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La guerra de las galaxias (y sigue)

I find your lack of faith disturbing.

Darth Vader

Hace poco salió el tráiler del Episodio 7, y surgieron ideas sueltas al respecto.

La primer película salió a finales de los 70s todavía no cumplía los 7 años cuando la fui a ver al cinema Churubusco que después se convirtiera en los multicinemas Churubusco y ahora Xtreme Churubusco. Fue una experiencia emocionante y diferente, en especial a mí que me gustaban las luchas con armas que no fueran de fuego me gustó el concepto de sable láser. Las otras películas las vi en el Manacar —ahora convertido en Cinemex— sin embargo en ese entonces no la fui a ver con amigos, no pude compartir la emoción.

Mi amigo desde la secundaria: Alejandro es un gran fan de la serie, además de los carteles y coleccionables que atestiguan su devoción, el número de veces que ha visto las películas le tendríamos que sumar las incontables horas de juego de X-Wing —existen otros pero este era especial en particular— era un juego que venía en discos de 3½ tenías que practicar el vuelo en un nave para ser apto para combate y luego las misiones iban subiendo de importancia y dificultad de acuerdo a tu progreso, uno de los juegos que más me han gustado de LucasArts —eso ya es decir bastante— y que pasamos mucho tiempo jugando juntos ¡y era un juego de una persona!

Para el estreno del episodio I se organizó una ida colectiva a Cinépolis Plaza Universidad, la fila llegaba hasta el estacionamiento, no fue tan larga la espera porque estaba con mi compadre que es otro fan, tanto que su hija —mi ahijada— se llama Padme Amidala gracias a que su madre estaba segura que sería niño.

Con él la pasé jugando el juego del episodio I The Phantom Menace, haciendo bromas locales llamando a Panaka el capitán Negrit y, siendo mi compadre un gran imitador, diciendo frases de la película en el mismo tono de los personajes, ¡Ootmians! Tinka me chasa hopoe ma booty na nolia en voz de Watto.  Aunque yo fui quien lo enseñó a manejar, él le atribuye el crédito al juego de Pod Racer.

Alguna vez asistí a una convención y les llevé a mis amigos algunos autógrafos de Warwick Davies, Richard Bonehill y una figura de acción de Aurra Sing firmada por Michonne Bourriague, que le da vida en el Episodio I. De alguna manera estas películas han estado presentes en mi vida por ya mucho tiempo.

También hay un gran amigo y compañero de trabajo —Alan—que es fan de estas películas, es cinéfilo en general, pero algunas veces hay referencias que solamente con él no he visto ninguna de las películas y solamente he jugado rock band pero hemos discutido largamente al respecto. También el nick de uno de mis amigos es Darth Trivious, y a mi amigo ya fallecido el chore algunas veces se le conocía como el Regreso del Jedi … ondo

Mis opiniones se pueden resumir en The Empire Strikes Back es la mejor película de toda la saga hasta ahora, Obi Wan —pronunciado de la misma forma que Chabelo casi grita cuate— es el mejor Jedi, Luke ni terminó la academia de  jedi abierta y lo pasaron por su papá, Jar Jar es el hijo incómodo de George Lucas y que lo metieron a fuerza en las películas, el emperador Palpatine se las aplicó a todos, el soundtrack de John Williams es memorable y los personajes de los que se quisiera saber más son los cazadores de recompensa.

 

 

Te hago mi compadre

Dos compadres con una botella dan la mejor sentencia.

Dicho no tan popular

Esta entrada se la dedico a un entrañable amigo al que le tengo un amor tal que nos hicimos familiares.

A Julio lo conocí cuando él tenía apenas un año. Justo al mudarme al retorno -haciendo referencia al 1er Retorno de Rosa Zaragoza- primero fui amigo de su hermano Felipe -del que llegaron a pensar que era mi hermano- y de alguna manera siempre estuviera presente, así que siempre andaba por ahí.

En el retorno teníamos un juego, si no decías “medias” al ver a las personas, ellos podían mojarte, algunas veces era con un vaso, una jeringa, algunas otras con una cubeta. Julio solía participar en esos juegos pero solamente mojando, aprovechando su situación infantil, era medio odioso, no debe haber sido fácil estar vivir entre esa hermandad soberbia, así que sus formas de llamar la atención eran estridentes. Un día después de que hiciera su clásico chiste del agua, tomé un pedazo de madera y lo lancé como sin rumbo mientras el corría como a 20 metros, acerté; nunca comentamos el incidente.

Ellos se mudaron y dejamos de ser vecinos, pero no amigos, cuando visitaba a Felipe en su departamento en Mitla, lo encontraba muy emocionado cantando la de Fricase de los Qué Payasos – “No seas mugroso”-, su primaria estaba en la esquina con Concepción Beistegui – Conchita B para los cuates-. Luego se iría a Los Ángeles.

La diferencia de edad ocasionaba que no formara parte del grupo, en algún momento el comenzó a resentirlo. Cuando intentaba integrarse al grupo, la banda -que incluía a algunos hermanos mayores- era generalmente rechazado, o peor aún, sus hermanos le prohibían cosas como fumar o tomar alcohol, eso me parecía no solamente injusto sino hipócrita, así que para solucionarlo lo cobijé bajo mi ala y le di el título honorario de mi ahijado: de alcohol, cigarro, billar y cualquier diversión decadente.

Lo enseñé a manejar, o al menos le di unas lecciones, claro que él pensaba que si podía manejar aceptablemente una pod racer en un videojuego entonces estaba capacitado para manejar; casi era cierto. Luego de que manejara empezó a tratar con cierto desdén mi forma de manejar, para esos entonces ya había abandonado la velocidad, los arrancones, y los retos mortales e irresponsables. Así que un día volví a acelerar, por un tiempo muy breve pero suficiente para que me rogara que desistiera. Pero nada comparado con un regreso de Acapulco, acompañados de los hermanos Miranda (Dida y el Chacalón), durante el camino de regreso había una lluvia pertinaz, los limpiaparabrisas funcionaban intermitentemente casi tan intermitentes como los faros -era de noche-. Como ninguno me había visto manejar antes con nula visibilidad -sí usando la fuerza- venían muy nerviosos, casi puedo asegurar que uno venía al borde de las lágrimas de pura tensión.

También fui su entrenador de fútbol rápido y no coincidíamos en conceptos, afortunadamente luego tuve la oportunidad de jugar con él -justo en el viaje a Acapulco- apenas para que hubiera una anécdota pero suficiente para que entendiera mi posición y mi estado. Siempre ha sido visceral, nunca ha podido ver el juego de manera racional, ni siquiera en los videojuegos donde es divertidísimo jugar FIFA con él, lanzando gritos y sombrerazos, culpando a los controles, o quejándose de su compañero.
Llegamos a jugar muchísimo, con Lalit y el Chacal jugábamos Age of Mitologhy durante maratónicas sesiones, que comenzaban en la mañana y terminaban unas 18 horas después cuando teníamos que salir a toda velocidad para que no lo regañara mi comadre, teníamos que llegar antes de las 4 de la mañana. A últimas fechas jugábamos golf, lo que nos daba un respiro para platicar, no solamente hacíamos observaciones o pequeñas correcciones al respecto del juego del otro sino que de la vida, de las preocupaciones o los sueños. Extraño aquellos días.

Vivimos innumerables episodios, desde simples visitas al cine para ver el estreno de uno de los episodios de StarWars o de los X-Men, o aprovechando al máximo los buffets, o desvelados, crudos y desganados viendo la tele en uno de esos domingos que sacaban de onda. Recorrimos la ciudad y algunas veces disfrutamos de abundancia, muchas otras transitábamos en la escasez. Luego de un tiempo la frase “no tendrás una campanita” –usda para pedir algo de dinero- se hizo famosa.

A diferencia de sus hermanos él solía conversar mucho más, compartir y exponer sus sentimientos, y preguntar en ese sentido no fue medroso. Caminó conmigo pasajes oscuros de mi vida, escuchó sin tanta sorpresa muchas de las ideas que cruzaban mi mente, algunas veces solamente alcanzaba a exclamar: “estás bien ajax”

Tenemos además una canción que desde hace mucho disfrutamos cantar a dúo, mucho más al calor del alcohol:

Siempre he respetado sus opiniones musicales, aún con su particular manera de despotricar, le otorgué asilo cuando lo necesitó y he sido, en sus palabras, un hermano más, incluso dejó de ser mi ahijado

Le otorgué un ascenso, al apadrinar a su hija: Padme Amidala, no creo que les cause más sorpresa que al cura que la bautizó. Por si no lo habían leído entre líneas ya saben que tiene al menos un pasatiempo. Ahora es mi compadre.

Y aquí mi última foto con él.