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A propósito de los propósitos

En el círculo se confunden el principio y el fin.
Heráclito.

Este fue un año lleno de muchos cambios, enseñanzas y experiencias nuevas. Lo comencé mandando un mensaje de texto, con una idea diferente de mi futuro. Fue un año lleno de pérdidas, despedidas, anuncios, rupturas, mudanzas, comienzos. Como todos los años. Creo que esta vez me permití aprender más.

No hay que esperar al final del año para cambiar, cada instante es nuevo, las circunstancias van variando el entorno no es el mismo, nosotros tampoco.

Es nuestra actitud ante estos cambios lo que nos va definiendo, nuestro ser se plasma en las decisiones que tomamos, porque no somos una veleta a merced del viento, no son las circunstancias las que definen nuestro estado, son nuestras acciones.

Este año tengo mucho que agradecer, todas las experiencias, el cariño recibido, los éxitos, las alegrías, el regreso con mi familia y mi país. También algunas lágrimas por las personas que partieron, por la ruptura dolorosa y desgarradora. Además de la oportunidad de reflexión que me proporcionó una súbita enfermedad que me llevó al hospital, y me dejó mucho tiempo postrado en cama.

Ahora viene un tiempo de reconstruir, de crecer, aprender y crear.

Los mejores deseos para todos.

Duelos que duelen (última parte)

Y es la frase que dejas caer, interrumpida. Y la pregunta mía que no oyes, que no comprendes o que no respondes.
Xavier Villaurrutia.

Escribo esto todavía postrado en la cama, después de estar diez días en el hospital y haber visitado un par de veces el quirófano, aún imposibilitado de caminar sin bastón, y aún con esa ayuda apenas alcanzo a trasladarme unos metros. Estas circunstancias únicamente retrasaron un poco esta entrega pero me dieron la oportunidad de reflexionar un poco más al respecto.

Algunas veces tenemos que pasar el duelo por personas que aún viven pero que salieron de nuestra vida. A veces ellas mismas tomaron esa decisión lo que le da un carácter voluntario a esa ausencia, que se siente como abandono.

Uno se pregunta ¿Qué hay de malo conmigo? ¿Por qué prefiere estar en otro lado? ¿Acaso su vida es mejor sin mí? Y una serie interminable de preguntas sin respuesta. Y como fantasma rondando queda la duda si algo pude haber hecho de diferente manera. Y un aire de insuficiencia se asoma. Si después de brindarme por completo el resultado es que se van algo debo tener muy defectuoso.

Pero la búsqueda de otros horizontes no tiene que ver conmigo. Los caminos se separan, los senderos se bifurcan, la entropía es implacable.

Suelen irse sin darse cuenta por completo de la situación. En diversas ocasiones confiesan que extrañan algo, generalmente algo que daban por sentado, pensando que esos detalles estarán presentes en otro lado. No suele ser así.

Ahora que mi estado me puso en una situación en la que no podía solo, que necesitas ayuda, eso me permitió experimentar el amor y apoyo de los demás, me hizo aceptar con humildad mi fragilidad y me abrió los ojos a las formas de demostrar cariño. Sí también compraré los tratos de todas las que se fueron.

Los duelos rondan alrededor de la muerte, pero el seguir librándolos es un indicio que seguimos vivos y que cada paso por ellos es una transformación.

Duelos que duelen (segunda parte)

Si existe la otra vida, las almas de los muertos vivirán allí eternamente, y tal como estaban en el instante de morir, es decir, con todos sus recuerdos.

-Kenzaburo Oé

Mi tía Luisa —Luisita— tomó el papel de madre de mi madre, podríamos decir oficialmente, durante sus primeros seis años pero su amor la acompañó desde entonces, yo heredé su cariño y un regalo que es poco valorado por la gente pero que yo no tardé mucho en darme cuenta de su valor y poder: sus bendiciones.

Yo le contaba lo que iba a hacer, sin problema, sin censura, sin mentiras; lo mismo si iba a tirarme en avalancha por la calle de avena para evadir los carros en Ermita, si salía a jugar tacón, si me iba al cine, a beber a perderme, a pelear o a volarme la escuela, Siempre me encaminaba a las ánimas del purgatorio y jamás me recriminó ninguna acción, recibía la señal de la cruz en la frente y eso bastó para que las balas no me alcanzaran —literalmente—, para recibir susurros que me libraran de chocar o encontrar el camino de regreso de los pasajes más oscuros —física y metafísicamente— a la fecha me resulta sorprendente, debido a su pequeña figura, que hubiera conseguido cargarme, la casa se llenaba de paz cada que ella estaba. Mi corazón más de una vez necesitó su bendición.

Mi abuelo Pedro me hizo los mejores zapatos que tuve —unos zapatos de ante azul— que no sólamente eran muy cómodos sino chidísimos, que arruiné jugando fútbol en la unidad del hueso. Pasé mucho tiempo platicando con él en su taller, mientras él trabajaba armando los zapatos, golpeando la piel con su cuadrito de madera. Tuvo muchas formas de mostrarme que me amaba, yo intenté que él se sintiera correspondido, con algunos regalos e invitaciones a comer. Nos quedábamos a platicar afuera durante los rosarios, y sé que tengo varias cosas de él, al igual que mi papá, como descuidarse pero no descuidar a su familia. Sabía que podía confiar en él, siempre admiré su honestidad. Su último pendiente en la vida fue hacerme unos zapatos me los dió una navidad y murió a los pocos días. Parece que espero a no tener pendientes, para no quedarle mal a nadie. Cuando murió me aseguré que fuera cremado, tenía un pánico a ser enterrado vivo —supongo que originado por los episodios de Hitchcock y Joaquín Pardavé—. Quisiera tener la oportunidad de entrar a platicar en su taller.

A pesar de que mi padre cometió muchos errores siempre tuvo la valentía de aceptarlos y pedir disculpas. Nuestras pláticas durante la serie mundial era su forma de pedir disculpas por su intervención en mis participaciones deportivas. Sus opiniones siempre eran sensatas, aunque teníamos diferentes ideas siempre las debatíamos abiertamente. Consulté poco su experiencia laboral, la necesité varias veces —la sigo necesitando— me hacne falta sus rebates, sus frases con ideas tajantes. Me hubiera gustado verlo más feliz. Creo que pensaba que yo era débil, no quiso que lo viera morir.

Parece que no los he llorado lo suficiente.

 

 

 

mi tío Lobo

Nunca es largo el camino que conduce a la casa de un amigo

— Juvenal

Mi tío Carlos es hermano de mi mamá y, por lo que he alcanzado a ver, el consentido de mi abuela y era el mejor amigo de mi padre, fueron amigos, compañeros de equipo e incluso compadres antes de que se casara con mi mamá;  él se describe como el mejor vendedor del mundo, posee una gran suerte —el número de veces que ha tenido las 7 fichas del mismo número en el dominó son demasiadas para atribuirlas a la casualidad— a lo largo del tiempo compartió varias aventuras con mi papá, algunas que escuché entre conversaciones que tenían al calor de las copas.

Se veían regularmente en las fiestas en casa de Chuchita, donde yo me quedaba al lado de una bocina escuchando las canciones de la Sonora Santanera mientras ellos brindaban y bailaban, solía visitarnos regularmente, yo me encargaba de las provisiones y de servir, conseguir hielos o traer más refrescos, cuando tenía dinero compraba una solera para ofrecérsela a mi tío—bacardí es su bebida de batalla— y cuando lo hacía mi padre exclamaba ¡no sé por qué te quiere tanto! también solía llevarlo de regreso. La verdad es que pocas veces podía ver a mi padre explayarse como con mi tío, siempre lo veía animado.

Existen algunas anécdotas que describen algo de su carácter, alguna vez se quedó frente a otro auto en la calle de Silos, el otro conductor se negaba a moverse —como aquella leyenda virreinal donde dos carrozas se encuentran en una calle angosta— entonces el otro conductor lo retó a ver quién se quitaba primero, mi tío dice que cuando despertó ya no había coche estorbando. Para la fiesta de XV años de mi prima Alejandra, fue a comprar el melate y luego buscó a los representantes de la Santanera para conseguirlos para la fiesta, en esa búsqueda me parece que tenía apartado a Óscar de León. Algunas veces lo vi riendo mucho cuando pasaban a la pantera rosa en la televisión, sus ocurrencias le divertían muchísimo.

En la boda de mi hermana mi tío se me acerco para platicarme algo: cuando mi papá estaba en el hospital agonizando lo mandó llamar porque quería hablar con él a solas, le pidió a mi mamá que saliera para poder despedirse de mi tío en forma privada, el contenido de esa conversación es íntimo y personal pero mi tío dejó asomar algunas cosas —que agradezco con el alma— y que no mencionaré porque las guardo para mí, pero esas palabras son como la luz que emitían en sus pláticas nocturnas al calor de las copas, en sus reacciones ante la música en sus risas, creo que siempre lo vi muy contento con mi tío.

Quizá esta sea solamente una forma muy humilde de agradecimiento.

Gracias tío.

Carlos

mi padre, y lo que queda

El sueño del héroe, es ser grande en todas partes y pequeño al lado de su padre.

Víctor Hugo

Mi papá nació en el 47 en la calle de Jesús Carranza.

Siempre que comía un bolillo untado con cajeta, generalmente de San Juan de los Lagos, contaba que en su primaria, donde solamente la mitad llevaba zapatos, un día que estaba a punto de comer una torta de cajeta pasó un niño apodado “el mocos” y se le quitó el manjar a punto de ser comido. No importó que después lo buscó para ajustar cuentas pero ese antojo se quedó ahí permanentemente y cada que volvía a probarlo venían los mismo recuerdos, y jamás sintió que desapareciera esa En la primaria era “de los que estudiaban” y hubiera quedado a merced de muchos si no fuera porque su futuro cuñado lo defendía, era más grande pero seguía en la primaria.

Él fue a la preparatoria 1, cuando todavía estaba en San Ildefonso, y todavía era de 2 años, pero al contrario que en la primaria él era de los pobres, solamente tenía 2 pantalones que comenzaron a verse brillosos después de numerosa planchadas, él se sentía incómodo con el esfuerzo que hacía mi abuelo para que él pudiera estudiar así que habló con él y dejó la escuela para estudiar contabilidad y comenzar a trabajar inmediatamente.

El peor jefe que tuvo fue un francés que le hacía la vida imposible, y que no hubiera tolerado mucho tiempo de no ser porque chocó el coche de mi abuelo, así que se quedó trabajando ahí hasta pagar la reparación del coche deshecho porque mi temeridad al volante fue heredada, él hizo un salto sobre el eje central al atravesar viaducto muchos años antes que yo, y casi atropelló a una cuadrilla de trabajadores, también recorrió la carretera México-Cuernavaca compitiendo contra su tocayo, ambos en sendos Chevrolet 51, dejando atrás a todos los coches incluido un MG.

Mi genealogía es extraña, el hermano del padre de mi madre estaba casado con la hermana de la abuela materna de mi papá, mi padrino de bautizo es familiar de ambos. Su boda fue en la casa de ella y estuvo abarrotada, mi papá no invitó a algunos compañeros del fútbol, pero fueron casi los únicos ausentes.

Jamás he puesto en duda el amor que sintió desde el principio por mí, quizá por ser el primogénito, me grabó un cassette con cuentos para que pudiera escucharlo, pasó poco tiempo para que pudiera leer pero me acuerdo perfectamente de cada tono e inflexión. Fue una época muy ocupada en su trabajo, pasaba mucho tiempo fuera y mi hermana, recién nacida, empezó a sentirse incómoda y negarse a ser cargada por él; así que optó por dejar pasar una gran oportunidad y se cambió a un empleo que le permitía estar más tiempo con nosotros.

Pero el siguiente periodo fuel más difícil, su alcoholismo se incrementó, odiaba no poder hablar con él, que todas mis palabras se olvidaran y tener que llamar constantemente a Locatel para ver si le había pasado algo, mi madre no ayudaba mucho, incluso una vez me mandó con él “a cuidarlo” a una excursión con sus compañeros de trabajo a Acapulco para jugar un partido de fútbol, yo tenía 10 años así que lo más probable es que me haya mandado para hacer un reporte de sus actividades, pero lo único que conseguí fue acompañarlo al partido y luego a la playa donde yo nadaba mientras ellos bebían cerveza, de pronto mi papá me llamó para darme dinero para que comiera algo porque ellos e iban a comer, un descuido hizo que el billete terminara en algún lugar de la playa de Caleta así que me quedé sin comer, y eso se combinó con que ellos decidieron ir, después de comer a seguir la fiesta en otro lado, no hubiera sido tan malo si no se hubieran llevado la llave del hotel, los tuve que esperar hasta que llegaran alrededor de las 8 de la mañana, solamente en traje de baño afuera del hotel. Todavía tuve que lidiar con él para convencerlo de que no se metiera al mar en ese estado, y más tarde, mientras él dormía, empacar, y luego cantar durante el camino de regreso, esa fue la última vez que canté en un camión.

Era evidente que no se sentía bien, que entre el trabajo y mi madre hacían que su fastidio creciera, lo podía ver en sus constantes escapes, regresando en taxi desde Cuernavaca o llegando con sus amigos a seguir la fiesta en la casa, invariablemente tenía que bajar a conversar y/o poner música mientras mi mamá preparaba café.

Esto se acrecentó con el tiempo, y cuando tenía pasados 15 años me di cuenta que tenía un romance con alguien de la oficina, y que se sentía culpable, me prestaba su carro sin muchos ruegos y accedía a darnos dinero con mucha frecuencia. Hasta que mi mamá lo descubrió.

Me tocó presenciar las reuniones con el abogado para el divorcio, fueron noches largas de discusiones estériles; pero cuando todo estaba casi listo las cosas cambiaron, fueron con un sacerdote que lo único que les pidió fuer rezar un padre nuestro con las manos entrelazadas, y pues algún efecto tuvo porque decidieron intentarlo bajo la condición de que él dejara de trabajar ahí, así que volvieron al negocio de la ropa ahora con un puesto. Y el hizo un juramente de no beber por algunos años a la virgen de Guadalupe

En ese tuve muchas conversaciones con él, lo ayudé en la mecánica, lo acompañé al centro por tela y finalmente pudimos conversar, había algunas cosas con las que no estaba de acuerdo y me dijo algunas cosas que me molestaron como aquella vez que me sugirió que me buscara alguien más inteligente cuando una acompañante pasó al baño, preferí no llevar a nadie hasta que no fuera algo serio. Pero al menos se acordaba de lo que le decía.

Por teléfono teníamos la voz muy parecida, alguna vez recibí una llamada que me saludó familiarmente, supuse que era alguien y platicamos un poco, cuando me dijo que se acababa de divorciar y que quería verme me di cuenta de que estaba buscándolo a mi papá, le dije que se había equivocado y le expliqué lo de las voces parecidas, colgó inmediatamente. También el recibió algunas llamadas, incluso recibió una llamada donde lo insultaron pensando que era yo y que no quería contestar.

Tuve un episodio una vez que regresaba de una fiesta donde fungí como disque-jockey pasé a dejar los aparatos, las bocinas y los discos, para después llevar a un par de damas a su casa. Lo encontré todavía despierto, yo llevaba un evidente aliento alcohólico; pero muy lejos de gritar o alzar la voz o cualquier otro comportamiento parecido habló conmigo pacientemente, dando sus argumentos de por qué no debería manejar en ese estado y se ofreció a manejar para que pudiera cumplir con mi promesa de llevarlas salvas, incluso ofreciendo no hacerme quedar mal, en verdad que después de eso siempre hubo mucho respeto de mi parte.

Hay muchas cosas que recuerdo con él, una vez me confesó que siempre tuvo ganas de ser un hippie, le gustaba mucho la música de Creedence, las grandes Bandas y por supuesto: La Internacional Sonora Santanera en especial el disco con Sonia López. Siempre le gustaba arreglar cosas, y tenía muchos componentes eléctricos arrumbados, seguramente hubiera sido un gran inventor, me tocó ver un diseño de un potenciómetro a control remoto (algo para cambiar el volumen o las estaciones de los radios), una cámara con lentes de los colores básico, cambió un Dodge que fue usado en los pinos de automático a estándar y le cambió el cilindraje. También me acuerdo cuando lo acompañaba a comprar todo a la calle de el Salvador y comíamos tacos en el Huequito de Bolívar. También acompañarlo al mercado donde comíamos tacos de moronga, longaniza con papas. O ver juntos los juegos de béisbol.

Después de la muerte de mi abuelo me dijo que le hubiera gustado trabajar un poco con él para hacer algo juntos pero que jamás pensó que se fuera a ir tan rápido. Como él se fue, los últimos meses de su vida estuvo luchando con un hígado deteriorado, visitas intermitentes al hospital, investigación de medicamentos, protocolos, intentar lo que sea. Fue un trance muy difícil para él, no solamente por el dolor de la enfermedad sobre todo por la debilidad porque ahora los demás estaban al pendiente de él  Nos alternábamos para cuidarlo y en algún momento me dijo que sentía que se iba para abajo, el fin estaba cerca, pero al parecer su último deseo fue que yo no lo viera morir, me mandaba a León a hacer un encargo absurdo y se enojó porque me quedé a cuidarlo, pero finalmente obedecí y me ausenté para que se pudiera morir sin que yo lo viera y regresé al día siguiente poco después de que murió, para lidiar con todo lo que seguía.

Ahora, después de algunos años, me doy cuenta de que las personas tienen tantos matices, y que las impresiones que van dejando son variadas, porque hay muchas cosas más, algunas cotidianas y otras muy particulares, pero que todas corresponden a la persona.

Existe un sentimiento remanente de su vida, esta insatisfacción, estos sueños abandonados, algunas veces por la familia otras por ideas preconcebidas, pero siempre hay algo triste cuando se dejan morir los sueños, no solamente se mueren ellos uno se va muriendo también.

Por eso ahora voy a cambia abandonar las batallas que no quiero lidiar, dejar los puestos que acepté a la ligera, las responsabilidades que no me corresponden y comenzar a labrar el camino que quiero recorrer.

Padre

La muerte siempre toma la forma de la alcoba que nos contiene

Desde mis ojos insomnes
mi muerte me está acechando,
me acecha, sí, me enamora
con su ojo lánguido.

Muerte sin fin – José Gorostiza

Nací bajo el signo CIMI del horóscopo maya que se traduce como enlazador de mundos tiene asociada la muerte, la comunicación entre los mundos, del acceso a otras dimensiones, del perdón, de la transformación y de la oportunidad. Es el fin de un proceso pero el comienzo de otro, es el camino que se recorred para aprender a soltar las cosas, a entregarse. Porque en cada muerte hay un renacer.

Una amiga que festejó su cumpleaños recientemente —al que siempre asistía, jugaba caras y gestos y cantaba Jesucristo superestrella— siempre me ha dicho que mi pulsión de muerte es muy fuerte —claro que ella escribe propiamente y no usa estas rimas internas— y en ambas cosas tiene razón, hay un impuso dentro de mí que me empuja a la destrucción, muchas veces de mí mismo.

#YoConfieso que disfruto de la destrucción, de niño me gustaba ver cómo el fuego consumía al plástico dejando desfigurados los soldados de juguete, los estragos que causaba sobre una lata la explosión  de una paloma, el crujir de las hormigas chamuscadas por un encendedor, el incendio de un árbol navideño, destrozar un coche usando un hacha, las astillas que saltaban al quebrar con mis manos 30 troncos de aquellos árboles recién plantados sobre calzada de las Bombas o lanzar Madame Bovary —el libro— al vacío luego de terminarlo.

Pero también disfruto el rigor en mí, sangrar profusamente, cortar mi cabello, apostar mis posesiones más preciadas, envenenarme, fumar varios cigarros al mismo tiempo, consumir todo el alcohol posible, o buscar la muerte:

Sí, durante un tiempo actúe desafiante, quizá de niño era más irresponsable como en aquella ocasión que jugábamos béisbol en la calle y la primera y segunda base estaban en una acera y tercera y home del otro lado —eran postes, árboles y alcantarillas— había un ley no escrita de detener el juego cuando cruzaba un automóvil; en una ocasión mientras pasaba un camión de mudanzas y el corredor de tercera intentó anotar una carrera, como yo estaba del otro lado y tenía la bola tuve que cruzar intempestivamente para evitarlo, pero me quedé paralizado al escuchar las ruedas chirriando, se detuvo a unos 5 centímetros de mí. Cuando jugábamos fútbol americano la zona de anotación algunas veces ya estaba en la calle que atravesaba —no veíamos lo autos que venían— o jugando avalancha en la calle de Avena al lado del ahora UNITEC campus sur —entonces la Johnson y Johnson para dar vuelta sobre Ermita evitando los coches que pasaban; también durante un tiempo me divertía toreando taxis. Tiempo después fue manejando, desafiando a la suerte, transitando por lugares peligrosos, situado en medio de balazos, en riñas que no me correspondían. Juró que no morí.

Pero en realidad es que sí le temo a la muerte, pero a las muertes cotidianas a las que no me atrevo a entregarme, a dejar ir esas ataduras, a soltar algunas amarras, a liberarme del deseo de controlar las cosas —porque no controlamos ni madres—, a derrumbar las estructuras cotidianas del ego, a abandonar las creencias que me limitan, a perdonar, a no aferrarme a esquemas que ya no funcionan, liberarme de ese apego.

Yo sé que después de cada muerte se libera una energía, se descansa y te liberas, te vuelves más libre al transitar por esos caminos de transformación, así como me ha tocado experimentar la muerte de personas cercanas, mi divorcio, el cambio de país, los múltiples cambios de ocupación y la separación de amigos.

Cada que un pensamiento con las palabras “tengo que o debería de” me doy cuenta de que es algo que tengo que soltar, mi único compromiso es conmigo mismo, cualquier exigencia externa es una cadena por romper —me va la vida en ello— y hay tantas cosa que quiero hacer que lo mejor es empezar cuanto antes.

Quizá esta entrada haya sido gestada por la reciente muerte de una amiga o por la conversación con un amigo respecto a los pendientes que tenía  o quizá porque me acordé de la siguiente canción:

Flies on the windscreen

Pero otra muerte está tocando la puerta.