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the real me

Yo nací un día que Dios estuvo enfermo.

César Vallejo

Por primera vez en mucho tiempo mi ciudad no está contenta conmigo, me pregunto el parentezco que tiene la ciudad con la madre tierra. ¿Será que alguna de las dos me conoce en verdad? ¿Es posible que luego de verme de cerca tanto tiempo, de mirar mis acciones y escuchar mis palabras conozcan a la persona que soy realmente?

Yo creo que aún me faltan cosas por aprender de mí, e incluso algunas de las cosas que pueden ser percibidas por mí no son mi yo verdadero sino una reacción al mundo externo. Tal vez apenas comience a ser yo mismo apenas, luego de estar confinado en muchos aspectos por mis miedos, por las ideas que me gritaban al oído mis demonios.

Por eso me sentía solo, con la idea de que la felicidad quedaba demasiado lejos, mis ideas se apresuraban hacia la fatalidad a una velocidad pasmosa. Algunas veces la tristeza se  apoderaba de tal forma que la hacía apenas tolerable, pero lo peor de todo es que no daba la sensación de que la solución era externa que no podía hacer nada para remediarlo.

Luego de un reclamo de un amigo de tanto tiempo me hizo darme cuenta de que cada quien está en su onda, que no es que no le importe a nadie, cada quien tiene sus propios demonios para luchar, que nadie va a tenderme la mano si no la pido y que el principal responsable de mi bienestar soy yo.

Algunos tránsitos son más difíciles que otros, también algunos tienen que completarse sin ayuda.

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Mi cielo

Creo que sí mirásemos siempre al cielo acabaríamos por tener alas.

Gustave Flaubert

Cuando era niño me gustaba mirar el cielo, encontraba muy interesante cómo las nubes bailaban formando figuras caprichosas a las que me empeñaba entender, ya desde entonces andaba interpretando los signos que el universo me mostraba, como si sospechara que algo importante estuviera escondido.

Solía sentarme en el coche de mi papá, un Ford 200 que durante mucho tiempo fue de color verde botella, me sentaba en el cofre y me recargaba en el parabrisas. Y ahí me quedaba mirando el cielo, olvidándome del mundo, de las preocupaciones que me ocuparon demasiado tiempo en la vida. Al mirar su vastedad me llegaba una sensación de que algo más grande existía.

Un día sentí un miedo extraño, me imaginaba que todo cambiaría de dirección y el cielo se convertiría en un vacío enorme en el que todos caeríamos, solamente nos quedaba aferrarlos a algo que nos salvara de caer, claro que eso no ayudaba demasiado porque nos condenaba a vivir aferrados y con miedo. Algo sorprendentemente parecido a la codependencia y ansiedad. Cada vez soportaba menos tiempo quedarme viendo a las alturas.

Y dejé de mirar el cielo, las preocupaciones me rodearon y comencé a vivir al pendiente de muchas otras cosas, como si la vida girara en torno a la tierra, ensimismado y prisionero de alguna forma, atado a la idea de aferrarse a algo para evitar caer. ¿Y si soltarse y caer en realidad fuera volar?

Ahora que vivo en una ciudad con edificios más altos que me han invitado a mirar al cielo de nuevo creo que la claridad regresa poco a poco, y me descubro mirando al cielo con mayor frecuencia y tranquilidad. Espero que eso sea el indicio de un cambio.

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el que revira gana

La vida es un juego del que nadie puede en un momento retirarse llevándose sus ganancias.

André Maurois.

En algunos juegos de apuesta, en especial en el póquer, existen algunos criterios de desempate cuando las manos son idénticas —ojo, no estoy hablando de que las cinco cartas con del mismo valor— lo más conocidos son el palo de la carta mayor —sin albur— el orden descendente es espadas, corazones, diamantes y tréboles; y el otro criterio fue el último que apostó (o que hizo un revire). Claro que como ahora todo es Texas Holden ya todos están acostumbrados a repartir el pozo. Como dato alternativo en la legislación electoral de Texas se considera aceptable el desempate en la elección “echando suertes”.

El miedo es una reacción fisiológica ante un peligro, es un mecanismo de defensa que preparaba al ser humano para huir o pelear, por eso parece que se palidece el rostro —así hay menos sangre en caso de una herida— se detienen procesos menos importantes como la digestión, el corazón comienza a trabajar más rápido y la adrenalina corre preparando los músculos, las pupilas se dilatan permitiendo una mayor recopilación de información. Todo esto sucede automáticamente, sea ante un peligro físico o psicológico, real o imaginario. Aunque es muy útil evolutivamente, puede resultar contraproducente ante lo psicológico o lo imaginario.

Algunas veces ese miedo nos paraliza, nos impide reaccionar o nos hace imaginar escenarios catastróficos que nos detienen nuestras acciones. Como si en verdad supiéramos lo que va a suceder, o peor aún como si las cosas fueran a cambiar sin nuestra intervención.

A pesar de los innumerables recovecos que he recorrido durante mi vida, ahora que hago una evaluación general creo que me he mantenido a cierta distancia de algunas situaciones a manera de defensa, evitando dolorosas confrontaciones, o más que dolorosas desalentadoras, porque es me es mucho más fácil enfrentar el dolor que la desesperanza. Es difícil enfrentar los miedos, no quiero engañarme al respecto y se que he intentado animar a muchos a enfrentarlos y ya es tiempo que haga lo propio.

Quizá lo primero que necesito cambiar es mi reticencia a pedir ayuda, tengo esta costumbre de intentar resolver todo, este complejo de habitante del olimpo me tiene cansado, algunas veces me siento en verdad agotado parte de estas actitudes son para evitar mirar de frente lo que tengo que resolver.  Voy a dejar de dar rodeos de estar poniendo una distancia artificial con los fantasmas que aún me habitan.

Mejor comenzar inmediatamente porque esto sí me va a costar harto trabajo #HeDicho

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