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La suerte ha sido echada

Esta que llaman por ahí Fortuna es una mujer borracha y antojadiza, y sobre todo, ciega, y así no ve lo que hace, ni sabe a quien derriba.
Miguel de Cervantes Saavedra

Esta entrada es acerca de la suerte es la número 52 que es el número de cartas que tiene una baraja francesa —sin comodines— y creo que el número es apropiado. El tema surgió como una promesa y es un tema que me atrapó desde hace mucho tiempo, lo llevo en el corazón y lo vivo día a día. El origen de la palabra es el latín sors, pero lo importante es que el significado subyacente es premio, destino o la respuesta del oráculo. ¿Acaso hay algo más hermoso que una respuesta del oráculo?

Comienzo con la frase de que mañana será otro día, no solamente cada mañana será otro día, sino cada instante puede ser uno nuevo, y el universo se ve afectado con cada movimiento que hacemos, esto lo aprendí jugando brisca: cada carta tirada de manera subversiva puede desviar una mala racha o traer un arlequín al estilo de Nabokov; es como si la suerte tuviera inercia así como el movimiento, como si la primera ley de Newton valiera para las rachas de suerte, al menos así parece, basta darle un vistazo a las supersticiones del béisbol.

La siguiente lección la aprendí en el dominó: hay que jugar con las fichas que nos toca y, salvo rarísimas excepciones, es posible ganar en cada juego. Una vez que fueron repartidas no vale la pena ni siquiera quejarse del juego que nos tocó ya que lo único que logramos el alertar al rival. Hay muchas posibilidades y cada juego es una oportunidad, no muy distinta de lo que nos ofrece la vida en cada instante.

Afortunado en el juego, desafortunado en el amor, esta frase es una trampa, que funciona muy bien porque te obliga a escoger conscientemente entre una u otra cosa y cuando renuncias a una y esperas recibir la otra, generalmente lo recibes. Es muy parecido a pensar que tienes mala suerte, a esperar que salga letra cuando tienes todos los números.

Tengo dos tíos que tienen visiones contrarias respecto a su suerte, uno piensa que tiene la peor suerte del mundo, además como es mi padrino durante mucho tiempo asumí que compartía algo de su suerte, hasta competíamos por ver quién tenía peor suerte, eso no le impide que juegue MELATE cuando la bolsa acumulada es suficientemente grande porque, según sus palabras, “La suerte solamente se va a descuidar una vez con él, y mejor que sea con un premio que vale la pena”. Otro tío que ya he mencionado aquí, cree que tiene la mejor suerte del mundo —yo he visto que le toquen 7 fichas del mismo número en el dominó— pero ambos han obtenido el mismo número de premios del MELATE, así que éste último no es un buen indicador al respecto de la suerte.

También abordé el problema desde la perspectiva académica, parte de mi carrera pasé estudiando probabilidad y algunos tópicos más específicos llevé un seminario de aleatoriedad que disfrutaba muchísimo, pero entre más estudiaba al respecto me daba cuenta de el estudio se limitaba a una descripción y la identificación de patrones subyacentes, pero que el quid del asunto escapaba de su esfera de estudio. Y que la combinación de ese conocimiento con otras disciplinas me serviría mucho más para entender en verdad el asunto.

En algunos juegos de dados, en la frontera entre el oriente y el occidente, las personas actúan como si el ganar en los dados fuera parte de la voluntad, que conseguir un número en particular es una lucha de fuerza entre las voluntades de los jugadores. Ya le enseñé a un amigo esta técnica para jugar con los dados, él comprobó que es posible pero que requiere entereza.

Todas las artes adivinatorias se basan en la idea de que el objeto a analizar —las grietas de un caparazón de tortuga hechas por un golpe con un acero incandescente, tres monedas, las cartas del tarot, las hojas de té, el fondo de la taza de café, las runas, las ramas de milenrana, la forma del fuego, las imágenes en el agua, los sueños— está impregnado por el estado del universo en ese momento. Así es como se adivina.

Mi única creencia religiosa es esa, que el universo está conectado, así que las acciones que tomamos tienen que ver con todo, en especial con la suerte, que yo creo que depende de nuestro punto de vista y la voluntad. Algunas veces me gusta pensar en que vivimos una lotería.