presenció un asalto pero fue perdonado por ser de la tercera edad, entonces no solamente recibía descuento en el transporte oficial, también descuento en los asaltos de microbús —las ventajas del INSEN—.

El panorama no es tan variado y abundante como en el metro, siempre hay el que va dormido, estudiando, con audífonos, hablando por celular, algún niño llorando mientras su mamá lo maltrata. Alguna vez me tocó ver un ciego con perro guía —algo que he visto muchas más veces en el metro o el camión— pensé que el chofer iba a poner alguna objeción, resulta que era solamente un prejuicio mío. Porque sí conocí a algunos conductores, incluso unos gemelos de esos que compartían un vínculo especial, uno tomaba y al otro le hacía la cruda, como aquella película de Mauricio Garcés: Fray Don Juan. Recuerdo también los micros que iban al CCH Sur, alteraban la ruta ligeramente para pasar justo enfrente y algunos choferes ponían algo alternativo —no tan alternativo como el Panda show— pero un pesero lleno de estudiantes no es más civilizado.

Algo característico con las calcomanías que se pegan sobre las ventanas o arriba de las puertas. Un bebé rudo, un porky invitándote a no tirar basura, un imagen de Jesús, casi todas con un patrocinio de una radiodifusora o una refaccionaria, y también existen frases típicas como aquella de “Para la gente educada por atrás es la bajada” o “Si vas a comer pepitas cómete la cascarita”.

Cuando viajaba con Natalia, de General Anaya al estadio Azteca siempre decíamos que nos íbamos a bajar antes para que el costo fuera el menor, no me sentían tan cómodo con eso, pero la verdad es que el servicio recibido no era el mejor y tampoco teníamos mucho dinero es como si no nos alcanzara para el viaje completo —y no nos alcanzó para terminar juntos—. Una vez que acompañé a CHHC a su casa —sí en pesero— en un descuido su mano fue aplastada por la puerta trasera, tendría que haberla tomado y besar sus dedos hasta que el dolor se detuviera pero no lo hice, es como si la hubiera visto bajo otra luz y ahora la pudiera percibir en realidad, dejé de atribuirle virtudes inexistentes—quien iba a pensar que la luz neón del pesero sirviera para mostrar el verdadero rostro—. Viajé muy pocas veces en pesero con mi esposa, pero me extender un poco más el tiempo con ella en la mañana con alguna plática corta, nos bajábamos en el metro Zapata y tomábamos direcciones opuestas —¡qué profético puede resultar viajar en transporte público—

Y claro que hay referencias musicales.

Tiempos electorales I

La política es la conducción de los asuntos públicos para el provecho de los particulares.

Ambrose Bierce.

Ante esta vorágine electoral he decidido abordar el tema, aunque sea un tema que ser repita sexenalmente al menos, en esta ocasión me resulta interesante por la existencia del twitter, es un factor que no estoy segurod e cómo vaya a influenciar en el resultado, pero al menos me ha hecho más divertida la experiencia electoral.

Primero algunos hechos históricos:

El tapado lo inventó Tlacaélel, era su forma de poner tlatoanis, buscaba una especie de concenso entre los poderosos, pero lo que hacía realmente al hablar con ellos era buscar influenciar su opinión.Al final parecía que los demás lo habían escogido y como las conversaciones no salían a la luz nadie podía saber los intríngulis.

Las primeras elecciones en México fue para la elección de los representantes para las cortes de Cádiz, como fueron elecciones tan lejos de la vigilancia los procedimientos fueron ligeramente alterados para acomodar mejor los intereses, que ya no estaban tan vinculados con la península.

En las elecciones de 1829 había 3 candidatos: Vicente Guerrero, Manuel Gómez Pedraza y Anastasio Bustamante. El ganador fue Manuel Gómez Pedraza, pero renunció después de una sublevación que terminó con el saqueo del Parián la sublevación la encabezaba Guerrero que, luego de la renuncia de Gómez Pedraza, fue elegido presidente y Anastasio Bustamante fue nombrado vicepresidente. Luego hubo un intento español de reconquistar México, Bustamante quedó a cargo del ejército en Veracruz para la defensa, este ejército se sublevó contra Guerrero, que también renunció y Anastasio Bustamamante quedó como presidente. Pero llegó Santa Anna a poner orden con su ejército, restituyó al presidente electo Gómez Pedraza quien, al terminar su mandato, le entregó la presidencia a Santa Anna.

En 1929 hubo elecciones donde los candidatos eran Pascual Ortiz Rubio y José Vasconcelos. Había una broma entonces diciendo que el en los pinos vive el presidente, y el que manda vive enfrente refiriéndose a Plutarco Elías Calles -sí el que estaba en los billetes de 100,000. El apoyo que recibió el candidato oficial fue comparado por muchos como el de las elecciones donde se enfrentaron Madero y Porfirio Díaz. El resultado oficial fue del 93% a favor de Ortiz Rubio,la inverosímil cifra fue calificada como una declaración de Calles al grupo de Vasconcelos, no está claro cuál fue el resultado verdadero. Un par de años depués el presidente sufrió un atentado del que se salvó por mandilón, -investíguenle si son tan chismosos- el atentado lo obligó a retirarse de la política. Salvador Novo escribió al respecto:

Logre la bala asnicida
no por perdida ganada
ni por ganada perdida
debilitar la quijada
para atenuar la mordida.

Abelardo L. Rodríguez tomó la presidencia interinamente hasta las siguientes elecciones, que fueron ganadas por Lázaro Cárdenas,  para librarse de la influencia de Calles, lo exilió del país para 1936 para librase de su influencia en la política mexicana, uno de los objetivos de su gobierno fue poder ejecutar planos a largo plazo para asegurarse de lo mismo tomó las bases del Partino Nacional Revolucionario y lo encaminó para el Partido de la Revolicón Mexicana, integrando a los mayores sectores de la sociedad como los campesinos, los obreros e incluso los militares. Creando un partido prácticamente invencible, que poco tiempo después cambiaría su nombre a Partido Revolucionario Institucional.

Las elecciones de 1976 la oposición se retiró de la contienda asíq ue solamente hubo un candidato: José López Portillo, que apoyado por el PRI, PPS Y PARM obtuvo el 91.9% de la votación.

En 1988 me faltaba un año para alcanzar la edad necesaria para votar, los candidatos eran Manuel Clouthier, Cuauhtémoc Cárdenas, Rosario Ibarra de Piedra y Carlos Salinas de Gortari -miembro de aquellos seis distinguidos priístas-. Las tendencias eran del 42% para Cárdenas y 36% para Salinas cuando una caída del sistema, esa madrugada hubo una declaración del PRI acreditándose el triunfo, aún incluso antes del regreso del sistema. Los tres partidos de oposición acudieron juntos a protestar a la Secretaría de Gobernación la mañana siguiente. Como nota al margen Manuel Couthier murió al año siguiente el primero de octubre, prensado por dos trailers en una carretera en Culiacán, iba con el diputado Javier Calvo Manrique a una reunión, decían que llevaban las pruebas del fraude electoral. Nota al margen: en 1992 cuando se anunción en la segunda Bienal de Video que había un cortometraje llamado “pero Cárdenas ganó” casi todas las sedes se retiraron de la bienal, que tuvo que proyectarse únicamente en TV UNAM.

Tras las elecciones del 2006 el Dr. Ricardo Mansilla -investigador de la UNAM- hizo un anális de los resultados reportados oficialmente, utilizando la Ley de Benford y encontrando numerosas anomalías en los datos publicados, hubo otros estudio similar en la Universidad de Conrnell.  El 3 de agosto hubo una runión de diversos investigadores y y científicos en el instituto de Geofísica para hacer un análisis de diversos estudios -entre ellos los anteriormente citados- concluyendo que las anomalías numéricas indicaban la necesidad de un conteo exhaustivo.

Aquí le dejo a la historia, pero el tema no ha terminado, continuaré en la próxima entrega.

Vacaciones

¡Oh memoria, enemiga mortal de mi descanso!

Miguel de Cervantes Saavedra

Mi familia materna se dedicaba al negocio de la costura, las prendas que eran vendidas en mercados como Tepito, Tacuba, Mixcalco y diciembre era el mes más ocupado de todos, no había días de descanso sino hasta después de reyes; el 31 después del trabajo iban a comprar la cena al mercado de Garibaldi, pozole o birria era la elección para la cena, que normalmente tardaba un poco más porque ¿cómo resistirse a unas copas en Garibaldi?

No solíamos vacacionar en diciembre, pero invariablemente íbamos a San Juan de los Lagos a finales de enero, es un viaje tradicional de mi familia materna, comienza en Salamanca -tierra natal de mis abuelos- pasa por León – justo en la fiesta- y termina en San Juan, yo lo caminé un par de veces, aunque usted no lo crea. Durante la primaria faltaba esos días olímpicamente, al menos dos semanas de vacaciones, la vez que tomé un poco más me echaron de cabeza, esa es la desventaja de tener a mi prima en el mismo salón. Después fue diferente, en la secundaria tuve un récord casi perfecto, empañado solamente por un retardo. Durante la prepa ayudaba en el puesto de ropa de mi familia en pericoapa, no hubo vacaciones, solamente desvelos durante las posadas. En la Universidad fue distinto, esas sí eran épocas de descanso, solamente que el dinero era tan poco que no alcanzaba para ningún viaje así fuera al pueblo más cercano. La única excepción fueron unos días en Taxco que sirvieron como ocaso a mi relación más duradera.

Ya en el trabajo corporativo opté por no salir de vacaciones esos días, prefería quedarme en la oficina, en las mañanas el tráfico era menos,  salía de vacaciones con mi esposa la semana justo después del 12 de diciembre, siempre con muchos peregrinos en el camino. Y ahora que me mudé a São Paulo he trabajado en proyectos, entonces es más fácil tomar vacaciones el fin de año. En esta ocasión fue la que más días de vacaciones he tomado -la huelga de la UNAM no cuenta.

Ocurrieron muchas cosas durante las vacaciones, tantas que no necesitaba terminar esta entrada antes de continuar con otra cosa.

Primero quisiera agradecer la hospitalidad recibida, es la segunda vez que recibo su hospitalidad, su casa ha sido escenario de muchos momentos felices y también de momentos difíciles, así es como se van forjando las amistades. Me siento como en casa, no solamente me siento cobijado por la ciudad, también por los amigos, esta vez podía sentir algo extra en el ambiente.

La navidad la pasé con mi primer sobrino, ha sido toda una experiencia tener un nuevo integrante de la familia tan cercano, su llegada fue en contra de todo pronóstico y le dio una nueva perspectiva a mi hermana, la veo feliz y me da mucho gusto, ahora le toca crecer de otra manera.

El fin de año fui a Playa del Carmen, a visitar un amigo gitano -Lalit- y a una amiga coincidente -July- durante esa estancia ocurrieron un par de cosas extraordinarias: logré apagar mi centinela y pude finalmente deambular sin estar al pendiente de todo, relajarme y fluir aleatoriamente, fue algo muy liberador; por otro lado conseguí descargar completamente mi pila, al menos eso es lo que recomiendan en los demás aparatos, para evitar el efecto fantasma. Y por si fuera poco me divertí un chingo.

Regresé para ser padrino de bautizo de una ceremonia armada al vapor, fue una fiesta emotiva en la que no me alcanzó el tiempo para hablar con todos, hubiera querido dejarles más a mi familia y amigos, es la segunda vez que soy padrino y esta vez no tuve que hacer examen de admisión.

Resumiendo: durante estas vacaciones tomé 3 bebidas verdes  y alcohólicas, tomadas en tiempos y formas distintas, los sabores fueron muy variados y en todas las ocasiones me remitieron a la vez anterior que las consumí, las cosas han cambiado tanto desde entonces.  Dupliqué mi número de ahijados, sin menoscabo del cariño, muy al contrario creció. La peor parte es que todo parece indicar que perdí una amiga muy querida y lo peor es que desconozco la razón.

Y finalmente, aunque no en importancia, descubrí lo mucho que estraño mi amada tierra, la fuerza con la que me llama y lo difícil que es mantenerte lejos de tus afectos, es evidente que estoy a una distancia que solamente me permite contemplar lo que pasa, que he estado viviendo dividido, con mi corazón en un lugar y lo demás en otro lado. Pero eso no me va a detener, no me voy a regresar -y ya tengo oferta- por un síndrome del Jamaicón, esta difícultad es parte de crecer, de evolucionar; sin embargo hay una extraña sensación que no me abandona de esas veces que sabes que no volverás a ver a alguien.

Acá las tortas

Todos tienen tortita menos yo

Botellita de Jerez

Cuando encontré aguacate hass en São Paulo, lo primero que vino a mi mente fue, antes que el guacamole, las tortas. Porque aquí existen baguettes pero vienen sin ninguna clase de aderezo, con suerte lo acompañan de un paquetito de mayonesa, yo sé que eso sería genial para un amigo melindroso que tengo pero las tortas se piden con todo, quizá la única elección plausible es rajas o chipotle. Abrir una torta para modificarla es tan ilegal como abrir un motor luego de cerrar una carrera.

¿Qué ingredientes lleva una torta? Hay numerosas variantes pero la preparación básica es la siguiente: 1 telera rebanada por la mitad, a una mitad superior se le unta mayonesa o crema y a la inferior frijoles o mostaza o aguacate, mientras se ponen sobre la plancha y se les agrega el ingrediente principal que puede ser jamón, milanesa, pierna, huevo. Se le añade jitomate, cebolla, lechuga y finalmente rajas o chipotle. Su precio es un bono adicional, resulta una opción barata de comida rápida.

El primer lugar donde comí una torta fue en una panadería con rosticería, generalmente es una apuesta segura: tienen los ingredientes de primera mano y el pan recién horneado perfecto para una torta de pollo. Esta opción se convirtió tiempo después en la comida para celebrar -sí no había mucho dinero- con Chil, Ceci y agregados diversos, así hubo varias celebraciones en una tortería de la calle Teniente Fausto Vega, en ese entonces era 117A, a media cuadra del mercado.

Con mi tío Mundo fui varias veces a las tepacherías, las que tenían muebles de madera pintados con de verde agua o alguno parecido, una vitrina y un menú limitado pero efectivo: caldo de pollo, tacos o quesadillas doradas y tortas, acompañadas de tepache, siempre frecuentado por obreros que doblaban turnos. Cuando iba con mi tío o mi papá ellos siempre pedían una de huevo con queso blanco, pero cuando alguien más iba a ir por las tortas invariablemente pedían de milanesa.

Con los ’80s empezaron a hacer tamaños mucho mayores en los puestos callejeros aparecieron las súper tortas, al menos eso decía la publicidad de pintada en letras rojas sobrel el blanco percudido de los puestos. Las “S-tortas” como las llamaba mi amigo Felipe, con el que recorrí diferentes lugares durante mi alcoholescencia, empezando por las tortas Jorge, hipocampo e innumerables puestos sin nombre.

La primera combinación que conocí fue la torta cubana (con todo), y quizá la otra indiscutible sea la suiza (3 quesos), pero también hay locales como pachuqueña (milanesa, pierna y quesillo) , o hawaiana, posteriormente se integraron unos nombres de doble sentido como una Trevi (pechuga y pierna) o una lambada (pierna, huevo y chorizo). Cerca del monumento a Cuauhtémoc, en una cantina que tiene una accesoria con torteria venden una torta DF. Y no voy a revelar el contenido.

En Zitácuaro encontré varios lugares que venden tortas con 2 calidades de jamón, así que puedes pedir una torta de jamón tipo 1 o 2, al preguntar confirmé: la diferencia es calidad y precio. Y no me iba a quedar con la duda, aunque jamás pida de jamón.

Y en semana santa no pueden faltar las tortas de bacalao, que son la debilidad de mi madre y mi hermana. Yo llevo en la sangre los gustos paternos, me gusta la torta de huevo con queso blanco, solamente que yo no la oculto, prefiero mil veces aguantarme las bromas de mis amigos que pedir una de milanesa para ocultar las apariencias.

Alrededor del cambio de milenio visitábamos una tortería que estaba en la calle de Tepetlapa, el nombre no importa porque siempre decíamos vamos con el “Ce”, así le decíamos al tortero porque esa era su respuesta a todo, abría tarde, las preparaba bien, eso compensaba que tuviéramos que compartir las mesas con policías, que eran clientes regulares.

Cuando trabajaba en la Torre Esmeralda, en la plaza de al lado pusieron un par de veces un negocio de tortas, uno de ellos fueron las de Jorge Campos. en ambas ocasiones fueron un fracaso.

La clave del éxito está en los ingredientes y en el tortero, una excepción a esto son las tortas que están en Acoxpa y Miramontes, son nefastas pero siempre están abiertas,  la calidad las franquicias es dispareja, no hay una clasificación general. Pero las mejores tortas que he probado y que mejor distribución tenían, se desbordaba el contenido, fueron en la prepa, un ex-alumno tenía una tortería e iba a tomar pedidos en los descanso y los traía al siguiente. Solamente lo dejaron estuvo un año, al siguiente prohibieron el comercio ambulante dentro de la escuela.

Es mucho mejor comerse la torta antes del recreo para que el niño traiga la torta bajo el brazo.

STortas

NB: este espacio no fue patrocinado ni por las Tortugas (prueben las rajas) allá por Mazarik y Arquímedes , ni los Pavitos en Miramontes, ni el Cuadrilátero en Luis Moya(¿a que no te avientas una gladiador), o las AS en Plutarco Elías Calles, las recomiendo de gratis.